jueves, 6 de septiembre de 2012

PASEO DE LA FLORIDA


El actual Paseo de la Florida poco ó casi nada tiene que ver con aquel paseo ligado con la Estación del Norte, que en la actualidad recibe el nombre de Príncipe Pío. Han desaparecido  de la zona las empresas de transporte de mercancías, los talleres e industrias, algunos de los bares y tabernas y casas de comidas, aunque han sido sustituidos por otros más modernos, ya no quedan pensiones que por allí se establecieron para dar cobijo a los muchos viajeros que pasaban por la Estación del Norte, siendo sustituidas por algún hotel. Por otra parte, la clausura de las instalaciones ferroviarias permitió liberar terrenos para convertirlos en zonas dotacionales, verdes y residenciales.



El Paseo de la Florida no hace muchos años ó quizás si, fue el camino del popular merendero de la Bombilla, situado al comienzo de la avenida de Valladolid. En tiempos existieron otros merenderos como: El del Jardín de la Federica, la Huerta y Casa Juan. Hoy en el lugar hay un parque denominado La Bombilla en recuerdo de los tiempos pasados.


Plano de la Florida año 1635 según F. de Wit. Talleres del Servicio Geográfico del Ejército. En el centro, podemos observar el antiguo Alcazar y junto al escudo de la Villa, el palacio de Bernando de Sandoval y Rojas
Iniciamos nuestro recorrido por el Paseo de la Florida realizando una reseña de la historia de esta zona de Madrid que como observaremos, tubo mucho que ver con la realeza durante el reinado de Carlos IV.


Palacio de la Florida, construido por el marqués de Castel Rodrigo, Museo de Historia.
En la colina que hoy conocemos como Montaña del Príncipe Pío estuvo la huerta de la Florida. Su primer propietario fue el marqués de Auñón quien, en 1613, se la vendió al cardenal arzobispo de Toledo Bernardo Sandoval y Rojas. En la primera mitad del siglo XVII la finca pasó por varios propietarios como el duque de Lerma, la Compañía de Jesús, el obispo de Badajoz y el marqués de Camarasa, hasta que fue comprada a mediados del citado siglo por Francisco Moura, marqués de Castell Rodrigo. El marques amplio sus posesiones comprando otras huertas próximas como: La del Molino Quemado, Marquesa de Villahermosa, Buitrera, Minillas y Marcos Sabugal.
El marqués mandó construir un magnífico y suntuoso palacio con jardines que se encontraba situado en la parte baja de la Montaña, aproximadamente donde hoy se halla la Estación del Norte, el Palacio fue decorado cuidadosamente, embelleció sus jardines con fuentes y estatuas traídas de Italia. La finca la heredó Doña Leonor Moura, hija del marqués quien, al morir sin descendencia, se la dejó a su hermana Juana, casada con el Príncipe Pío de Saboya, de donde tomó el nombre con el que ha llegado hasta nuestros días.
En 1792 la finca que además del palacio, disponía de todos los servicios necesarios como: Huertas, ganado, fuentes, su propia montaña y  jardines colocados en forma de terrazas, fue adquirida por Carlos IV. La familia del príncipe conservó las casas de la plaza de los Afligidos hoy Cristino Martos con la capilla de Nuestra señora de la Concepción, llamada popularmente Cara de Dios. En 1799 se creó dentro de la finca un cementerio para los trabajadores de la finca (actual cementerio de la Florida).


Vista General del Paseo de la Florida año 1857. En primer término los jardines de Palacio, en el centro la Puerta de San Vicente y a la derecha la Estación del Norte
Carlos IV compró a Godoy la llamada finca de la Moncloa, añadiéndola a la Florida convirtiendo las dos posesiones en una finca de recreo denominada Real Sitio de la Florida. Carlos IV amplió aún más la finca comprando la Granjilla del convento de San Jerónimo, tierras y huertas de los duques de Alba y algunas tierras del Seminario de Nobles. Carlos IV mandó construir un nuevo palacio en sustitución del palacio de los marqueses de Castell Rodrigo. La  obra se encargo a Felipe Fontana, quien construyó en la parte más baja de los terrenos la ermita de San Antonio de la Florida, único resto arquitectónico de esta real posesión. Esta ermita, es la tercera y definitiva que se construyó en la zona y de la que hablaremos con posterioridad.
Esta enorme finca, abarcaba un área que se extendía desde el Palacio Real, hasta el Palacio de El Pardo, lo que permitía al Rey desplazarse de uno a otro sin dejar de pisar sus dominios. Dentro de esta extensa superficie se encontraban casas, molinos y casas palacio o palacetes, que con el paso del tiempo fueron cambiando de dueños, recibiendo distintos nombres.

Ermita de San Antonio de la Florida año 1863
Con el tiempo, la Montaña del Príncipe Pío se segregó de la Florida. En la parte Sur quedaba la Montaña y en la parte Norte, la Florida. En 1831, Fernando VII cedió la Montaña del Príncipe Pío a su hermano el infante Francisco de Paula que la convirtió en parque público con paseos y jardines. Entre mediados y finales del siglo XIX se construyó en sus terrenos el barrio de Argüelles.
La colina donde se levanta el actual Templo de Debod en origen fue conocida como altos de San Bernardino y después como Montaña del Príncipe Pío. En 1860 se construyó en lo alto el cuartel de la Montaña que fue destruido en la guerra civil.


       
           La montaña del Príncipe Pío está teñida de historia. La violencia marcó su inicio en los días del levantamiento de Madrid contra los franceses. En ese lugar fueron fusiladas 43 personas en la noche entre los días 2 y 3 de mayo de 1808. Francisco de Goya plasmó el fusilamiento en el lienzo titulado "Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío". El escenario que recrea es una zona arenosa que se encontraba a las afueras de Madrid junto a los muros construidos para la ciudad en la época de Felipe IV.


       

         En 1936 se vive en el cuartel uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil en Madrid ya que allí se hicieron fuertes los partidarios del ejército franquista. En su lugar y después de su derribo, se creo un gran parque y una zona deportiva.

Hemos realizado un recorrido por la historia del Paseo de la Florida y ahora nos toca detenernos aunque de forma breve, en los lugares más emblemáticos de la zona.
Comenzaremos por la antigua Estación del Norte. Está situada sobre parte de los terrenos de la antigua montaña del Príncipe Pío, de ahí que también se la conozca con este nombre.
La promulgación de la ley de ferrocarriles de 1855, que facilitaba la entrada de capital extranjero y permitía que las localidades por donde pasara el trazado férreo subvencionaran su construcción, unido a la aprobación de sociedades de crédito en 1856, fueron los dos hechos clave que permitieron la construcción de la línea del Norte.

Estación del Norte año 1910
         La Sociedad de Crédito Mobiliario Español fue una de las sociedades que se constituyeron, dirigida por los hermanos Pereire que en poco tiempo consiguieron la concesión que les permitiría la construcción y explotación de la línea férrea  Madrid-Irún.
Una vez iniciadas las obras, el Crédito Mobiliario creó en diciembre de 1858, una nueva sociedad llamada Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, con el fin de ocuparse de lo relativo al ferrocarril.

En rojo el Cuartel de la Montaña, en azul la Estación del Norte, en naranja el Palacio Real y en verde el antiguo Asilo de Lavanderas
La línea de Madrid-Irún nacía como arteria principal de una red de carácter industrial, con la idea básica, de que en el momento que Madrid pudiera disponer de carbón barato, podría desarrollar una importante industria. La segunda idea que guiaba la construcción de la línea, aparte de esperar un importante tráfico de viajeros, era la de abastecer a Madrid de harina, carne y pescado del Norte.

Su denominación como Estación del Norte se debe a que fue construida por la Compañía de los Ferrocarriles del Norte de capital francés, como cabecera de una línea férrea que enlazaba Madrid con la frontera francesa a través de Castilla León, Asturias, Cantabria y el País Vasco.

Estación del Norte cerrada por obras, imagen posterior a 1993
Las obras, que comenzaron en 1859, en un principio, se construyo un sencillo embarcadero y un puente que permitía salvar el río Manzanares en su discurrir hacia Aravaca y Pozuelo. Todo ello fue realizado por ingenieros galos, de ahí, que a partir de ese momento el mencionado puente empezara a ser conocido como Puente de los Franceses. Originalmente fueron construidas unas instalaciones provisionales en 1861 por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. La Estación definitiva fue inaugurada en 1882, bajo el proyecto de los ingenieros franceses Biarez, Grasset y Ouliac.

El nuevo edificio consistía en una gran nave de 150 metros de longitud con un ancho de 40 metros con la estructura de hierro y cristal. En cuanto a la cubierta, de cuchillos atirantados, fue realizada por el ingeniero francés Mercier.


Vista aerea de la antigua Estación del Norte
Posteriormente, el edificio ha sufrido varias modificaciones y ampliaciones. Entre 1902 y 1906 se prolongó la cubierta mediante dos naves, y entre 1926 y 1933 el conjunto se amplió con la edificación de un pabellón destinado a salidas y oficinas de empleados. 
Durante la Guerra Civil Española, la cercanía del Frente  dejó a la Estación aislada de Madrid, recibiendo numerosos impactos de artillería. Al final de la contienda se encontraba muy dañada y la quiebra de los Caminos de Hierro del Norte provocó que fuese integrada en RENFE. Tras la inauguración de la Estación de Chamartín comenzó su declive al ser traslado el tráfico ferroviario a la nueva Estación.

Grabado de la Estación del Norte finales del Siglo XIX
Fue cerrando poco a poco servicios y se clausuro totalmente en 1993, para transformarla en un gran intercambiador de transporte subterráneo en el que confluyen varias líneas de metro, trenes de cercanías y autobuses, fue de nuevo abierta al público en 1995. Desde el año 2005 coexiste  respetando la estructura, con un centro comercial en superficie y renombrada como Estación de Príncipe Pío.

Actual Centro Comercial de Príncipe Pío
Este centro comercial situado en un edificio de interés histórico, como es la antigua Estación de Trenes del Norte, ofrece una completa oferta de ocio y moda todos los días del año. Muy cerca de la Plaza de España y el Palacio Real, nos da la posibilidad de pasar un día de compras en tiendas de primeras marcas o un rato de ocio en su variada oferta de restauración o sus cines con tecnología 3D. Además está perfectamente comunicado con cualquier parte de la ciudad por metro, autobús y cercanias de Renfe, convirtiendolo en un espació único y muy accesible.


Al final del Paseo de la Florida, nos encontraremos con la Ermita de San Antonio de la Florida, es la tercera de las que se construyeron en ese lugar en honor a San Antonio de Padua.
 Desde finales del siglo XVII, la ribera izquierda del Manzanares, era una agradable campiña muy concurrida por los madrileños especialmente los días de fiesta.

San Antonio de la Florida año 1885
La primitiva ermita fue construida en 1720 por José de Churriguera y en 1732 se colocó en ella una imagen de San Antonio de Padua en solemne romería. Desde ese año se celebran las Fiestas de San Antonio de la Florida. A esta ermita, para cumplir la tradición de las modistillas madrileñas, acudían y aún acuden las jóvenes casaderas, el 13 de junio a pedirle un buen novio al santo.

A lo largo del siglo XVIII, las sucesivas reformas urbanas de la zona obligaron a derribar la Ermita de San Antonio en dos ocasiones y construirla de nuevo en otro emplazamiento.
La primitiva ermita de Churriguera fue derribada en 1768, al diseñarse la nueva entrada a Madrid desde la Carretera de Castilla. Dos años después, Carlos III ordenó construir una nueva. Fue construida por Francisco Sabatini y todavía duró menos que la primera, pues fue demolida por orden de Carlos IV para comenzar las obras del nuevo Palacio de la Florida.

Las obras del Palacio de la Florida comenzaron en 1792 y finalizaron en 1798, y en ellas se incluyó la construcción de la nueva y definitiva ermita, que adquiere entonces su nombre actual de Ermita de San Antonio de la Florida. De esta real finca de recreo sólo se ha conservado la ermita, ya que todos los edificios que la poblaban fueron derribados en el siglo XIX para construir la Estación del Norte.

Réplica de la Ermita de San Antonio a la izquierda de la original
La ermita actual, fue diseñada por el arquitecto Felipe Fontana, en estilo neoclásico, con planta de cruz griega, cúpula con linterna sobre pechinas y con un sobrio aspecto en su exterior.
La sobriedad del edificio, cede el protagonismo a las pinturas  de Goya. El pintor aragonés, como pintor de cámara, fue el encargado de realizar la decoración de la ermita, trabajo que llevó a cabo  entre agosto y diciembre de 1798.
En la bóveda del ábside, Goya representó a la Adoración de la Trinidad. Sobre la cornisa recorren los paramentos del templo querubines y ángeles femeninos que sostienen cortinajes. Pero sin duda, la parte más espectacular son las pinturas de la cúpula, donde está representado uno de los milagros de San Antonio de Padua, la obra tiene 6 metros de diámetro.
Las figuras de los padres del santo y el propio santo sobre una roca están distribuidas por la cúpula. Cerca del óculo se aprecia el paisaje, consiguiendo la ilusión de estar a cielo abierto.

Cúpula de la Ermita de San Antonio de la Florida
El pueblo de Madrid observa el milagro, majas, chisperos, caballeros embozados charlan o miran atentamente apoyados en la barandilla que recorre la base de la cúpula, consiguiendo grandes dosis de realismo.
Gran conocedor y aficionado a las fiestas y tradiciones de Madrid, Goya convirtió su obra en una magnífica galería de diferentes personajes siglo XVIII, y los vistió tanto con vestimentas típicas de su época como con prendas que no eran propias del momento. El artista aragonés mostró su estrecha relación con Madrid al pintar algunos de los paisajes de la ciudad.
Goya utilizó en las pinturas el fresco acabado al seco, una técnica consistente en pintar con colores diluidos en agua sobre una capa de mortero todavía húmedo. Dibujaba sobre papel los dibujos que quería plasmar en el muro, pero su capacidad creadora le llevaron a introducir algunas variaciones sobre la marcha y a adelantarse a algunos movimientos artísticos posteriores, expresionismo e impresionismo.

Detalles de la pintura de Goya
          A los pies del presbiterio se encuentra el panteón del pintor, con la lápida que tuvo en el cementerio de Burdeos, ciudad en la que falleció. Junto a él está enterrado Martín Miguel de Goicoechea, su gran amigo. El 29 de septiembre de 1919 fueron enterrados juntos para evitar un posible error en la identificación de los restos mortales. El cuerpo de Goya carece de cráneo, pues probablemente fue separado del tronco para la realización de análisis frenológicos.
Para garantizar la conservación de las pinturas, la Ermita fue declarada Monumento Nacional en 1905 y permaneció abierta al culto religioso hasta el año 1929, que se clausuró al culto y pasó a denominarse Museo de la Real Ermita de San Antonio de la Florida.
Para mantener el culto a San Antonio, tan querido por el pueblo de Madrid, junto a la auténtica ermita se realizó una réplica, siendo obra de Juan Mayo.

Tumba de Goya en la Ermita de San Antonio de la Florida
Patrimonio Nacional propietario de la Ermita de San Antonio de la Florida, cedió su custodia al Ayuntamiento de Madrid en 1987. Entre 1987 y 1993, se llevó a cabo una campaña de restauración, en la que se realizó la rehabilitación completa del edificio y una primera fase de intervención en los frescos (bóvedas y paramentos laterales, arco de los pies de la iglesia y tres de las pechinas). Entre 2001 y 2003 se llevó a cabo la segunda fase en las zonas restantes. Desde mayo de 2005, fecha de finalización de la tercera y última fase de restauración, estas pinturas pueden observarse en todo su esplendor.
Baile en San Antonio de la Florida de Francisco de Goya
El 13 de junio se celebra la tradicional verbena de San Antonio en las inmediaciones de la ermita, en la zona conocida como La Bombilla, parque situado al final del Paseo de la Florida y comienzo de la Avenida de Valladolid.

Ese día, es tradicional recoger los panecillos del santo "así no te faltará pan durante el año", y sobres con 13 alfileres para lanzarlos a la ''pila bautismal''. Como antiguamente las modistillas, las hoy mozas casaderas pasan su mano sobre los alfileres de la pila y en función de los que se queden pegados a ella, así dicen que será el número de pretendientes que va a tener en ese año.


Frente a las ermitas de San Antonio, se encuentra un monumento dedicado a Francisco de Goya y que mejor que este punto de nuestro recorrido por el Paseo de la Florida, para dedicar un pequeño recuerdo a Francisco de Goya.

Monumento a Goya en el Paseo de la Florida
Los orígenes del apellido Goya son vascos, pero nuestro pintor nació  el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos en la Provincia de Zaragoza, donde vivian sus padres, don José Goya, de profesión dorador, y doña Gracia Lucientes.

Parece ser que estudió en las Escuelas Pías y que a los catorce años ingresó en el taller del pintor Luzán, donde se ejercitó, como era habitual en la época, en la copia de grabados. A finales de 1763 Goya realiza su primer viaje a Madrid para participar en un concurso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero la experiencia no pudo ser más desoladora, ya que su obra no consiguió ningún voto. Pero Goya no se desanimó y vuelve a probar suerte en 1776 en un nuevo concurso académico cosechando el mismo fracaso.

Inscripción del Monumento a Goya
Durante estos años Goya comienza su carrera como pintor realizando sobre todo cuadros de tema religioso, y pronto recibiría su primer encargo importante, la bóveda del coreto de la Basílica del Pilar. Goya pudo poner en práctica su habilidad como fresquista.
El 25 de julio de 1773 Goya se casa en Madrid con Josefa Bayeu, hermana de los pintores Francisco y Ramón, que tendrán un importante papel en su vida durante estos primeros años. Dos años después la recién formada familia se instala en Madrid para que el joven pintor logre afianzar su carrera en medios cortesanos.
En estos años se producen también sus primeros tanteos como grabador. Especialmente importante es la serie de copias de cuadros de Velázquez, que le permitirán ahondar en el conocimiento de la técnica del genial pintor sevillano e incorporarla como un elemento importante de su arte. En 1780 es admitido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, para lo que presentó un Cristo crucificado. Poco después es llamado de nuevo a Zaragoza para realizar un fresco en la Basílica del Pilar. Se trataba de decorar una cúpula con sus cuatro pechinas, con el tema La Virgen, Reina de los Mártires.

Francisco de Goya
Cuando regresa a Madrid, su fama y popularidad se extendieron por todo el país continuó pintando más temas religiosos, destacando las obras de San Francisco el Grande en 1781, el convento de Santa Ana de Valladolid en 1787, catedral de Valencia en 1788, entre otros. Entre los años 1783 y 1784 realiza los retratos del conde de Floridablanca y de la familia del infante don Luis, hermano de Carlos III.
La muerte de Carlos III, en 1778, supone el ascenso al trono de Carlos IV, nombrando a Goya pintor de cámara al año siguiente. Sin embargo, a finales de 1792 Goya, durante un viaje a Andalucía, cae gravemente enfermo en Sevilla y es trasladado a Cádiz.
Como consecuencia de la enfermedad el pintor queda sordo y tanto su vida como su obra sufren un profundo cambio. A su regreso a Madrid empieza a recuperarse lentamente y se dedica a la realización de retratos y sobre todo de una serie de cuadros pequeños. Es un nuevo capítulo en su obra, en el que se liberará de la herencia recibida para dar rienda suelta a su fantasía personal.

Monumento a Goya, frente a las dos ermitas
La década de los noventa ha sido llamada la década de "Los Caprichos", nombre que le dio a su primera serie de grabados compuesta por ochenta estampas realizados con un extraordinario dominio de la técnica del aguafuerte y el aguatinta, y que fueron publicados en 1799.

Paralelamente, Goya realiza su obra maestra en el campo del fresco en la decoración de San Antonio de la Florida.
En octubre de 1799 Goya es nuevamente nombrado primer pintor de cámara. Son años en los que realiza numerosos retratos de los reyes y demás miembros de la corte, que culminan con La Familia de Carlos IV (1800-1801). Realiza también varias obras para el valido Godoy, entre ellas posiblemente las célebres Majas, de datación muy discutida.
La Guerra de la Independencia contra los franceses (1808-1814) supone para Goya, como para el resto de los españoles, una etapa difícil y amarga. La obra de Goya en este momento es fruto de estas circunstancias. Varios cuadros, como los fusilamientos del dos y tres de mayo y una serie de estampas con el título “Los Desastres de la Guerra “ son la consecuencia de estos trágicos años.


La quinta del sordo, fotografía entorno al año 1900
En 1819 Goya pinta sus composiciones religiosas más conmovedoras para las Escuelas Pías de Madrid. La última comunión de San José de Calasanz y Cristo en el monte de los Olivos.  A finales de este año cae gravemente enfermo, y esta nueva dolencia parece sumergirle en un abismo del que surgirán sus últimas y alucinadas obras.
En febrero de 1819, adquiere, una propiedad situada a las afueras de Madrid, junto al río Manzanares, que posteriormente será llamada Quinta del Sordo. Al año siguiente comienza a decorar su nueva casa con pinturas murales al óleo, son las llamadas “Pinturas Negras”. Este conjunto constituye sin duda la obra más revolucionaria de Goya, un mundo de imágenes de pesadilla con algunas de las más turbadoras escenas de la historia de la pintura occidental.
La última serie de estampas llevada a cabo por Goya son los llamados “Proverbios”, nombre con que fue publicada. Es la parte de su obra más difícil de interpretar, algunas se encuentran entre las imágenes más poderosas y enigmáticas del autor.

Goya muere en Burdeos el 16 de abril de 1828. El funeral se celebró en la iglesia de Nôtre Dame y fue enterrado en el cementerio de la Cartuja, donde reposaron sus restos hasta que en 1899 fueron exhumados y en 1919 se trasladaron a la ermita de San Antonio de la Florida.


No podemos resistir la tentación antes de abandonar la Glorieta de San Antonio de la Florida, de realizar una visita al  número 34 del Paseo de la Florida, frente a la Ermita del San Antonio, aquí se encuentra Casa Mingo establecimiento hostelero de los más castizos de Madrid.
Casa Mingo es la mas antigua de las sidrerías de Madrid, y posiblemente de todas las existentes en España ya que abrió sus puertas cuando todavía no se habían cumplido 60 años de la desaparición del genial pintor Francisco de Goya.

Casa Mingo
Esta casa la inauguró Domingo García González en 1888 en el espacio ocupado por un antiguo almacén de material. El lugar era frecuentado por los asturianos que trabajaban en la antigua Estación del Norte.  Era costumbre ya a comienzos de siglo XX ir en familia a comer a Casa Mingo, tradición que se mantiene hoy en día.
Las paredes  del antiguo almacén de material dedicado a almacenar los materiales de las infraestructuras ferroviarias de la estación del Norte, han visto pasar los años con la misma actividad de restauración que aquel primitivo "Llagar", o fábrica de sidra, que instalaron los primeros asturianos y que a través del tren, recibían directamente de su tierra los productos naturales que no se resignaron a perder.
La historia tan dilatada de este establecimiento sólo puede explicarse por la continuidad en dicha tradición que mantiene la cuarta generación de su fundador, materias de primera calidad recibidas directamente de los productores asturianos, lo que permite unos precios muy contenidos y estables, que atraen a una amplia y fiel clientela.

Interior Casa Mingo
La sidra, en sus distintas modalidades, se elabora a partir de manzana asturiana de Villaviciosa en sus propias instalaciones, lo que la convierte en la única verdadera sidrería de la capital que produce sólo para autoconsumo, por lo que la sidra pasa directamente de la fábrica a la mesa sin pérdida de frescura y demás virtudes de este producto artesanal, elaborado según técnicas tradicionales, cuyas características naturales no pueden alcanzar otras de tipo industrial.

Esta tradición ha convertido a Casa Mingo, en uno de los establecimientos más conocidos de Madrid, referente en el sector, cuya fama transciende del ámbito nacional al venir incluido en muchas guías extranjeras de turismo, sin duda por la propaganda que le han podido hacer los muchos foráneos que lo visitan.
La amplitud de su planta baja y de la nueva planta superior, así como las espléndidas terrazas que se instalan en temporada, que se refrescan con la suave brisa que proviene de las abundantes arboledas de su entorno, además de las mencionadas, las del Parque del Oeste, Ciudad Universitaria, Parque de la Bombilla, Casa de Campo, Rosaleda y otros espacios del pasillo verde, dan cabida a una numerosa y variada clientela. 

El pollo a la sidra, típico plato de Casa Mingo
Momentos cargados de tipismo ligados estrechamente a Casa Mingo son los que se dan en "El entierro de la sardina", cuando los ilustres cofrades parten desde el establecimiento para el penoso trance de dar tierra a tan sabroso pescado, rememorando tiempos pasados en los que la falta de frigoríficos motivaba que el cuerpo insepulto del pescado conducía al nicho a muchos imprudentes.
En la taberna se puede degustar pollo asado con sidra, que es el plato más solicitado y que mayor fama ha alcanzado.  Otros platos que podemos elegir son la fabada asturiana, las fabes con almejas, los callos a la madrileña,  empanadas de bonito, chorizo a la sidra, y una gran lista de tapas.
La decoración conserva su casticismo original, manteniendo las características principales de sus primeros tiempos, con abundancia de maderas, botellas vistas y barricas, lo que ha motivado que haya sido escenario de muchas películas, así como para el rodaje de multitud de anuncios.

Hemos repuesto fuerzas en Casa Mingo y ahora tenemos la oportunidad de pasear por uno de los rincones más castizos de Madrid “El Parque de la Bombilla”. Está situado al comienzo de la Avenida de Valladolid, junto a la Glorieta de San Antonio de la Florida. Se puede considerar continuación del Parque del Oeste, ambos parques se encuentran separados por las vías del ferrocarril.
El Parque de la Bombilla, se compone de praderas y terrazas escalonadas por las que pasan canales de agua y por supuesto una gran variedad de arbolado. Destaca en el Parque su auditorio al aire libre, donde se celebra año tras año el festival de cine de verano Fescinal.

Senda del Rey
El parque es conocido desde siempre como la La Bombi. Se trataba del camino que recorrían las carrozas reales para ir y venir desde el Palacio Real, hasta el monte del Pardo. Este paseo arbolado, que es completamente recto, recibía el nombre de Senda del Rey y parte de su trazado original todavía puede recorrerse por el interior del parque.
La Bombilla tiene también una larga tradición verbenera, pues cada 13 de junio se convierte en el escenario principal de las festividades de San Antonio. Se cree que la devoción al santo surgió de las lavanderas que acudían a esta zona de la ribera del Manzanares a hacer sus faenas.

En sus terrenos estuvieron ubicados antiguamente los viveros municipales y las cocheras de tranvías, aunque más tarde, atraídos por la cercanía del río, empezaron a proliferar a su alrededor numerosos merenderos. En uno de estos merenderos, llamado Casa Juan, debutó el cantaor flamenco Pepe Marchena.


Finalizaremos nuestro recorrido por esta zona de Madrid, acercándonos al pequeño  Cementerio de la Florida por considerarlo un espacio más del Paseo de la Florida pese a que en la actualidad se encuentra separado del Paseo por las vías del ferrocarril.
El cementerio de La Florida se encuentra situado al final del paseo del mismo nombre cruzando las vías por el paso elevado que existe frente a la Ermita del Santo, se sitúa en la calle de Francisco y Jacinto Alcántara, junto a la Escuela de Cerámica de la Moncloa y a poca distancia de la Rosaleda.
En él se encuentran enterrados, en una fosa común, los cuarenta y tres patriotas madrileños que, tras participar en el Levantamiento del 2 de mayo de 1808, fueron fusilados en la madrugada del día 3 a los pies de la montaña del Príncipe Pío por los soldados del general francés Murat.

Entrada al Cementerio de la Florida
Allí permanecieron insepultos hasta que, nueve días después y secretamente, los hermanos de la Congregación de la Buena Dicha rescataron los cuerpos y los enterraron en el pequeño cementerio, propiedad del Palacio de La Florida. De las cuarenta y tres personas fusiladas, sólo se conocía con seguridad el nombre de diecinueve hasta que en 2008 fueron identificados otros diez más por el historiador Luis Miguel Aparisi. Sus nombres, y algunos datos que se sabe sobre ellos, se consiguieron, gracias a una lista elaborada en 1816 y a las reclamaciones que sus familiares hicieron para cobrar una pensión.
Los dos cofres en que se hayan depositados los restos de los cuarenta y tres fusilados, junto con efectos personales, fueron abiertos por última vez en 1917 y sobre ellos figura una nueva lápida inaugurada en 2008.


El cementerio es un recinto modesto y de reducidas dimensiones, rodeado por un muro de mampostería en aparejo toledano. Los restos de los fusilados, se encuentran en dos cajones de plomo y cinc situados en una cripta bajo una pequeña capilla, dos hileras de cipreses, una columna conmemorativa y tres lápidas  recuerdan los fusilamientos. Una de éstas es una reproducción en azulejos, inaugurada en 1982, del cuadro de los fusilamientos de Goya.
Hasta 1917 el cementerio estuvo a cargo de la Cofradía de la Buena Dicha por cesión de Isabel II, ya que al menos dos de los fusilados eran miembros de ésta Cofradía. Ese mismo año, ante el número reducido de cofrades, desaparece la Cofradía y uno de los miembros, Ortiz de Pinedo, que también lo era de la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos, pasó a esta Sociedad la gestión del Cementerio.

Cementerio de la Florida
Desde entonces, el cementerio es mantenido gracias a la mensualidad que abonan los miembros de esta Sociedad, constituida en 1839 por ex combatientes de las milicias populares. Debido a esto, el cementerio siempre se ha mantenido en una situación precaria debido a la falta de apoyos económicos. La situación más grave para la supervivencia del pequeño camposanto se dio cuando el Ayuntamiento quiso vaciarlo y trasladar los restos de los fusilados al Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, circunstancia que finalmente pudo evitar la Sociedad Filantrópica.

Entre 1931, año en que se cerró al público, y 1939, se llamó Cementerio del Coronel Montesinos, en recuerdo del militar Manuel Montesinos y Molina. Después de unas obras de restauración sufragadas por la Junta Municipal del distrito de Moncloa, fue reabierto el 2 de mayo de 1981 por el entonces alcalde Enrique Tierno Galván, aunque posteriormente, debido a diversos actos vandálicos que empezó a sufrir, fue cerrado de nuevo.
Fue restaurado de nuevo en 2008, año del Bicentenario del Levantamiento. La rehabilitación, llevada a cabo por el arquitecto Antonio Lopera, duró tres meses, con un coste de 120.000 euros aportados por el Ayuntamiento, y fue inaugurada por el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón el 24 de abril. La reforma incluyó la reforma de los muros y la realización de un drenaje de hasta dos metros de profundidad para evitar la humedad.

Interior del Cementerio de la Florida
 El cementerio permanece cerrado todo el año salvo el día 2 de mayo, día de la Comunidad de Madrid, en que se conmemora el Levantamiento por parte de la Sociedad de Milicianos, con asistencia de las autoridades de la Comunidad y Ayuntamiento que hacen una ofrenda floral en recuerdo de los enterrados.
Junto a la tapia del cementerio, podemos contemplar el Monumento a Goya, consistente en cuatro megalitos  rectangulares de hormigón, que por una de sus caras tienen las letras del apellido del Pintor y por el otro, citas del pintor sobre su concepción del Arte y la Pintura. Así, podemos leer “No hay reglas en la pintura, lo mismo que en la poesía, recoge en el universo aquello que encuentra más apropiado a sus fines”.

Recuerdo a Goya
El monumento es obra de Joaquín Vázquez Turcios realizado en el año 1996. Desgraciadamente, el lugar como tantos otros de Madrid no se encuentra en el mejor estado, la basura se acumula por todas las partes por lo que la visita puede resultar desagradable.

Por último, traemos a estas páginas algunas instantáneas tanto pasadas como actuales tratando de unir pasado y presente de esta zona de Madrid.

Madrileños bañandose junto al puente de los Franceses año 1946.

Puente de los Franceses año 1859

Estación de Príncipe Pío

Vías de la Estación de Príncipe Pío

Vieja estampa con el Cuartel de la Montaña al fondo

Puerta de San Vicente comienzo del Paseo de la Florida




La Montaña del Príncipe Pío año 1857 sin el Cuartel de la Montaña.

Vista de la Puerta de San Vicente desde los jardines del río Manzanares

Centro Comercial Príncipe Pío






 








 
 




8 comentarios:

  1. Me gusta muy bien comentado las fotografías estupendas, te animo a seguir escribiendo sobre las cosas interesantes de Madrid antiguo y que no conocemos.
    Juan

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  2. Me sumo al comentario anterior, parece mentira que viviendo en la zona hace años, hasta no leer esta entrada, desconocía la cantidad de cosas interesantes que existen a mi alrededor, tendré que descubrirlas personalmente. Gracias por ello.
    Carmen

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  3. Muy bueno, pero los azulejos son de la Ermita y fiestas de San Isidro

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  4. Que hermosa página, además de ser más que educativa, me trae recuerdos, de mi visita por España.

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  5. creo es Joaquin Vaquero Turcios..conoocido por el monumento de Colon. pagina impresionante la verdad.

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  6. También existió allí, a la altura de San Antonio de la Florida, un Monasterio de Monjes Jerónimos. Por motivos de salud hubieron de trasladarlo al actual (del que solo queda la iglesia), junto al Museo del Prado. Casi no hay datos del primitivo monasterio, en el Paseo de la Florida.

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  7. Le felicito por artículo. Hoy hemos este paseo y con toda esta información da gusto. Gracias.

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  8. Me gusta mucho su página,me gustaría saber sobre un colegio público que estaba paseo Florida creo que en el número 33

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