domingo, 22 de julio de 2012

PLAZA DE LA CIBELES


Dice la Leyenda que la diosa Cibeles nació en  Frigia comarca que ocupaba la península de Anatolia, actual Turquía.
Los griegos la llamaban Rea y fue considerada la esposa del titán Cronos, que devoró a sus hijos al nacer para que no le usurpasen el trono. Cibeles es considerada la madre de todos los dioses. Es la personificación de la fuerza de la naturaleza, de la tierra fértil, de las cavernas y las montañas.
Se la suele representar con una corona en forma de muralla, como señalando la fortaleza de su carácter y montada encima de un carro que simboliza la superioridad de la naturaleza. Los leones que tiran de dicho carro forman parte de la mitología griega.


Atalanta, de niña, fue abandonada por su padre que sólo quería hijos varones, y fue criada por una osa. Ya de mayor vuelve a encontrarse con su padre que la obliga a casarse, pero la joven no desea tal cosa y sólo accede en el supuesto de que algún pretendiente sea capaz de ganar a la propia Atalanta en una carrera.

Muchos pretendientes fracasan en el intento, pero Hipómenes, enamorado ella, recurre a Afrodita, diosa  del amor, para que le ayude a conquistarla. Afrodita le entrega tres manzanas de oro, con las que consigue distraer a Atalanta durante la carrera y consigue  vencerla.



Hipómenes y Atalanta contraen matrimonio, y en un estallido de pasión acaban fornicando en un recinto sagrado de Zeus que, como castigo por semejante sacrilegio, los transforma en leones. Cibeles, enternecida por la situación, decide atar ambos leones a su carro para que pudiesen tirar juntos de ella durante el resto de la eternidad.



       En nuestro paseo, nos detendremos aunque sin profundizar en la fuente de la Cibeles y todo su entorno, para conocer un poco más esta zona de nuestro Madrid. 
          La fuente de la Cibeles fue un encargo de Carlos III al arquitecto Ventura Rodríguez que realizó el proyecto entre los años 1777 y 1782 cuando ya reinaba en España Carlos IV. En principio esta fuente iba destinada a los Jardines de La Granja de San Ildefonso en Segovia, pero cuando se empezó a remodelar el Paseo del Prado, se colocó frente al palacio de Buenavista a la entrada del paseo de Recoletos, mirando hacia la fuente de Neptuno.

La figura principal es la diosa Cibeles, obra del escultor Francisco Gutiérrez que, como hemos indicado, trabajó sobre los planos de Ventura Rodríguez. Está montada en un carro dispuesto sobre una roca que se eleva en medio del pilón. En sus manos lleva un cetro y una llave, y en el pedestal se esculpieron un mascarón que escupía agua por encima de los leones hasta llegar al pilón, más una rana y una culebra que suelen pasar desapercibidas. Los leones que tiran del carro fueron esculpidos por el artista francés Roberto Michel.

    


La realización del monumento fue muy costosa. Se tardaron noventa y dos días en transportar el mármol blanco desde las canteras de Montesclaros en Toledo. Para ello un vecino de Madrid, Pedro Paliza, se ofrecio para efectuar el transporte, ayudándose de su ganado y sus carros.
La Cibeles ha sido testigo de nuestra historia y ha sido víctima también del deterioro del paso del tiempo y otros agentes.
      Durante la Guerra Civil, fue cubierta con una montaña de sacos para protegerla de las bombas y disparos. Aun así, sufrió desperfectos en su brazo derecho y nariz, y en el morro de uno de los leones. Recientemente, en 1994 y 2002 le ha sido arrancada una mano que ha tenido que ser sustituida por una de origen moderno.




En 1895 se trasladó la fuente al centro de la plaza, colocando a la diosa mirando al primer tramo de la calle de Alcalá. Este traslado levantó mucho revuelo y críticas entre el Ayuntamiento y la Academia de Bellas Artes de San Fernando que se vieron reflejadas en la prensa de la época.
La fuente no sólo era un monumento artístico sino que tuvo desde el principio una utilidad para los madrileños. Tenía dos caños que se mantuvieron rústicos hasta 1862. De uno de los caños, se surtían los aguadores oficiales que solían ser asturianos y gallegos y llevaban el agua hasta las casas y el otro caño estaba a disposición de cualquier ciudadano de Madrid. En el pilón bebían las caballerías y otros animales.
El agua procedía de un viaje de aguas que, según la tradición, databa de la época en que Madrid era musulmán. Tenía fama de poseer propiedades curativas. Los caños eran de difícil acceso y estaban situados en el lugar donde hoy están colocados los surtidores. Debido a la dificultad de abastecerse de agua, en el año 1862, el Ayuntamiento decidió cambiarlos por dos figuras artísticas y de diseño simbólico para la villa de las que manaba ampliamente el agua. Un oso y un grifo (criatura mitológica, cuya parte superior es la de un águila gigante, con plumas doradas, afilado pico y poderosas garras. La parte inferior es la de un león, con pelaje amarillo, musculosas patas y rabo en forma de lagarto) que además fueron colocadas de manera que se facilitara el acercamiento de los ciudadanos.
El trabajo fue realizado por Juan de Villanueva; ambas figuras se construyeron con el mismo material que los leones. Dos años más tarde, el cantero Domingo Pérez añadió unos zócalos para los grifos. El dragón se colocó en la zona delantera del carro y el oso en la trasera.
      En el año 1868 se decidió retirar ambas figuras y se montaron en la Fuente de la Carretera de Aragón. Algunos años después, el dragón adornó los jardines de la Casa de Cisneros. El grifo de Cibeles lo podemos contemplar en la actualidad en el Museo de los Orígenes ó Casa-Museo de San Isidro, junto con la figura de un oso.


     Con motivo del traslado de la fuente al centro de la Plaza en 1895, se realizaron algunas reformas, como colocar el monumento sobre cuatro peldaños y se la rodeó de una verja para evitar el acceso. La fuente había dejado de cumplir su cometido como surtidora de agua porque la mayoría de las casas comenzaban a tener agua corriente. Se añadieron en la parte trasera dos amorcillos, uno cuyo autor es Miguel Ángel Trilles vierte agua de un ánfora, y el otro de Antonio Parera sostiene una caracola.



Antigua fuente de agua junto al nuevo Ayuntamiento
       En una de las remodelaciones de la fuente de la Cibeles, el Ayuntamiento retiró la verja y la gente se olvidó de ella, hasta que hace pocos años a finales del Siglo XX, la prensa dio con su paradero por casualidad. Se halla en la entrada al antiguo recinto de la sede de la banda de cornetas y tambores de la policía municipal, hoy dependencias Municipales y depósito de vehiculos, junto a la Plaza de la República de Chile cerca del Puente de los Franceses. Normalmente pasa desapercibida a las miradas de conductores y paseantes por su aspecto  de abandono.

Hasta ahora, hemos descrito someramente la historia de la famosa fuente, pero no es menos famosa la Plaza de la Cibeles.
      El espacio ocupado hoy por la plaza de Cibeles formaba parte de un eje muy arbolado que se extendía a lo largo de lo que hoy es el eje Prado-Recoletos, y que en la época medieval separaba el casco urbano madrileño de diferentes conjuntos monacales y palaciegos. Constaba de tres tramos principales, conocidos como el Prado de los Recoletos Agustinos, en la actualidad Paseo de Recoletos, el Prado de los Jerónimos que se corresponde con el actual Paseo del Prado y el Prado de Atocha, ya desaparecido en nuestros tiempos.


La Plaza es de planta circular. Su disposición en la confluencia de varias vías de considerable anchura la asemejan más a una gran rotonda que a una plaza propiamente dicha. En su entorno, podemos contemplar importantes valores histórico-artísticos, gracias a los cuatro edificios que cierran su contorno (Palacio de Buenavista, Palacio de Linares, Banco de España y Palacio de Comunicaciones) sin olvidarnos del conjunto escultórico de la propia fuente.
En 1895 se inauguró la nueva Plaza de Cibeles tal como la conocemos hoy, la fuente quedó centrada, en una plaza circular y elevada tres metros sobre el suelo. Recibió el nombre de Plaza de Madrid, siendo alcalde Alberto Bosch. En 1900 tomó el nombre de plaza de Castelar. Curiosamente, la fuente no tuvo denominación oficial hasta 1941 que fue bautizada como fuente de la Cibeles y plaza del mismo nombre.



En sus orígenes, Madrid estaba surcada por numerosos arroyos. Hoy nos resulta difícil imaginarlo, pero por muchas de las calles hoy cubiertas de asfalto y coches, en el pasado corrían riachuelos.
      Si nos acercamos a Puerta Cerrada, podemos contemplar en una de la fachadas, el viejo lema de la Villa de Madrid “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”, en alusión a la cantidad de agua que había en el Madrid Medieval.


Uno de estos arroyos recorría el Prado Viejo. Lo que ahora son los bonitos paseos del Prado y de Recoletos, con sus fuentes y sus museos, durante siglos fue un escarpado barranco por el que corría el agua de un arroyo, el Arroyo del Bajo Abroñigal, al que a su vez iban a parar las aguas que bajaban por sus laderas.
      El Ayuntamiento medieval, ó Concejo, se enfrentaba a dos problemas importantes: controlar las aguas, que cuando llovía se desbordaban y arremetían contra todo lo que encontraban a su paso, y evitar que se convirtiera en un impedimento para cruzar de un lado a otro, sobre todo desde que en tiempos de Felipe IV, entre los años 1630-1640, fue construido el Palacio del Buen Retiro, en lo que entonces eran las afueras de Madrid.


Para solucionarlo, se construyeron paredones y puentecillos. Los primeros puentes se cree que se instalaron en el Siglo XVI, quizá con la llegada de Felipe II, su Corte y la capitalidad. Eran construcciones muy simples, cuyo único objetivo era de orden práctico, poder salvar el arroyo y eran de madera, por lo que, entre la humedad que iba calando día tras día, y los desbordamientos, duraban muy poco. A lo largo del Siglo XVII se fueron mejorando, sustituyendo la madera por piedra. A los responsables municipales, les daba miedo que en una de las riadas el puentecillo se hundiera mientras pasaba el Rey.
      Las reparaciones había que realizarlas de forma casi continuada, y así seguían las cosas en el final del Siglo XVII y comienzos del Siglo XVIII.


 
Así que para acabar con los problemas del puentecillo, el Maestro de Obras proyectó un puente más sólido, en piedra berroqueña, con arco de medio punto, rematado en sus extremos con cuatro pedestales, y al parecer dotado de bancos para descanso de los paseantes.
En la segunda mitad del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, el Paseo fue reformado, adornado y convertido en el Salón del Prado y el arroyo encauzado. Fue por entonces cuando llegó la diosa Cibeles a la Plaza, por supuesto para quedarse.
El arroyo no se tapó hasta el Siglo XIX, en tiempos de Fernando VII, pero sus aguas allí siguen, bajo la plaza, bajo la Cibeles, y se cuenta que en caso de emergencia ante un casi imposible intento de robo a las cámaras subterráneas del Banco de España, inundarían todo, desbordándose, como hace siglos.
       Ramón Mesonero Romanos en su libro “El Antiguo Madrid”, editado en año 1861, nos habla de esta zona de Madrid. Recordemos que Mesonero Romanos, fue Concejal de la Villa en el periodo 1845-1850.
Este sitio no abarcaba, sin embargo, por entonces toda la inmensa extensión comprendida hoy bajo la común denominación de Paseo del Prado, desde el convento de Atocha hasta la puerta de Recoletos, y que mide una distancia de unos 9.000 pies, o sea cerca de media legua. Consistía, pues, en diferentes trozos y posesiones, que, reunidos sucesivamente, vinieron a recibir una común denominación y destino. El primero era la continuación de la Carrera de Atocha hasta el convento, y la prolongación, por su izquierda, con el alto de San Blas; aquí estuvieron efectivamente los prados de la villa, el Prado de Toya o de Atocha (de que ya se hace mención en los Fueros de Madrid, a principios del siglo XIII), y aún continuó apellidándose así tres siglos después; el segundo trozo, compuesto de huertas, al pie de las colinas sobre las cuales se erigió por los Reyes Católicos el monasterio de San Jerónimo, y más adelante por Felipe IV, el delicioso Sitio Real de El Buen Retiro, recibió de aquel célebre monasterio el nombre de Prado de San Jerónimo; y andando los tiempos, la alameda que se plantó hacia el Norte, en dirección a la antigua Fuente Castellana, eran tierras de labor, huertas y caseríos de los vecinos de la villa, y recibió el nombre de Prado de Recoletos, del convento de Agustinos que se erigió, en 1595, al extremo de él. Por toda la extensión de este gran trayecto, y aun desde la Fuente Castellana, venía atravesando el inmundo barranco que desemboca fuera de la puerta de Atocha, y que aun permaneció descubierto hacia la parte de Recoletos, hasta que fue embovedado en tiempo de la dominación francesa".


Para los visitantes de la Plaza de Cibeles, aportaremos unos breves datos de los cuatro edificios más emblemáticos que jalonan a la Diosa Cibeles, como conocimiento previo de su historia para los amantes del arte, antes de proceder a visitarlos con más detenimiento.
Por antigüedad, el primero de ellos es el Palacio de Buenavista, sede actual del Cuartel General del Ejército. El palacio se encuentra situado sobre una colina, rodeado de una zona muy arbolada, lo que dificulta su visibilidad desde la plaza de Cibeles.
Fue la residencia de los duques de Alba en el último tercio del siglo XVIII. Se construyó en el año en 1777 en la finca conocida como Altillo de Buenavista, adquirida a la Familia Real en 1769 por el duodécimo duque de Alba. Su trazado, diseñado por Pedro de Arnal, se realizó a imitación de los esquemas franceses e italianos, para la construcción del edificio, se derribaron las antiguas edificaciones reales.


Felipe II, cuando trasladó a Madrid la Capital del Reino, se estableció en  el antiguo palacio que pertenecía al cardenal de Toledo Gaspar de Quiroga. Posteriormente, el palacio fue ocupado por la hermana de Felipe II, María de Austria viuda del Emperador Maximiliano II. También Felipe III, casado por poderes con Margarita de Austria, ocupó el palacio de Buenavista, al que consideraba su casa de campo a las afueras de Madrid.
El palacio siguió pasando de propietario en propietario hasta su adquisición por los duques de Alba en 1769.
En Febrero de 1807, el Ayuntamiento de Madrid adquiere la propiedad como regalo a Manuel Godoy, favorito y primer ministro de Carlos IV, pero Godoy no pudo llegar a ocupar el palacio, pues, tras el motín de Aranjuez el 17 de Marzo de 1808, fue depuesto de todos sus cargos.
Otros ilustres ocupantes del palacio fueron, el general Baldomero Espartero en el año 1840 y el general Prim desde 1868, hasta su muerte al sufrir un atentado el 27 de Noviembre de 1870. Ya en el Siglo XX, en el palacio vivió el general Primo de Rivera y Manuel Azaña.
El edificio fue reformado en el año 1939 levantándose un piso más. y se incorporó un frontis a la fachada principal, que da a la calle de Alcalá, obra del escultor Aniceto Marinas.
En la actualidad, el palacio  de Buenavista, alberga diferentes unidades y/o dependencias del Ejército de Tierra, tales como Infantería Inmemorial del Rey, Estado Mayor del Ejército, Jefatura de Información y Telecomunicaciones y el Instituto de Historia y Cultura Militar.
El segundo edificio emblemático de nuestra Plaza es el Palacio de Linares debe su nombre a Mateo Murga Michelena, marqués de Linares, quien ordenó su construcción en 1877 al arquitecto Carlos Colubí, arquitecto municipal. El edificio, que ocupa un solar de 3.064 m², fue terminado en 1900.
El Palacio de Linares, conocido en sus primeros años como el Palacio de Murga, está situado en la esquina entre el paseo de Recoletos y la calle de Alcalá, abriendo su fachada principal a la plaza de Cibeles, en los terrenos del antiguo Pósito Real de Madrid. El Palacio de Linares siempre ha destacado por sus leyendas de fantasmas que le han acompañado a lo largo de su existencia. La fachada principal, que da a la plaza de Cibeles, destaca por su chaflán cilíndrico y por los bajorrelieves de los frontones de las ventanas y frisos.

En su interior, sobresale la decoración de las diferentes salas y estancias, obra de diferentes artistas como Casto Plasencia, Jerónimo Suñol, Francisco Pradilla, Manuel Domínguez, Francisco Amérigo y Alejandro Ferrant, entre otros, quienes combinaron diferentes estilos, como el neogótico, el neobarroco o el romántico. El vestíbulo ovalado y la escalera de doble derrame, realizada por el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez Amorós, son dos de los elementos más significativos del interior.
El Palacio de Linares fue restaurado en los años noventa del siglo XX para habilitarlo como sede de la Casa de América, institución que fomenta las relaciones culturales entre España y los países latinoamericanos. Junto al edificio principal, también fueron remodelados dos pabellones anexos, situados en su parte trasera: la denominada Casa de Muñecas, que presenta características románticas, y las caballerizas, de corte clásico.

En el chaflán que forma el Paseo del Prado y la Calle Alcalá, se levanta el impresionante edificio del Banco de España.

El Banco de España fue el resultado de la fusión en 1846 entre el Banco de San Fernando que había sido creado en 1829 sustituyendo al anterior de San Carlos (1782) y el de Isabel II, banco independiente creado en 1844. Tras la fusión de estos dos bancos, en 1848 la nueva entidad pasó a denominarse Banco Nacional de España, y desde 1874 tiene el monopolio de la emisión de monedas y billetes.
En 1856 se denomina por vez primera Banco de España. El ministro de Hacienda, Ramón Santillán, gran economista fue su padrino. Con el cambio de nombre vinieron cambios importantes y necesarios en su administración y finanzas.
Todo lo relacionado con este nuevo edificio comienza en 1882. En este año se acuerda convocar un concurso público para la elección del proyecto arquitectónico que mejor se adapte a las nuevas necesidades del Banco y cuyas bases son redactadas por los propios arquitectos de la institución, Eduardo de Adaro y Severiano Sainz de la Lastra.
Tan sólo se presentan cuatro proyectos y ninguno de ellos es de la plena satisfacción de la comisión de obras, por lo que se encarga a los arquitectos del Banco que, tras estudiar los edificios de otros bancos europeos, redacten el proyecto definitivo, el cual es aprobado a finales de 1883. En el proyecto también colaboraron entre otros Aníbal Álvarez Bouquel, Alejandro Herrero, Amador de los Ríos y Bernardo Asins, quien realizó las puertas de hierro. El coste, incluyendo solares y edificio, fue de unas 15.300.000 pesetas.
La primera piedra se puso el 4 de Julio de 1884, en un acto al que asistió el Rey Alfonso XII. El Banco de España, queda finalizado en 1891.
A lo largo del siglo XX, se emprendieron tres ampliaciones. La primera de ella tuvo lugar entre 1930 y 1934 y la segunda entre 1969 y 1975. La más reciente, culminada en el año 2006, fue diseñada por Rafael Moneo. Todas ellas han respetado el trazado original del edificio.
El Banco se construyó en los terrenos ocupados por el Palacio de los Alcañices, siendo recomendable conocer la historia de esta familia muy allegada a Alfonso XII. José Isidro Osorio y Silva-Bazán era el VIII duque de Sesto, XVI marqués  de Alcañices y XVI duque de Alburquerque, además de otra serie de títulos. Fue Diputado a Cortes y Senador y también fue nombrado Alcalde de Madrid en 1858.

El cuarto emblema arquitectónico de la plaza de la Cibeles es el Palacio de Comunicaciones, fue el último de los cuatro edificios del contorno de la plaza que abrió sus puertas. Puede considerarse como el que mejor se identifica con el entorno, al disponerse curvadamente sobre la esquina suroriental y propiciar la definición en círculo de la plaza. Asimismo, su aire institucional y su considerable altura máxima mide más de 60 metros refuerzan la sensación de cierre de la amplia explanada en la que confluyen la calle de Alcalá y los paseos de Recoletos y Prado.

El palacio, se construyó en los terrenos de los jardines del Buen Retiro. Estos jardines se mantuvieron durante algunos años en la esquina entre el paseo del Prado y la calle de Alcalá, y con el nombre de Jardines del Buen Retiro, los terrenos pertenecían a la antigua Huerta del Rey.

El declive del Palacio  del Buen Retiro y sus jardines eran evidentes. Así que los terrenos de la Huerta de Rey son alquilados al empresario José Jiménez Laynez que los convierte en lugar de esparcimiento y diversión de los madrileños de la época. El arquitecto catalán José Grases Riera se hace cargo de la reforma de los Jardines, diseñó un café-restaurante junto al Paseo de Prado, un teatro-circo, quiosco para las bandas militares y diversas otras animaciones. Este espacio lúdico se inauguró en la primavera de 1894 y estuvo en funcionamiento durante diez años. Las Cortes Españolas el 19 de Julio de 1904 aprueban una Ley por la que se enajenan y se parcelan las fincas de los Jardines del Buen Retiro, un día después se convoca el concurso para la construcción del nuevo Palacio de Correos y Comunicaciones en la denominada por aquel entonces Plaza Castelar. El palacio se construyo a partir de un proyecto de los arquitectos Antonio Palacios y Julián Otamendi y del ingeniero Ángel Chueca Sainz.

Su presupuesto total ascendió a 10.311.860 pesetas. las obras de prolongaron durante 13 años, finalizando en 1917.


El edificio, concebido con criterios de racionalidad y funcionalidad, mezcla diferentes influencias y estilos. La monumentalidad de sus volúmenes emula las pautas arquitectónicas estadounidenses vigentes en la época y sus composiciones volumétricas denotan un cierto toque francés. En lo que respecta a los elementos decorativos del exterior, éstos remiten a la arquitectura medieval española, presente también en el tratamiento de la piedra.

El Palacio de Comunicaciones albergó hasta el año 2007 los servicios generales de correos, telegrafía y telefonía. A partir del citado año y después de diferentes obras de reforma, se ha convertido en la sede de la Alcaldía de Madrid.
Para finalizar nuestro recorrido, queremos recordar que en este lugar estuvo el Real Pósito de Madrid denominado también Real Pósito de la Villa de Madrid fue un conjunto de edificaciones que poseía la ciudad.


Este conjunto de edificios respondía a funciones diversas como almacén de cereales (pósito), mercado de harinas (alhóndigas), molinos, hornos y tahonas. El primer pósito se encontraba ubicado en la Cava Baja de San Francisco hasta que en 1660 se trasladó al espacio existente entre el cruce de la calle de Alcalá con el Paseo del Prado, ocupando parte del espacio lateral que va desde el Palacio de Linares a la actual plaza de la Independencia hasta que a finales del siglo XIX fue derribado.


Se dice que una imagen vale mas que mil palabras, recogenos a continuación algunas imágenes del entorno de nuestra Plaza en épocas pasadas.


Cibeles año 1870

Salón del Prado a principios del Siglo XX

Paseo de Recoletos año 1930

La Cibeles con el Palacio de los Alcañices al Fondo, lugar ocupado en la actualidad por el Banco de España


Plaza de Cibeles año 1950





























domingo, 1 de julio de 2012

GLORIETA DE SAN VICENTE


Hoy, hemos decidido pasear por una zona de nuestro Madrid que ha ido cambiando su fisonomía con el paso de los años. Nos referimos a la Plaza ó Glorieta de San Vicente, que se encuentra situada en la confluencia del Paseo de la Florida, Paseo de la Virgen del Puerto y la denominada Cuesta de San Vicente, que se extiende entre la Plaza de España y la propia Glorieta.



         La Cuesta de San Vicente, también denominada Paseo de San Vicente tuvo otros nombres: En el siglo XVII se denominaba camino del Río para posteriormente denominarla camino que sube al Palacio Nuevo. Más tarde se llamó Prado Nuevo, y en el año 1835 recibió el nombre de Cuesta de San Vicente. El actual nombre, tanto de la calle como de la glorieta es en recuerdo de una imagen de San Vicente Ferrer que se encontraba situada sobre el arco central de la Puerta.

      En la actualidad, y a pesar del intenso tráfico de la zona, en la rotonda de la Glorieta destaca poderosamente la Puerta de San Vicente, que por desgracia no es la original.

La primitiva Puerta de San Vicente de la que se tienen datos fue construida en el año 1726, cuando el Marqués de Vadillo, Corregidor de la Villa, encargó al arquitecto Pedro de Ribera la realización de una monumental puerta que sustituiría a la existente, conocida con el nombre de Puerta del Parque ó Puerta de la Florida, que se encontraba en estado ruinoso.
Pedro de Rivera, madrileño por los cuatro costados, nació en la calle del Oso, fue discípulo de Churriguera. Ocupó el puesto de Maestro Mayor en la Corte de Felipe V, realizando todas sus obras en la capital del reino, bien por encargo de la Corte o por el Consistorio Municipal. Fue el Corregidor Francisco de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, su más firme defensor encargándole numerosas e importantes obras en la capital. Murió en Madrid y fue sepultado en la iglesia de san Cayetano, que él mismo había proyectado.

 

Volviendo a la Puerta de Pedro de Rivera, destacaremos, que la puerta constaba de tres arcos y  estaba adornada con una estatua de San Vicente, por lo que recibió dicho nombre. También era conocida como Puerta de la Florida, por su cercanía al Paseo de la Florida. La puerta formaba parte de la antigua cerca de Felipe IV, y su emplazamiento estaba más próximo a la actual Plaza de España y Palacio Real. Debido a las obras de la remodelación de la Cuesta de San Vicente, para mejorar los accesos al Palacio Real a través del Camino de El Pardo, la puerta fue derribada en el año 1770.

Unos años más tarde, Carlos III encargó al arquitecto del Reino Francesco Sabatini la construcción de una nueva puerta, que permitiese el acceso a Madrid desde el nuevo Paseo de la Florida. La Puerta fue terminada en 1775 y constaba de tres arcos, siendo los laterales mucho más bajos que el central y destinados al paso de peatones. Estaba adornada con piñas, trofeos de guerra, castillos y triglifos, y fue construida en granito y piedra caliza de Colmenar de Oreja. Su arco central estaba decorado con dos columnas dóricas y un frontispicio triangular rematado como ya hemos indicado con ornamentos de trofeos militares.

Junto a la puerta, Sabatini construyó la fuente de los Mascarones. Estaba formada por un cuerpo central y en cada uno de sus cuatro frentes había un mascarón simbolizando un río, que vierte el agua en una concha inversa. Coronaba la fuente, un delfín con un niño encima a modo de surtidor.
La fuente reunía diferentes grupos escultóricos y ornatos, obra de Francisco Gutiérrez. Estaban labrados en piedra de caliza, a diferencia de las piezas estructurales, que eran de granito. La Fuente de los Mascarones fue desmantelada en 1871, debido a la construcción del Asilo de Lavanderas, que ocuparía parte de su emplazamiento.



En la glorieta fundó la reina María Victoria, esposa de Amadeo de Saboya, el llamado Asilo de Lavanderas, que abrió el 13 de Enero de 1872 para acogerlas cuando estuvieran enfermas, y para que pudieran dejar a sus hijos menores de cinco años mientras ellas lavaban la ropa en el cercano río Manzanares.
Con una capacidad para 300 personas, estuvo financiado por la Casa Real y atendido por ocho Hijas de la Caridad, quienes cuidaban, educaban, y daban de comer a los niños.
A fines del siglo XIX había un centenar de lavaderos en el río Manzanares y casi 4.000 lavanderas.
El Asilo, destruido durante la Guerra Civil, fue reconstruido en 1946 en el Paseo Imperial, esquina a Pontones junto a la Fábrica de Mahou y el estadio Vicente Calderón. En la actualidad este edificio es propiedad del Ayuntamiento para dependencias del Instituto Municipal para el Empleo y la Formación Empresarial (IMEFE).


A finales del siglo XIX Madrid crecía muy de prisa y fue necesario desmontar la puerta en el año 1890 para facilitar el acceso de carruajes.
A pesar de que la puerta se desmontó piedra a piedra, con el paso del tiempo, se perdieron los restos.

En 1952, se inauguró en la Glorieta de San Vicente una fuente en recuerdo del gran arquitecto Juan de Villanueva nacido en Madrid el año 1739. Esta obra, que lleva su nombre, fue realizada en concurso público por Víctor D’ors y Santiago Costa. La fuente permaneció en la Glorieta hasta 1995, que se trasladó a su emplazamiento actual en el paseo de Camoes.
Tras su traslado, las esculturas situadas en el pilón no volvieron a colocarse, y se almacenaron en la Casilla de la Casa de Campo. En 2007 fueron restauradas por el taller de cantería del Ayuntamiento. El grupo escultórico de San Isidro Labrador se encuentra actualmente en el Parque de la Dalieda de San Francisco, y una de las figuras femeninas en los Jardines del Buen Retiro; el tercero es de suponer que se encuentra en la Casilla de la Casa de Campo.

En los primeros años de la década de los 90 del pasado siglo, el Ayuntamiento de Madrid presidido por José María Álvarez del Manzano, decide reponer la desaparecida puerta en su antiguo emplazamiento, y así, el 25 de abril de 1995 se reinaugura la nueva Puerta de San Vicente, replica casi exacta, aunque las únicas piezas que provienen de la puerta original son las molduras de las cornisas superiores. Las obras fueron encomendadas al ingeniero Juan A. de las Heras Azcón. La actual Puerta se encuentra situada en posición inversa a la original. La obra fue realizada en hormigón chapado de granito y caliza y con una perfecta reproducción de los grupos escultóricos que coronan el monumento, obra del artista José Luis Parés Parra.


 Madrid se convirtió el 9 de mayo de 2010 en la primera capital que enarbola de forma permanente la bandera de la Unión Europea. El izado de la enseña comunitaria en el Talud Aniceto Marinas (a un costado de la Glorieta de San Vicente), fue el acto principal para celebrar el Día de Europa.
En la glorieta de San Vicente, no podemos olvidar que se encuentra la antigua Estación del Norte, hoy Príncipe Pío, de la que hablaremos mas detenidamente en próximas entradas, ya que consideramos que la Estación, tiene la suficiente historia como para dedicarle un capítulo aparte.
Como ejemplo del cambio de fisonomía de la zona, traemos a estas páginas algunas fotografías del pasado y presente del Río Manzanares a su paso por el Puente del Rey y zonas cercanas a la Glorieta de San Vicente.








Explicación detallada de las obras del Manzanares.


















Obras de remodelación del Manzanares, entre el puente del Rey y el de Segovia

Obras de remodelación del Manzanares, entre el Puente del Rey y Puerta de San Vicente 



Monolito en la Glorieta de San Vicente, con detalles de las obras del Manzanares

          Observando estas imagenes, algunos recordaréis cómo discurría el río en aquellos años, no muy lejanos, incluso más de uno de vosotros os habréis bañado en sus aguas.

           Quién, ya metido en años, no recuerda cuando la DGT examinaba para el carnet de conducir en el circuito que había junto al Manzanares, realizando la prueba exterior en el Paseo de la Virgen del Puerto, y que todos rezábamos para que a la hora de salir al circuito exterior, los autobuses de viajeros no nos encerrasen dando al traste con nuestras aspiraciones de llevarnos el aprobado a casa.

          Pero es hora de pasar página y disfrutar de los jardines que ahora bordean los margenes del Manzanares.


jueves, 21 de junio de 2012

CALLE MESÓN DE PAREDES


Se trata de una de las arterias más importantes del Barrio de Lavapiés, que tiene su inicio en la Plaza de Tirso de Molina y finaliza en la Ronda de Valencia. Originariamente, la calle se llamaba del Mesón, posteriormente la parte más cercana a Tirso de Molina (hasta la actual Plaza de Cabestreros) se llamó Cabestreros, y el resto de la calle estaba dividida en dos, Hoz Alta y Hoz Baja. El nombre actual proviene del mesón que construyo Simón Miguel Paredes, él más grande y espacioso que había en el Madrid de aquella época.
La calle del Mesón de Paredes es una calle llena de historia. ¿Cuántas veces Luis Candelas, nuestro más celebre bandolero, paseó por ella? ¿Cuántas historias nos podrían contar sus rincones? En la actualidad, nuestra calle ha cambiado completamente su fisonomía, y en ella podemos observar locutorios, tiendas de comestibles y de ropa al por mayor pertenecientes a inmigrantes de todo el mundo, como muestra de integración y de multicultura.

Casa del nacimiento de Churriguera
 Nada más comenzar nuestra andadura por Mesón de Paredes, nos encontramos con una placa que nos recuerda que en el Nº 2, nació José Benito Churriguera el 21 de Marzo de 1665.
José Benito de Churriguera, fue arquitecto y retablista del barroco español, miembro de una familia de artistas de la que es recordado como el principal arquitecto y escultor. Su influencia, junto con el trabajo de sus hermanos Alberto y Joaquín, definió el llamado estilo churrigueresco, caracterizado por la abundancia y protagonismo de la decoración.

Continuando nuestro paseo, poco más adelante es obligatorio detenerse en el Nº-13, lugar donde se encuentra la Taberna de Antonio Sánchez.
La Taberna de Antonio Sánchez nace en 1884 con una gran vocación taurina que todavía conserva en nuestros días. En su dilatada existencia poco ha cambiado su fisonomía de taberna madrileña. Conserva su mostrador de zinc, las fotografías de antiguos toreros como Frascuelo o Lagartijo adornando las paredes, todavía podemos contemplar las huellas de los autores de la Generación del 98 atraídos por la fama de sus tapas y sus vinos, y como curiosidad sobreviven los carteles que todavía venden las torrijas a quince céntimos o que prohibe escupir en el suelo. Almodóvar eligió este local como escenario para una secuencia de la película "La flor de mi secreto".




Anteriormente ya había sido una taberna desde 1830. En 1870 pertenecía al torero Colita, luego al diestro Cara Ancha. En 1884 lo compra Antonio Sánchez, entrador de vinos, natural de Valdepeñas, al que sucede su hijo de aficiones: Torero, pintor y guitarrista.
Antonio Sánchez hijo, fue torero entre 1922 y 1929. Amigo de Zuloaga, que estableció una tertulia y que animó al torero a ser pintor. El periodista taurino Antonio Díaz Cañabate escribió en 1947 "Historia de una Taberna", conjunto de estampas costumbristas de aquél Madrid que  ya solo queda en el recuerdo. Falleció Antonio Sánchez en 1964.


Interior de la Taberna de Antonio Sánchez
Es un deleite para los sentidos tomarse un buen chato de Valdepeñas ó de otros puntos de España en este histórico local, sin olvidarnos del vermut de barril.
Pero no nos olvidemos de algunas de alguna de sus recetas más castizas, como los caracoles guisados, la tortilla de San Isidro, los huevos estrellados, el rabo de toro con patatas, el bacalao guisado con huevos y un largo etc. Por último, no podemos dejar de paladear el postre de cuaresma, la torrija, una de las más apreciadas en Madrid.
Desde el año 2007, la Taberna de Antonio Sánchez luce la placa de local centenario del Ayuntamiento de Madrid, colocada en la acera y diseñada por Mingote.

Abandonamos la Taberna después de haber repuesto fuerzas y continuamos nuestro paseo calle abajo hasta la confluencia con Cabestreros
A título anecdótico reseñaremos, como idea del abandono del Barrio en épocas pasadas, el hecho de que en él se conserva una de las pocas referencias sobre la República Española, se trata de un monumento público madrileño, pese a que tales simbolos fueron sistemáticamente eliminados en los tiempos de Franco. Se trata de una inscripción en la fuente de la plaza de Cabestreros.
El origen de la Plaza de Cabestreros radica en que en este lugar se establecieron los cordeleros de cáñamo que fabricaban los cabestros ó ramales para las caballerías.

La Fuente de Cabestreros es una fuente pública que originariamente producía agua de manantial, fue conectada en la época de la República al circuito del Canal de Isabel II. Es una fuente que existía con anterioridad al siglo XIX. La fuente dio suministro de agua al vecino Convento de monjas de Santa Catalina del Sena que se encontraba en la actual  plaza de Cabestreros.
Vieja imagen de los muros del convento de Santa Catalina  públicada por El Mundo.


Durante la Guerra de la Independencia las monjas de Santa Catalina fueron expulsadas de su convento en la Carrera de San Jerónimo y después de una breve estancia en  la calle del Nuncio, el duque de Medinaceli cede a las monjas  un edificio de su propiedad en la  calle Mesón de Paredes. El nuevo convento tenía fachadas a las calles de Cabestreros (actual Mesón de Paredes y Comadre (actual calle del Amparo).
El convento se mantuvo en el Barrio de Lavapiés hasta el año 1966 fecha en la que se trasladaron a la calle Leonor de Austria en el distrito de Hortaleza donde permanecen en la actualidad.

El antiguo convento fue adquirido por el Ayuntamiento y fue derribado y en su lugar se construyó la actual plaza de Cabestreros. Algunos restos de los muros del antiguo convento han sido colocados en posición horizontal en la misma Plaza en recuerdo del convento de Santa Catalina.

Un poco más adelante, Mesón de Paredes se cruza con las calles de Sombrerete y Tribulete, dos de las calles más castizas del barrio.

La Corrala de Mesón de Paredes año 1934

Durante el siglo XIX, las Corralas se convirtieron en los edificios de viviendas de las clases más desfavorecidas de los madrileños. En la actualidad, las consideramos como edificios emblemáticos del Madrid más castizo. Eran viviendas estrechas donde llegaban a vivir hasta dos familias juntas para poder pagar el alquiler. Además la mayoría no tenían ni agua corriente, ni luz y la poca ventilación dejaba mucho que desear impregnándose el edificio por todos los rincones de un olor insoportable, hemos de tener en cuenta que solo se disponía de un retrete por galería.

La Corrala del Mesón de Paredes en la actualidad

La más conocida de estas casas de corredor es la situada en la calle Mesón de Paredes, flanqueada por las calles Sombrerete y Tribulete. Construida en 1839, se trata de una construcción humilde de ladrillo y madera, estructurada en torno a un patio que da a la calle Mesón de Paredes. Su composición es a base de cuartos exteriores e interiores a los que se accede a través de galerías.
En la actualidad la Corrala de Mesón de Paredes, se encuentra reabilitada completamente, se ha pretendido mantener la vieja estética pero con las comodidades de una vivienda de cualquier barrio.
Aprovechando que nos encontramos en la zona más castiza de Lavapiés, pasearemos por la calle Tribulete, que por cierto, su nombre procede del juego del tribulete (parecido al juego de los bolos de madera que se practicaba en la calle) y es que en la calle Tribulete había un corralón al que acudía mucha gente a divertirse en los Siglos XVI y XVII.
  
Los orígenes de la calle Sombrerete, no dejan de ser curiosos, por cuyo motivo nos detendremos un poco más en conocer la calle. El nombre procede del famoso proceso del pastelero de Madrigal, en el cual, el portugués fray Miguel de los Santos, fue degradado con un sombrero y ahorcado en 1595 en la Plaza Mayor, por sostener que Gabriel de Espinosa, un pastelero de Madrigal de las Altas Torres, era Sebastián Rey de Portugal. Después de la ejecución, el sombrerete ó sombrero fue paseado por todo Madrid en la punta de un palo y arrojado a un estercolero que había en los corrales del escribano Antonio Cros Estrada, en el lugar que hoy ocupa la famosa corrala, donde permaneció mucho tiempo y del que tomó el nombre la calle.
En la calle Sombrerete, podemos localizar una placa en memoria de Isaac Albeniz, que se inspiró en el barrio para la composición de la obra Lavapiés de la Suite Iberia.
El edificio más emblemático del barrio son las Escuelas Pías, una mezcla de restauración, rehabilitación y nueva construcción situado frente a La Corrala.
El edificio de las Escuelas Pías, fue construido por los Escolapios en 1729, llegando a ser uno de los colegios mas avanzados de Europa, en él se fundo la primera escuela de sordomudos de España. Contaba con una gran biblioteca y según nos cuenta Mesonero Romanos, tenía una  iglesia de las más bonitas de todo Madrid.
Durante la guerra de la Independencia, fue expoliado por los franceses, desapareciendo su magnifica biblioteca, gracias al Padre Losada, en 1814 el colegio reanudo sus actividades.
Por desgracia en los primeros días de Julio de 1936, la iglesia fue saqueada e incendiada. Acabada la guerra lo que quedaba del edificio, fue rehabilitado como cine, posteriormente se convirtió en un refugio para indigentes, hasta que en el periodo 1996-2004, el conjunto, fue rehabilitado por el arquitecto José Ignacio Linazasoro como sede de la UNED. En su rehabilitación se ha respetado al máximo el antiguo edificio y hoy lo podemos contemplar como testigo mudo de la barbarie del pasado.

Antiguas Escuelas Pías de San Fernando
La rehabilitación se apoya en las ruinas de la iglesia que mantiene la tosquedad de sus materiales originales en contraste con el sutil uso de la madera y el mobiliario
El centro cultural consta de un aulario universitario, de nueva construcción y una biblioteca, que constituye la parte más emblemática del proyecto puesto que se sitúa en la antigua iglesia.
En la azotea del edificio, se encuentra el "Gaudeamus Café", punto de encuentro para el que se quiera acercar a conocer el barrio y sus lugares de ocio.

Primitivo edificio de las escuelas Pías de San Fernando
Asimismo, junto al edificio de las Escuelas Pías, se encuentra la estatua de Agustín Lara. en homenaje al compositor mexicano interprete de boleros, también conocido como el flaco de oro. Lara dedicó diversas canciones a Madrid y otras ciudades de España siendo condecorado por Franco en 1965. La estatua fue creada por el artista mexicano Humberto Peraza, y fue trasladada desde su taller en el país centroamericano hasta el barrio de Lavapiés en 1975. En el pie de la estatua puede leerse la siguiente inscripción:
Agustín Lara, insigne compositor que cantó a España antes de conocerla, autor de celebres canciones dedicadas a: Madrid, Valencia, Sevilla, Navarra, Toledo, Murcia y Granada.

Para finalizar nuestro recorrido por Mesón de Paredes, traemos a esta página un poco de la historia del viejo Madrid. En el Plano de Texeira de 1656, podemos observar la fisonomía del nuestra calle, no muy distinta a la actual en lo que respecta a la distribución de las calles.

En los Planos de Texeira, rotulado con el número LXIX, aparece reseñado el antiguo Hospital de Monserrat, haciendo esquina con la calle Tribulete. Asimismo con el número 53 aparece la antigua fuente de Cabestreros y enmarcado en rojo, el espacio ocupado por el convento de Santa Catalina.
El Hospital, fue fundado por Don Gaspar Pons, originario de Cataluña que propuso al rey Felipe III la creación de un hospital para enfermos de la Corona de Aragón. Para ello donó el año 1616 una casa de campo que tenía en la antigua calle de Cabestreros, hoy Mesón de Paredes. En 1668, el Hospital se traslada a la Plaza de Antón Martín. En el Hospital, que en principio sólo se atendían los enfermos aragoneses y catalanes,  abrió sus puertas a todos los enfermos que acudían a él.                    
En el solar que  dejó libre el antiguo Hospital, se edificó en el año 1729, el colegio de las Escuelas Pías de San Fernando.
Es aconsejable, pasear por el Barrio de Lavapiés para que a través de nuestra imaginación, viajemos a los inicios del viejo Madrid, época donde convivían árabes, judíos y cristianos, a semejanza de la época actual donde nos encontramos con un barrio multi-étnico que da ejemplo de convivencia entre gentes de distintas culturas.