jueves, 18 de octubre de 2012

CALLE DE EMBAJADORES


En este nuevo capítulo de nuestro recorrido por las calles de Madrid, nos detendremos en la calle Embajadores, pero solo analizaremos el tramo comprendido entre su inicio Plaza de Cascorro y la Glorieta de Embajadores. Este tramo fue en origen la calle Embajadores, que posteriormente fue prolongada y en la actualidad se extiende hasta la carretera de Villaverde pasada la M-40, siendo una de las calles más largas de Madrid.
El nombre de la calle procede del llamado campo de embajadores, nombre con el que se conoció al lugar donde se retiraron los embajadores de Túnez, Navarra, Aragón y Francia, cuando la ciudad se vio afectada por una epidemia de peste. La Glorieta debe el nombre al Portillo de Embajadores, que se encontraba situado en la cerca de Felipe IV.
Al haberse quedado pequeña la cerca de Felipe II por el aumento de población, Felipe IV ordena en 1625 construir una nueva cerca de ladrillo, argamasa y tierra. No se trataba de una cerca defensiva, su fin era controlar a las personas y los productos que entraban en la ciudad para que pagasen su correspondiente impuesto.
En los años 1840, la escasez de la vivienda en la capital, se había convertido en uno de los problemas más acuciantes y de difícil solución para la corporación municipal.
  Siempre ha sido igual, el propietario de pisos intenta sacar el máximo provecho en épocas de escasez de viviendas, los propietarios, amparados en la Ley del Inquilinato de 1842, aprovecharon para subir los precios de los alquileres que, de por sí, eran inasequibles para los numerosos inmigrantes y trabajadores que llegaban a la ciudad. 

La flecha en rojo nos indica donde se encontraba el Convento de Nuestra Señora del Favor, actual San Cayetano, en azul la antigua Fuente de Embajadores, en naranja el Hospital de Monserrat y en verde el Portillo de Embajadores
En un intento de solucionar el problema, se promulgó la Ley de promoción y regulación de casas para pobres en 1852, pero apenas se mejoró la situación y la población marginal no tuvo más remedio que asentarse en dos pequeños núcleos a las afueras de la cerca: El más importante, al norte de la ciudad, llamado arrabal de Chamberí, y el segundo,  al sur, junto al Portillo de Embajadores y que daría lugar al futuro barrio de las Peñuelas.
El Portillo de Embajadores fue construido en 1782, se trataba de una de las salidas menores de Madrid y su composición era un único vano, construido de ladrillo y que acabaría siendo con el tiempo la actual Glorieta de Embajadores cuando en 1868 fue derribado junto a la cerca.
No ha cambiado mucho la fisonomía de esta calle con el transcurrir de los años en el tramo que estamos analizando, como se puede observar en el plano de Pedro Texeira de 1656.
Iniciamos nuestro recorrido en la Plaza de Cascorro donde comienza la calle Embajadores. En el número 9 de la calle, nos encontramos con el Teatro Pavón.
Fue proyectado en 1924 por el arquitecto Teodoro de Anasagasti, y construido entre 1924 y 1925. Fue uno de los primeros edificios madrileños construidos enteramente en estilo Art-Decó.

Fachada del Teatro Pavón

En 1953 el inmueble fue reformado, según proyecto de José Antonio Corrales Gutiérrez, para convertirlo en sala de cine. Estas obras cambiaron radicalmente su aspecto, siendo la fachada revocada con cemento gris.
En 1978 el edificio sufrió otra nueva reforma, esta vez a cargo de Enrique López-Izquierdo Camino. Tras estos trabajos, en los años 80 se reactiva la actividad teatral, ofreciendo espectáculos de revista y comedias.

Finalmente, Ignacio de las Casas Gómez planificó una rehabilitación integral, ejecutada en 2001 y 2002, para devolver al Teatro Pavón su apariencia original, recuperando de nuevo los elementos característicos de Art Decó que poseía en 1925.
En la ciudad de Madrid nos encontramos en cada calle y en cada esquina algunos tesoros dignos de admirar. El Teatro Pavón, es uno de esos tesoros situado en las proximidades de la Plaza de Cascorro y por lo tanto junto al popular Rastro.
Teatro Pavón
Fue considerado un teatro de barrio que aporto mucha vida a este barrio tan castizo. En su escenario actuó la gran Celia Gámez. La Revista fue un género propio del barrio y de sus vecinos. Las obras y los espectáculos del Pavón se renovaban continuamente. El Pavón, se convirtió en centro de referencia de la canción española y del flamenco, con actuaciones de Manolo Caracol, Miguel de Molina y Antonio Molina entre otros.
Por suerte para la ciudad de Madrid, pese a las penurias que atravesó el teatro a lo largo de su vida, pudo salvarse de la conocida piqueta y en la actualidad podemos disfrutar de este edificio tan emblemático.
 

Avanzando por la calle de Embajadores, en el número 15, se encuentra la Iglesia de San Cayetano y San Millán. En sus orígenes fue la antigua iglesia del convento de Nuestra Señora del Favor, pero debido a que los clérigos del convento eran de la orden de los teatinos, la iglesia-convento fue más conocida por el nombre del fundador de la orden, San Cayetano de Thiene.
El convento tuvo su origen en un oratorio dedicado a San Marcos y a Nuestra Señora del Favor, que fue fundado en el año 1612 por Diego de Vera y Ordóñez de Villaquirán. Diego de Vera, fue escritor nacido en Madrid. Además era capitán de infantería y caballero del hábito de Santiago y de Calatrava. Ocupó el cargo de Alcalde Principal de Chiapas.
En 1822, durante el trienio liberal, el gobierno decretó el traslado de los teatinos a su convento de Zaragoza y el edificio permaneció cerrado.

Fachada de San Cayetano
Poco tiempo después, con Fernando VII de nuevo en el trono, el edificio se cedió provisionalmente a los frailes de San Gil, mientras finalizaban las obras de su convento de la plaza de San Marcial hoy plaza de España. En la calle del Oso permanecieron los frailes de San Gil, también conocidos por los gilitos hasta su expulsión en 1836 con la llegada de la desamortización de Mendizábal, quedando el espacio del convento reservado para viviendas particulares, con la excepción de su iglesia que permaneció abierta al culto.
En 1869 se derriba la Iglesia de San Millán Abad, situada en la Plaza de la Cebada y su parroquia se traslada a San Cayetano. Desde ese momento, la antigua iglesia de los teatinos pasó a convertirse en la iglesia parroquial de San Millán y San Cayetano, función que sigue desempeñando en nuestros días.

Interior San Cayetano
Las obras del edificio actual se comenzaron en 1669 por el arquitecto Marcos López, siendo continuadores de las mismas los afamados arquitectos José de Churriguera y Pedro de Ribera. La Iglesia fue concluida en el año 1761 por Francisco de Moradillo.
La planta de la iglesia es de cruz griega y esta coronada con una gran cúpula de tambor sobre pechinas de estilo bizantino; el interior consta de tres naves y cuatro capillas cerradas con sus correspondientes cúpulas. La fachada fue construida en granito y su diseño se atribuye a Churriguera, aunque la construcción corresponde a Francisco Moradillo. Se compone de ocho grandes pilastras rematadas con capiteles de orden compuesto. Las dos pilastras de cada extremo encuadran las dos torres y entre las cuatro del centro se disponen tres arcos de acceso de medio punto. Sobre los arcos de la fachada se colocaron en hornacinas ricamente decoradas las estatuas de san Cayetano, de Nuestra Señora del Favor, y de san Andrés Avelino, realizadas en piedra por Pedro Alonso de los Ríos.

Estatuas de San Cayetano y San Millán colocadas en la fachada de la Iglesia.
El templo fue incendiado con latas de gasolina en 1936 durante la Guerra Civil, pero se salvo en parte por la restauración que durante la guerra llevó a cabo Fernando Chueca Goitia.
Debido al fuego, se perdieron la casi totalidad de las obras de arte que atesoraba, incluyendo el retablo mayor. El actual retablo, imita modelos barrocos, con copias de cuadros famosos del Museo del Prado. En una de las capillas, bajo una sencilla lápida, se encuentra la sepultura de Pedro de Ribera, el arquitecto del edificio, y que vivía en la casa junto a la iglesia y que fue feligrés de la misma toda su vida.

Durante las reconstrucciones llevadas en la posguerra fue salvada íntegramente su fachada y se rehízo la gran cúpula central
En 1960 una comisión de eclesiásticos y laicos, entre los que se encontraba la duquesa de Alba, aprueba la reconstrucción total del templo, reabriéndose al culto el 6 de agosto de 1962.
En 1980 el templo fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Lamentablemente, no es posible admirar la grandiosidad exterior de la Iglesia por encontrarse encajonada entre calles estrechas y rodeada de edificios de viviendas.

En la calle de Embajadores, junto a la travesía de Cabestreros y la calle de Sombrerete se encontraba situado el Colegio de Nuestra Señora de la Paz y la Inclusa para acoger niños desamparados.
El colegio fue fundado por deseo de doña Ana Fernández de Córdoba y Figueroa, duquesa de Feria en 1679. En el testamento, encargaba a su marido que llevara a cabo la construcción del mencionado colegio. El viudo, compró una casa de la calle de Embajadores destinándolo a acoger a las niñas procedentes de la Inclusa que una vez criadas no tenían donde ir. El colegio, permaneció varios años en ruina hasta que fue derribado en los años setenta del siglo XX. En el solar se construyeron varios edificios de viviendas y un parque inaugurado en 1973.
Colegio de la Paz y la Inclusa en el año 1910
El origen de la Inclusa nos lleva hasta el año 1572 cuando la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias, radicada en el convento de la Victoria situado en la Puerta del Sol, asumió la tarea de recoger a los niños abandonados. Posteriormente, en el año 1579 la cofradía adquirió un inmueble entre las calles de Carmen y Preciados para albergar a estos niños expósitos.
En 1801 el estado del edificio de la ocupaba la Inclusa en la calle Carmen, estaba en una situación de ruina y los niños fueron trasladados a la calle del Soldado, actual Barbieri y posteriormente a la calle de la Libertad, ya en 1807, la Inclusa se instaló definitivamente en la calle Embajadores, junto al Colegio de La Paz.

Vista actual de parte del espacio que ocupaba la Inclusa en la calle Embajadores
En el Siglo XVIII, la Inclusa recogía una media anual de 1500 niños, aumentando durante el XIX hasta los 1800. Los niños llegaban a la institución por diversas vías, algunos abandonados en las calles e iglesias, depositados en los tornos que existían en la misma Inclusa, en la iglesia de San Ginés y en el Puente de Segovia, otros niños procedían del Hospital de los Desamparados, donde se atendían los partos clandestinos y finalmente, niños entregados por los padres incapaces de mantenerlos.
En principio, la institución se financiaba de donativos. A partir del Siglo XVII, teatros como el Príncipe (actual Teatro Español), el teatro de la Cruz y posteriormente, la plaza de toros de Madrid aportaban donativos en función de los ingresos de taquilla a la institución. La corona aportaba una renta de 10.000 ducados, lo que permitía a los reyes ejercer su patronazgo y nombrar a los administradores.
Hasta el año 1794 los niños de la Inclusa no podían acceder al ejercicio de oficios civiles, pero en este año, Carlos IV dictó una cédula mediante la que se les consideraba “integrantes de la clase social de hombres buenos del estado llano general, sin diferencia con los demás vasallos de esta clase”.
Como dato anecdótico, decir que en la Inclusa fue entregado Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro con la siguiente nota: "Nació el primero de diciembre de 1868 a las seis de la mañana, el que está sin bautizar y rogamos se le ponga por nombre Eloy Gonzalo García, hijo legítimo de Pepa, soltera, natural de Peñafiel, provincia de Valladolid”.

Tiempo antes que el Colegio y la Inclusa, estubo en la zona la Fuente de Embajadores, situada frente a la Travesia de Cabestreros, la fuente estaba coronada por una escultura y se surtia de agua del viaje de agua denominado Bajo Abroñigal y que podemos observar en el Plano de Teixeira de 1656.

El Mercado de San Fernando denominado también Mercado Municipal de Embajadores, se encuentra situado en el número 41 de la misma calle, realizando también la función de Mercado de Abastos. El mercado fue inaugurado en el año 1944 dando servicio a los vecinos de Lavapiés y parte de la Arganzuela. Si observamos el edificio desde una cierta distancia, más bien da la sensación de que se trata de una iglesia.

Mercado de San Fernando
El mercado se edificó en parte del solar donde se encontraba el Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando que queda derruido por un incendio. En 1943 el Ayuntamiento de Madrid convoca a un concurso para escoger el proyecto arquitectónico pensando en un mercado de barrio. El diseño se debe al arquitecto Casto Fernández-Shaw. El edificio se distribuye en tres plantas edificadas sobre hormigón con fachadas mezcla de ladrillo y granito. Las cubiertas están acabadas en torres finalizadas en chapitel. El edificio es de trazado simple con la excepción de la entrada principal. El edificio ha sido sometido a varias varias restauraciones en los últimos años del siglo XX.


Hace unos pocos años el Mercado como tantos otros estuvo a punto de cerrar por la baja actividad comercial y un estado palpable de abandono. Pero la situación ha cambiado radicalmente con la entrada de varios grupos de personas ligadas a centros sociales como el Patio Maravillas o La Tabacalera que, animadas por la bajada en el precio de los alquileres, se han decidido a recuperar el mercado tradicional mediante la apertura de todo tipo de puestos de economía social.

Antes que el Mercado y el Colegio de las Escuelas Pías de San Fernando, estuvo en esta zona, el Hospital de Monserrat, que fue fundado por Don Gaspar Pons, originario de Cataluña que propuso al rey Felipe III la creación de un hospital para enfermos de la Corona de Aragón. Para ello donó el año 1616 una casa de campo que tenía en la antigua calle de Cabestreros, hoy Mesón de Paredes. En 1668, el Hospital se traslada a la Plaza de Antón Martín. En el Hospital, que en principio sólo se atendían los enfermos aragoneses y catalanes,  abrió sus puertas a todos los enfermos que acudían a él.

Reloj de sol en la calle Sombrerete, esquina Embajadores
Frente al Mercado, en la calle Sombrerete  hay un reloj de sol en un edificio de cinco plantas (Casa de la Vela) que ocupa la totalidad de la fachada.  El reloj es muy vistoso. La pintura de fondo  representa a una mujer asomada a un balcón tendiendo la ropa.

En la calle de Embajadores Nº 53, junto a la Glorieta, frente al antiguo Casino de la Reina, se encuentra la antigua fábrica de tabacos que fue construida entre 1781 y 1792 por el arquitecto Manuel de la Ballina, una  fábrica, que en principio estaba dedicada a la producción de aguardientes, naipes, papel sellado y depósito de efectos plomizos.
Fue una de las obras públicas que se llevaron a cabo bajo el reinado de Carlos III, aunque las obras finalizaron con el reinado de Carlos IV. El edificio es un buen ejemplo de la arquitectura industrial de aquella época Siglo XVIII.

Entrada a la antigua Fábrica
Es de forma rectangular, exento con cuatro plantas. La fachada principal que da a la Glorieta de Embajadores, tiene balcones y ventanas y tres portadas. La del centro es la principal, adornada con 2 pilastras dóricas con triglifos en la cornisa que sirve de base al balcón principal se puede contemplar un escudo de armas.
Se trata de un edificio de un gran tamaño, situado sobre una extensa parcela que perteneció al convento de San Cayetano, y cuyos terrenos fueron adquiridos por la Corona en 1781. En cuanto a su planta, se trata de un paralelogramo rectangular de 117 metros de largo por 66 metros de ancho, estructurado entorno a tres patios.

Vieja estampa de la Fábrica de Tabacos
El proyecto de la edificación de esta fábrica llamada en principio Real fábrica de Aguardientes, se debió a la necesidad de centralizar los productos del  monopolio del Estado: Aguardientes, licores, las barajas de juego, el papel sellado, y depósito de efectos plomizos. No obstante la idea de centralizar no duró muchos años y así la elaboración del aguardiente le fue concedida a la Condesa de Chinchón, que dio nombre al celebre anís que todos conocemos y la fabricación de barajas de juego le fue otorgada a Heraclio Fournier, ciudadano procedente de Bélgica.

Vista Aerea de la Tabacalera

En 1809, José Bonaparte ordenó que el edificio pasara a albergar la Real Fábrica de Tabacos, función que desde entonces ha seguido desempeñando hasta su cierre en fechas no muy lejanas. Durante sus aproximadamente doscientos años de historia, “la fábrica”, como popularmente se la conocía, se ha convertido, probablemente, en uno de los establecimientos industriales más populares de la ciudad. La Fábrica de Tabacos de Madrid, represento un escenario de referencia en la vida de las mujeres que allí trabajaron, por encima del millar de operarias. Las cigarreras mantuvieron un amplio protagonismo en las reivindicaciones laborales, abuelas, madres e hijas, desarrollaron una conciencia social y capacidad de lucha obrera, desde motín ocurrido en la fábrica en el año 1830 y especialmente en el Siglo XX, participando en numerosas huelgas en defensa de sus condiciones de trabajo.

Vista de la antigua Fábrica con la fuente de Embajadores en primer término
A finales del año 2000, comenzó su cierre y estuvo algunos años abandonada. En la actualidad sigue en fase de rehabilitación, no obstante tras proyectarse en 2007 como Centro Nacional de las Artes Visuales, ya podemos disfrutar de espacios culturales, así  los espacios de la planta baja y sótanos del edificio han sido divididos en dos áreas. Una de ellas denominada “Tabacalera, espacio y promoción del Arte” es gestionada por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y desarrolla de forma permanente exposiciones y actividades entorno a la fotografía, el arte contemporáneo y las artes visuales. El resto del espacio, ha sido cedido al Centro Social Autogestionado “La Tabacalera de Lavapiés”, donde se lleva a cabo una programación cultural de diversa índole.
Se tiene previsto trasladar a estas instalaciones, los museos de Artes Decorativas y de Reproducciones Artísticas.


En la acera de los pares, justo frente a la antigua Fábrica de Tabacos, podemos contemplar una gran manzana rodeada por una fuerte reja en la zona que limita con la Glorieta de Embajadores y la Ronda de Toledo.
Esta finca fue un regalo del Ayuntamiento de Madrid en el año 1817 a María Isabel de Braganza segunda esposa de Fernando VII por su primer embarazo.
La finca se llamaba y sigue llamándose Casino de la Reina y en la actualidad se encuentra abierta a los madrileños, después de una restauración de los jardines, bajo un proyecto de los arquitectos Beatriz Matos Castaño y Alberto Martínez Castillo.

Vista aerea de la manzana ocupada por el Casino de la Reina
De las construcciones originales, permanecen una pequeña casa de ladrillo que actualmente está ocupada por el Quiosco del Casino de la Reina y el palacete, que después de algunas restauraciones, se ha convertido en Centro de Integración Social del Ayuntamiento.

Vista del Casino desde la Glorieta de Embajadores

Junto al palacete, se ha construido un Centro de Día para Mayores inaugurado en 2001. El edificio que más destaca, es el I.E.S. Cervantes, un edificio de estilo neumudejar construido  por Francisco Jareño, finalizando las obras en 1881. Con la construcción de este edificio, desaparecieron del Casino de la Reina parte de los jardines, la ría, el embarcadero y el invernadero.
No nos detendremos mas en este espacio, que ya fue recogido en una entrada de nuestro Blog con la denominación “CASINO DE LA REINA”.


Terminamos nuestro recorrido en la Glorieta de Embajadores, lugar de confluencia de diversas calles madrileñas. Ya hemos analizado los edificios más emblemáticos de la Glorieta como la antigua Fábrica de Tabacos y el I.E.S. Cervantes ubicado en el antiguo Casino de la Reina, pero salvo los residentes del barrio, poca gente conoce que en la misma Glorieta, todavía permanece abierta una casa de baños que junto a la de la calle Bravo Murillo son las únicas que permanecen abiertas al público.


Glorieta de Embajadores año 1956. El edificio del fondo es la Casa de Baños y el de la izquierda la antigua fábrica de Tabacos.
Las Casas de Baños tienen un marcado origen árabe como lo atestiguan los numerosos restos arqueológicos descubiertos en Madrid. Ya en el siglo XIX, Madrid contaba con casas de baños como por ejemplo los Baños de Oriente que se abrieron al público el 30 de mayo de 1830. En Madrid, en 1876, según cita de Fernández de los Ríos, en su Guía de Madrid, “las casas de baños eran a todas luces insuficientes para una población que rondaba los 400.000 habitantes”. En el siglo XX, se construyeron nuevas casas de baños situadas en Tetuán, Embajadores, Latina y La Guindalera, ésta última fue transformada en Casa de la Cultura en 1982.

Casa de Baños antes de su derribo en el año 2001.
El Consistorio ponía estos baños a disposición de los madrileños teniendo en cuenta que la mayoría de pisos y casas de los barrios más humildes no disponían de medios de aseo para la higiene diaria.
La Casa de Baños de Embajadores construida entre los años 1920 y 1930 fue remodelada en el año 89. Los trabajos implicaron el cierre del establecimiento entre febrero de 1989 y abril de 1991. Las necesidades reales obligaron, no obstante, a demoler el edificio en el año 2001 para edificar el edificio actual, adaptándolo a las nuevas exigencias en materia de seguridad.

Moderna Casa de Baños de Embajadores
La nueva Casa de Baños de la Glorieta de Embajadores consta de tres plantas y un ático. La planta baja está destinada a las mujeres y la planta primera a los hombres. De momento la planta segunda queda en reserva y se pondría en funcionamiento si la demanda así lo requiriese.
La superficie construida es de 1.070 metros cuadrados. Cada planta tiene 333 metros cuadrados y el ático 70 metros cuadrados. Se han instalado 59 duchas de las que 17 son adaptadas. En distribución por plantas: Planta baja, 15 cabinas, y 22 duchas en cada una de las plantas restantes.
El precio de la utilización de una ducha es de 0,15 € pero el cliente tiene que aportar la toalla y el jabón.

Ejemplo de arquitectura actual en la calle de Embajadores

            Por desgracia, no todos los edificios de nuestra calle disponen de este tipo de arquitectura, la calle se encuentra muy embejecida con casas y locales en estado de ruina y cerrados. Por suerte todavia podemos contemplar algún ejemplo de local típico madrileño. ¿Hasta cuando sobreviviran los azulejos?



Calle de Embajadores en la actualidad

Antiguo barrio de Peñuelas junto a la Glorieta de Embajadores principios del Siglo XX
Si el paseo por la calle Embajadores nos ha despertado el apetito, en el número 84, junto a la Glorieta, se encuentra uno de esos establecimientos con más solera de Madrid, se trata de la “Freiduría de Gallinejas de Embajadores”.
Entresijos, gallinejas, mollejas y otras exquisiteces, nos esperan siempre que no hagamos ascos a las tripas de cordero.
Las gallinejas clásicas de toda la vida son un producto  de cordero lechal compuesto por el intestino delgado y un trozo de mesenterio (el entresijo), que  contiene una mollejita popularmente llamada "botón".
Cuando se preparan las gallinejas, resultan otros productos originales como los entresijos, los chicharrones, las tiras y los botones. En las casas especializadas, los productos enumerados se suelen servir junto a las mollejas blancas, los zarajos o patatas fritas, componiendo el plato más singular, castizo y emblemático de la gastronomía madrileña.
 








 

3 comentarios:

  1. Me ha parecido muy interesante la información sobre la Inclusa. Estoy pensando en hacer un recorrido y por fin sé la ubicación exacta en la Calle Embajadores. Y pensar que viví muy cerca de allí y no sabía nada de su historia. Un saludo.

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  2. Creo que se han derribado demasiados edificios. La inclusa podría haber tenido otros usos y podría haber sido conservada

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  3. Excelente trabajo Pepe, bien escrito y bien narrado. Y como es habitual en tus recorridos, bien documentado. Gracias y felicidades.

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