viernes, 4 de enero de 2013

PLAZAS CASTIZAS DE MADRID


Cuando hablamos del Madrid castizo, inevitablemente, vienen a nuestra mente imágenes y expresiones como chulos y chulapas, manolos y manolas, organillo y aguardiente, verbenas, las Vistillas, la Paloma, etc., etc.
Todo este casticismo nace en el Madrid de los Austrias, en el Siglo XVI, época en la que en la periferia de las murallas árabe y cristiana comenzó a formarse la ciudad de Madrid,
En el llamado Madrid de los Austrias, todavía podemos contemplar una serie de plazas que aunque hayan perdido con el transcurrir de los años su función original, merece la pena pasear por ellas y mientras nos tomamos unas cervezas o vinos en sus terrazas, podemos cerrar los ojos para trasladarnos a los orígenes de nuestro Madrid.


Madrid del Siglo XIV, señalado en rojo lugar donde se asientas nuestras plazas
Las plazas que vamos a recorrer son: Plaza de los Carros, Plaza del Humilladero, Plaza de Puerta de Moros, Plaza de San Andrés y Plaza de la Cebada.
Pero antes de recorrer nuestras plazas, creemos necesario recordar un poco la historia de Madrid desde los tiempos de la dominación árabe.
Con la muerte del califa Al-Mansur (Almanzor) en el año 1002 se aceleró la fragmentación del califato de Córdoba en pequeños reinos, llamados taifas.
Esta circunstancia fue aprovechada por los reinos cristianos de León y Castilla para iniciar su expansión sobre los territorios del Islam.
Fernando I inició las conquistas en tierras portuguesas en 1055 y su hijo Alfonso VI las continuó hacia la España meridional con la toma del reino de Toledo en el 1085.
La toma de Toledo implicó que ciudades, castillos y fortalezas como Santa Olalla, Maqueda, Alamín, Canales, Talamanca, Uceda, Hita, Ribas, Guadalajara y el propio Madrid, capitularan sin oponer resistencia. Sin embargo, bajo la dominación cristiana, Madrid siguió desempeñando un papel fronterizo teniendo que resistir durante los siglos XI y XII los ataques de almorávides  y  almohades que pretendían volver a conquistar el reino de Toledo. 


Tejados del antiguo Madrid, en primer término el Palacio de Uceda
Esta circunstancia impidió el crecimiento de Madrid por haber quedado dentro de la muralla cristiana levantada en el Siglo XI. El nuevo recinto amurallado tenía una extensión aproximada de 33 hectáreas aunque no toda la morfología del casco era urbana, pues gran parte de la vaguada de la actual calle de Segovia era suelo agrícola y las  zonas adyacentes al Alcázar, estaban destinadas a usos militares y defensivos. El suelo edificado con sus calles tenía una extensión de unas 20 hectáreas.
En 1561, Felipe II designó a Madrid como sede permanente de la Corte, circunstancia determinante en la evolución de los aspectos históricos, sociales y económicos de Madrid.
Fueron muchos los motivos que indujeron a Felipe II a instalar su corte en Madrid. Su situación geográfica y estratégica en el centro peninsular, la  abundaba el agua, los recursos y los bosques cercanos para cazar. Además, contaba con un palacio cómodo como era el Alcázar, y la ciudad era un territorio virgen en cuanto a otros poderes que  pudieran incomodar al rey, una nobleza débil, y una iglesia poco representativa.
La decisión de trasladar la capital a Madrid tuvo una enorme repercusión para la ciudad, pues además de convertirse en la residencia del rey, su familia y su séquito, también implicaba la llegada a la ciudad de todo el aparato central del Estado y de inmigrantes atraídas por la corte.
La ciudad creció vertiginosamente en poco tiempo, pasando de 72 hectáreas que tenía de extensión en 1535 a 134 hectáreas en 1565 y a 282 a finales del Siglo XVI. De la misma forma, el caserío urbano compuesto en el año 1563 por 2.520 inmuebles, pasó a 4.000 en 1571, y rebasó los 7.590 en las postrimerías del reinado de Felipe II, es decir, el número de casas se multiplicó por 3, lo que suponía que se construían  150 viviendas anuales.
Los datos de la población también son interesantes, en el año 1561 la villa tenía unos 12.700 habitantes, diez años más tarde ascendió a 42.000, en 1584 la ciudad ya tenía 55.000 habitantes y en 1597 alcanzó los 90.000. Madrid se había convertido en una de las 20 ciudades más pobladas de Europa.



La nueva ciudad se fue estableciendo entorno a los caminos que llegaban a la Villa, Alcalá, Carrera de San Jerónimo, Atocha, Embajadores y Toledo y de esta manera, se fueron estructurando los ejes principales que todavía discurren por lo que se ha venido llamando el Madrid de los Austrias.
Las zonas más antiguas de la ciudad fueron objeto de una profunda remodelación, poco a poco se fueron derribando las antiguas murallas medievales y sus puertas para poder ampliar las calles y crear nuevas plazas comerciales.
Después de esta breve información sobre los principios de Madrid, es el momento para recorrer sus emblemáticas plazas en principio un poco complicado delimitarlas  por ser pequeñas y encontrase todas juntas. 



Comenzamos por la Plaza de los Carros, situada entre la Plaza de Puerta de Moros, plaza de San Andrés, Costanilla de San Andrés y la calle Don Pedro. Su nombre se debe a que en ella estacionaban y contrataban estos medios de transporte con dos o tres mulas, durante todo el siglo XIX y primeros años del XX. El estacionar en este lugar los carros se debía fundamentalmente a la cercanía con la plaza de la Cebada.
En excavaciones arqueológicas realizadas en la calle Don Pedro, antigua calle Alcantarilla, se descubrió en perfecto estado uno de los primitivos "viajes de agua" árabes, sistema que estuvo en vigor en Madrid hasta la segunda mitad del Siglo XIX, cuando entraron en funcionamiento las instalaciones del Canal de Isabel II.
La Plaza fue remodelada en el año 1984 siendo alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván.
Plaza de los Carros año 1900 con San Andrés al fondo
La Casa del Infantado después de residir en el palacio de los Lasso de Castilla y en el palacio de los duques de Osuna en las Vistillas, elegirá en Madrid una tercera residencia, la casa-palacio de la calle Don Pedro número 1, con vistas a la plaza de los Carros y a la Carrera de San Francisco.
La casa-palacio de Don Pedro se mantiene en perfecto estado y tiene incoado un expediente como Bien de Interés Cultural desde el año 1977 por parte de la Comunidad de Madrid.
Se trata de una casa de origen incierto levantada posiblemente entre 1758 y 1780. Algunos historiadores, indican que el solar del actual edificio pertenecía a doña Juana Calderón y que se lo disputaron el Concejo de Madrid y la basílica de San Francisco el Grande.
Plaza de Carros junto a San Andrés remodelada en el año 1984
El solar fue subastado y adjudicado al Concejo de Madrid en 1758, el cual a su vez se lo traspaso a los duques del Infantado y Pastrana.
Otras fuentes indican que el solar de la calle Don Pedro estuvo ocupado por el convento de religiosas de Santa Ana y la vivienda del Doctor Baltasar de Lorenzana.
Desde su origen, se concibió como una composición arquitectónica sencilla y equilibrada que se estructura alrededor de un patio cuadrado en un lateral. Tiene planta trapezoidal, tres fachadas, dos pisos más semisótano y buhardillas. En las fachadas utiliza cantería de granito en la planta baja y  sótanos. En la primera planta las ventanas van enrejadas y cantería en su perímetro, la segunda planta incorpora ventanales con balconada y recercados con orejetas.


Antigua Casa del Infantado vista desde la Carrera de San Francisco
La portada principal, desplazada del eje central, tiene el escudo de los Mendoza de la Vega, antepasados del duque del Infantado sobre el dintel del balcón. La cubierta de la casa está realizada a dos aguas y abuhardilladas.
En 1915 el XVII duque del Infantado que había adquirido el Castillo de La Calahorra en Granada traslado desde dicho castillo una portada renacentista que instaló en el zaguán de la puerta principal de la casa de la calle Don Pedro.

Toda la fachada del patio del colegio Virgen de la Paloma es un  trampantojo
Ya en 1951, el arquitecto don Joaquín Núñez Mera, llevo a cabo una reforma en el edificio. La Fundación San Pablo CEU adquiere la propiedad en el año 2000, restaurándola y adaptándola para uso docente y cultural. La restauración fue llevada a cabo por arquitecto José María Marsá.
Detalles del trampantojo visto desde la calle Don Pedro.
Como curiosidad, la medianería con el Colegio Virgen de la Paloma sirve de lienzo a un trampantojo de Alberto Pirongelli. El dibujo simula dos fachadas de viviendas y arbolado junto a una tradicional verbena madrileña con majos, barquillero, títeres y noria, un globo aerostático y las siluetas de edificios como la basílica de San Francisco el Grande, La Almudena y el Pirulí. El trampantojo lo podemos observar desde la Carrera de San Francisco o desde la calle Don Pedro.
Casa del Infantado actual San Pablo CEU y la calle Don Pedro
El Ducado del Infantado siempre ha sido una de las casas más poderosas de España y a modo de recordatorio indicamos su procedencia: El Ducado del Infantado es un título nobiliario  concedido por los Reyes Católicos el 22 de julio de 1475 a Diego Hurtado de Mendoza, II Marqués de Santillana. En paralelo con el Ducado del Infantado, los Reyes Católicos, crearon el condado de Saldaña, para los herederos del ducado del Infantado. Desde entonces los herederos del ducado han sido condes de Saldaña y marqueses de Santillana. En 1520 se le concedió al ducado del Infantado la Grandeza de España de clase inmemorial.
Las propiedades históricas más importantes del Ducado del Infantado son: El Palacio del Infantado en Guadalajara, la casa de Lazcano en Guipúzcoa, el Palacio de Barrena en el pueblo  de Ordizia, de estilo herreriano, el Castillo de Manzanares el Real y el Castillo de la Monclova en Sevilla.
A la izquierda el Colegio de la Paloma, a la derecha la casa del Infantado y al fondo San Francisco el Grande
En la calle Tabernillas, justo enfrente de la plaza de Puerta de Moros y de la Casa-Palacio del Infantado, se encuentra uno de los colegios con más solera de Madrid, el Colegio Virgen de la Paloma. Este Colegio tiene sus orígenes en el antiguo hospicio y asilo de “San Bernardino”, que se encontraba situado en el camino de San Bernardino, actual Isaac Peral. El Colegio de la Paloma, al inicio de la Guerra Civil se encontraba situado en la Dehesa de la Villa, desde donde se trasladó a Barcelona en 1937. Al acabar el conflicto, regresaron a Madrid, pero al no poder instalarse en el mismo edificio, el Colegio que por entonces era un internado, quedó ubicado en la calle Tabernillas número 2. En el año 1985 dejó de ser un internado municipal, pasando a funcionar como Colegio Público Nuestra Señora de la Paloma, dependiente de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.


Como una prolongación de  la Plaza de los Carros, nos encontramos con la Plaza de Puerta de Moros. En Puerta de Moros estuvo uno de los accesos de la muralla cristiana construida a principios del siglo XII, utilizada mayoritariamente por los madrileños de religión musulmana del barrio de Morería. Esta puerta, encarada al sudeste, era muy estrecha, con varias revueltas, y disponía de foso y puente levadizo.


Plaza de Puerta de Moros año 1929, al fondo a la derecha el Mercado de la Cebada
La puerta, se encontraba situada en la parte más baja de la Plaza de los Carros abriendo camino hacia Toledo. La actual Plaza de Puerta de Moros, está delimitada por su vecina Plaza de los Carros, y las calles del Humilladero, Tabernillas y Carrera de San Francisco. En realidad las dos plazas se podrían considerar como una sola.
La palabra trampantojo o lo que es lo mismo trampa ante el ojo, procede de la expresión francesa “trompe l’oeil”. Esta técnica pictórica intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos para intentar suplantar la realidad.
En la Plaza de Puerta de Moros el paseante por un momento le costará distinguir entre los balcones verdaderos y falsos de uno de los edificios de la Plaza.


Edificio que delimita las plazas del Humilladero y Puerta de Moros. Una de las fachadas es un Trampantojo, dejamos que la descubraís cuando realicéis una visita a la zona
En el trampantojo destacan dos hombres, conocidos por algunos vecinos como "los Pacos", que asomados al balcón intentan controlar todo aquello que discurre por su calle.
Según el autor de la obra, Alberto Pirongelli, estos dos hombres eran dos vecinos reales del edificio tan entusiasmados por el proyecto que le pidieron ser inmortalizados allí. En este caso la medianería quedó al descubierto debido al derrumbe de un edificio por un bombardeo durante la Guerra Civil.
El trampantojo de Puerta de Moros en detalle
Junto a las plazas que ya hemos visitado, se encuentra la Plaza de San Andrés, presidida por edificios de gran importancia como la parroquia de San Andrés, construida en el lugar donde estuvo la mezquita principal del Madrid árabe, la Capilla de San Isidro, donde estuvo enterado el Santo y el Museo de los Orígenes o Casa de San Isidro.


Plaza de San Andrés
La Iglesia de San Andrés ya figura en el Fuero de Madrid de 1202. La plaza de San Andrés tenía función de mercado y también de cementerio donde recibió sepultura Isidro halla por el año 1330.
Museo de los Orígenes o Casa de San Isidro en la Plaza de San Andrés
La Iglesia de San Andrés, fue construida a mitad del Siglo XVII. No nos detendremos en aportar datos sobre las tres edificaciones que jalonan la plaza, remiendo al lector interesado en conocer la historia de estos magníficos monumentos, a nuestra entrada sobre la Plaza de la Paja recogida en este mismo Blog.

Junto a la Plaza de San Andrés, se encuentra la plaza del Humilladero, lugar donde terminan las Cavas Alta y Baja. En su origen la Plaza del Humilladero y la calle del mismo nombre se denominaban Humilladero de San Francisco, porque en este lugar había un humilladero creado por San Francisco de Asís como primera estación del Vía Crucis que partiendo de la iglesia de San Francisco el Grande finalizaba en la calle del Calvario en el barrio de Lavapiés.
Comienzo de la calle Humilladero donde se encontraba la iglesia de Santa María de Gracia
Humilladero significa, lugar devoto que solía haber en las entradas o salidas de los pueblos y junto a los caminos, en los que se colocaba una cruz o imagen de algún santo o de la Virgen. Los antiguos cristianos tenían la costumbre de humillarse cuando pasaban inclinando la cabeza o doblando la rodilla ante la imagen o la cruz.


Plaza del Humilladero vista desde la calle del mismo nombre
Sobre el Humilladero original, la Cofradía de la Santa Vera Cruz en el Siglo XVI labró una imagen de la Virgen que se denominó  Santa María de Gracia siendo colocada en el altar mayor de la pequeña iglesia que sustituyó al Humilladero.
La iglesia fue derribada  a finales del siglo XVII y se construye en su lugar la nueva iglesia de Santa María de Gracia.
Fue derribada definitivamente en 1903 para ampliar el nuevo Mercado de la Cebada.


Iglesia de Nuestra Señora de Gracia año 1890 situada en la calle del Humilladero
En nuestro paseo por las plazas castizas de Madrid, hemos alcanzado la Plaza de la Cebada, fue en tiempos del Madrid antiguo a partir del Siglo XVI el verdadero centro comercial de la Villa, una vez que la Plaza Mayor dejo de ser la plaza del mercado.
Este paraje, utilizado desde tiempo inmemorial para aventar las mieses y por ello conocido como plaza del Viento, pasó más tarde, con el nombre de la Cebada, a ser el lugar donde los labriegos vendían sus cereales. No todo eran ganancias, “con la iglesia hemos topado como diría Don Quijote”. Los vendedores, se veían obligados a donar parte de sus ganancias a la cercana parroquia de San Andrés, otra parte se iba para las caballerizas del rey, una pequeña donación para el sacristán de San Pedro, por tocar una campana milagrosa que dicen que alejaba las tormentas, aportaciones para las parroquias de Santa María y de San Justo por supuesto para los frailes de San Francisco.


Año 1901 Plaza de la Cebada
En la Plaza de la Cebada situada extramuros de la Puerta de Moros, se situaba uno de los mercados madrileños para la venta de cereales, legumbres y otros productos. La plaza de la Cebada teniendo en cuenta el carácter agrícola de la sociedad madrileña y pueblos vecinos hasta bien entrado el siglo XIX, fue uno de los puntos económicos más destacados de la ciudad.
La Plaza, como mercado comenzó sus actividades en el siglo XVI y ya en el siglo XVII, fue el lugar donde se instalaron las ferias de Madrid. En el Siglo XIX pasaron a celebrarse allí las ejecuciones públicas, siendo ahorcado en 1824 el general Riego y en 1837 Luis Candelas al garrote vil.
Reproducimos a continuación una descripción de Mesonero Romanos, sobre la Plaza de la Cebada.
“La plazuela de la Cebada, formada en los principios del Siglo XVI en tierras pertenecientes a la encomienda de Moratalaz, del orden de Calatrava, según se ve por escritura otorgada en 1536 por Rodrigo de Coalla, del consejo de Hacienda y del de Castilla (por quien aparece firmado el perdón que el Emperador dio a los comuneros) y por su mujer, que compraron un quiñón de tierras en dicho sitio, es un descampado irregular, más bien que una plaza pública, y desde su principio estuvo dedicada al comercio de granos, de tocino y de legumbres. En el siglo pasado fue también muy famosa por celebrarse en ella las famosas Ferias de Madrid, y el paseo y bullicio consiguiente, de que aún hemos podido ser testigos en algunos años del presente, en que se han continuado en ella; pero a fines del siglo último adquirió esta plazuela más funesta celebridad por haberse trasladado a la misma las ejecuciones de las sentencias de muerte en horca o garrote; a cuyo efecto se levantaba la víspera en el centro de ella el funesto patíbulo, y las campanas de las próximas iglesias de San Millán y Nuestra Señora de Gracia eran las encargadas de transmitir con su lúgubre clamor a toda la población de Madrid el instante supremo de los reos desdichados. Muchos grandes criminales expiaron en aquel sitio una serie de delitos comunes, y cuando, en este siglo, principalmente, se inventó la nueva clasificación de delitos políticos, muchas víctimas del encono de los partidos o de la venganza del poder regaron con su sangre aquel funesto recinto; 1822, 1823 y 1830 son fechas muy marcadas en aquella plazuela”.


Fisonomía de la Plaza de la Cebada según Texeira en el año 1656.
En el Plano con el número XXX, aparece el Convento de la Pasión que estaba situado junto a la iglesia de San Millán que no se sabe porque Pedro Texeira no la dibujó. Con el número 46, aparece la primitiva fuente. Con el número LXXVII, aparece el Humilladero de Nuestra Señora de Gracia. Con los números XXXV y LX aparecen el Convento y Hospital de la Latina. Con el número 50 aparece la fuente de San Francisco y con el número 28 junto a la calle San Andrés, se pueden observar las almenas de la antigua muralla.
El origen de los mercados tenía como fin intercambiar las mercancías y bienes que cada individuo o colectivo ha conseguido cosechar, esta actividad se remonta a tiempos inmemoriales.
El establecimiento  de los mercados  en lugares fijos, favoreció la creación de redes de distribución de productos, bienes y servicios, surgiendo nuevos sistemas de comunicación entre distintas clases sociales y de lugares geográficos dispares.
Las autoridades municipales, comenzaron a preocuparse por la higiene y control de los productos, debido a la denuncia de médicos y científicos por la insalubridad de los mercados al aire libre, que además dificultaban el tráfico rodado y peatonal. En este estado de cosas, a partir de 1870 se comienzan  a construir en la Villa de Madrid los primeros mercados cubiertos municipales fabricados con estructura de hierro: Mercado de los Mostenses y el de la Cebada  en 1875, el de Chamberí en 1876 y el de la Paz 1882. Pese al esfuerzo municipal estos mercados resultaban insuficientes ya que Madrid tenía una población de cerca de medio millón de habitantes y ante la carencia de mercados cubiertos, las plazas públicas continuaron acogiendo los intercambios de mercancías.
La Plaza de la Cebada, se encontraba en un sitio estratégico de la ciudad, debido a que los labradores y agricultores, accedían a la Villa por la Puerta de Toledo. La Plaza se convertía en un lugar de encuentros y fiestas, pero por obra y desgracia de la Santa Inquisición  creada por los Reyes Católicos en 1478, la plaza se convirtió en el lugar en el que salvajemente se torturaba a los condenados por actos de brujería o por actos contra la religión.


Al fondo la calle de San Millán donde se encontraba la iglesia del mismo nombre, en el centro de la la imagen, podemos contemplar la nueva fuente
No cambió mucho con la abolición definitiva de la Inquisición en el año 1834, la Plaza de la Cebada continuó acogiendo la ejecución pública de los reos condenados a la horca o a garrote vil.
La víspera de la ejecución,  las campanas de la iglesia de San Millán demolida en 1869 anunciaban la ejecución para que el pueblo pudiera asistir.


Plaza de la Cebada año 1860, al fondo iglesia de San Millán y a la izquierda el Hospital de la Latina. Mucho ha cambiado la zona si la comparamos con la fotografía anterior.
Mejor olvidar aquellos tiempos y seguir con la historia de la Plaza. En 1837 con la desamortización de Mendizábal y su renovación urbanística el caserío del entorno fue reformado. En el año 1870 se comenzó a construir el Mercado de la  Cebada. Las obras se realizaron bajo la dirección del arquitecto Mariano Calvo Pereira, siguiendo el modelo del mercado de Les Halles en París. Construido con modernas estructuras de hierro y cristal, el edificio estaba compuesto por dos plantas con una superficie de aproximadamente 6.400 metros cuadrados, sus columnas y armaduras metálicas habían sido construidas en Inglaterra. Era el tiempo en que se pusieron de moda después de la torre Eiffel, este tipo de construcciones, fue inaugurado por el Rey Alfonso XII en junio de 1875.


Antiguo Mercado en los primeros años del Siglo XX
En el año 1956, siendo Concejal de Urbanismo, Joaquín Campos Pareja, el consistorio toma la decisión de derribar el emblemático mercado, argumentando que tenía problemas de seguridad.
Un estudio mandado realizar por los comerciantes, demostraron la viabilidad del edificio, pero la sentencia estaba echada y el edificio fue derruido.


Interior del primitivo mercado en proceso de desmontaje
El nuevo mercado fue inaugurado en 1962, gracias a los comerciantes que se agruparon en Cooperativa. Su nueva silueta es inconfundible, el mercado actual posee dos plantas efectivas de uso comercial con una superficie de más de 6000 metros cuadrados. A las dos plantas de uso comercial, se añade una planta que hace de almacén y otra de aparcamiento inaugurado en el año 1992. Curiosamente la construcción del aparcamiento se realizó siendo concejal Angel Matanzos, antiguo carnicero del mercado de la Cebada. Lo que más destaca del mercado, son las seis cubiertas abovedadas de color rojo que cierran el edificio.


Mercado de la Cebada con sus característicos tejados rojos
La Plaza de la Cebada, no era solo mercado, en su entorno, se encontraban las iglesias de San Millán derribada en 1869 y Santa María de Gracia derribada en 1903 para ampliación del Mercado de la Cebada, asimismo en la esquina con la actual calle Maldonadas, se encontraba el Convento-Hospital de la Pasión que fue derribado por José Bonaparte en 1809 para ampliar la Plaza.
Pero quizás, el edificio más emblemático de la Plaza de la Cebada, fue el Convento y Hospital de la Latina, que fue derribado en el año 1904 para ampliar la calle de Toledo. El convento se volvió a construir en el año 1907 y en la actualidad se puede contemplar el edificio aunque gran parte del mismo pertenece a empresas particulares, como Caramelos Paco.
En el solar del antiguo Convento-Hospital, se construyó el teatro de la Latina que todavía podemos admirar.
Como quiera que la historia de todos estos edificios queda recogida en nuestra entrada de este mismo Blog “Calle de Toledo” recomendamos su lectura para conocer un poco mejor la zona.
Uno de los emblemas de la Plaza de la Cebada, fue la fuente que existió en el centro de la misma. Denominada Fuente de la Abundancia, fue diseñada por el arquitecto Juan Gómez Mora y construida en 1624 por el Maestro  Pedro de Pedrosa y el cantero Martín Gortairi, se la denominó fuente de la Abundancia por el conjunto escultórico que la remataba.


Cuadro de la fuente de la Abundancia de Haeret, al fondo la iglesia de San Andrés y detrás de la fuente  la iglesia de Nuestra Señora de Gracia
En el proyecto original de Gómez Mora se contemplaba rematar el conjunto con un pequeño obelisco, pero al final se colocó en la parte más alta la estatua de la abundancia, que el Ayuntamiento de Madrid compró al mercader Ludovico Turchi, en 1617. Representaba a una mujer de pie, con un niño en su lado derecho. La fuente estaba formada por un templete de planta cuadrangular, los frontales estaban decorados con blasones, alusivos a la Villa de Madrid y a la Corona. En el cuerpo principal, destacaban cuatro osos que arrojaban agua sobre cuatro piletas elevadas, las piletas a su vez se encontraban situadas en un gran estanque. La fuente se convirtió en el punto de encuentro de los lugareños, donde se contaban todo tipo de chismes que acaecían en Madrid.


Mercado junto a la Fuente de la Abundancia de Manuel de la Cruz Vázquez
La fuente se surtía del viaje del agua de Alto Abroñigal. En 1677 es sustituida por otra fuente realizada por el Maestro Mayor de Fuentes Manuel del Olmo y demolida en 1840. En su lugar se construyó una tercera fuente diseñada por Pedro Ayegui, también desaparecida.
Por suerte para los viandantes, en la actualidad se puede contemplar una nueva fuente instalada en el año 1999 que poco o nada tiene que ver lo la primitiva fuente. Realizada en hierro fundido, está formada por un vaso circular y un fuste, del que cuelgan ocho surtidores. Fue inaugurada en 1999, en el ensanche que se forma en la Calle de Toledo.


Actual fuente en la Plaza de la Cebada, poco tiene de parecido con la primitiva
En el año 1968, junto al Mercado de la Cebada se construyó el  Polideportivo de La Latina. Disponía de piscina, gimnasio, sala de halterofilia y de musculación.
En Agosto de 2009 el polideportivo fue derribado y es que en el año 2003 el Ayuntamiento lanzo un concurso público para remodelar la Plaza incluido el propio Mercado. El proyecto ganador propuso el derribo del Mercado y la construcción de uno nuevo. En el proyecto se contempla la remodelación de la Plaza de la Cebada para convertirla en un espacio peatonal.


Proyecto ganador para la remodelación de la Plaza de la Cebada, de los arquitectos Carlos Rubio y  Enrique Alvarez Sala
Nos encontramos a principios de 2013 y lo único que podemos contemplar al pasear por la zona es el solar dejado por el Polideportivo.
Año 1933 puestos del Mercado de la Cebada
Convento de la Latina en la actualidad
Mercado de la Cebada año 1914
Año 1929, Mercado de la Cebada
Solar dejado por el derribo del Polideportivo
Teatro de la Latina


Año 1857, antiguo Hospital y Convento de la Latina
Mercado de la Cebada año 1910


    Estamos en una de las zonas de Madrid con más tipismo para comer  o tapear, por esta razón no aconsejaremos un establecimiento determinado para apagar nuestra sed o calmar nuestro apetito, la zona está llena de mesones, tascas, restaurantes y tabernas para pode elegir en función de los gustos de cada uno. No obstante, recomendamos dar un paseo tomando la Cava Baja hasta llegar a Puerta Cerrada, seguro que cada uno encuentra aquello que busca.










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miércoles, 26 de diciembre de 2012

BASILICA DE ATOCHA, PANTEÓN DE HOMBRES ILUSTRES Y REAL FABRICA DE TAPICES


En las inmediaciones de la Estación de Atocha, se encuentra un conjunto histórico-artístico que suele pasar desapercibido a muchos madrileños, salvo que sean perfectos conocedores de la zona. Se trata de la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, del Panteón de Hombres Ilustres y de la Real Fábrica de Tapices.
Habitualmente pasamos por la zona bajo tierra en la Línea 1 de Metro, ó circulamos por las calles Avenida Ciudad de Barcelona y Paseos de la Infanta Isabel y de la Reina Cristina, sin percatarnos de que en esta zona se encuentran ubicados algunos de los edificios con más historia de Madrid.
El conjunto, está comprendido entre las calles Avenida Cuidad de Barcelona, Julián Gayarre, Fuenterrabía, Andrés Torrejón, Vandergoten y Paseo de María Cristina.


Basílica de Nuestra Señora de Atocha
Hoy es un buen día para pasear, por supuesto sin prisas y conocer in-situ una parte de la historia de nuestra ciudad. Antes de comenzar el recorrido, es conveniente que conozcamos de una forma superficial la evolución de los acontecimientos a través de los años.
Si nos atenemos a los documentos históricos, la primitiva ermita de Atocha estuvo cerca del río Manzanares, en el lugar denominado Santiago el Verde. Mas tarde, el caballero Gracián Ramírez, la trasladó al lugar que ocupa en la actualidad. En una carta que se conserva al parecer en la Catedral de Toledo, ya se habla de la ermita,  San Ildefonso Obispo de Toledo entre los años 606 y 669, gran devoto de Atocha indicaba a un canónigo de Zaragoza que cuando pasase por Madrid “se acordara de que en su Vega, había una devota imagen de Nuestra Señora, con un Niño en el brazo izquierdo y una manzana en la mano derecha, llamada la Virgen de Atocha”.
Como podemos deducir la devoción por la Virgen de Atocha viene desde el Siglo VII. Ya en el Siglo XI, las crónicas hablan de la iglesia de Atocha. Se trataba de un pequeño templo dedicado a la virgen que por aquellos años era la patrona de Madrid. La capilla no tenía más de 15 pies de larga y 12 de ancha porque, los acuerdos con las autoridades árabes que permanecían en Madrid, no permitían mayores dimensiones.
A partir de 1083 en tiempos de Alfonso VI de Castilla, el templo empezará a crecer y enriquecerse. En el Fuero de Madrid se afirma que con las posesiones de las que disponía el templo se podían atender todos los gastos de los capellanes encargados del culto y el resto de gastos necesarios para el culto a la Virgen.


Primitiva  Iglesia en el Olivar de Atocha, según el Plano de Pedro Texeira año 1656
Ya en el Siglo XVI, la pequeña ermita se había convertido en una gran iglesia, gracias a la intervención del dominico Fray Juan Hurtado de Mendoza, siendo necesario construir un convento en sustitución de las humildes casas de los Canónigos que atendían los oficios religiosos.
El convento quedó bajo la advocación de Santo Domingo, Fray Juan Hurtado de Mendoza que fue confesor del Emperador Calos V, solicito al Emperador y al Papa Adriano VI  la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, para los dominicos. En junio de 1523, se hizo la entrega solemne de las llaves de la iglesia a los citados religiosos y así ha permanecido hasta nuestros días.


Convento de los Dominicos adosado a la Basílica
Felipe II tenía gran devoción por la Virgen de Atocha denominándola Patrona de Madrid y de todos los Reinos. Antes de partir para cualquier batalla, visitaba el  santuario, y a la vuelta de las contiendas volvía nuevamente al santuario para dar gracias. En el capítulo de leyendas, las crónicas de la época informan, que al tenerse noticias en Madrid de que el rey se encontraba enfermo en Extremadura y temiendo por su vida, la  Virgen fue sacada en procesión el 25 de marzo de 1580, obteniendo el rey una gran mejoría. Felipe II en agradecimiento, ordeno  construir  la capilla mayor, mejorando asimismo el templo.
Todos los reyes de la Casa de Austria se esforzaron en mejorar y ampliar las instalaciones de la iglesia y el convento. Felipe III puso bajo su patronato Real la Iglesia y convento de Atocha, por cédula de 10 de noviembre de 1602.
 Asimismo, Felipe IV  proclamó a Nuestra Señora de Atocha como protectora de la Familia Real  en el año 1643. Por desgracia durante el reinado de Felipe IV, el 14 de agosto de 1652, se quemó la iglesia siendo necesario reconstruirla casi por completo.
Carlos II contrató a Lucas Jordán para realizar la decoración interior del Templo.


Talla de Nuestra Señora de Atocha
Durante todo el reinado de los Borbones el templo continuó bajo la protección regia con donaciones y mejoras del conjunto, pero llegó la fecha del 5 de diciembre de 1808 en que las tropas francesas, expulsaron a los religiosos  convirtiendo el conjunto en cuartel. Como consecuencia de esta situación, desaparecieron gran número de obras de arte y la biblioteca, produciéndose asimismo grandes destrozos en los edificios.
Finalizada  la invasión francesa, los religiosos dominicos que se habían refugiado en el convento de Santo Tomas, vuelven al convento, pero no por mucho tiempo, ya que en el año 1834 se produce la desamortización de Mendizábal  y los frailes son expulsados nuevamente. El convento fue convertido en cuartel de inválidos y la iglesia en parroquia castrense.
 La reina Isabel II ante la situación de deterioro del templo, nombró una especie de cabildo para restablecer el culto de Atocha. El santuario de Atocha en Noviembre de 1863 y a petición de la reina Isabel II fue elevado a la categoría de Basílica.
En el año 1883, fue bautizado en la Basílica de Atocha el filósofo José Ortega y Gasset.


Busto del fundador de los Dominicos, Santo Domingo de Guzmán
Como hemos comentado entre los problemas de la ocupación francesa y la desamortización de Mendizábal, el templo había quedado seriamente dañado. En el año 1888, la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, ordenó el derribo de los dos edificios y la construcción de un nuevo complejo en donde se incluiría, adosado al templo, un Panteón de Hombres Ilustres.
La Virgen de Atocha, durante las obras, fue trasladada a la iglesia parroquial del Buen Suceso que pertenecía al Patrimonio Real.
El concurso público fue ganado por el arquitecto Fernando Arbós y Tremanti, el cual proyecto una basílica en estilo neobizantino, con una torre-campanil exento y un panteón inspirado en el cementerio de Pisa. Las obras comenzaron en 1891, pero debido a los  problemas económicos sólo se llevó a cabo la ejecución del campanil y el panteón.


Proyecto original de Fernando Arbós para la Basílica y el Panteón
Ya en el año 1924 los dominicos,  solicitaron al rey Alfonso XIII ayudas para continuar con la restauración del complejo de la Virgen de Atocha. Debido al gran empeño de los dominicos, las obras avanzaron con rapidez y el primer sábado de noviembre de 1926 la Virgen de Atocha regresó a su santuario Buen Suceso hasta su nueva iglesia, donde fue recibida por su majestad el Rey y su madre la reina María Cristina.


Nuestra Señora de Atocha Siglo XIX
En el periodo de la Guerra Civil, el complejo fue asaltado e incendiado, muriendo varios religiosos a manos de los exaltados. Todas las obras de arte se perdieron a excepción de la Virgen que había  sido escondida pocos días antes del asalto al templo. En 1939, aprovechando las paredes que habían quedado en pie después del incendio, se habilitó el  sótano para colocar de nuevo a la Virgen y así poder continuar con la devoción del pueblo a la Virgen.
Después de la Guerra Civil se inició la reconstrucción de un nuevo templo inaugurándose en Diciembre de 1951. La edificación  construida en ladrillo, forma un rectángulo de 52 metros de fachada por 34 de fondo, con una altura en la nave central de 13,25 metros. Las vidrieras recuerdan al estilo románico y representan los  misterios del Rosario, el diseño fue del pintor Carlos Pascual de Lara.


La imagen de la Virgen es de pequeño tamaño, en madera sin policromar, de estilo tardorrománico, posiblemente tallada entre los siglos XIII-XIV. Representa a María en un trono bajo, con el Niño sobre su rodilla izquierda y una manzana en su mano derecha.  A lo largo de la historia, la devoción de los feligreses ha conseguido enriquecer a la imagen con gran número de joyas y ornamentos. La  reina Isabel II atribuyó el haber salido ilesa de un atentado a un milagro de la Virgen, y en prueba de agradecimiento regaló a la imagen dos coronas cuajadas de brillantes y topacios y un manto real de terciopelo y armiño bordado en oro. Estas joyas se custodian habitualmente en el Palacio Real de Madrid y se exhiben excepcionalmente en contadas  ocasiones.
En la actualidad, la basílica es parroquia con el título de Nuestra Señora de Atocha desde 1965, dentro del conjunto se encuentra el  convento de los Dominicos, que gestionan un  colegio construido por Patrimonio Nacional en 1963.
Antes de completar nuestro recorrido por la historia del templo, recordaremos algunos hechos y fechas reseñables:
Fray Bartolomé de las Casas, nacido en 1484 en Sevilla y fallecido en Madrid en julio de 1566, fue fraile dominico, cronista, teólogo, obispo de Chiapas (Virreinato de Nueva España), filósofo, jurista y apologista de los indígenas. Le fue otorgado el título de "Protector de los indios" por el cardenal Cisneros. Vivió en el convento de Atocha y allí permanece enterrado.



El rey Felipe V, bautizó en la iglesia de Nuestra Señora de Atocha a su primogénito el futuro Luis I en 1707.
En la Basílica se celebraron matrimonios como el de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes de Orleans, el 23 de enero de 1878 y su posterior matrimonio en segundas nupcias el 29 de noviembre de 1879 con María Cristina de Habsburgo-Lorena.
El príncipe Felipe de Borbón y Grecia y Letizia Ortiz después de su matrimonio el 22 de mayo de 2004, acudieron desde la Catedral de la Almudena, a la Basílica de Atocha para depositar el ramo de novia.
Es tradición en la Familia Real  de que las reinas y Princesas de Asturias acudan a la Basílica a presentar a los príncipes e infantes ante la Virgen, unos cuarenta días después del nacimiento como así lo hizo la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena para presentar a su hijo, futuro Alfonso XIII cuando tenía 45 días y también por el Rey Juan Carlos y Doña Sofía de Grecia para sus hijos Felipe, Elena y Cristina. Asimismo el Príncipe Felipe y Doña Letizia Ortiz llevaron a cabo la tradición con sus hijas, las infantas Leonor y Sofía.


Restos de la Virgen con el Niño y Santo Domingo de Guzmán procedentes de la antigua Basílica.
Al comienzo de nuestra historia sobre la Basílica de la Virgen de Atocha, hicimos mención del caballero Gracián Ramírez como benefactor de la Virgen, pues bien terminaremos este capítulo volviendo al principio para recordar la Leyenda del Caballero Gracián Ramírez.
Los historiadores más fervorosos y creyentes, suelen recoger todo tipo de hechos religiosos ocurridos con el transcurrir de los años. Algunas de estas crónicas hacen referencia a que la imagen de Nuestra Señora de Atocha es obra de San Lucas y de Nicodemus, y que fue traída de Antioquía por alguno de los apóstoles. Con la llegada de los musulmanes los fervorosos vecinos de la Virgen, escondieron su imagen en unos atochales para evitar que fuese profanada.
La imagen fue descubierta por el caballero Gracián Ramírez, dueño de aquellas tierras posesiones, cuando regresaba a la Villa de Madrid desde su casa de Rivas donde vivía con su familia.
Antigua Basílica, las flechas nos indican donde se encontraban las imágenes de Santo Domingo y la Virgen con el Niño en brazos, a la derecha de la Basílica podemos observar el Campanil.
Gracián Ramírez, intentó tomar Madrid a los musulmanes, pero ante los reveses de las primeras escaramuzas y temiendo por la vida de su familia, se encomendó  a la Virgen y procedió a degollar  por su propia mano a su mujer y las hijas, para evitar que si salía derrotado, no fuesen ultrajadas.
Su campaña contra los musulmanes se saldó con una gran victoria, regresando al santuario a dar gracias a Nuestra Señora, y cuál no sería su asombro al comprobar a sus víctimas resucitadas, al pie de la Santa imagen, si bien conservando en sus cuellos las huella del cuchillo. Esta leyenda ha servido para que muchos escritores como los poetas Lope de Vega, Salas Barbadillo  y D. Francisco de Rojas, hayan escrito sobre los hechos acaecidos.


En el Siglo XIX, dentro de la clase política, surgió la idea de crear un gran Panteón que acogiese los restos mortales de grandes personajes de nuestra historia, a similitud de la abadía de Westminster en Londres donde reposan los restos de reyes, escritores y científicos como: Charles Darwin, Charles Dickens, Isaac Newton, Guillermo III, Enrique VII de Inglaterra y su esposa Isabel de York, etc, o como en Francia donde en el Panteón de París se albergan los cuerpos de personajes como: Voltaire, Marie Curie, Víctor Hugo o Rousseau.
 En noviembre de 1837, las Cortes aprobaron la creación de un Panteón Nacional en la Basílica de San Francisco el Grande que acogería los restos mortales de personas consideradas de especial relevancia. Los restos mortales de los elegidos, serían propuestos por las Cortes con la condición de que deberían haber pasado cincuenta años desde su fallecimiento.
Entrada del Panteón por la calle Julián Gayarre
Ya en 1841, la Real Academia de la Historia se encargó de proponer una primera lista de personajes que debían reposar en el Panteón, pero era necesario localizar los restos mortales de los elegidos y para este menester en mayo de 1869 se nombró una comisión  para localizar los restos.
La comisión estaba integrada por Juan Eugenio Hartzenbusch, Salustiano Olózaga, Ángel Fernández de los Ríos, Fermín Caballero,  Antonio Gisbert Ventura Ruiz Aguilera, Pere Borrell del Caso, Francisco Silvela y Estanislao Figueras y Moragas.
Después de infinidad de contratiempos, el 20 de junio de 1869 quedó inaugurado el Panteón en una capilla de San Francisco el Grande. Para el acontecimiento se organizó un desfile compuesto por las carrozas fúnebres acompañadas por unidades del Ejército y de la Guardia Civil con sus correspondientes bandas de música. La comitiva también estaba acompañada por estudiantes, religiosos, políticos e intelectuales.


Detalles del Mausoleo Conjunto en el patio-jardín
Los restos mortales que fueron depositados en la capilla de la Basílica fueron los de los militares Gonzalo Fernández de Córdoba y Federico Gravina, los poetas Juan de Mena, Garcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla, los escritores Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca, el humanista Ambrosio de Morales, los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva, el Justicia Mayor de Aragón Juan de Lanuza y el político Zenón de Somodevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada).
Pocos años después, la capilla se cerró y los restos se devolvieron a sus lugares de origen, donde sus familiares habían decidido que descansasen. La idea de crear un  Panteón fracasó y quedó en el olvido.


Campanil en la parte posterior del Panteón
¿Qué circunstancias se dieron para que el proyecto fracasara? Desde un principio, el Panteón tuvo en contra a las fuerzas conservadoras y un bajo presupuesto para su financiación. Los pueblos y ciudades  que contaban con muertos ilustres fueron reacios a exhumar los cuerpos, para ser trasladados a Madrid y quedarse sin los restos que para ellos era un orgullo.
Todo estaba en contra, los franciscanos y los clérigos de la Obra Pía, a quienes había pertenecido San Francisco el Grande, reclamaban la devolución del edificio. En este impás, el Panteón pasaba a ser jurisdicción del Ministerio de Estado y a partir de ahí se inicia su disolución, restituyendo los cuerpos de los difuntos a sus lugares de origen. San Francisco volvió a tener culto y todo el proceso culminó en 1926 con la vuelta de los franciscanos.
En todo el proceso previo para la localización de las sepulturas de personas ilustres, no pudieron ser hallados los restos de Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Luis Vives, Antonio Pérez, Juan de Herrera, Diego Velázquez, Claudio Coello y Tirso de Molina entre otros. También se realizaron gestiones para trasladar al panteón las cenizas de Pelayo, el Cid, Guzmán el Bueno, Murillo y Jovellanos entre otros famosos, pero sin resultados satisfactorios, bien por no poder localizarse o por la negativa de los Ayuntamientos donde descansaban los restos.
Cúpula y detalles de la fachada del Panteón
En este estado de cosas, se produce la desamortización de Mendizábal en 1834, y los monjes dominicos de la Basílica de Atocha tienen que abandonar el lugar. El conjunto, se convirtió en cuartel de inválidos, deteriorándose gravemente y amenazando ruina. En este periodo, fueron enterrados en sus terrenos personajes como:  Palafox,  Castaños, Manuel Gutiérrez de la Concha y  Prim, además del político Antonio de los Ríos Rosas.
La reina regente María Cristina, viuda del rey Alfonso XII, tomo la decisión como ya habíamos comentado en el capítulo dedicado al templo de realizar una nueva construcción sobre los restos ruinosos del templo y convento. Asimismo retomando la vieja idea del Panteón de San Francisco, el proyecto contemplaba construir un anexo que realizara las funciones de  Panteón para dar acogida a los restos de las personas mencionadas en el párrafo anterior.
El concurso público realizado entre los años  1888 y  1890 fue otorgado al proyecto presentado por el arquitecto Fernando Arbós y Tremanti. Se trataba de un conjunto de estilo neobizantino, incluía un campanil italiano, que albergaba un reloj de cuatro esferas y tres campanas,  el panteón, tenía carácter de claustro de la basílica y estaba inspirado en el camposanto del Campo dei Miracoli de la ciudad italiana de Pisa. El proyecto era muy  ambicioso ya que la basílica estaba destinada a ser el templo de la Corte.


En esta vieja imagen podemos observar el Campanil en solitario y los edificios de las oficinas de RENFE en primer término
En 1891 comenzaron las obras del conjunto arquitectónico, pero los problemas económicos y lo ambicioso del proyecto, obligaron a suspender las obras en el año 1899, solo se había construido el panteón y el campanil.
En cuanto a su estructura, el panteón es de planta cuadrada, con tres galerías con arcadas y vidrieras y dos cúpulas semiesféricas en las esquinas.
El arquitecto Arbós fue un innovador en la utilización de los materiales y las técnicas de montaje, las fachadas son de  ladrillo  recubiertos con losas, tanto el tejado como la cúpula estén cubiertos por planchas de zinc pintado de rojo.
Otros materiales utilizados por Arbós fueron, la piedra de granito para zócalos y sillares  procedente de los pueblos serranos de Alpedrete y el Berrocal.


En esta imagen de principios del Siglo XX, podemos observar el patio interior con las galerías del Panteón todavía inacabadas
Las losas que recubren las fachadas montadas en bandas negras y blancas son de piedra caliza de Zaragoza y de la zona de Torrubia en la provincia de Cuenca.
Los frontones son decorados con mármol negro procedente de  Bélgica y los fustes de las columnas que adornan puertas y ventanas son de mármol blanco de Fuenteheridos en la provincia de Huelva y de Macael en Almería.
La entrada del edificio y los pavimentos, están decorados con mosaicos.
Finalizadas las obras, en el año 1901 el nuevo Panteón recogió los restos depositados en el primitivo cementerio: Palafox, Castaños, Prim y Manuel Gutiérrez de la Concha y  Antonio Ríos Rosas. A estos restos de insignes personajes, se fueron añadiendo los de: Martínez de la Rosa, Muñoz Torrero, Salustiano Olózaga, Agustín Argüelles, Antonio Cánovas del Castillo, Juan Álvarez Mendizábal, José María Calatrava, Práxedes Mateo Sagasta, José Canalejas y Eduardo Dato.
El Panteón, consta de dos espacios principales. En el patio del claustro se encuentra el Mausoleo conjunto que alberga los restos de Francisco Martínez de la Rosa, Diego Muñoz Torrero, Juan Álvarez Mendizábal, José María Calatrava, Salustiano de Olózaga y Agustín Argüelles.
Año 1905, entrada al Panteón
El Mausoleo Conjunto es obra de Federico Aparici, Ponciano Ponzano y Sabino Medina se le ha denominado Monumento a la Libertad, está formado por un cuerpo cilíndrico cubierto por un tejado cónico, rematado por una alegoría de la Libertad. Tres estatuas, representando la Pureza, el Gobierno y la Reforma, se apoyan sobre los sarcófagos de Mendizábal, Argüelles y Calatrava, para cuyos restos estaba destinado el monumento, aunque luego acogió también los de Muñoz Torrero, Martínez de la Rosa y Olózaga. Fue inaugurado, por suscripción popular, el 20 de febrero de 1857 en el desaparecido cementerio de San Nicolás y trasladado al patio-jardín del Panteón en 1912.
El segundo espacio del Panteón, es su interior donde se encontraban enterradas personalidades de la vida política de finales del siglo XIX y principios del XX: Sagasta, Eduardo Dato, Antonio de Ríos Rosas, Cánovas del Castillo, José Canalejas, Prim y el Marqués de Duero, cuyos monumentos funerarios han sido labrados por  escultores como Mariano Benlliure, Agustín Querol, Arturo Mélida, Pedro Estany y Federico Aparici.


Decoración de las galerías del Panteón
Actualmente, solo se conservan en el interior del Panteón los restos de José Canalejas, aunque permanecen los mausoleos.

Como recogíamos en el capítulo dedicado a la basílica, en el año 1924 y a petición de los dominicos, se reanudaron las obras de la nueva iglesia, pero dejando a un lado el ambicioso proyecto de Arbós. El campanil y el panteón quedaron bajo la protección y conservación de los dominicos, hoy en día son responsabilidad de Patrimonio Nacional.
Entre los años treinta y finales de los ochenta del pasado Siglo, el panteón estuvo en estado de abandono. Debido a la situación de abandono y la reclamación de los restos por sus ciudades de origen, se tomó la decisión de trasladar los restos de algunos de sus moradores, así los restos del General Palafox fueron trasladados en 1958 a la Basílica del Pilar de Zaragoza, los del General Castaños a la Iglesia Parroquial de la Encarnación de Bailén en el año 1963 y los del General Prim a Reus en el año 1971.
En 1963, en los terrenos que quedaban libres, Patrimonio Nacional construyó el colegio Nuestra Señora de Atocha, dejando aislado el campanil de la basílica. El colegio siempre ha estado dirigido por los Dominicos. A finales de los ochenta, Patrimonio Nacional procedió a la restauración y apertura al público del panteón. Ya en 2003 se restauraron los mosaicos.


Colegio de Nuestra Señora de Atocha con el Campanil al fondo
Es muy llamativo que el Panteón tenga muy pocos visitantes, anualmente sólo visitan el Panteón unos pocos de miles de curiosos y resulta llamativo este dato  máxime teniendo en cuenta las magníficas obras funerarias que atesoran sus paredes y su entorno con la Basílica de Atocha y la Real Fábrica de Tapices.
No parece que el Ayuntamiento trabaje para dar a conocer este espacio a un mayor número de madrileños y visitantes foráneos, por lo que recomendamos visitar esta zona de Madrid.
Para terminar nuestro recorrido por el Panteón, brevemente, expondremos algunos datos de los monumentos funerarios que permanecen en las galerías y de las personalidades que  descansan o descansaron en el Panteón:

José Canalejas, político español nacido en el Ferrol en 1854 y fallecido en Madrid asesinado por un anarquista en la Puerta del Sol en el año 1912.
En 1902 fundó el Partido Liberal-Demócrata, que defendía la  separación de la Iglesia y el Estado.
Ocupo varias carteras ministeriales durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena y Presidente del Consejo de Ministros y nuevamente ministro de Fomento y ministro de Gracia y Justicia durante el reinado de Alfonso XIII. Fue elegido Presidente del Congreso de los Diputados  durante la Legislatura de 1906-1907.
En  1910 ocupó la Presidencia del Consejo de Ministros hasta su fallecimiento.
El sepulcro de Canalejas, fue realizado en 1913 por Mariano Benlliure en mármol blanco y se inauguró en noviembre de 1915. Lo componen dos hombres y una mujer que descienden el cuerpo del político  hacia la entrada de la tumba. Un bajorrelieve de Jesús con los brazos abiertos recibe el cadáver.


Mausoleo de José Canalejas
Eduardo Dato nace en A Coruña en 1856 y fallece asesinado  en Madrid el 8 de marzo de 1921 por tres anarquistas catalanes.
Durante el gobierno de Maura entre los años 1907-1909, fue presidente de las Cortes y alcalde de Madrid. Fue miembro del Partido moderado de Cánovas del Castillo y  elegido diputado en la última legislatura del reinado de Alfonso XII.
Dato fue presidente del Gobierno en 1913-1915, 1917 y 1920, Dato mantuvo a España neutral durante la Primera Guerra Mundial.
Sus restos, depositados  en el Cementerio de San Isidro, fueron trasladados al Panteón el 10 de junio de 1922. El sepulcro fue realizado por Benlliure y está compuesto por la figura yacente de Eduardo Dato, el monumento realizado en mármol, dispone en  su cabecera  una figura femenina realizada en bronce y portando una cruz,  a sus pies, se encuentran las figuras de dos niños también realizadas en bronce escoltando a un gran Escudo Nacional. En el sarcófago se puede leer la siguiente inscripción: “Eduardo Dato, vivió para la patria, murió por ella”.
Mausoleo de Eduardo Dato
Práxedes Mateo Sagasta nació en Torrecilla de Cameros en la provincia de Logroño en el año 1825, falleciendo el 3 de Enero de 1903 en Madrid.
El mismo se proclamaba como anti-isabelino, pero no antimonárquico, tras la  Revolución Gloriosa, contó con la confianza del General Prim, siendo ministro de Gobernación antes y después del asesinato de Prim.
A Sagasta se le atribuye la célebre frase:  “Todos los republicanos no son malos, pero todos los malos son republicanos”. Finalizada la Primera República y proclamado rey Alfonso XII por Martínez Campos, en 1881 Sagasta recibió encargo de formar gobierno. Después de la temprana muerte del Rey, en 1885 firmó con Cánovas el Pacto del Pardo, dando origen a la rotación de partidos en el Gobierno.
Sagasta vivió  la coronación de Alfonso XIII el 17 de mayo de 1902, falleciendo pocos meses después.
El mausoleo es obra de Mariano Benlliure, realizado en mármol, el sepulcro lo componen tres figuras: La efigie yacente de Sagasta, portando levita y el Toisón de Oro. En la cabecera, la Historia, representada por una mujer con un libro y a los pies del sepulcro, el Pueblo, representado por un obrero apoyado sobre los Evangelios, en la mano derecha porta una espada representando a la justicia con una rama de olivo como símbolo de la paz.


Mausoleo de Mateo Sagasta
Antonio Cánovas del Castillo nace en Málaga en el año 1828 y fallece asesinado  en el balneario de Santa Águeda en Mondragón  el 8 de agosto de 1897 por un anarquista italiano.
Ocupó distintas carteras ministeriales durante el reinado de Isabel II.
En 1874 Cánovas participó decisivamente en la Restauración de Alfonso XII, siendo defensor  de la alternancia de partidos con Sagasta según el Pacto del Pardo de 1881, a similitud del sistema británico de rotación bipartidista.
Apoyo la Constitución de 1876 redactada por Alonso Martínez, que asumía la división de poderes, derogaba los fueros vascos y centralizaba las diputaciones y ayuntamientos.
Fue Presidente del Gobierno en siete períodos. Su concepción de gobierno queda reflejada en la siguiente frase: “La política es el arte de aplicar en cada época de la historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible; nosotros no hemos de hacer ni pretender todo lo que quisiéramos, sino todo lo que en este instante puede aplicarse sin peligro”. Este párrafo esta extraído de su discurso en las Cortes el 19 de mayo de1884.
Fue considerado como una de las figuras más influyentes de la política española de la segunda mitad del siglo XIX.
Su prestigio traspasó fronteras, Bismark decía “Nunca incliné mi cabeza ante
Nadie, pero siempre la inclinaba cuando oía el nombre de Cánovas” y su rival político Mateo Sagasta decía: “A partir de ahora todos podemos tratarnos de tú”.
El monumento funerario de Cánovas, es obra de Agustín Querol, se realizó a petición de los sobrinos del político y fue inaugurado en mayo de 1906. Realizado en mármol blanco, está compuesto por el sarcófago con seis hornacinas que albergan las efigies de la Sabiduría, la Prudencia, la Constancia, la Templanza la Justicia y la Elocuencia, sobre el sarcófago aparece la figura del difunto derramando lágrimas por la Patria.
El mausoleo se completa con un lienzo con dos figuras femeninas, representando una  a la Historia y con la cabeza baja, y la otra el Arte, situada a la izquierda. En el centro, Cristo resucitado, rodeado de plañideras y figuras admirando a Cristo. El conjunto se encuentra coronado por una cruz entre dos ángeles sumidos en la tristeza.


Mausoleo de Cánovas
Antonio de los Ríos Rosas, nace en Ronda el año 1812 y falleció en Madrid el 3 de noviembre de 1873, estudió Derecho en Granada. En 1836 es nombrado Diputado por Málaga y parece políticamente siempre estaba  oponiéndose al poder.
Se opuso a Espartero durante la Regencia de María Cristina entre los años 1833-1840, lo que le valió el favor de Isabel II  cuando ésta alcanzó la mayoría de edad.
Más tarde se opuso  a Narváez y fue ministro de Gobernación con Espartero.  Durante el gobierno de O’Donnell participo para mejorar la Constitución de 1845, como continuaba enfrentado a Narváez, fue desterrado en 1866 a las Canarias.
Antonio de los Ríos Rosas fue Presidente del Congreso de los Diputados durante las legislaturas de 1863-1864, 1865-1866 y 1872.
Su mausoleo  es obra del escultor Pedro Estany. El proceso de construcción fue largo, ya que se inició en el año 1883 inaugurándolo finalmente en junio de 1905.
El Mausoleo se encuentra adosado a la pared, sobre una base de mármol, se sitúa el sarcófago elaborado en bronce damasquinado, dispone de una  efigie, y un genio alado que le ofrece una rama de laurel, una mujer llora abrazada al féretro.


Mausoleo de Antonio de los Ríos Rosas
Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero, nació en Córdoba de Tucumán en el año 1808 y fallece en combate en Monte Muro, Navarra el 27 de junio de 1874.
Manuel Gutiérrez fue un destacado militar en las tres Guerras Carlistas, obteniendo en su larga carrera tres Cruces de San Fernando y recibiendo la distinción de Marqués del Duero por su destacada labor en ayuda a la reina María II de Portugal en 1847.
Al Marqués del Duero vivió los grandes acontecimientos de la política española del Siglo XIX.  En 1824 fue encarcelado por Fernando VII. Durante la  primera Guerra Carlista en el periodo 1833-1840, se unió a la causa de Isabel II. En 1843 contribuyó a la caída de Espartero, provocada por Narváez. Durante el Bienio Progresista ocupó entre otros cargos, los de capitán general de Cataluña y diputado y presidente de la Junta Consultiva de Guerra. En la década de 1860 fue presidente del Senado durante cinco legislaturas.
Su prestigio llegó a tal punto que a la edad de 66 años fue reclamado por la Primera República para dirigir el Ejército del Norte durante la última Guerra Carlista en el periodo 1872-1875.
Su sepulcro mural, fue realizado en mármol por Arturo Mélida  y Elías Martín. El sepulcro se encuentra flanqueado por dos cañones a modo de columnas, bajo un arco de medio punto en el que figuran inscritas las batallas en las que participó, Marte el dios de la guerra, sostiene un medallón con el busto en relieve del difunto. El sepulcro fue realizado en 1890  quedando ubicado en el cementerio primitivo del Cuartel de Inválidos. En el año 1902, fue trasladado al interior del nuevo Panteón.


Panteón del Marques del Duero
En el Panteón durante unos años estuvo el mausoleo del General Prim. Nada más penetrar por la puerta principal, a la derecha rápidamente podemos contemplar la diferencia de color de los mosaicos del pavimento, es el lugar que ocupo hasta el año 1971 la tumba del General Prim. Pese a no encontrarse  ya en el Panteón queremos recordar a este político y militar por su importancia en la historia de España.
 Juan Prim, nació en Reus en el año 1814 y falleció en Madrid en el año 1870. Fue un gran defensor de Isabel II y para la defensa de su causa, se enroló en el Ejército desde  el comienzo de la Primera Guerra Carlista años 1833-40. Sus ideas liberales le llevaron a la  política como diputado por Tarragona en el año 1841. Prestó su apoyo a los progresistas de Espartero durante el periodo 1840-43, no obstante debido al autoritarismo del propio Espartero, Prim organizó una sublevación en Reus para derrocarle. El gobierno progresista  nombró a Prim gobernador militar de Barcelona, con el encargo de reprimir el movimiento revolucionario que perduraba en la ciudad en el año1843.
  Pocos años después, Prim se alejó de la política, dedicándose a viajar por Europa. Fue Gobernador en  Puerto Rico, reprimiendo con dureza el bandolerismo y  los motines de los esclavos. A su regreso a la Península fue elegido diputado en 1851. En 1856 se puso al frente de la expedición enviada a Melilla para sofocar la insurrección de los rifeños.
En esta época,  se integró en la Unión Liberal, partido de centro creado por O’Donnell. Prim participó en la Guerra de África años 1859-60, obteniendo grandes éxitos por los que le fue concedido el título de marqués de los Castillejos.
Prim no dejó de participar en la política española de la época y como militar siempre estuvo en primera línea bien al mando de tropas o como mediador en diversos conflictos en las posesiones americanas.
El General Prim murió el 30 de diciembre de 1870, poco después de la llegada del nuevo rey Amadeo I, a causa de las heridas sufridas en un atentado en la calle del Turco actual Marqués de Cubas.
En septiembre de 2012, le fue realizada una autopsia a los restos momificados de Prim, de los que se deduce, que posiblemente murió estrangulado con posterioridad del atentado.

Mausoleo de Prim en el Panteón
Con estas minibiografias, hemos pretendido conocer un poco las vidas de algunos de los moradores del Panteón, aunque somos  conscientes de que nos dejamos en el camino las biografías del resto de moradores del Panteón, pero no queremos alargar excesivamente la historia del Panteón de Hombres Ilustres, recomendando por nuestra parte que antes de realizar la visita conocer las biografías de los moradores del Mausoleo Conjunto.


Ya conocemos un poco más la historia de la Basílica y del Panteón, ahora nos falta por conocer la Real Fábrica de Tapices.
La fundación de la Real Fábrica de Tapices fue una iniciativa de Felipe V aproximadamente  por el año 1721 con la intención de crear una industria de tapices en España capaz de competir en prestigio y calidad con las manufacturas flamencas, evitando de esta forma tener que recurrir a tejidos foráneos para la decoración de los Reales Sitios como: La Granja, Aranjuez y el Palacio Real.
La Real Fábrica de Tapices se creó siguiendo el modelo francés y que mejor que traer un flamenco para ponerla en marcha. Felipe V, se trajo a la familia de Jacobo Vandergoten naturales de Amberes, que inmediatamente levantaron una primera fábrica fuera de la ciudad, concretamente en las inmediaciones de la Puerta de Santa Bárbara, en la zona de Alonso Martínez. La Fábrica se estableció en el solar conocido como Casa del Abreviador y allí permaneció hasta el año 1882, siendo conocida como Casa de Santa Bárbara.


Antigua Fábrica de Tapices en la Puerta de Santa Barbara
El hijo de Jacobo Vandergoten, también llamado Jacobo levantó una nueva fábrica en el año 1734 en la calle Santa Isabel, con el fin de trabajar lienzos alternativos. El nombre de la Fábrica de Tapices de Santa Isabel, debe su nombre al cercano  Real Monasterio de Santa Isabel, la Fábrica de Tapices dio lugar al célebre cuadro de “Las Hilanderas” de Velázquez.
Pocos años después, en el año 1744, se unieron ambas fábricas bajo el patrocinio real. A partir de este momento pasa a denominarse Real Fábrica de Tapices, momentos es los que adquiere su mayor esplendor. Hasta este momento los tapices se elaboraban con los bocetos realizados por pintores de la corte y otros dibujos traídos a España por la familia Vandergoten. Comienza una nueva etapa incorporando nuevos diseños como los de los pintores: Mengs, Francisco Bayeu, Salvador Maella y especialmente Francisco de Goya.
La Real Fábrica de Tapices, tenía la obligación de enseñar dibujo y el arte de tejer tapices y alfombras a los jóvenes españoles que  lo desearan.


La nueva Fábrica de Tapices en el año 1894, se puede observar a la izquierda la construcción del Campanil
La evolución de la Real Fábrica siempre estará vinculada con la corona. Al frente de la Fábrica para controlar la economía se nombra un Intendente Real, que será quien establezca las contratas o sistema que recogía las condiciones para llevar a efecto los distintos trabajos. La dirección artística corre a cargo de los pintores de la Real Cámara, que serán los responsables de la calidad de los trabajos.
En 1750 se formaliza la tercera contrata que será la más importante asumiendo  la Fábrica la conservación y restauración de todas las tapicerías y alfombras de los Reales Sitios.
Plano de Texeira año 1656, junto al molino se construyo la Fábrica de Tapices, con el número XVIII aparece el Convento de Santa Barbara.
Con la guerra de la independencia se inicia una larga etapa de decadencia en la Real Fábrica. En 1860 la Corona cede a la familia Stuyck el uso del edificio, en régimen de alquiler, y se le permite una actividad mercantil con particulares. Con la incorporación a la Fábrica de encargos de personas particulares se podrá mantener a flote la Real Fábrica, ya que los encargos reales no son suficientes y no justificaban la existencia de una Real Fábrica. A partir de este momento los tapices entran en declive, siendo sustituidos progresivamente por las alfombras.
Aspecto de la antigua Fábrica  de Santa Bárbara  rodeada por el círculo
Con la llegada al trono de  Alfonso XII comienza una ligera recuperación, pero debido a que la vieja fábrica no reunía las condiciones para los nuevos tiempos, en 1882 Alfonso XII autorizó la demolición de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara para proceder al ensanche de Madrid,  ordenando la construcción de un moderno edificio en los terrenos del Olivar y Huerta del Convento de Atocha.
La obra fue encargada al arquitecto mayor de Palacio José Segundo de Lema, que la llevó a cabo entre los años 1888-1889, ocupándose de inmediato para reiniciar las actividades.
El edificio, declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento por la Comunidad de Madrid,  fue diseñado en estilo neomudéjar  como un recinto cerrado en cuyo interior pudieran concentrarse todas las actividades relacionadas con la producción y restauración de los artículos allí fabricados. El conjunto, ocupa toda una manzana entre las calles Fuenterrabía, Andrés Torrejón, Vandergoten y Julián Gayarre.


La Real Fábrica de Tapices, al fondo la Basílica y el Campanil
Con la llegada de la República y sin el apoyo económico de la Corona la Fábrica entre en crisis. Pero como tantas otras veces salió a flote gracias al apoyo de Indalecio Prieto y Azaña, pasando a denominarse Manufactura Nacional de Tapices y Alfombras.
Durante la Guerra Civil, la Fábrica fue incautada, pero una vez finalizada la contienda volvió de nuevo a la familia Stuyck continuando su actividad.
No acabaron aquí los problemas de la Real Fábrica, con la creación de la Fundación del Generalísimo, que después de denominó Fundación de Gremios, la Real Fábrica, fue privaba de una de su principal función al servicio del Patrimonio Nacional.
En 1982 se le vuelve a conceder el título de Real Fábrica, y en 1996, a iniciativa de la Corona y del Ministerio de Cultura, la Manufactura se convierte en la Fundación Real Fábrica de Tapices, como una entidad destinada a garantizar la transmisión de los valores culturales de la Fábrica.
Chimenea de la  Real Fábrica de Tapices
En la actualidad la Fundación Real Fábrica de Tapices, es una asociación cultural sin ánimo de lucro cuya labor actual está centrada en mantener y divulgar el legado histórico que posee, a través de la producción de tapices con diseños de artistas contemporáneos, restauración de piezas antiguas, talleres y exposiciones.
La Real Fábrica alberga una exposición permanente de tapices, alfombras, reposteros y cartones de los siglos XVI al XVIII. Como ya indicamos en párrafos anteriores, Francisco de Goya trabajó algún tiempo en la Real Fábrica de Tapices como cartonista para la fabricación de tapices que se pueden contemplar en lugares tan emblemáticos como El Escorial o en el Palacio del Pardo.


Tapiz de la Real Fábrica.
Hay que adaptarse a los nuevos tiempos y en épocas de crisis agudizar el ingenio, así La Real Fábrica de Tapices dispone de seis espacios se pueden ser alquilados para la celebración de eventos: Presentaciones, cócteles, banquetes, desfiles, conciertos, conferencias, etc.
Sala Goya: Dispone de entrada independiente, su espacio diáfano de 440 m2 se caracteriza por sus paredes de piedra y ladrillo, así como por sus altos techos de madera.
Sala Bayeu: Espacio clásico decorado con alfombras y tapices de la Real Fábrica.
Sala Giaquinto: Espacio en la primera planta del edificio que  se caracteriza por sus vigas vistas y techos de madera.
Sala Rafael Mengs:  Espacio con una decoración moderno con acceso desde la sala Goya y el jardín.
Sala Teniers:  Espacio diáfano con una superficie de 160 m2. Decorado con alfombras y tapices.
Jardín privado con acceso por la entrada principal y a través de las principales salas de la Real Fábrica.