jueves, 18 de octubre de 2012

CALLE DE EMBAJADORES


En este nuevo capítulo de nuestro recorrido por las calles de Madrid, nos detendremos en la calle Embajadores, pero solo analizaremos el tramo comprendido entre su inicio Plaza de Cascorro y la Glorieta de Embajadores. Este tramo fue en origen la calle Embajadores, que posteriormente fue prolongada y en la actualidad se extiende hasta la carretera de Villaverde pasada la M-40, siendo una de las calles más largas de Madrid.
El nombre de la calle procede del llamado campo de embajadores, nombre con el que se conoció al lugar donde se retiraron los embajadores de Túnez, Navarra, Aragón y Francia, cuando la ciudad se vio afectada por una epidemia de peste. La Glorieta debe el nombre al Portillo de Embajadores, que se encontraba situado en la cerca de Felipe IV.
Al haberse quedado pequeña la cerca de Felipe II por el aumento de población, Felipe IV ordena en 1625 construir una nueva cerca de ladrillo, argamasa y tierra. No se trataba de una cerca defensiva, su fin era controlar a las personas y los productos que entraban en la ciudad para que pagasen su correspondiente impuesto.
En los años 1840, la escasez de la vivienda en la capital, se había convertido en uno de los problemas más acuciantes y de difícil solución para la corporación municipal.
  Siempre ha sido igual, el propietario de pisos intenta sacar el máximo provecho en épocas de escasez de viviendas, los propietarios, amparados en la Ley del Inquilinato de 1842, aprovecharon para subir los precios de los alquileres que, de por sí, eran inasequibles para los numerosos inmigrantes y trabajadores que llegaban a la ciudad. 

La flecha en rojo nos indica donde se encontraba el Convento de Nuestra Señora del Favor, actual San Cayetano, en azul la antigua Fuente de Embajadores, en naranja el Hospital de Monserrat y en verde el Portillo de Embajadores
En un intento de solucionar el problema, se promulgó la Ley de promoción y regulación de casas para pobres en 1852, pero apenas se mejoró la situación y la población marginal no tuvo más remedio que asentarse en dos pequeños núcleos a las afueras de la cerca: El más importante, al norte de la ciudad, llamado arrabal de Chamberí, y el segundo,  al sur, junto al Portillo de Embajadores y que daría lugar al futuro barrio de las Peñuelas.
El Portillo de Embajadores fue construido en 1782, se trataba de una de las salidas menores de Madrid y su composición era un único vano, construido de ladrillo y que acabaría siendo con el tiempo la actual Glorieta de Embajadores cuando en 1868 fue derribado junto a la cerca.
No ha cambiado mucho la fisonomía de esta calle con el transcurrir de los años en el tramo que estamos analizando, como se puede observar en el plano de Pedro Texeira de 1656.
Iniciamos nuestro recorrido en la Plaza de Cascorro donde comienza la calle Embajadores. En el número 9 de la calle, nos encontramos con el Teatro Pavón.
Fue proyectado en 1924 por el arquitecto Teodoro de Anasagasti, y construido entre 1924 y 1925. Fue uno de los primeros edificios madrileños construidos enteramente en estilo Art-Decó.

Fachada del Teatro Pavón

En 1953 el inmueble fue reformado, según proyecto de José Antonio Corrales Gutiérrez, para convertirlo en sala de cine. Estas obras cambiaron radicalmente su aspecto, siendo la fachada revocada con cemento gris.
En 1978 el edificio sufrió otra nueva reforma, esta vez a cargo de Enrique López-Izquierdo Camino. Tras estos trabajos, en los años 80 se reactiva la actividad teatral, ofreciendo espectáculos de revista y comedias.

Finalmente, Ignacio de las Casas Gómez planificó una rehabilitación integral, ejecutada en 2001 y 2002, para devolver al Teatro Pavón su apariencia original, recuperando de nuevo los elementos característicos de Art Decó que poseía en 1925.
En la ciudad de Madrid nos encontramos en cada calle y en cada esquina algunos tesoros dignos de admirar. El Teatro Pavón, es uno de esos tesoros situado en las proximidades de la Plaza de Cascorro y por lo tanto junto al popular Rastro.
Teatro Pavón
Fue considerado un teatro de barrio que aporto mucha vida a este barrio tan castizo. En su escenario actuó la gran Celia Gámez. La Revista fue un género propio del barrio y de sus vecinos. Las obras y los espectáculos del Pavón se renovaban continuamente. El Pavón, se convirtió en centro de referencia de la canción española y del flamenco, con actuaciones de Manolo Caracol, Miguel de Molina y Antonio Molina entre otros.
Por suerte para la ciudad de Madrid, pese a las penurias que atravesó el teatro a lo largo de su vida, pudo salvarse de la conocida piqueta y en la actualidad podemos disfrutar de este edificio tan emblemático.
 

Avanzando por la calle de Embajadores, en el número 15, se encuentra la Iglesia de San Cayetano y San Millán. En sus orígenes fue la antigua iglesia del convento de Nuestra Señora del Favor, pero debido a que los clérigos del convento eran de la orden de los teatinos, la iglesia-convento fue más conocida por el nombre del fundador de la orden, San Cayetano de Thiene.
El convento tuvo su origen en un oratorio dedicado a San Marcos y a Nuestra Señora del Favor, que fue fundado en el año 1612 por Diego de Vera y Ordóñez de Villaquirán. Diego de Vera, fue escritor nacido en Madrid. Además era capitán de infantería y caballero del hábito de Santiago y de Calatrava. Ocupó el cargo de Alcalde Principal de Chiapas.
En 1822, durante el trienio liberal, el gobierno decretó el traslado de los teatinos a su convento de Zaragoza y el edificio permaneció cerrado.

Fachada de San Cayetano
Poco tiempo después, con Fernando VII de nuevo en el trono, el edificio se cedió provisionalmente a los frailes de San Gil, mientras finalizaban las obras de su convento de la plaza de San Marcial hoy plaza de España. En la calle del Oso permanecieron los frailes de San Gil, también conocidos por los gilitos hasta su expulsión en 1836 con la llegada de la desamortización de Mendizábal, quedando el espacio del convento reservado para viviendas particulares, con la excepción de su iglesia que permaneció abierta al culto.
En 1869 se derriba la Iglesia de San Millán Abad, situada en la Plaza de la Cebada y su parroquia se traslada a San Cayetano. Desde ese momento, la antigua iglesia de los teatinos pasó a convertirse en la iglesia parroquial de San Millán y San Cayetano, función que sigue desempeñando en nuestros días.

Interior San Cayetano
Las obras del edificio actual se comenzaron en 1669 por el arquitecto Marcos López, siendo continuadores de las mismas los afamados arquitectos José de Churriguera y Pedro de Ribera. La Iglesia fue concluida en el año 1761 por Francisco de Moradillo.
La planta de la iglesia es de cruz griega y esta coronada con una gran cúpula de tambor sobre pechinas de estilo bizantino; el interior consta de tres naves y cuatro capillas cerradas con sus correspondientes cúpulas. La fachada fue construida en granito y su diseño se atribuye a Churriguera, aunque la construcción corresponde a Francisco Moradillo. Se compone de ocho grandes pilastras rematadas con capiteles de orden compuesto. Las dos pilastras de cada extremo encuadran las dos torres y entre las cuatro del centro se disponen tres arcos de acceso de medio punto. Sobre los arcos de la fachada se colocaron en hornacinas ricamente decoradas las estatuas de san Cayetano, de Nuestra Señora del Favor, y de san Andrés Avelino, realizadas en piedra por Pedro Alonso de los Ríos.

Estatuas de San Cayetano y San Millán colocadas en la fachada de la Iglesia.
El templo fue incendiado con latas de gasolina en 1936 durante la Guerra Civil, pero se salvo en parte por la restauración que durante la guerra llevó a cabo Fernando Chueca Goitia.
Debido al fuego, se perdieron la casi totalidad de las obras de arte que atesoraba, incluyendo el retablo mayor. El actual retablo, imita modelos barrocos, con copias de cuadros famosos del Museo del Prado. En una de las capillas, bajo una sencilla lápida, se encuentra la sepultura de Pedro de Ribera, el arquitecto del edificio, y que vivía en la casa junto a la iglesia y que fue feligrés de la misma toda su vida.

Durante las reconstrucciones llevadas en la posguerra fue salvada íntegramente su fachada y se rehízo la gran cúpula central
En 1960 una comisión de eclesiásticos y laicos, entre los que se encontraba la duquesa de Alba, aprueba la reconstrucción total del templo, reabriéndose al culto el 6 de agosto de 1962.
En 1980 el templo fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Lamentablemente, no es posible admirar la grandiosidad exterior de la Iglesia por encontrarse encajonada entre calles estrechas y rodeada de edificios de viviendas.

En la calle de Embajadores, junto a la travesía de Cabestreros y la calle de Sombrerete se encontraba situado el Colegio de Nuestra Señora de la Paz y la Inclusa para acoger niños desamparados.
El colegio fue fundado por deseo de doña Ana Fernández de Córdoba y Figueroa, duquesa de Feria en 1679. En el testamento, encargaba a su marido que llevara a cabo la construcción del mencionado colegio. El viudo, compró una casa de la calle de Embajadores destinándolo a acoger a las niñas procedentes de la Inclusa que una vez criadas no tenían donde ir. El colegio, permaneció varios años en ruina hasta que fue derribado en los años setenta del siglo XX. En el solar se construyeron varios edificios de viviendas y un parque inaugurado en 1973.
Colegio de la Paz y la Inclusa en el año 1910
El origen de la Inclusa nos lleva hasta el año 1572 cuando la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias, radicada en el convento de la Victoria situado en la Puerta del Sol, asumió la tarea de recoger a los niños abandonados. Posteriormente, en el año 1579 la cofradía adquirió un inmueble entre las calles de Carmen y Preciados para albergar a estos niños expósitos.
En 1801 el estado del edificio de la ocupaba la Inclusa en la calle Carmen, estaba en una situación de ruina y los niños fueron trasladados a la calle del Soldado, actual Barbieri y posteriormente a la calle de la Libertad, ya en 1807, la Inclusa se instaló definitivamente en la calle Embajadores, junto al Colegio de La Paz.

Vista actual de parte del espacio que ocupaba la Inclusa en la calle Embajadores
En el Siglo XVIII, la Inclusa recogía una media anual de 1500 niños, aumentando durante el XIX hasta los 1800. Los niños llegaban a la institución por diversas vías, algunos abandonados en las calles e iglesias, depositados en los tornos que existían en la misma Inclusa, en la iglesia de San Ginés y en el Puente de Segovia, otros niños procedían del Hospital de los Desamparados, donde se atendían los partos clandestinos y finalmente, niños entregados por los padres incapaces de mantenerlos.
En principio, la institución se financiaba de donativos. A partir del Siglo XVII, teatros como el Príncipe (actual Teatro Español), el teatro de la Cruz y posteriormente, la plaza de toros de Madrid aportaban donativos en función de los ingresos de taquilla a la institución. La corona aportaba una renta de 10.000 ducados, lo que permitía a los reyes ejercer su patronazgo y nombrar a los administradores.
Hasta el año 1794 los niños de la Inclusa no podían acceder al ejercicio de oficios civiles, pero en este año, Carlos IV dictó una cédula mediante la que se les consideraba “integrantes de la clase social de hombres buenos del estado llano general, sin diferencia con los demás vasallos de esta clase”.
Como dato anecdótico, decir que en la Inclusa fue entregado Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro con la siguiente nota: "Nació el primero de diciembre de 1868 a las seis de la mañana, el que está sin bautizar y rogamos se le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Pepa, soltera, natural de Peñafiel, provincia de Valladolid”.

Tiempo antes que el Colegio y la Inclusa, estubo en la zona la Fuente de Embajadores, situada frente a la Travesia de Cabestreros, la fuente estaba coronada por una escultura y se surtia de agua del viaje de agua denominado Bajo Abroñigal y que podemos observar en el Plano de Teixeira de 1656.

El Mercado de San Fernando denominado también Mercado Municipal de Embajadores, se encuentra situado en el número 41 de la misma calle, realizando también la función de Mercado de Abastos. El mercado fue inaugurado en el año 1944 dando servicio a los vecinos de Lavapiés y parte de la Arganzuela. Si observamos el edificio desde una cierta distancia, más bien da la sensación de que se trata de una iglesia.

Mercado de San Fernando
El mercado se edificó en parte del solar donde se encontraba el Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando que queda derruido por un incendio. En 1943 el Ayuntamiento de Madrid convoca a un concurso para escoger el proyecto arquitectónico pensando en un mercado de barrio. El diseño se debe al arquitecto Casto Fernández-Shaw. El edificio se distribuye en tres plantas edificadas sobre hormigón con fachadas mezcla de ladrillo y granito. Las cubiertas están acabadas en torres finalizadas en chapitel. El edificio es de trazado simple con la excepción de la entrada principal. El edificio ha sido sometido a varias varias restauraciones en los últimos años del siglo XX.


Hace unos pocos años el Mercado como tantos otros estuvo a punto de cerrar por la baja actividad comercial y un estado palpable de abandono. Pero la situación ha cambiado radicalmente con la entrada de varios grupos de personas ligadas a centros sociales como el Patio Maravillas o La Tabacalera que, animadas por la bajada en el precio de los alquileres, se han decidido a recuperar el mercado tradicional mediante la apertura de todo tipo de puestos de economía social.

Antes que el Mercado y el Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, estuvo en esta zona, el Hospital de Monserrat, que fue fundado por Don Gaspar Pons, originario de Cataluña que propuso al rey Felipe III la creación de un hospital para enfermos de la Corona de Aragón. Para ello donó el año 1616 una casa de campo que tenía en la antigua calle de Cabestreros, hoy Mesón de Paredes. En 1668, el Hospital se traslada a la Plaza de Antón Martín. En el Hospital, que en principio sólo se atendían los enfermos aragoneses y catalanes,  abrió sus puertas a todos los enfermos que acudían a él.

Reloj de sol en la calle Sombrerete, esquina Embajadores
Frente al Mercado, en la calle Sombrerete  hay un reloj de sol en un edificio de cinco plantas (Casa de la Vela) que ocupa la totalidad de la fachada.  El reloj es muy vistoso. La pintura de fondo  representa a una mujer asomada a un balcón tendiendo la ropa.

En la calle de Embajadores Nº 53, junto a la Glorieta, frente al antiguo Casino de la Reina, se encuentra la antigua fábrica de tabacos que fue construida entre 1781 y 1792 por el arquitecto Manuel de la Ballina, una  fábrica, que en principio estaba dedicada a la producción de aguardientes, naipes, papel sellado y depósito de efectos plomizos.
Fue una de las obras públicas que se llevaron a cabo bajo el reinado de Carlos III, aunque las obras finalizaron con el reinado de Carlos IV. El edificio es un buen ejemplo de la arquitectura industrial de aquella época Siglo XVIII.

Entrada a la antigua Fábrica
Es de forma rectangular, exento con cuatro plantas. La fachada principal que da a la Glorieta de Embajadores, tiene balcones y ventanas y tres portadas. La del centro es la principal, adornada con 2 pilastras dóricas con triglifos en la cornisa que sirve de base al balcón principal se puede contemplar un escudo de armas.
Se trata de un edificio de un gran tamaño, situado sobre una extensa parcela que perteneció al convento de San Cayetano, y cuyos terrenos fueron adquiridos por la Corona en 1781. En cuanto a su planta, se trata de un paralelogramo rectangular de 117 metros de largo por 66 metros de ancho, estructurado entorno a tres patios.

Vieja estampa de la Fábrica de Tabacos
El proyecto de la edificación de esta fábrica llamada en principio Real fábrica de Aguardientes, se debió a la necesidad de centralizar los productos del  monopolio del Estado: Aguardientes, licores, las barajas de juego, el papel sellado, y depósito de efectos plomizos. No obstante la idea de centralizar no duró muchos años y así la elaboración del aguardiente le fue concedida a la Condesa de Chinchón, que dio nombre al celebre anís que todos conocemos y la fabricación de barajas de juego le fue otorgada a Heraclio Fournier, ciudadano procedente de Bélgica.

Vista Aerea de la Tabacalera

En 1809, José Bonaparte ordenó que el edificio pasara a albergar la Real Fábrica de Tabacos, función que desde entonces ha seguido desempeñando hasta su cierre en fechas no muy lejanas. Durante sus aproximadamente doscientos años de historia, “la fábrica”, como popularmente se la conocía, se ha convertido, probablemente, en uno de los establecimientos industriales más populares de la ciudad. La Fábrica de Tabacos de Madrid, represento un escenario de referencia en la vida de las mujeres que allí trabajaron, por encima del millar de operarias. Las cigarreras mantuvieron un amplio protagonismo en las reivindicaciones laborales, abuelas, madres e hijas, desarrollaron una conciencia social y capacidad de lucha obrera, desde motín ocurrido en la fábrica en el año 1830 y especialmente en el Siglo XX, participando en numerosas huelgas en defensa de sus condiciones de trabajo.

Vista de la antigua Fábrica con la fuente de Embajadores en primer término
A finales del año 2000, comenzó su cierre y estuvo algunos años abandonada. En la actualidad sigue en fase de rehabilitación, no obstante tras proyectarse en 2007 como Centro Nacional de las Artes Visuales, ya podemos disfrutar de espacios culturales, así  los espacios de la planta baja y sótanos del edificio han sido divididos en dos áreas. Una de ellas denominada “Tabacalera, espacio y promoción del Arte” es gestionada por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y desarrolla de forma permanente exposiciones y actividades entorno a la fotografía, el arte contemporáneo y las artes visuales. El resto del espacio, ha sido cedido al Centro Social Autogestionado “La Tabacalera de Lavapiés”, donde se lleva a cabo una programación cultural de diversa índole.
Se tiene previsto trasladar a estas instalaciones, los museos de Artes Decorativas y de Reproducciones Artísticas.


En la acera de los pares, justo frente a la antigua Fábrica de Tabacos, podemos contemplar una gran manzana rodeada por una fuerte reja en la zona que limita con la Glorieta de Embajadores y la Ronda de Toledo.
Esta finca fue un regalo del Ayuntamiento de Madrid en el año 1817 a María Isabel de Braganza segunda esposa de Fernando VII por su primer embarazo.
La finca se llamaba y sigue llamándose Casino de la Reina y en la actualidad se encuentra abierta a los madrileños, después de una restauración de los jardines, bajo un proyecto de los arquitectos Beatriz Matos Castaño y Alberto Martínez Castillo.

Vista aerea de la manzana ocupada por el Casino de la Reina
De las construcciones originales, permanecen una pequeña casa de ladrillo que actualmente está ocupada por el Quiosco del Casino de la Reina y el palacete, que después de algunas restauraciones, se ha convertido en Centro de Integración Social del Ayuntamiento.

Vista del Casino desde la Glorieta de Embajadores

Junto al palacete, se ha construido un Centro de Día para Mayores inaugurado en 2001. El edificio que más destaca, es el I.E.S. Cervantes, un edificio de estilo neumudejar construido  por Francisco Jareño, finalizando las obras en 1881. Con la construcción de este edificio, desaparecieron del Casino de la Reina parte de los jardines, la ría, el embarcadero y el invernadero.
No nos detendremos mas en este espacio, que ya fue recogido en una entrada de nuestro Blog con la denominación “CASINO DE LA REINA”.


Terminamos nuestro recorrido en la Glorieta de Embajadores, lugar de confluencia de diversas calles madrileñas. Ya hemos analizado los edificios más emblemáticos de la Glorieta como la antigua Fábrica de Tabacos y el I.E.S. Cervantes ubicado en el antiguo Casino de la Reina, pero salvo los residentes del barrio, poca gente conoce que en la misma Glorieta, todavía permanece abierta una casa de baños que junto a la de la calle Bravo Murillo son las únicas que permanecen abiertas al público.


Glorieta de Embajadores año 1956. El edificio del fondo es la Casa de Baños y el de la izquierda la antigua fábrica de Tabacos.
Las Casas de Baños tienen un marcado origen árabe como lo atestiguan los numerosos restos arqueológicos descubiertos en Madrid. Ya en el siglo XIX, Madrid contaba con casas de baños como por ejemplo los Baños de Oriente que se abrieron al público el 30 de mayo de 1830. En Madrid, en 1876, según cita de Fernández de los Ríos, en su Guía de Madrid, “las casas de baños eran a todas luces insuficientes para una población que rondaba los 400.000 habitantes”. En el siglo XX, se construyeron nuevas casas de baños situadas en Tetuán, Embajadores, Latina y La Guindalera, ésta última fue transformada en Casa de la Cultura en 1982.

Casa de Baños antes de su derribo en el año 2001.
El Consistorio ponía estos baños a disposición de los madrileños teniendo en cuenta que la mayoría de pisos y casas de los barrios más humildes no disponían de medios de aseo para la higiene diaria.
La Casa de Baños de Embajadores construida entre los años 1920 y 1930 fue remodelada en el año 89. Los trabajos implicaron el cierre del establecimiento entre febrero de 1989 y abril de 1991. Las necesidades reales obligaron, no obstante, a demoler el edificio en el año 2001 para edificar el edificio actual, adaptándolo a las nuevas exigencias en materia de seguridad.

Moderna Casa de Baños de Embajadores
La nueva Casa de Baños de la Glorieta de Embajadores consta de tres plantas y un ático. La planta baja está destinada a las mujeres y la planta primera a los hombres. De momento la planta segunda queda en reserva y se pondría en funcionamiento si la demanda así lo requiriese.
La superficie construida es de 1.070 metros cuadrados. Cada planta tiene 333 metros cuadrados y el ático 70 metros cuadrados. Se han instalado 59 duchas de las que 17 son adaptadas. En distribución por plantas: Planta baja, 15 cabinas, y 22 duchas en cada una de las plantas restantes.
El precio de la utilización de una ducha es de 0,15 € pero el cliente tiene que aportar la toalla y el jabón.

Ejemplo de arquitectura actual en la calle de Embajadores

            Por desgracia, no todos los edificios de nuestra calle disponen de este tipo de arquitectura, la calle se encuentra muy embejecida con casas y locales en estado de ruina y cerrados. Por suerte todavia podemos contemplar algún ejemplo de local típico madrileño. ¿Hasta cuando sobreviviran los azulejos?



Calle de Embajadores en la actualidad

Antiguo barrio de Peñuelas junto a la Glorieta de Embajadores principios del Siglo XX
Si el paseo por la calle Embajadores nos ha despertado el apetito, en el número 84, junto a la Glorieta, se encuentra uno de esos establecimientos con más solera de Madrid, se trata de la “Freiduría de Gallinejas de Embajadores”.
Entresijos, gallinejas, mollejas y otras exquisiteces, nos esperan siempre que no hagamos ascos a las tripas de cordero.
Las gallinejas clásicas de toda la vida son un producto  de cordero lechal compuesto por el intestino delgado y un trozo de mesenterio (el entresijo), que  contiene una mollejita popularmente llamada "botón".
Cuando se preparan las gallinejas, resultan otros productos originales como los entresijos, los chicharrones, las tiras y los botones. En las casas especializadas, los productos enumerados se suelen servir junto a las mollejas blancas, los zarajos o patatas fritas, componiendo el plato más singular, castizo y emblemático de la gastronomía madrileña.
 








 

domingo, 30 de septiembre de 2012

TRIANGULO DEL TAPEO

Al igual que Madrid tiene su triángulo del arte (Museos de Reina Sofía, El Prado y el Thyssen), el límite formado por las calles de la Cruz, Carrera de San Jerónimo y Carretas, forma un autentico triángulo del tapeo que cualquier aficionado con buen paladar debe conocer.
No pretendemos con estas líneas dar a conocer una guía gastronómica, simplemente pretendemos traer a estas páginas, algunos de los locales mas representativos sin olvidarnos de que hay en la zona otros muchos  muy interesantes que no hemos reseñado por no hacer excesivamente larga esta pequeña guía.
Antes de comenzar con nuestro paseo, queremos recordar brevemente la historia de esta zona de Madrid.
En la parte más cercana a Sol, se encontraba el convento e iglesia de San francisco de Paúl, más conocido como de la Victoria, comprendía el espacio limitado por la carrera de San Jerónimo y las calles de la Victoria, Cruz, Cádiz, Carretas y la Puerta del Sol.

Plano de Texeira año 1656. Marcado con el VI, el Convento de la Victoria
El convento e iglesia fue derribado en 1838 y sobre su solar se abrió el primer tramo de Espoz y Mina y más tarde el pasaje Mathéu que se proyectó inicialmente como pasaje comercial a semejanza de los que por entonces se encontraban de moda en las capitales más importantes de Europa. Disponia de grandes tiendas de lujo y bazares. La galería o calle central estaba cubierta por una armadura de hierro y cristal, y sus entradas estaban formadas por cuerpos salientes rematados con esculturas de Francisco Pérez que personificaban el comercio y el lujo.

Recreación del Convento de la Victoria
Por desgracia, fue un fracaso para su propietario Manuel Matheu, que se arruinó, quizá Madrid todavía no estaba preparada para estas modernidades. El Pasaje de Matheu, llamado también pasaje de la Equidad y Bazar de la Villa de Madrid, fue construido por Antonio Herrera de la Calle en el año 1847. Constaba de tres plantas dedicadas al comercio destacando las tiendas de ropa, una para mujeres y otra para hombres. Lo mejor de todo era la iluminación nocturna, capaz de competir con los mejores bazares de Londres y París.
Desaparecido el Pasaje de Matheu, la zona se transformó en viviendas y locales que hoy podemos contemplar.


Pasaje Matheu
Comenzaremos nuestro recorrido por el número 12 de la Calle de La Victoria, donde se encuentra la Casa del Abuelo, quizá la taberna más representativa de la zona.
Nombrar Casa del Abuelo es venirnos a la memoria el sabor de las autenticas gambas que se podían tomar en Madrid.
Pero antes de paladear sus exquisitas tapas, creemos oportuno conocer un poco los orígenes de la taberna.


Casa del Abuelo, es una de las tabernas madrileñas más castizas. Esta tasca centenaria se abrió como colmado especializada en la venta de vinos y sidras. Desde su fundación, en 1906, la taberna ha estado siempre regentada por la misma familia, siendo su fundador Baldomero Ortiz y Gilabert.
Baldomero Ortiz bautizo la taberna con el nombre de “La Alicantina” por ser este el lugar de nacimiento de su madre, y porque la familia traía los vinos dulces de dicha provincia.
En los años 50, Patricio Ruiz abuelo de los actuales dueños y verdadero amante del vino decidió fabricarlo él mismo en sus propias bodegas. Obtuvo un vino dulce tan rico, que el público empezó a llamarlo cariñosamente vino “El Abuelo”. En La Casa del Abuelo se embotellaba el vino tras mantenerlo en una cuba grande donde los mismos camareros se encargaban de añadir la mistela al vino seco y remover y remover para evitar que se picara y conseguir el punto idóneo.


En los años 20 y 30 al fundador de la taberna se le ocurrió la idea de ofrecer bocadillos a sus clientes. La Casa del Abuelo no sólo se convirtió en la primera taberna que vendía chorizo, anchoas o sobrasada dentro de un pan, sino que también consiguió vender más de 1500 bocadillos en un solo día.
Una de las especialidades más demandadas en esta época era el vino dulce con rosquillas. Después de la guerra, las dificultades para conseguir pan obligan a los taberneros a buscar un producto que se consuma sin pan, entonces se les ocurrió servir gambas a la plancha.
Daniel Ruiz cuenta que, en los años de la posguerra, su abuelo se las veía y deseaba para encontrar algo comestible que servir en la tasca familiar. Un buen día, se fue al mercado buscando algo para sus clientes y se encontró con una caja de gambas que nadie se había podido permitir comprarla


Las gambas se sirvieron a la plancha como el menú del día, pero con precio popular. No sabía, entonces, que acaba de descubrir el futuro negocio de la familia.
En el bar no había ninguna plancha para asar las gambas y se optó por utilizar unas latas de membrillo para este menester. El primer kilo de gambas se agotó enseguida. El gran éxito de las gambas a la plancha requería la instalación de una cámara para su mejor conservación. En 1955 se solicita al Ayuntamiento licencia para una cámara frigorífica.
En La Alicantina, se servía un vino dulce o vino de chateo (saturado de azúcar para que se conservara). Los parroquianos solían invitarse a tomarse “un abuelo”, y unos bocadillos que eran la especialidad de la casa en aquella época.
Hoy, la gamba sigue siendo el plato estrella del local y su imagen de marca. Las podemos tomar, a la plancha, al ajillo, en gabardina, en croquetas, en banderilla. En La Casa del Abuelo, se puede tomar la gamba rosa de Palma de Mallorca, la blanca de Huelva y la roja de Garrucha que entra en la preparación de las croquetas.
En la actualidad el vino procede de las proximidades de Portugal, con denominación de Toro y elaborado por los propietarios de La Casa del Abuelo, para tal menester, adquirieron un pequeño viñedo con cepas muy antiguas.
Para defender y reactivar la tradición del tapeo madrileño, la Casa del Abuelo se juntó hace unos años con otras tascas históricas como, Casa Alberto, en el la calle de Las Huertas y la Taberna de Antonio Sánchez en la calle Del Mesón de Paredes, para formar la Asociación de Restaurantes y Tabernas Centenarias. Editan un boletín de noticias, participan a ferias y eventos promocionales, montan exposiciones y han creado un Club de Vinos exclusivo.
De la casa madre en la calle de la Victoria también han salido retoños: La Casa del Abuelo se encuentra también en las calle Goya y Núñez de Arce.


Si abandonar la calle de la Victoria, en el número 5 se encuentra la taberna “Venta El Buscón". El nombre como no podía ser de otra forma, procede de la famosa novela de Francisco de Quevedo, no nos olvidemos de que nos encontramos en pleno Barrio de las Letras. Nos encontramos en una taberna camaleónica que se transforma en función de la hora del día. Taberna de día y local de copas por la noche.


Podemos degustar las tapas de chorizo ibérico, morcilla, cecina de León, queso, jamón ibérico, jamón de pato, mojama de atún y salmón ahumado. También tienen tapas calientes como el  rabo de toro, callos y albóndigas caseras. Por la noche, a partir de las 24 h, el local da un giro y la taberna se convierte en un lugar de copas, música y baile.
Con una decoración muy personal, donde podemos encontrar pinturas de Don Francisco de Quevedo y detalles de la Edad de Oro, todo ello acompañado de azulejos de mensaque hechos a mano, que nos hacen  pasar momentos agradables.
En este ambiente, si cerramos los ojos podemos sentirnos trasportados a épocas pasadas.
 
En la misma calle de la Victoria, se encuentra La Fontana de Oro”, una de las tabernas más emblemáticas de Madrid, inicia su andadura en la época de Carlos III, en la calle de la Victoria nº 1. Tal era su fama, que incluso Benito Pérez Galdós la incluyó entre sus escritos.

La Fontana de Oro, esquina calle de la Victoria y calle del Pozo
La Fontana de Oro es una fonda café que lleva aguantando el paso de los años desde el siglo XVIII. Se encontraba situada en la esquina de la Carrera de los Padres Jerónimos con la calle de la Victoria, en lo que era la calle más concurrida de Madrid. Esta fonda madrileña inspiró posteriormente en el año 1870 a Benito Pérez Galdós en una obra titulada igual que la fonda “La Fontana de Oro” en lo que fue su primera novela. El café fue lugar de reunión de los liberales y punto álgido durante Trienio Liberal.
Su historia, se remonta a 1760 aproximadamente donde figura como Posada para Caballeros y botillería, posteriormente es fonda de viajeros. El dueño era un italiano de Verona llamado Giuseppe Barbazan. A finales del siglo XVIII, había tres grandes fondas en Madrid: La Cruz de Malta, la Fonda de San Sebastián y la Fontana de Oro.

Detalles de la fachada de la Fontana de Oro
La fonda tuvo su momento más importante durante el llamado Trienio Liberal. Entre los oradores más efusivos de la época se encontraba Antonio Alcalá Galiano que pronunciaba discursos sobre las libertades constitucionales. Benito Pérez Galdós describe en su novela el aspecto del café por aquel entonces y el ambiente que se respiraba.
En 1843 la Fontana es adquirida por el francés Casimir Monier que la incluye en las fincas adjuntas, también de su propiedad, dedicadas a baños y sala de lectura. Cambió el nombre a "Hotel Monier". Al pasar los años las guías de viaje definen "Fonda de los Embajadores" al mismo lugar donde se encontraba la Fontana de Oro.
Con los años paso de ser taberna a un restaurante vasco y posteriormente el Café Sol y Sombra. Hasta que en el siglo XX se volvió a recuperar como la antigua taberna que fue y además, siguiendo las letras de Galdós para seguir manteniendo su espíritu de antaño. En la Fonda había un espacio al que sólo tenían acceso los socios, denominado La Fontanilla, un altillo donde se daban los discursos de tono liberal. En la actualidad, se utiliza para actuaciones en vivo en el local. Por su carácter liberal, aparecen en sus azulejos retratos de Rafael de Riego o don Juan Martín el empecinado.

Interior de la Fontana de Oro
Galdós mencionaba que los techos de la taberna fueron pintados por un maestro madrileño, pero en la actualidad han sido encargados a artistas rusos de la escuela de Bellas Artes. Tres farolas que engalanan la parte central son de época fernandina. En la actualidad la Fontana de Oro es un pub de estilo irlandés, pero respetando la decoración anterior.
En esta primera planta la decoración es típicamente irlandesa, banderas y escudos, la decoración se mezcla con la del antiguo café: Cuadros de militares, escudos, mosaicos pintados de la época, etc.
En el sótano, se encontraban las cuadras que fueron trasformadas para adaptarlas a  uso hostelero, sus paredes y bobedas, están realizadas con  ladrillo visto de la época y nos ofrece un ambiente muy acogedor. La decoración es una mezcla de vidrieras de colores, escudos, espadas y cuadros, con motivos típicos de los pubs irlandeses.
Lugar muy recomendable para tomarse un café o una cerveza en un ambiente típicamente irlandés.

Frente a la Fontana de Oro, en la calle de la Victoria esquina con la calle El Pozo, se encuentra el “Restaurante la Cruz de Malta. Ésta es otra de las cervecerías del Viejo Madrid en un ambiente castizo y muy taurino, la taberna tiene un aire  popular y antiguo.


Traemos a estas páginas esta cervecería no tanto por sus exquisiteces culinarias entre las que destacan una gran variedad de canapés, aperitivos, tapas y raciones variadas, sin olvidar sus carnes, sino por la esplendida decoración de sus paredes con múltiples azulejos con diversos motivos.

Azulejos fachada Cervecería La Cruz de Malta
Sin abandonar la calle del Pozo, y dejando por unos minutos las tapas, cañas y vinos, en el número 6, se encuentra la antigua “Pastelería El Pozo. Fundada en 1830 por la familia Agudo, es una de las mejores pastelerías artesanas que podemos encontrar en Madrid, en ella se siguen realizando los hojaldres de forma artesanal, con planchas de hojaldre rellenas de crema o cabello de ángel.


La pastelería es famosa por sus roscones, para algunos los mejores de Madrid, pan de Cádiz, turrones, hojaldres, torrijas, etc. El nombre de la calle y de las Pastelería procede de la creencia de que en la zona existía un pozo milagroso y al que se habrían arrojado las reliquias de unos santos, hecho que provocó situaciones misteriosas en el Madrid de aquellos tiempos.
El local, en el transcurso de los años, ha sido objeto de varias reformas, pero ha sabido conservar la decoración original, manteniendo el mostrador de mármol y madera, la maquina registradora y la antigua balanza de pesar.
En la actualidad la pastelería está regentada por los sucesores de Julián Leal, que se encargó de ella hace 87 años.


Abandonamos la Antigua Pastelería el Pozo y nos dirigimos a la calle de la Cruz número 4, donde nos encontraremos con “Casa Toni”, donde nos pueden ofrecer productos como las mollejas y zarajos, además de variadas raciones como: Patatas en variadas formas de presentación, pimientos de padrón morcilla, setas, chopitos y muchas más raciones y tapas, como podemos comprobar en su carta.


Casa Toni es el típico bar de tapas amplio para poder ir en grupo, buena relación calidad precio y raciones generosas. Como bebida podemos disfrutar de las jarras de cerveza y una buena sangría.


En el número 17 de la calle de la Cruz, podemos visitar la taberna “Fatigas del Querer”. Esta Taberna, se fundo en los años 20 del pasado siglo, se mantuvo cerrada unos años hasta que reabrió sus puertas en el 2006, manteniendo la decoración que tenía en su inicio. El nombre de Fatigas del Querer, tiene que ver con un  estribillo de la bulería. “Dame un poquito de agua” cantada por Camarón en colaboración con Paco de Lucia.
La decoración del local está basada en azulejos andaluces elaborados a mano, las paredes son un homenaje a Julio Romero de Torres. La barra de madera tallada y una mesa de mármol de tonalidades verdes, destaca sobre el resto del mobiliario.


Su interior, está repleto de imágenes femeninas de Julio Romero de Torres, mesas y sillas añejadas, baños que con un poco de imaginación nos recuerdan a la vida de un pueblo, toda esta decoración nos transporta a épocas pasadas.
En el apartado gastronómico, destacaremos los ahumados e ibéricos, asimismo, las ensaladas, tigres, croquetas de jamón, patatas con distinta preparación destacando las patatas revolconas, callos, oreja a la plancha, picadillo, y para lo que no les apetecen las tapas y quieren un buen plato, se puede degustar el pollo a la parrilla, el rabo de toro estofado y el chuletón de Ávila.
Para beber, una colección de vinos tradicionales y por supuesto, vermut de grifo, copas y variedad de cócteles.


En la calle Cádiz número 9 se encuentra la “Taberna Malaspina”. Antes de entrar en la Taberna, lo primero que llama la atención es su fachada, con la recreación de un mapamundi de la antigüedad con el rotulo de Malaespina.
Para los más curiosos, Malaespina, fue una expedición al servicio del gobierno español que organizó el italiano Alejandro Malaspina en septiembre de 1788, junto con su amigo José de Bustamante y Guerra. Fue un viaje político-científico alrededor del mundo, con el fin de visitar casi todas las posesiones españolas en América y Asia y con el fin de realizar una documentación lo mas real posible acerca de las colonias y dominios de la monarquía española.


Nada más entrar, destaca la decoración, rápidamente nos recuerda al Madrid más castizo, de buen vino y buena tapa. Te sirven una tapa incluso antes de que hayas pedido la bebida. Se trata de una taberna muy concurrida. La carta es amplia en raciones, pero lo que realmente destaca, son sus huevos rotos y su tosta Malaspina, una tosta de tamaño XXL a base de tomate natural y aceite, acompañada con lacón con pimentón y queso fundido con orégano.
Malaespina, tiene una variedad importante de raciones, ensaladas y tapas al gusto del consumidor. Puedes encontrar tapas calientes con jamón, lomo, queso, chorizo, carne asada, cangrejo entre otros. Para beber puedes pedir la sangría como especialidad de la casa, por supuesto con su tapa correspondiente, también destacan los mojitos y caipiriñas.

Con entrada por la calle Espoz y Mina 18 y la calle Barcelona, nos encontramos con el “Restaurante Cervecería La Tintorería”. Abierto en el año 2004, es un ejemplo más de los nuevos locales que están apareciendo por la ciudad de Madrid, con nuevas ideas sobre la gastronomía.

Fachada de la Tintorería
La decoración, es fundamental en el nuevo establecimiento, comenzando por la entrada principal en la calle Espoz y Mina y continuando por la decoración de sus salones en el sótano, donde se ha rescatado el ladrillo visto original de estas cuevas originarias de los siglos XVI y XVII que, al parecer, iban a parar todas a la Puerta del Sol. El buen gusto y la pulcritud de todos los detalles presiden todos los rincones de este establecimiento.
La carta es muy variada y seguro que satisface a los paladares más exigentes: Tablas de patés o de quesos, croquetas caseras, de jamón y de pollo, no nos olvidemos de los ibéricos, como buen restaurante madrileño, no podían faltar las raciones de callos, albóndigas y chipirones.

Cueva de la Taberna La Tintorería
Y que decir de las ensaladas como la de jamón de pato a la salsa tártara, con foie, y el revuelto de patatas con pimientos de Guernica y virutas de jamón Ibérico, para los que gustan de los productos del campo, se puede degustar setas a la plancha, con ajito o morcilla de arroz, sobre una crema ligera de garbanzos. El restaurante nos ofrece también un crujiente de langostinos con cebolla confitada y salsa de soja, ó platos de cuchara, sin olvidarnos de un buen entrecotte a la plancha, con su guarnición ó variedad de pescados.
Podemos completar nuestra mesa con un buen vino y unos postres caseros.


Junto a la Plaza de Santa Ana, haciendo esquina con el callejón del Gato y la calle Núñez de Arce, donde en la década de los años 50 del pasado siglo, se respiraba la tauromaquia y literatura se encuentra hoy la “Taberna La Fragua de Vulcano”. Un espacio nuevo pero que aún mantiene el aroma de tasca de posguerra, donde todavía se respira el olor a vermut de grifo.

En nombre como podemos imaginar tiene mucho que ver con el famoso cuadro de Velázquez, La Fragua de Vulcano. Su decoración está basada en azulejos tradicionales como podemos contemplar en la fachada.
En su cocina, todavía se sigue preparando el exquisito cocido madrileño, realizado a fuego lento, y que en épocas pasadas, era el plato de las personas con pocos recursos. Si el cocido no es plato de nuestra devoción, nos podemos decantar por la fabada, las lentejas o una buena paella. A destacar también las gambas a la plancha, al ajillo ó una tortilla española.

Si quieres tomarte unas bravas de toda la vida, en el barrio que estamos recorriendo te puedes encontrar con la “Taberna las Bravas” en el callejón del Gato o mejor dicho Álvarez Gato, en la calle Espoz y Mina ó en el Pasaje de Matheu.
El establecimiento comienza su andadura allá por 1933 en el popular y literariamente conocido como El Callejón del Gato, donde los espejos cóncavos y convexos inspirarían a D. Ramón María del Valle-Inclán la figura del esperpento en su obra Luces de Bohemia.


En un principio se trataba de una taberna de venta de vinos y licores, que se fue transformando con el paso de los años, después de la guerra civil la taberna incorporó los aperitivos y diversas raciones. Sardinas asadas ó patatas fritas, destacaban especialmente.    En la década de los 50, la taberna comenzó a añadir salsa picante a las patatas, suponemos que el picor animaría a beber a los clientes. No sin cierto rechazo al principio, la salsa con el paso del tiempo resultó un éxito. En el año 1960 la marca Las Bravas (patatas y salsa) fue patentada.


En 1963 se abrió el establecimiento de Espoz y Mina y en 1974, se amplió el negocio al Pasaje de Matheu.
El secreto de la salsa permanece dentro de las paredes de la cocina para amenizar no solo las patatas, sino otros productos culinarios como la tortilla y la oreja. Pero si somos alérgicos al picante, la taberna dispone de raciones de pulpo a la gallega, calamares fritos, pinchos morunos y croquetas caseras de jamón y pollo.

Nuestra siguiente parada es la Taberna La Alhambra en la calle de la Victoria número 9. Se trata de una de las Tabernas típicas de Madrid que abrió sus puertas allá por el año 1929, conservando los azulejos originales realizados por Alfonso Romero, el mismo que realizó los de la plaza de toros de Las Ventas. El Logo, es una reproducción de la imagen de la hija de Julián del grupo Tequila caracterizada de mejicana. Dentro de la Taberna se puede contemplar un arco de medio punto que comunica la Taberna con la Cantina, conserva su magnifica decoración de taberna andaluza con sus azulejos y el paisaje de la Alhambra entre dos arcos arabescos, con detalles curiosos para observar, como las paredes de ladrillo e imágenes en grandes composiciones de azulejos y el Logo presidiendo el salón.


Toreros y estrellas de cine fueron clientes habituales de esta Taberna, que conserva ese aroma añejo de casticismo.
En cuanto a la carta, tienen un excelente surtido de productos ibéricos, ahumados y quesos y otras raciones típicas del tapeo madrileño como las croquetas, la tortilla española o las patatas dos salsas.

Interior de la Taberna La Alhambra
Para los que no deseen comer de tapas ó raciones, la Taberna nos ofrece: Entrecot, rabo de toro, paella mixta y diversos platos de la cocina española.


Comenzamos nuestro recorrido en la que podemos considerar taberna estrella de la zona, El Abuelo y para finalizar nos acercaremos a uno de los establecimientos con más solera de Madrid “Lhardy”, restaurante ubicado en pleno centro de Madrid en la Carrera de San Jerónimo número 8,.abierto en el año 1839 por su fundador el francés Emilio Hugenin Lhardy.
El local se abrió en principio como una pastelería que poco a poco fue incorporando comidas. En la actualidad es tienda y restaurante, destacando su famoso caldo desde 1885, el restaurante ofrece desde sus comienzos servicios de catering de alto standing a los hoteles y a las celebraciones de la alta sociedad.


Las fondas de los Siglos XVIII y XIX no ofrecían buenas comidas a los extranjeros y de esto se quejaba ya Mariano José de Larra. La oferta gastronómica era mala y el servicio pésimo, las comidas que se servían, llenas de aceite y ajo, y no eran del agrado de los visitantes extranjeros, la apertura de Lhardy supuso un punto de alivio para los visitantes
El evento que lanzó a la fama a Emilio Lhardy fue la organización del bautizo del hijo primogénito de José de Salamanca y Mayol (Marqués de Salamanca) en 1841. Dicho evento fue coordinado desde el punto de vista culinario por Emilio Lhardy. Este evento hace que Mesonero Romanos realice una reseña en 1844 en una edición del “Manual de Madrid”.
Como ya hemos indicado es famoso desde hace muchos años el caldo de carne que ofrece en un samovar de plata, tradición introducida en el local en el año 1885. El restaurante posee seis salas decoradas al gusto del siglo XIX y comienzos del XX. Algunos autores alaban el cocido madrileño elaborado en su restaurante, es un cocido (servido a los tres vuelcos) que ha venido a denominarse con el tiempo “cocido de Lhardy”. destacar algunos pasteles con nombre francés como: Petits sous, los éclairs, diversos hojaldres, los esponjados savarins (aromatizados de ron o kirsh), así como tartas.

Interior de Lhardy
En zona de charcutería y de fiambres se tiene el pavo trufado el roastbeef, la lengua escarlata, pasteles de hígado (de perdiz, de liebre, etc), guarnecidos de huevo hilado, aspics, la poularde demi deuil, etc.
El lenguado al vino blanco ha llevado lejos su prestigio y en algunas cartas francesas lo denominan "Lenguado Lhardy". El el otro plato conocido y alabado por diversos autores son los callos a la madrileña. Es muy mencionada la exclusiva bodega con gran variedad de vinos que posee de España y de otras partes del mundo.
Los salones que posee Lhardy se distribuyen en dos plantas, en la primera está el Salón isabelino, decorado con cuadros de Agustín Lhardy y el famoso Salón japonés de pequeñas dimensiones que debe su nombre a las telas de sus paredes y a las lámparas que lo decoran. En la segunda planta posee los salones Sarasate, Gayarre y Tamberlick.
Benito Pérez Galdós menciona el restaurante en algunas de sus novelas de los Episodios Nacionales: Prim, España sin Rey, Amadeo I, Lo prohibido, Torquemada. La primera mención de Lhardy en los Episodios Nacionales la encontramos en Los Ayacuchos:
"Me llevó el Marqués de Salamanca en su coche a la Carrera de San Jerónimo, donde se ha establecido un suizo llamado Lhardy, que es hoy aquí el primero en las artes de comer fino”.
Bretón de los Herreros menciona a Lhardy en su comedia La hipocresía del vicio.
Luis Coloma en su novela Pequeñeces, editada en 1891. Donde se menciona literalmente a Emilio Lhardy.

Hemos llegado al final de nuestro recorrido, pero somos conscientes de que por el camino nos hemos dejado algunos establecimientos dignos de tenerse en cuenta, que mejor que cada uno de vosotros descubraís cada uno de los establecimientos de la zona.