sábado, 28 de mayo de 2016

CARRERA DE SAN JERONIMO



La Carrera de San Jerónimo, tiene su inicio en la Puerta del Sol finalizando en la Plaza de Cánovas del Castillo o Neptuno como se la conoce popularmente y situada en pleno Paseo del Prado.

Esta vía madrileña, ha tenido diversos nombres, en un principio la calle se denominó  calle del Sol, entre 1843 y 1845 recibió el nombre de calle del General Zayas, militar que destacó en la lucha en la defensa de Ferrol el 26 de agosto de 1800 frente al ataque de los ingleses, luchó contra los franceses en la Guerra de la Independencia y contra las tropas realistas de Fernando VII a la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis en el año 1823. Entre 1936 y 1939 se denominó Calle de Antonio Coll,
Ya han pasado muchos años desde que la Puerta del Sol era el punto de origen de diversos senderos hacia el Prado. Al construirse el monasterio de San Jerónimo en 1503, la actual Carrera de San Jerónimo aumentó su trasiego y se convirtió en una vía para carros para visitar el monasterio.
La importancia de esta vía, aumento de forma considerable al ser utilizada por los Austrias para trasladarse desde el antiguo Palacio Real al nuevo Palacio del Buen Retiro.
En el siglo XVI comenzaron las edificaciones, y muy pronto palacios y conventos inundaron la calle.

Realizaremos un paseo por esta emblemática calle recordando los edificios históricos ya desaparecidos y describiremos de forma breve los edificios más emblemáticos que hoy podemos admirar.

Al comienzo de nuestra calle en plena Puerta del Sol, se encontraban dos conventos-iglesias uno frente al otro. El convento e iglesia de San Francisco de Paúl, más conocido como de la Victoria, comprendía el espacio delimitado por la carrera de San Jerónimo y las calles de la Victoria, Cruz, Cádiz, Carretas y la Puerta del Sol y justo en la acera de los impares, se encontraba la iglesia-hospital del Buen Suceso.
Iglesia-Convento de la Victoria

El arquitecto fray Juan de la Victoria  que pertenecía a la orden de San Francisco de Paula de los Mínimos, solicitó al rey Felipe II la construcción de un convento en Madrid que se llamaría Convento de Mínimos de San Francisco de Paula.
El rey aprobó el proyecto y se procedió a la construcción del edificio, que finalizó en el año 1561. La misa de la Iglesia de la Victoria estuvo muy de moda entre los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. La imagen de Nuestra Señora de la Soledad que presidia la iglesia fue esculpida  por Gaspar Becerra era muy popular ya que era sacada en la procesión del Viernes Santo. La iglesia era de arquitectura neoclásica. Durante la Guerra de la Independencia el edificio fue seriamente dañado y posteriormente restaurado.
La iglesia tenía la puerta en la actual calle de Espoz y Mina que por aquel entonces no existía como tal calle. La iglesia de la Victoria aparece referenciada en la literatura del siglo XVI y XVII, en obras como: “La celosa de sí misma”, de Tirso de Molina.
La iglesia-convento desapareció con la Desamortización de Mendizábal y la ampliación de la Puerta del Sol.

Frente al convento de la Victoria, se encontraba la Iglesia-Hospital del Buen Suceso.
Toda la manzana comprendida entre la calle de Alcalá, la Puerta del Sol y la Carrera de San Jerónimo estuvo ocupada por el Hospital e Iglesia del Buen Suceso. El origen  se remonta al Siglo XV bajo el reinado  de Juan II, cuando se fundó un pequeño hospital con el fin de atender a los  enfermos de la epidemia de peste que asoló Madrid en el año 1438.
En tiempos de los reyes católicos el pequeño hospital se convirtió en un hospital itinerante que acompañaba a la Corte, hasta que Carlos I ubicó definitivamente el hospital en Madrid, mandando construir un nuevo edificio.
La construcción de un nuevo edificio para hospital finalizó en 1561, con Felipe II en el poder.
Al fondo, la Iglesia del Buen Suceso año 1852

El conjunto estaba formado por una iglesia y el hospital, pero pronto las necesidades de la población aumentaron considerablemente con la llegada de la capitalidad a Madrid. En el año 1590, Felipe II, ordena la edificación de una nueva iglesia y hospital, más acorde con las necesidades de la capital.
Las obras del conjunto se atribuyen al Arquitecto Mayor de las Obras Reales, Juan de Herrera, no obstante debido a sus problemas de salud, sería Francisco de Mora quien tomase el relevo de las obras conjuntamente con su colaborador el aparejador Diego Sillero. El resultado fue un edificio enmarcado en la arquitectura clasicista del primer barroco madrileño.
Con el traslado de la Corte a Valladolid en el año 1601 y ante la falta de medios económicos, las obras de la iglesia se interrumpieron hasta 1606 año de la vuelta de la Corte a Madrid.
En la nueva iglesia la obra de cantería realizada por Agustín de Argüelles se limitaba a los cimientos, pilares y arcos que sustentaban la cúpula. El resto de la construcción, era toda de ladrillo. A pesar del tiempo transcurrido durante la interrupción de las obras, las modificaciones no afectaron a la disposición y planta original puesto que los diseños seguían bajo el control del maestro mayor de las obras reales, por entonces Francisco de Mora.
En septiembre de 1611, ya en tiempos de Felipe III se dieron por finalizadas las obras de la iglesia.
Fachada de la Iglesia del Buen Suceso año 1830

 En la nueva iglesia destacaba la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso y que mejor que traer a estas páginas el comentario que realiza el cronista Jerónimo de Quintana.

 “Trájola por los años de mil y seiscientos y siete, a veinte y ocho de marzo, el hermano Gabriel de Fontanete, de la Congregación de los Siervos de los Pobres, de un humilladero del reino de Aragón. Colocóla en este hospital en cuatro de julio de mil y seiscientos y once. Es grande el concurso y frecuencia de los fieles, e infinitas las maravillas que la Majestad Divina obra por su devoción, como lo testifican las memorias, ofrendas y lámparas de plata que la piedad de las personas agradecidas le han ofrecido“

Desde muy pronto esta pequeña y nueva imagen fue objeto de una gran devoción tanto popular como de la realeza. En 1618, el rey Felipe III envió dos carabelas al Estrecho de Magallanes con dos nombres significativos, una recibió el nombre de Virgen de Atocha y la otra el de Virgen del Buen Suceso.
A partir de 1693 los problemas del Buen Suceso volvieron a reproducirse y  en 1695 uno de los lienzos de la iglesia amenazaba ruinas. Ante la situación planteada no hubo más remedio que acometer una reforma en profundidad, siendo necesario levantar una nueva fachada y modificar la cúpula. Las obras fueron realizadas por José del Olmo, en esos momentos Maestro Mayor de las Obras Reales.
Estampa de las iglesias del Buen Suceso y Victoria

La forma y disposición del viejo edificio construido por Francisco de Mora lógicamente condicionó las soluciones adoptadas. Las obras significaron en parte una verdadera reedificación del edificio, pero aunque modificaron sustancialmente la disposición del templo original, se respetó el modelo clasicista de Francisco de Mora.
Así pues, se construyó una nueva fachada, aunque a la entrada bajo un arco de medio punto entre dinteles, sobrevivió la antigua portada dórica con los escudos reales, testigo feliz de los orígenes de la construcción en tiempos del anterior arquitecto.
A mediados de 1697, terminada la fachada ya únicamente faltaba cubrir la iglesia y terminar la cúpula y a principios del año siguiente se acordaron los detalles para la finalización de la obra. El templo se dio por terminado en febrero de 1700.
Hagamos un pequeño alto en la historia de la Iglesia Hospital para conocer el origen de la imagen que daría nombre a la institución, la pequeña imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso. Dos hermanos obregones, así eran conocidos los integrantes de la orden fundada por Fray Bernardino de Obregón, encargada de atender los hospitales madrileños, Gabriel de Fontanet y Guillermo Martínez, se dirigían a Roma a solicitar la autorización papal para poder extenderse por todo el país, cuando en una cueva encontraron una pequeña imagen de la virgen.
Plano de Pedro Texeira año 1656 con los números LIX y VI las iglesias del Buen Suceso y de la Victoria

El Papa se mostró conforme con las pretensiones de los hermanos, y además, según se cuenta, le pareció un buen suceso el hallazgo de la imagen, así que los hermanos volvieron con su aprobación y con la imagen de la Virgen del Buen Suceso. Cuando los hermanos llegaron a Madrid, la virgen fue colocada en el Hospital General, hasta su traslado definitivo a la iglesia del Buen Suceso.
La primera descripción de la Iglesia en la Puerta del Sol, es la que hace Fernández Herrera al describir la vida de Bernardino de Obregón:

“Se ha labrado un edificio grandioso, puesto en lo mejor de Madrid a la puerta que llaman del Sol, en el principio de la que llaman Carrera de San Jerónimo y en el fin de la famosa calle Mayor (...) la iglesia hace frontera a la plazuela, tan bien trabada en la cortina que viene a servir de lonja su entrada al edificio, con un pretil vistoso y capaz, dilátase ayrosamente entre las dos calles de Alcalá y San Jerónimo, con una fachada vistosa y opulenta, girando a sus espaldas el edificio del hospital por ambas hazes, con enminencia grande en traza y forma”

Pero no acabaron aquí las desventuras de esta iglesia objeto de gran devoción popular, poco más de un siglo vivió en paz el Buen Suceso. Los graves acontecimientos del 2 de mayo de 1808 dañaron el edificio, tanto en la fachada como en su interior, el templo fue saqueado por los franceses y el retablo central destruido, salvándose solamente la pequeña imagen de la Virgen.
José Bonaparte convirtió el templo en cuartel y hospital para sus tropas, todas las propiedades de la fundación real fueron requisadas y la Virgen fue trasladada a la cercana iglesia del Carmen. Allí estuvo hasta 1813 cuando Bonaparte salió por fin de Madrid, y la imagen del Buen Suceso pudo regresar a su casa.
En la década de 1830 se volvió a reformar, en este caso según proyecto atribuido a Narciso Pascual y Colomer.
Restos de la Iglesia del Buen Suceso en la nueva estación de Cercanías de Sol

 A estas alturas de su azarosa existencia a la Iglesia del Buen Suceso le quedaban pocos años de vida. La desamortización de Mendizábal y la ampliación de la Puerta del Sol propiciaron su demolición comenzando el día 24 de febrero de 1854.
Se trataba de una muerte anunciada, la demolición se veía venir desde bastantes años antes debido a la futura remodelación de la Puerta del Sol. En esta ocasión, la Virgen encontró refugio en el Real Colegio de nuestra Señora de Loreto en la calle Atocha.
Debido a la reforma de la Puerta del Sol, de la iglesia y el hospital, sólo quedaron unas columnas que fueron llevadas a la Casa de Bruguera en el Paseo de la Castellana. El reloj que lucía la fachada y que era la referencia horaria de los paseantes de la Puerta del Sol va a parar a la Casa de Correos y se convierte desde entonces en el Reloj de Gobernación. La Iglesia desaparece por completo de la Puerta del Sol y en su lugar se construye el Gran Hotel de París que con posterioridad a mediados del siglo XX recibe el luminoso del "Tío Pepe".
Pues no acaba aquí la historia de la Iglesia del buen suceso, con motivo de las obras planificadas en 2005 para la construcción de la nueva estación de Cercanías Renfe, se encontraron algunos de sus cimientos. La sorpresa fue que estos restos aparecieran a metro y medio de profundidad. No era de esperar encontrar restos en tan buen estado tras innumerables obras realizadas por Metro de Madrid en la excavación de túneles durante la década de 1910. Inicialmente se pensó trasladar los restos a otro lugar de Madrid. Finalmente se optó por soterrar unos metros más abajo los cimientos y mostrarlos en los pasillos de acceso desde Cercanías al Metro en la Estación de Sol.
Para los lectores que estén interesados en conocer que pasó con este espacio de Madrid al desaparecer la Iglesia del Buen Suceso, os remitimos a nuestra entrada titulada “Calle Alcalá Primera Parte”.
Inicio de la Carrera de San Jerónimo


Ya conocemos la historia del inicio de la Carrera de San Jerónimo y es el momento de comenzar nuestra andadura por esta emblemática calle para seguir conociendo su historia. En el número 2 podemos contemplar una histórica tienda con el siguiente rótulo: “Gil Sucesor de Antolín Quevedo”.
Se trata de un local que en sus orígenes se dedicaba a la venta de telas y que con el paso del tiempo ha evolucionado poniendo a la venta otros productos como: Abanicos, mantones de manila, mantones españoles, mantillas artesanas, trajes de sevillanas, monteras, etc. El comercio, de tradición familiar, se conserva como el primer día salvo pequeños arreglos de suelo y escaparate.
El inicio de esta tienda se remonta al año 1880, cuando a la Carrera de San Jerónimo llegaba la misma ruta de la seda, con la importación de mantones de Manila. Los mantones eran originarios de  China, y se  llamaban de Manila por ser éste el puerto donde se exportaban al resto del mundo. La historia de la seda se localiza en  China, unos  3000 años  antes de Cristo. Los primeros bordados chinos no llegarían hasta el año 1000 antes de Cristo.
Fachada  de Gil sucesor de Antolín Quevedo año 2015

Se utilizaban motivos como: Las mariposas para representar la felicidad y alegría, las ocas para representar las buenas relaciones conyugales, el dragón para representar al emperador o la grulla paras representar la longevidad. Debido a la demanda de los europeos, especialmente las mujeres españolas, los chinos comenzaron a incorporar a los mantones, gran variedad de flores bordadas.
El termino Shal de origen persa evoluciono a mantón en España como demanda de las propias mujeres a los artesanos chinos. Se dice que las mujeres chinas nunca incorporaron esta prenda a su vestimenta.
Gil sucesor de Antolín Quevedo, tiene el privilegio de encontrarse situado en pleno centro de Madrid, siendo tienda de referencia de todo tipo de turistas. Disponen de un libro de honor en el que han firmado personajes como: Linda Evans,  Gloria Estefan o  Joaquín Sabina entre otros.
Los propietarios actuales mantienen el sabor antiguo del comercio, respetando la antigua fachada de madera con los adornos de bronce y en el interior se puede admirar el magnífico mostrador de caoba, las lámparas de gas originales o los cajones antiguos.
Por desgracia, como está pasando con tantas tiendas antiguas, "Gil sucesor de Antolín Quevedo ha cerrado sus puertas, en espera de que otro negocio tome el relevo.

En el número 8 de la Carrera de San Jerónimo, se encuentra “Lhardy”, un restaurante abierto en el año 1839 por su fundador el francés Emilio Hugenin Lhardy. Es considerado uno de los primeros restaurantes de Madrid, que incorporó el sistema de menús con precios para cada plato.

Como hemos indicado, Lhardy abrió en 1839 como  pastelería y con el paso del tiempo fue incorporando  comidas a su oferta gastronómica. En la actualidad es tienda de productos gastronómicos y restaurante. En Lhardy, es famoso su caldo desde 1885 y el servicio de catering de alto standing.
En el Siglo XIX, la comida que ofrecían las fondas madrileñas eran de mediana calidad, con abundancia de ajo y aceite que no era del agrado de los visitantes extranjeros que se acercaban a Madrid como capital de la Corte. Como alternativa a las fondas de la época, surge  Lhardy que importó la gastronomía europea para satisfacer los gustos de los extranjeros.
El punto de inflexión de Lhardy y que lanzó a la fama al restaurante y su propietario fue la organización en el año 1841del bautizo del hijo primogénito de José de Salamanca y Mayol más conocido por su título nobiliario, (Marqués de Salamanca).
Ya en el Siglo XX, el jefe de pastelería Ambrosio Aguado Omaña y el  jefe de cocina  Antonio Feito Pérez deciden comprar el local a su propietaria, la nieta del fundador Emilio Hugenin Lhardy. El traspaso se formalizó en el año 1926. A comienzos del siglo XXI el restaurante es dirigido por Milagros Novo Feito y Javier Pagola Aguado, manteniendo así la tradición. Ya en el año 2009, Lhardy abre una sucursal en el recién remodelado Mercado de San Miguel, ofreciendo algunas de las especialidades de Lhardy.
Lhardy, se ha convertido en lugar de reunión de negocios manteniendo su aire romántico, manteniendo la tienda y el restaurante. Mantiene en su carta su célebre caldo de carne que se ofrece en un samovar de plata, tradición que se mantiene desde el año 1885. La decoración de sus seis salas proviene del siglo XIX y comienzos del XX.  Los salones de Lhardy  distribuidos  en dos plantas, se denominan: Salón isabelino, Salón japonés, Salón Sarasate, Salón Gayarre y Salón Tamberlick.


En la carta de Lhardy, destacan, el cocido madrileño servido en tres vuelcos como manda la tradición, los callos a la madrileña, el lenguado al vino blanco, o la trucha escabechada. Dentro de los fiambres, destacan el pavo trufado, el roastbeef, la lengua escarlata o los pasteles de hígado de perdiz y de liebre. Una buena comida no es completa si no se acompaña con una buena carta de vinos, Lhardy es famoso por su exclusiva bodega donde se pueden encontrar vinos de toda España y otras zonas vitivinícolas de gran número de países extranjeros.
Lhardy ha formado parte de la literatura española desde sus comienzos, así Benito Pérez Galdós menciona el restaurante a través de  los protagonistas de sus novelas, de los Episodios Nacionales. En la novela “Los ayacuchos”, podemos leer:

"Me llevó el Marqués de Salamanca en su coche a la Carrera de San Jerónimo, donde se ha establecido un suizo llamado Lhardy, que es hoy aquí el primero en las artes de comer fino".

Luis Coloma en su novela “Pequeñeces”, menciona al propio Emilio Lhardy.
Bretón de los Herreros menciona a Lhardy en la comedia “La hipocresía del vicio”.
Personajes de aquel tiempo como Isabel II o posteriormente Alfonso XII visitaron de incógnito el célebre restaurante.

Ya hemos repuesto fuerzas con las suculentas viandas de Lhardy y es hora de continuar nuestro paseo acercándonos a la Plaza de Canalejas.
La plaza de Canalejas empezó a conformarse como tal a  finales del Siglo XIX, antes era una encrucijada de caminos conocida como "Las Cuatro Calles".

Entre los años 1867 y 1885, el Ayuntamiento de Madrid se propuso urbanizar la zona, con el fin de dar amplitud a este cruce de calles, especialmente en la  calle Ancha de Peligros que unía  la Carrera de San Jerónimo con la calle de Alcalá  y que hoy conocemos como calle de Sevilla.
La situación privilegiada de este espacio, propició que en pocos años tanto los bancos como constructores adquiriesen sus viejas casas para construir magníficos edificios y que todavía hoy podemos admirar.
En 1912, la Plaza recibió el nombre de Canalejas en recuerdo del periodista, literato y político  José Canalejas y Méndez que falleció  asesinado por un anarquista mientras contemplaba el escaparate de la  librería San Martín en la calle de Carretas, junto a  la Puerta del Sol.
En la Plaza de Canalejas es obligatorio realizar una parada para contemplar la magnífica arquitectura de todo su perímetro. Comenzaremos realizando una breve historia del edificio situado en el número 1 de la Plaza, el antiguo Banco Hispano Americano que fue construido entre los años 1902 y 1905 por el arquitecto Eduardo Adaro.
Plaza de Canalejas año 1914

El Banco Hispano Americano fue fundado el 25 de Octubre de 1900 por Antonio Basagoiti y Arteta un indiano que se había establecido en México. El propósito de Basagoiti, era establecer un puente de unión de sus  negocios tanto de América como de España.
Antonio Basagoiti Arteta nació en el pueblo vizcaíno de Güecho, el 22 de octubre de 1848  y fallece en Madrid en el año 1933. Fue conocido como Primer Marqués de Algorta, estudió profesorado mercantil en la Escuela de Comercio de Cádiz y emigró a México donde emprendió varios negocios relacionados con la siderurgia, el mundo ferroviario, el textil, los agrios o el mundo de las fianzas. Sus grandes dotes como empresario le permitieron a Basagoiti amasar una gran fortuna.
Banco Hispano Americano año 1923

Volvió a España en el año 1900, estableciéndose en Madrid, siendo director del Hispano Americano desde su fundación hasta su fallecimiento en el año1933.
Pero volvamos al edificio, este se construyó sobre una parcela de aproximadamente 2000 metros cuadrados, por el que Antonio Basagoiti pago 1750000 pesetas. El costo de la construcción del edificio le supuso desembolsar a Basagoiti la cantidad de 2 500 000 pesetas.
Como ya hemos indicado el arquitecto encargado de las obras fue el gijonés Eduardo Adaro, autor de otros edificios emblemáticos como: El Banco de España, la Cárcel Modelo de Madrid o la Cárcel Modelo de Oviedo.
En la construcción del edificio de la Plaza de Canalejas, Adaro  contó con la ayuda de Joaquín Rojí López-Calvo. Por motivos de salud  Adaro no pudo contemplar la finalización de su obra que continuaron bajo la dirección de  José López Sallaberry. Algunas fuentes indican que el edificio fue finalizado por el arquitecto  José Urioste Velada.
Interior de Hispano antes de las reformas

La fachada del edificio dispone de tres tramos, el tramo central es un chaflán curvo frente a la Plaza de Canalejas, los tramos laterales son rectos con vistas a la Carrera de San Jerónimo y la calle Sevilla. Para la construcción de las fachadas se utilizó prioritariamente la piedra arenisca, destacando la balaustrada que recorre todo su perímetro.
La fachada del edificio se compone de tres cuerpos: El  basamento, el cuerpo central y la coronación, todo ello combinado con los elementos verticales entre los que destacan: Pilastras, semicolumnas, entablamentos, frontones curvos en los vanos, ménsulas y  molduras combinando  elementos corintios  y toscanos.
El basamento compuesto de dos plantas, arranca con un zócalo de granito en el que quedan integradas las ventanas del semisótano.
El cuerpo central, se encuentra separado del basamento por una balaustrada corrida que marca el arranque de este cuerpo, dispone de dos alturas al igual que el basamento. El arquitecto al construir la  balaustrada mantuvo  la continuidad con el edificio de  La Equitativa.
En un principio, los balcones se encontraban iluminados por farolas fabricadas en forja.
El cuerpo superior o coronación, se encuentra separado del cuerpo central con un friso con gran cantidad de decoración con relieves de formas vegetales. Este cuerpo de una sola planta, donde las pilastras del edificio terminan en pináculos renacentistas. En este cuerpo ya no hay balcones, sino ventanas coronadas por frontones curvos.
Detalles de la fachada  con las alegorías del Cálculo y la Economía

En la fachada principal, dos esculturas representan alegorías del Cálculo y  la Economía, obra del escultor José Alcoverro y Amorós
En la  rejería de planta baja, destaca poderosamente la cancela de entrada, todo ello realizado en Madrid por el maestro Gabriel Asíns, hijo del anterior maestro su padre Bernardo Asins, autor de la biblioteca del Casino de Madrid, también intervino en la construcción de la rejería, la sociedad Jareño y Compañía, Miguel González y la Sociedad de Construcciones Metálicas.
 Terminada la Guerra Civil, el Banco Hispano Americano adquirió el inmueble colindante de la carrera de San Jerónimo, que había quedado destruido como consecuencia de los bombardeos. En el año 1944, se terminó la ampliación de la fachada hasta el número 7 de la Carrera de San Jerónimo, el arquitecto bilbaíno Manuel Galíndez especialista en la construcción de edificios bancarios respetó los elementos decorativos de la fachada de Adaro, de forma que la reforma resultó una prolongación de la fachada original. En esta reforma desaparecieron las cancelas de las puertas de entrada a las viviendas.
En 1942, el Banco Hispano Americano compró, el inmueble de la calle de Alcalá, número 12, propiedad de la antigua Banca Sanz, absorbida por el Hispano Americano. El antiguo inmueble, construido en 1895, fue derribado para realizar una ampliación del Hispano Americano. Tanto la ampliación como la sede central quedaron unidas por el interior.
El año 1943 adquirió la antigua sede de Credit Lyonnais, edificio construido entre 1904 y 1907 por el arquitecto José Urioste Velada, que diseñó el edificio de la calle de Alcalá en un estilo que puede considerarse neobarroco, en la fachada destaca el balcón corrido que separa la zona de oficinas de las viviendas. Algunas de las puertas del parque del Retiro fueron diseñadas por el propio Velada. El Credit Lyonnais, tenía fachada en el número 8 de la calle Alcalá y en el número 7 de la carrera de San Jerónimo. Todos los edificios del Hispano Americano, quedaron unidos por el interior a través de una serie de patios.
Al dejar la sede de la calle Alcalá el Banco Crédit Lyonnais se trasladó a la Casa Allende, en la plaza de Canalejas, edificio del que hablaremos posteriormente.
En el año 1936, el Banco Zaragozano construyo su nueva sede en el número 10 de la calle Alcalá, el arquitecto encargado de las obras fue  Roberto J. Ochoa. El edificio disponía de 12 plantas y dos sótanos, las plantas superiores se dedicaron al alquiler de oficinas.
El edificio no se finalizó hasta 1943  debido a la Guerra Civil, la nueva normativa obligó a  reducir de 12 a 8 las plantas del edificio.
Imagen actual del antiguo Hispano Americano

En el año  1985, al parecer sin licencia, se realizan comunicaciones en la medianería con el edificio de Alcalá 10 para anexionarlo al Banco Central Hispano.
El edificio destaca por la rejería exterior en estilo art decó y  las vidrieras del techo en el patio de operaciones.
En el año 1991, el Banco Hispano Americano se fusionó con el Banco Central, formando el Banco Central Hispano. Unos años después en 1999, se fusionaron el Banco Central Hispano y el Banco de Santander, que a su vez era propietario del Banco Español de Crédito, con sede en el edificio de la antigua Equitativa. A partir de este momento, todos los edificios pertenecientes a Grupo quedaron unidos por los patios interiores.
Los paseantes habituales por las calles de Madrid, en especial por las calles de Alcalá, Sevilla, Plaza de Canalejas  y Carrera de San Jerónimo habrán podido comprobar los cambios que se están produciendo en la manzana, a excepción de los primeros números de las Calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo, las fachadas del resto de la manzana, se encuentran cubiertas por una protección semi transparente de las utilizadas en las obras pero que permiten contemplar las fachadas de los edificios sujetos a la llamada operación Canalejas que pretende transformar los antiguos edificios dedicados a la banca en un gran centro comercial, viviendas, aparcamientos y un hotel.
Desde la calle de Alcalá podemos contemplar como todo el interior de la edificaciones se han derribado, quedando únicamente en pie las fachadas de los edificios.
En el año 2004, el Banco de Santander, propietario de todos los inmuebles, trasladó los servicios bancarios a su nueva sede financiera en Boadilla del Monte, dejando vacíos los  edificios.
Maqueta del Proyecto Canalejas propiedad de Urban Networks

El promotor inicial, R&A Palace,  compró los edificios en 2006 al Banco de Santander. Pero en el año 2012, el banco de Emilio Botín aprovechó un impago en uno de los plazos para venderle el complejo a Villar Mir. El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid realizaron una modificación puntual del PGOU de la ciudad para permitir la obra, que ya se ha iniciado.
La conocida como Operación Canalejas pretende transformar el conjunto de los seis edificios en un complejo  que albergará un hotel de cinco estrellas de la cadena Four Seasons con 215 habitaciones,  35 pisos de lujo sobre una superficie de 6.000 metros cuadrados y un centro comercial de 16.000 metros cuadrados repartidos en tres plantas.
En la actualidad otoño de 2015, se puede contemplar el derribo del edificio correspondiente al número 6 de la calle Alcalá, para acceder a las obras del interior. Como la fachada está protegida por el Ayuntamiento por su valor histórico-artístico, en principio ha sido desmontada para ser restaurada e instalada nuevamente.
Las fachadas de los 5 edificios restantes, serán respetadas debido al grado de protección del que gozan. 


En el número 3 de la Plaza de Canalejas haciendo esquina con la Carrera de San Jerónimo, se encuentra la llamada Casa de Tomás Allende, que destaca por su magnífico torreón.
El edificio fue mandado construir por Tomás Allende entre los años 1916 y 1920, construido en estilo ecléctico con predominio de la arquitectura santanderina, destaca  por la decoración del torreón a base de  cerámica obra del pintor y ceramista madrileño Daniel Zuloaga, considerado uno de los personajes más influyentes en la  historia de la azulejería urbana en Madrid, con obras que podemos contemplar en el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal ambos en el Retiro o en el Hospital de Maudes.
La obra del edificio fue encargada al arquitecto cántabro Leonardo Recabado, pero a su fallecimiento el 11 de noviembre de 1918, las obras fueron continuadas por los arquitectos, Saiz Martínez y Cabello Maíz.
Detalles del torreón

De la Casa de Tomás Allende, además del torreón destacaremos el balcón del piso superior con  fachada  a la Carrera de San Jerónimo,  realizado en madera a modo de mirador, como en toda  la casa, en  el balcón podemos contemplar las tendencias de la arquitectura cántabra. Por último destacar las rejerías de forja de los balcones.
Creemos necesario realizar un breve recuerdo al promotor del edificio Tomás Juan Allende Alonso. Nació en Burón provincia de León en el año 1848 y muy pronto se trasladó al municipio vizcaíno  de Gallarta. En 1873 contrajo matrimonio en Bilbao con María Allende Plágaro.
Inició  su carrera política en  el año 1876, como diputado a Cortes por la Liga Nacional de Productores, posteriormente ingresa en el Partido Conservador, siendo elegido diputado por Riaño  en el año 1896. Además fue senador por León y por Soria.
Balconada de la Casa de Tomás Allende

Tomás Allende, destacó en  su faceta filantrópica, realizando importantes donaciones para centros de enseñanza y hospitales. Su actividad empresarial se orientó a los sectores de la minería, la industrial, los ferrocarriles o la banca, llegando a reunir una gran fortuna considerada una de las mayores de España.
Tomás Allende, disponía de números inmuebles en Madrid, Soria, León y en Bilbao, donde tenía su residencia en la  Gran Vía. En Madrid disponía de una residencia en la  calle Mayor. La Casa de la Plaza de Canalejas fue construida para dedicarla al alquiler de locales y viviendas.

Uno de los inquilinos más famosos y que ocupaba la planta baja fue el “Banco Credit Lyonnais” que al vender su sede de la Calle Mayor  número 8 al Banco Hispano Americano, se trasladó al edificio de  la Plaza de Canalejas. Por este motivo, a la Casa de Tomás Allende era conocida también como edificio de la “Credit Lyonnais”.


Junto a la Casa de Tomás Allende y haciendo medianería, se encuentra el edificio Meneses, situado en el número 4 de la Plaza de Canalejas y el número 1 de la calle del Príncipe. A los paseantes por la zona nos puede parecer que la fachada situada entre la Carrera de San Jerónimo la Plaza de Canalejas y la calle del Príncipe corresponde a un único edificio, pero si observamos con detenimiento los elementos constructivos son completamente diferentes.

Edificios Allende a la izquierda y Meneses a la derecha


El edificio Meneses, fue construido entre los años 1914 y 1915 por los arquitectos José María Mendoza Ussía y José de Aragón Pradera, con el fin de dedicarlo a  uso comercial, salvo el ático que se destinó a  viviendas.
En el edificio Meneses los arquitectos supieron combinar perfectamente los materiales clásicos con el hierro y el cristal creando  líneas verticales con las semicolumnas gigantes, resultando una falsa sensación de altura, a la que ayuda el templete con cúpula y columnas que remata el edificio.
El precursor de este tipo de edificaciones fue Antonio Palacios Ramilo y que se utilizaría en muchas de las edificaciones de principios de siglo en Madrid.


En el número 6 de la Plaza de Canalejas, haciendo esquina con la Carrera de San Jerónimo y calle de la Cruz, se encuentra el edificio del Marqués de Amboage, destinado a viviendas y construido en los años 1915-1916. El promotor de la edificación fue Fernando Pla y Peñalver, nacido en Madrid el día 30 de Mayo de 1883 y que  heredará el título nobiliario de su padre Ramón Pla y Monje Marques de Amboage. Fernando Pla, llegó a ser diputado en Cortes por el distrito de Ferrol.
Plaza de Canalejas año 1912, antes de la construcción del edificio Amboage

El II Marques de Amboage fue el promotor de importantes edificaciones en Madrid como: La actual Embajada de Italia en la calle Juan Bravo, el edificio Plus Ultra en la Plaza de las Cortes o el edificio que nos ocupa de la Plaza de Canalejas.
Entiendo que por error, algunas fuentes atribuyen la construcción del edificio de la Plaza de Canalejas a Ramón Pla y Monje, Marqués de Amboage, nacido en Ferrol en 1823 y fallecido en Madrid en 1892. Recomendamos leer nuestra entrada de este Blog “Sacramental de San Isidro y sus moradores” para conocer un poco más sobre la vida del primer Marques de Amboage.
Plaza de Canalejas con el edificio del Marques de Amboage en el centro de la imágen

La construcción del edificio en la Plaza de Canalejas fue encargada al arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo, nacido en Valladolid en  1878 y fallecido en Madrid el 3 de marzo de 1932. Asimismo Joaquín Rojí fue también el arquitecto de los edificios de la calle Juan Bravo y Plaza de las Cortes.
Edificio del Marqués de Amboage en la actualidad


En los bajos del edificio del Marqués de Amboage, se encuentra un establecimiento con gran solera y tradición dedicado a la venta de dulces y caramelos, se trata de "La Violetera".
La Violetera con su portada clásica realizada en madera, mantiene su mobiliario original en madera de caoba desde el año 1915 cuando Mariano Gil Fernández perteneciente a familia de pasteleros, tubo la brillante idea de elaborar todo tipo de dulces realizados con esencia de violetas.

En la tienda además de los clásicos caramelos en forma de pétalo de violeta, podemos encontrar otros productos como: Violetas naturales escarchadas en azúcar, frutas glaseadas, bombones, trufas, uvas,  guindas al coñac o chocolate del músico, llamado así por ser el favorito de los músicos, estaba elaborado con nueces, y frutas.

Entre algunos de sus clientes más famosos se encuentran, la reina Victoria Eugenia, Jacinto Benavente o el también escritor y periodista Wenceslao Fernández Flores. En el capítulo de anécdotas se dice que Alfonso XIII compraba las clásicas violetas para su esposa, la reina Victoria Eugenia, y para su amante, la actriz Carmen Ruiz de Moragas.
La Violeta en reconocimiento a su labor, recibió una mención especial como establecimiento tradicional por parte de la Cámara de Comercio de Madrid y es que se encuentra regentada por la tercera generación de la misma familia desde Mariano Gil el fundador, hasta  María Gil en la actualidad.
La Violeta hace unos años abrió un nuevo establecimiento en el número 220 de la calle Serrano.


Una vez endulzado nuestro paladar en La Violeta, continuamos nuestro paseo por la Carrera de San Jerónimo hasta el Teatro Reina Victoria situado en el número 24 de esta emblemática calle haciendo esquina con la calle Echegaray.
El Teatro Reina Victoria,  fue inaugurado el 10 de junio de 1916 por los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. En la puesta de largo del Teatro, se representó el vodevil  “El Capricho de las Damas”. En su dilatada historia ha tenido varios nombres, así durante la II República se llamó Victoria,  en 1936 recibió el nombre del dramaturgo Joaquín Dicenta. Finalizada la Guerra Civil, el Teatro recuperó su primitivo nombre.
Teatro Reina Victoria

El Teatro se levantó en el solar que ocupaba la “Cervecería Inglesa”, espació de tertulias a las que asistían importantes literatos y escritores como: Jacinto Benavente, Benito Pérez Galdós, o Leopoldo Alas “Clarín” entre otros.
La construcción del Teatro se realizó por iniciativa del  empresario José Juan Cadenas que encargó al arquitecto donostiarra José Espelius Anduaga  los planos del edificio. A Espelius, se le atribuye un estilo modernista con influencias del eclecticismo y mezclas de un estilo afrancesado. El edificio comenzó su andadura en Junio de 1915, finalizándose las obras un año después Junio de 1916.
El arquitecto Espelius, creo una  fachada modernista con vidrieras de la casa francesa  “Maumejean” y mosaicos de Talavera, en su interior un vestíbulo flanqueado por dos escaleras, con una  sala en forma de herradura que abraza el escenario. En el techo de la sala destacaba la gran claraboya que permitía su apertura en épocas de calor para ventilar la sala. La sala tiene una capacidad para más de 600 espectadores.
Desde su inauguración, el Teatro ha representado distintos géneros, comenzó representando operetas, pero con el transcurso del tiempo se dedicó a representar zarzuelas y por último terminó por representar comedias.

Cruzando la calle Echegaray en el número 1 y frente al Teatro, se encuentra el magnifico edificio del Hotel Santander, en la actualidad rebautizado con el curioso nombre de "Casual Madrid del Teatro".
El hotel forma parte de un edificio construido a comienzos del Siglo XX. El conjunto arquitectónico y sus frescos, están declarados como monumento integral. 

En el año 1842 desde Jijona y con solo 21 años Luis Mira llega a Madrid con la intención de establecer su negocio en la capital y que mejor que montar una tienda de turrones, producto estrella de su tierra.
El primer negocio de Luis Mira en Madrid, consistió en vender el turrón de su tierra en un puesto situado en la Plaza Mayor, hasta en 1855 consiguió abrir una tienda  en el número 30 de la Carrera de San Jerónimo con el nombre de “Casa Mira” para ofrecer  el mejor turrón  fabricado al estilo tradicional.

Desde su fundación, es el centro donde acuden los clientes más golosos en busca de sus exquisitos productos como: Turrón, glorias de Jijona, polvorones, mazapanes, yemas de nuez, tortas imperiales, fruta escarchada, etc., etc.
Con el tiempo, “Casa Mira” se convirtió en proveedora de la real Casa de Isabel II, de Amadeo de Saboya, de Alfonso XII, de la Regencia de María Cristina y de Alfonso XIII.
En la actualidad, el negocio persiste con el rótulo de "Hijos sucesores de Luis Mira", sexta generación descendientes  por línea directa de  Luis Mira y que actualmente está regentada por su tataranieto Carlos Ibáñez Méndez, que continua elaborando los diversos productos con métodos artesanales.
Luis Mira fue Caballero Tocado del Rey y portador de la Real Orden de Isabel la Católica. Luis Mira obtuvo un Grand Prix en la Exposición Universal de París de 1899.


 En el número 15 de la Carrera de San Jerónimo se encuentra el llamado Palacio del Marqués de Miraflores. Fue mandado construir por Antonio Pando Brigas Arnaiz y Peña para su residencia personal.
Nuestro protagonista fue el primer  conde de Villapaterna y Caballero de Calatrava, el título nobiliario de Villapaterna hace referencia al pueblo valenciano de Paterna, el título fue concedido por el Rey Fernando VI, a favor de Antonio de Pando y Bringas, ministro del Consejo Supremo de Hacienda y de la Real Junta de Abastos.
Antonio Pando encargó la construcción del palacio al gran arquitecto Pedro de Ribera que levantó el edificio entre los años 1731 y 1732. La denominación de Palacio del marqués de Miraflores, procede del año 1817 a raíz de la concesión de este título por el rey Fernando VII al III conde de Villapaterna, Carlos Francisco de Paula de Pando y Álava Dávila.
Fachada principal del Palacio


En el solar comprendido entre las calles Carrera de San Jerónimo y calle de Arlaban, Pedro de Ribera, levanta un edificio con semisótano y tres plantas, la primera con enrejados y las otras dos con balcones. La distribución interior se estructura alrededor de un gran patio central que permite la ventilación y la entrada de luz natural. En la fachada de la Carrera de San Jerónimo, podemos contemplar el zócalo de granito hasta el primer piso y ladrillo visto en el resto de la fachada. Todas las ventanas y balcones van recercadas con granito.
La seña de identidad de Ribera, se plasma en la  puerta principal en estilo barroco con gran profusión de decoración, en la parte superior destaca un balcón coronado por un escudo.
Portada del Palacio del Marques de Miraflores, ultimas décadas del Siglo XX

Será en el año 1920, cuando el arquitecto Eduardo Gambra y Sanz cambie la fisonomía del edificio con el añadido de una nueva planta, se prolongó el edificio hacia la calle de Arlaban y se redistribuyó interior para adaptarlo a las nuevas funciones del mismo. Del palacio original sólo se conserva la fachada de la Carrera de San Jerónimo, a excepción del cuarto piso.
Los descendientes del marques de Miraflores, continuaron viviendo en el edificio hasta el año 1942, fecha en que venden el palacio a la Empresa Atlántica S.A. (Compañía-Hispano Americana de Seguros), para sus oficinas en Madrid.
En estas fechas, la fachada de la calle Arlaban se vuelve a modificar para adaptarla al resto de edificios de la calle.
Placa sobre la fachada principal

En 1976 el palacio es declarado monumento nacional. Posteriormente el edificio fue adquirido por la empresa ATHENA. Entre 1991 y 1995, se realiza una reestructuración  del edificio a cargo de los arquitectos Julián Colmenares y Jorge Alberto Tersse Giani.
En marzo de 1999 el edificio fue adquirido por Mutua Madrileña. En el año 2011, la firma deportiva Nike se instala en parte del edificio de la Mutua para instalar sus oficinas y área comercial.
Actualmente el antiguo palacio también alberga la sede de Casa Asia en Madrid. Casa Asia es un consorcio público fruto de un convenio entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Generalidad de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y el Ayuntamiento de Madrid.
Esta institución fue constituida en Barcelona el 9 de noviembre de 2001 y se enmarca dentro de los objetivos establecidos en el Plan Marco Asia-Pacífico que establecía  las bases de una política de Estado para reforzar la presencia española en la región del Pacífico. En el año 2006 el Ayuntamiento de Madrid se integró en el consorcio Casa Asia y en 2007 se inauguró el Centro Casa Asia-Madrid.



En el número 32 de la  Carrera de San Jerónimo haciendo, esquina con la calle Ventura de la Vega, una placa recuerda que allí se efectuó, la primera proyección cinematográfica en Madrid. Esta primera proyección se realizó el 13 de mayo de 1896, para la prensa e invitados y el 15 de Mayo festividad de San Isidro para el público en general.
El primer pase de cintas de los hermanos Lumiere, tuvo lugar en los bajos del Hotel Rusia en una función organizada para dar a conocer las fotografías animadas a invitados especiales y miembros de la prensa local.
Edificio donde se ubicó el Hotel Rusia, la flecha indica la posición de la placa recordatoria

En la actualidad, el Hotel Rusia ya es historia y en su lugar se han habilitado viviendas y el Centro de Salud de la zona, unas placas conmemorativas nos recuerdan los comienzos del cine y centenario del mismo en la ciudad de Madrid.
El edificio fue construido en el año 1866 y tres años después en 1869, llegó  el Gran Hotel Rusia, considerado uno de los más elegantes de la época
En los bajos del edificio, se encontraba el célebre bazar “Los diamantes americanos”. En el año 1892, el bazar abandono el edificio y Hotel transformó el espacio en un gran salón comedor con los mejores avances de la época como la luz eléctrica.

Alexandre Jean Louis Promio, cámara que trabajaba con los hermanos Lumiere, alquiló el salón del Hotel Rusia para la proyección de las primeras películas en Madrid, evento que como ya hemos indicado tuvo lugar el 13 de Mayo de 1896.

El cinematógrafo Lumiere se mantuvo en los bajos del Hotel Rusia durante bastantes meses, al precio inicial de una peseta la localidad, pero poco después se vieron obligados a reducir el precio de la entrada. 


En la manzana comprendida entre  la Carrera de San Jerónimo,  la calle del Baño (hoy Ventura de la Vega) y calle de Santa Catalina, se levantaba el convento de la Concepción de monjas bernardas, más conocido como el de las monjas de Pinto.
 En el año 1529, los licenciados  Blas Martínez del Peral, y Pedro Alonso Ramos, se gastaron parte de su fortuna para fundar el Monasterio de Religiosas de la Orden de San Bernardo de la villa de Pinto, para acoger a las doncellas que deseaban ser religiosas y no disponían de medios económicos.
El Convento según Pedro Texeira año 1656

Debido a la insalubridad del lugar, las monjas enfermaban constantemente y llegaban a fallecer. En esta situación, se informó al Arzobispo de Toledo de la conveniencia de trasladar el Convento a la ciudad de Madrid, así que de común acuerdo todas las partes, especialmente los Patrones fundadores, el Convento se trasladó  a la Carrera de San Jerónimo en Septiembre de 1588. El nuevo edificio se construyó a iniciativa tanto del Arzobispo de Toledo como del duque de Lerma, que tenía su propio palacio junto al Convento.
Entre los objetos a trasladar, se encontraban tres imágenes de la Virgen, pero se olvidaron de la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, que en la actualidad es la Patrona de Pinto.
El convento de la Carrera de San Jerónimo y su iglesia no destacaban por su monumentalidad, aunque las monjas disponían de una gran huerta y jardín con una extensión de unos  66.779 pies. En el convento se conservó el cuerpo incorrupto de su fundadora, María de la Madre de Dios.
El moderno edificio del Hotel Urban, ocupa en la actualidad el espacio del antiguo Convento

En el capítulo de anécdotas, se dice que el convento,  poseía una imagen de Nuestra Señora de la Misericordia, que llegó procedente del convento de Santo Domingo de Toledo. En principio, la imagen de la Virgen niña permanecía en brazos de su madre Santa Ana pero milagrosamente y en presencia de una monja se bajó de los brazos y se fue a otro lugar del altar.
El Convento llegó a ser tan popular, que este espacio de la Carrera de San Jerónimo se conocía como Barrio de las Monjas de Pinto.
El Convento fue derribado a consecuencia de la desamortización de Mendizábal en 1837 y las monjas se trasladaron al  convento del Sacramento, fundado por el duque de Uceda y situado en la calle del Sacramento.
Interior Hotel Urban


El Hotel Urban, 5 estrellas Gran Lujo se encuentra situado en el centro financiero, político, cultural y comercial de Madrid.
Con un marcado estilo Art Decó, este hotel se ubica en un edificio de arquitectura vanguardista de reciente construcción. Dispone de 96 habitaciones y suites de diseño, salones para reuniones y espacios polivalentes para eventos, piscina exterior, solárium, gimnasio y sauna.
El Hotel dispone de una importante colección de obras de arte distribuidas por todo el hotel y sobre todo en su  Museo de Papúa Nueva Guinea. Todo ello hace del Hotel un lugar mágico. 
Mucho ha cambiado la fisonomía de Madrid desde la fundación del Convento en el año 1588, pero el progreso es imparable y con cierto grado de nostalgia, sigamos recordando la historia de nuestra calle.


Junto al Hotel Urban, se encuentra la Casa de Rivas. En parte del antiguo solar del Convento de las monjas Bernardas y otras parcelas particulares, Francisco de las Rivas, encargó en 1846 al arquitecto José Alejandro y Álvarez la realización de un proyecto para su nueva residencia. El proyecto consistía en un edificio clásico con semisótano, planta baja y tres plantas simétricas tanto en los vanos como en la decoración exterior, recordando las construcciones de los palacios de la arquitectura italiana.
El arquitecto José María Guallart se encargó de llevar a cabo las obras de construcción del edificio introduciendo algunos cambios en el proyecto original, como por ejemplo, la disposición de cariátides (figura femenina esculpida, con función de columna o pilastra) de torso desnudo entre las ventanas del cuerpo superior, despertando la imaginación de la vecindad y desde entonces se conoció popularmente el edificio como “Casa de la Lujuria”.
Edificio Casa de Rivas

El edificio permaneció como residencia de los herederos de Francisco de las Rivas hasta el año 1951 año en que fue vendido al Banco de Crédito Industrial para instalar su sede central.
El arquitecto Cesar de la Torre Trassierra realizo una gran reforma interior en el edificio para adaptarlo a las nuevas necesidades y añadiendo una nueva planta y ático.
En el año 1991 el edificio queda integrado en Argentaria, hasta que en 1998, el edificio es adquirido por el Estado para destinarlo a las nuevas dependencias del Congreso de los Diputados.
Francisco José de las Rivas y Ubieta nació en el pueblo vizcaíno de Gordejuela  en el año 1809 en el seno de una familia humilde formada por Prudencio Rivas y Lambarri y María Agueda Ubieta y Salazar que tuvieron cinco hijos, circunstancia que motivó que Francisco se trasladase a Madrid a la edad de quince años donde vivió con sus tíos que le fueron introduciendo en el mundo comercial.
Detalle de las cariátides sobre la fachada

Francisco fue comerciante de paños en Andalucía, donde se casó con Rosa Urtiaga, hija de Manuel Urtiaga un importante comerciante, de origen vasco, posteriormente se traslada a Madrid y entra en el círculo de amistades de Mendizábal, circunstancia que le permite realizar negocios que incrementar rápidamente su fortuna.
Cambia de actividad convirtiéndose en un importante empresario vitivinícola, adquiriendo terrenos en el pueblo de Santa Cruz de Múdela y entrando en el negocio de las empresas siderúrgicas de su tierra natal.
En el año 1868, la reina Isabel II, le concede el título de Marqués de Múdela, convirtiéndose en Gentil-Hombre de Cámara de S. M, fue condecorado con la gran Cruz y collar de Carlos III y de Isabel la Católica. Francisco de las Rivas fue  senador por la provincia de Ciudad Real.  
El 17 de mayo de 1882, Francisco de las Rivas y Ubieta, marqués de Múdela, se sintió repentinamente indispuesto mientras presenciaba una corrida de toros en Madrid, falleciendo por un ataque de apoplejía.
A su muerte se calcula que su fortuna ascendía a cerca de setenta millones de reales, una de las fortunas más elevadas de la burguesía madrileña.



Frente al convento de las monjas de Pinto, se encontraba el Hospital de los italianos, en concreto en la parcela limitada por las calles Carrera de San Jerónimo, Cedaceros y Sordo (actual calle de Zorrilla).
Imágen actual del cruce de Zorrilla, Cedaceros y San Jerónimo

En nombre correcto del Hospital era Hospital de San Pedro y San Pablo, y fue fundado por los virreyes de Nápoles, Sicilia y Milán hacia 1579. Su misión, era la de asistir a los enfermos pobres de nacionalidad italiana residentes en la Corte. El propio Felipe II, instó a los virreyes italianos para buscar fondos para la construcción del hospital. La construcción del edificio debió finalizar sobre el año 1598, año del fallecimiento de Felipe II.
La construcción del edificio corrió a cargo del sacerdote Camilo Gaetano, Patriarca de Alejandría, era un edificio sencillo con una pequeña capilla a la entrada y una sola nave. A la entrada se encontraban las estatuas de San Pedro y San Pablo.
Hospital de los italianos según Pedro Texeira año 1656

El Hospital tuvo mucha importancia en su época por ser un centro espiritual especialmente durante los reinados de Felipe IV y Carlos II. En el Hospital fue instalada la Escuela de Cristo Nuestro Señor y alrededor del mismo giraba la vida social de la comunidad italiana en Madrid durante cerca de trescientos años.
Debido a su estado de deterioro fue derribado en 1885 y en su lugar se construyeron varios edificios de viviendas. En compensación por el derribo del Hospital, al Nuncio se le entregó la iglesia de San Miguel en el Madrid de los Austrias.

En el año 1988 las viviendas situadas en el solar del antiguo hospital fueron expropiadas para ampliar las dependencias del Congreso de los Diputados.


En nuestro caminar por la Carrera de San Jerónimo y antes de alcanzar el Congreso de los Diputados, haremos un alto en el camino para recordar que junto al Hospital de los Italianos, se encontraba el Palacio del Marqués de Espínola.
Agustín de Spínola Basadone nace en Génova en 1597 y fallece en Sevilla el 12 de febrero de 1649. Su educación se realizó en España, en las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares.
 Espínola, fue obispo de Tortosa, arzobispo de Granada, Santiago de Compostela y  Sevilla. También fue caballero de la Orden de Santiago y Maestro de Cámara del Rey con Felipe IV.
Posteriormente el palacio paso a manos del duque de Hijar y fue derribado en el Siglo XIX para abrir la calle de Floridablanca.
En este punto, vamos a traer a nuestras páginas los comentarios de Ramón Mesonero Romanos relatando aspectos interesantes del Barrio.

“Al costado de la iglesia del Espíritu Santo, hoy palacio del Congreso, estaba la casa de los duques de Híjar, notablemente mejorada con el rompimiento de la nueva calle de Floridablanca, entre ella y dicho palacio, que creemos hizo construir el Marqués de los Balbases, o reformar la que entonces existía, propia del Marqués de Spínola, y antes del caballero D. Carlos Stratta, famoso y opulento comerciante, natural de Génova, aunque avecindado en España, y tan considerado en la corte de Felipe IV, que mereció de él la merced del hábito de Santiago para sí, y para su hijo D. José la encomienda de las casas de Toledo y el título de marqués de Robledo de Chavela.
En su casa se vistió el mismo rey D. Felipe, el domingo 15 de Febrero de 1637, a efecto de salir con todo el tren para la mascarada Real que tuvo en el Buen Retiro, en celebridad de la elevación al imperio de su cuñado el Rey de Hungría; magnífica función, muy señalada en los anales de Madrid y que describiremos en el capítulo del Buen Retiro. Los ostentosos adornos y grandeza con que estaba enriquecida la casa del caballero Stratta; el festín y regalos que tributó al Monarca este-opulento magnate, fueron cosa que ocupa algunas páginas en los anales de esta villa; y de esta solemnísima ocasión databa acaso la señal que ostentó esta casa hasta nuestros días, de una cadena sobre el dintel de la puerta, que también tenían otras casas, como distintivo de haberse aposentado en ellas la persona Real. -Este palacio, vendido hace pocos años, fue derribado, y construida en su solar, por la Sociedad apellidada La Peninsular, una manzana de elegantes casas.
El palacio de los señores duques de Híjar era moderno y digno de tan ilustres personajes, en quienes han venido a reunirse los marquesados de Orani y de San Vicente, los condados de Aranda, Salvatierra, de Rivadeo y otros muchos; mereciendo especial mención en aquélla el suntuoso salón del solio, apellidado de los Tapices, en que todos los años recibe S. E. con gran solemnidad el vestido que llevó S. M. el día de la Epifanía.
Era igualmente notable su lindo teatro, en que se representaron, hasta los primeros años del siglo actual, por las personas más distinguidas de la aristocracia, diversas funciones dramáticas y líricas, algunas de ellas, como la tragedia de Las Troyanas, obra del ilustre duque don Agustín de Silva, a que algunas veces asistieron los mismos monarcas”.
En el Plano de Pedro Texeira de 1654, remarcado en color rojo en la parte superior, se encuentra el Hospital de los Italianos, remarcado en amarillo, el Palacio de Espínola, remarcado en naranja el Convento del Espíritu Santo, remarcada en verde la Casa de la Marquesa del Valle, remarcado en rojo oscuro, el Palacio del Duque de Maceda, remarcado en azul, el Convento de las Monjas de Pinto, remarcado en morado, el Convento de Santa Catalina y remarcado  en marrón, el Convento de San Antonio del Prado
Hemos llegado al Congreso de los Diputados, pero antes de detenernos en este impresionante edificio, volvamos la vista atrás para recordar un poco la historia de este espacio de Madrid.
En este emblemático lugar, se construyó en el año 1594 el convento del Espíritu Santo, de Padres Clérigos Menores, Congregación fundada en Nápoles en el año 1588. En el plano de Pedro Texeira de 1656, aparece el primitivo edificio, que fue reemplazado por uno nuevo construido en el año  1684.
Convento del Espíritu Santo de 1684

El primitivo convento, de Padres Clérigos Menores, fue fundado por el beato Francisco Caraciolo y el Padre José Imperato, quedando bajo la advocación de San José. El edificio se construyó en un solar cedido por el famoso italiano Jacobo Trenci, más conocido como  el Caballero de Gracia, fundador del Oratorio del Caballero de Gracia con fachadas a la calle Caballero de Gracia y a  la Gran Vía.
El historiador vallisoletano Antonio León Pinelo, en su publicación “Los Anales o Historia de Madrid” nos habla de las diferencias que surgieron entre los religiosos y Jacobo Trenci, diferencias que motivaron el traslado de los religiosos a unas casas en la misma Carrera de San Jerónimo propiedad de Magdalena de Guzmán, marquesa del Valle. El traslado se efectuó en enero de 1599.
Convento del Espíritu Santo a partir de 1834, en el grabado podemos observar la estatua de Cervantes

En 1684, la Congregación compró unas propiedades anexas  y se pudo construir un nuevo convento e iglesia dedicados al Espíritu Santo.
En el convento destacaba la iglesia, levantada sobre planta de cruz latina, con crucero y cúpula. La fachada principal estaba formada por un cuerpo central flanqueado por dos torreones. En lo alto del cuerpo central, destacaba un medallón de mármol que representaba a Cristo resucitado.
El convento llegó a ser uno de los edificios más importantes de la Carrera de San Jerónimo debido a las reformas efectuadas por el arquitecto Manuel de la Peña y Padura en 1816 una vez concluida la Guerra de la Independencia para reparar los desperfectos ocasionados durante la contienda. Las reformas afectaron en especial a la fachada de la iglesia, añadiéndole una portada de orden jónico entre las torres.
El convento quedó vacío después de producirse un incendio en 1823, mientras asistía a misa el duque de Angulema, el militar francés que al frente de los cien mil hijos de San Luis acabó con el trienio liberal. Algunas fuentes insinúan que el incendio pudo ser provocado para acabar con la vida del duque de Angulema.
Congreso de los Diputados

El convento permaneció semiderruido hasta que en el año  1834 la Reina Regente María Cristina ordenó que se habilitara la iglesia del convento para acoger la reunión de las Cortes Generales. Para tal efecto, el edificio se modificó por completo, sobre todo la fachada, en donde se construyó un nuevo pórtico de ingreso.
La Comisión de Gobierno interior del Estamento de Próceres nombro una junta de autoridades encargada de la dirección de las obras del edificio, las obras fueron encargadas al arquitecto asturiano Tiburcio Pérez Cuervo. Debido al estado de deterioro de la iglesia del Espíritu Santo fueron derribadas sus dos torres. En su lugar, el arquitecto Pérez Cuervo proyectó una  arquitectura porticada de orden dórico neogriego, destacando un arco de triunfo  descentrado respecto del eje de la iglesia quedando una entrada monumental, con escalinata de acceso vigilada por  dos leones sobre pedestales.
Pese a las mejoras introducidas, en el antiguo templo, en 1837 cuando los progresistas accedieron al poder, entendieron que aquel viejo edificio no reunía las condiciones de seguridad para acoger a la cámara popular, por lo que en las Cortes constituyentes de aquel año decidieron la construcción de uno nuevo sobre el solar del antiguo convento.
Hemiciclo del Congreso

En marzo de 1842 comenzó la demolición del edificio y el 10 de octubre de 1843 la reina Isabel II puso la primera piedra del nuevo palacio del Congreso de los Diputados. Para la construcción del edificio, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando convocó un concurso que fue ganado por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer. El nuevo edificio, fue inaugurado el 31 de octubre de 1850.
A grandes rasgos, se trata de un edificio de trazas clásicas, articulado en torno a una planta rectangular con sótano para las instalaciones generales y tres plantas. En la planta baja se encuentran: El Salón de Sesiones en forma semicircular, sala de conferencias, gabinete de ministros, salas de la presidencia, secciones y comisiones,  archivo y biblioteca.
León guardando la puerta del Congreso

En el exterior, destaca su fachada principal a la Carrera de San Jerónimo, con un pórtico de acceso corintio de seis columnas, rematado por un frontón con relieves del escultor aragonés Ponciano Ponzano, que representan a España abrazando la Constitución. Detrás de las columnas, se encuentran las puertas de acceso fabricadas en bronce y que se abren solamente para la entrada de los reyes o grandes solemnidades. Los leones que flanquean la escalinata de acceso sustituyeron a los leones del arquitecto Tiburcio Pérez Cuervo en el año 1872, siendo construidos también por Ponzano, con el bronce de unos cañones tomados al enemigo después de la Guerra de África de 1859-1860, la fundición se  realizó en la Maestranza de Sevilla en 1866.
Destacaremos en el edificio el Salón de Sesiones, denominado Hemiciclo, con un diámetro de 34 metros cubierto por una bóveda a 50 metros de altura. La bóveda se encuentra decorada con frescos de Carlos Luis de Ribera, pintor de padres españoles pero nacido en Roma y que representan a la reina Isabel II, a Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes y el Cid.
Vieja estampa de la Carrera de San Jerónimo año 1853

En la cabecera del Hemiciclo, se encuentra el escudo nacional y dos estatuas de mármol de Carrara que representan a los Reyes Católicos.

Durante la década de los años 80, las dependencias del Congreso se ampliaron de forma notable. Como ya indicamos en el capítulo dedicado al Hospital de los Italianos, la manzana situada entre las calles: Carrera de San Jerónimo, Zorrilla y Floridablanca fue expropiada para ampliar las dependencias del Congreso de los Diputados. La comunicación entre ambos edificios se realiza mediante una pasarela sobre la calle de Floridablanca. Las nuevas dependencias, están destinadas a los despachos de los diputados, salas de prensa y de conferencias.


La Casa de la Marquesa del Valle, ocupaba una manzana completa situada entre la Carrera de San jerónimo, la calle Jardines, actual (Marqués de cubas), calle del Sordo actual (Zorrilla) y calle Fernanflor, pertenecía  a doña Magdalena de Guzmán, Marquesa del Valle quien en 1624, mandó construir un pasadizo entre su casa y el Convento del Espirítu Santo, como se puede apreciar en el plano de Pedro Texeira. Como hemos indicado en párrafos anteriores, la Marquesa del Valle, cedió unos terrenos a la Congregación del Espíritu Santo en el año 1599.


Caminando y recordando el pasado, hemos alcanzado el Paseo del Prado y en la esquina con la Carrera de San Jerónimo, podemos contemplar el actual Palacio del Duque de Villahermosa (Museo Thyssen-Bornemisza), mucho ha cambiado la fisonomía de esta zona de Madrid y creemos  interesante recordar su evolución.
Los datos que se conocen, datan del año 1663 cuando Diego de la Cerda y Silva, conde de Gálvez, que disponía de unos terrenos en la zona, adquirió terrenos colindantes propiedad de los duques de Maqueda. Durante el Siglo XVIII, los terrenos pasan por distintos propietarios hasta llegar a Alessandro Pico della Mirandola, de origen italiano.
Alessandro se construyó un palacio con un extenso jardín que llegaba hasta la calle del Sordo (actual Zorrilla). La construcción del palacio corrió a cargo del arquitecto Francisco Sánchez que fue discípulo de Ventura Rodríguez y las obras comenzaron en el año 1760.
Vista general del Palacio de Villahermosa

En el año 1771, Alessandro vende la casa a Juan Pablo de Aragón Azlor, XII duque de Villahermosa, diplomático de carrera.
La casa palacio, era de planta rectangular y la distribución de las dependencias se realizaba en torno a tres patios interiores y a tres fachadas que daban, respectivamente, a un jardín lateral, al Paseo del Prado y a la Carrera de San Jerónimo.
En 1783 el duque de Villahermosa, encargó la reforma del edificio a los arquitectos Silvestre Pérez y Manuel Martín Rodríguez, pero la reforma no llegaría a realizarse y el duque fallece en la casa el 18 de Septiembre de 1790.
La viuda del duque relanza la remodelación retomando el proyecto del aragonés Silvestre Pérez, un arquitecto de carácter y formación neoclásica, alumno de Ventura Rodríguez, participando en el proyecto Antonio López Aguado arquitecto del neoclasicismo español, Maestro Mayor de la Villa de Madrid, Intendente honorario de la Provincia, capitán del Cuerpo de Ingenieros y caballero de la Orden de Santiago.
Fachada principal del Palacio de Villahermosa

Las obras comenzaron en el año 1805 y se aprovecharon diversos materiales del antiguo edificio. El resultado final es un edificio con tres niveles y dos puertas de entrada, una entrada por el Paseo del Prado coronada por un frontón triangular con el escudo del ducado de Villahermosa, la puerta de la Carrera de San Jerónimo está formada por dos columnas dóricas y un balcón con balaustrada de piedra.
En las fachadas del nuevo edificio destaca la combinación de materiales como el ladrillo y el granito.
Durante la Guerra de la Independencia el edificio fue saqueado sufriendo enormes destrozos.
Antes del Palacio de Villahermosa.  Siglo XVII

A la muerte de la duquesa en el año 1816, sus herederos alquilaron parte de las dependencias del palacio a personajes ilustres como: El duque de Angulema o  la marquesa de Squilache. El palacio también fue sede del Liceo Artístico y Literario. En 1844, el compositor Franz Liszt, invitado por el Liceo, dio un concierto en el mismo palacio.
Los problemas económicos fueron los causantes de que el palacio permaneciese abandonado durante bastantes años ya en el Siglo XX, hasta que en 1970 la Banca López Quesada adquiere el edificio para transformarlo en su nueva sede. El arquitecto ceutí Fernando Moreno Barberá, realiza una gran reforma en el interior para adaptar el edificio a la entidad financiera, se retiraron columnas, la escalera principal, la capilla y se construyeron tres sótanos.
En el año 1980, el edificio es vendido al Banco de España, que lo cede al Museo del Prado. En 1988, el Ministerio de Cultura estableció un acuerdo con el barón Thyssen para establecer el actual Museo Thyssen-Bornemisza.
En el año 1992, el arquitecto Rafael Moneo, realiza una importante reforma en el interior para adaptar el edificio a sus nuevas funciones de museo. En 1999, el Museo adquiere los inmuebles contiguos con fachadas a la calle Marqués de Cubas pertenecientes a la familia Goyeneche, el primero de ellos mandado construir por el Conde de Guaqui y el segundo por la Duquesa de Goyeneche.
Las obras corrieron a cargo de los arquitectos Manuel Baquero Briz y Francisco Pla Ferrer, quedando finalizadas las mismas en 2004. Junto con el Museo del Prado y el Reina Sofía, el Thyssen, forma el llamado Triángulo del Arte, posiblemente la mayor concentración de obras artísticas en el mundo.

A modo de curiosidad, indicaremos que la fachada  principal del palacio fue siempre la de los jardines del paseo del Prado. Los duques de Villahermosa, nunca pudieron elegir como fachada principal la de la Carrera de San Jerónimo, por encontrarse frente al Palacio de los Duques de Medinaceli, linaje que por su origen real tenía el privilegio de ostentar su escudo sin ninguno enfrente.
Para terminar nuestro recuerdo sobre el paso de los años por el Palacio de Villahermosa, recordaremos las reseñas de Ramón Mesonero Romanos refiriéndose a esta zona de la Carrera de San Jerónimo y al palacio.
En el año 1960, el Palacio se encontraba en situación ruinosa

Es el más importante del nuevo Madrid, desde entonces fue el favorito de las clases más elevadas de la antigua y moderna aristocracia, y viose pronto cubierto de importantes edificios religiosos, de espléndidas casas particulares, algunas verdaderos palacios, que en la serie de los tiempos han desaparecido para dar lugar a otras aun más ostentosas.
Frontero al Palacio de los duques de Lerma se eleva hoy el elegante y moderno de los duques de Villa-Hermosa, suntuosa obra de primeros años de este siglo, construida por orden de la duquesa viuda D.ª María Pignatelli y Gonzaga, bajo los planes y dirección del arquitecto D. Antonio López de Aguado.
Este bello edificio es una de las construcciones más dignas e importantes del moderno Madrid. Su interior es correspondiente a sus elegantes fachadas, distinguiéndose notablemente su grandiosa escalera, la magnífica capilla ducal y el suntuoso salón de bailes, en que estuvo el teatro de la brillante sociedad del Liceo Artístico y Literario, y las principales habitaciones ocupadas por los duques propietarios, y que en 1823 habitó el delfín de Francia, Duque de Angulema, generalísimo del ejército francés.

Antes de la construcción de este palacio, y en la época a que más precisamente se refieren estos paseos, existía en aquel sitio el de los duques de Maceda, y otras casas, entre las cuales una pertenecía al famoso licenciado Gregorio López Madera, y otra a los condes de Atares, de Monterrey, de Fuentes y de Arión, en una  extensión inmensa, que quedó comprendida en el nuevo palacio y su grande y bellísimo jardín al Prado, sus cocheras y accesorios a la calle del Turco. Dentro de esta escuadra, que forma el mismo, está aún en pie una casa antigua y baja, de aquel siglo, perteneciente a los mayorazgos de Porras y Bozmediano, que no sabemos si por corrupción se refieren a los marqueses de Valmediano y de Corres, que hoy poseen y habitan dicha casa. La única que formaba la manzana 270, entre las calles del Turco y del Florín, perteneció en el siglo XVII a la famosa marquesa del Valle, D.ª María de la Cerda, descendiente de Hernán Cortés; luego fue de D. Luis Spínola, conde de Siruela, y posteriormente creemos que recayó en el Duque de San Pedro, que residía en Génova, poseyéndola en su nombre la hermandad del Refugio, por cierta cláusula testamentaria del antecesor. Esta casa fue vendida hace pocos años y reconstruida magníficamente.


Frente al Congreso de los Diputados, estuvo el convento de dominicas de Santa Catalina de Sena. En el plano general de Texeira, lo podemos localizar con el número XXXVI, fundado en 1510 para el cuidado y educación de hijas de familias nobles.
Ocupaba toda la manzana comprendida entre la Carrera de San Jerónimo, y las calles de Santa Catalina y del Prado, por aquella época no existía la Plaza de las Cortes.
El convento de Santa Catalina de Sena, fue fundado por doña Catalina Téllez, camarera de Isabel la Católica en  un edificio situado frente a la Casa del Tesoro, junto a la puerta de Valnadú de la antigua muralla, aproximadamente en la actual calle de Carlos III en la zona de Opera.
En 1574 las monjas se trasladaron a un nuevo edificio situado en la plaza de los Mostenses, donde permanecieron hasta 1610, año en que el Duque de Lerma traslada el convento al antiguo Hospital General de la Carrera de San Jerónimo situado junto a su palacio.
En el año 1808, José Bonaparte, ordena derribar el convento y las monjas nuevamente se ven obligadas a trasladarse, en esta ocasión a la calle Mesón de Paredes (antigua calle de Cabestreros). Se instalan en un edificio propiedad del duque de Medinaceli. En 1966 se construye un nuevo convento en la calle Leonor de Austria. Con el nuevo traslado de las monjas, el edificio de Cabestreros fue derribado en 1973, dando lugar a la plaza de Cabestreros.
Imágen del convento de San Antonio del Prado

Cruzando la calle del Prado, se encontraba el Convento de San Antonio del Prado. El convento aparece en el Plano de Pedro Texeira con el número XXI. El Duque de Lerma cedió en 1606 un terreno junto a su palacio de la Carrera de San Jerónimo para casa profesa de los jesuitas, pero cuando estos se trasladaron a la calle Mayor, en concreto al edificio que luego sería convento de San Felipe Neri, el convento de la calle del Prado, fue ocupado por los capuchinos  de San Antonio del Prado.
Los frailes capuchinos tomaron posesión del convento en el año 1609 quedando el mismo bajo la advocación de San Antonio de Padua.
El convento estaba situado en la calle del Prado, junto a la casa del propio duque, primer patrón del convento. Con posterioridad el patronato pasó a los duques de Medinaceli.
Del edificio destacaba su iglesia, terminada  en 1716 y levantada como la mayoría de las iglesias de la época, sobre planta de cruz latina con crucero y la correspondiente cúpula. En el exterior, destacaba la lonja que daba acceso a la puerta principal mediante una escalinata. En la parte superior de la portada, se encontraba una estatua de San Antonio de Padua con el Niño en brazos.
En la confluencia de las calles San Agustín y el Prado, el duque de Lerma mandó construir un pasadizo que unía el convento de San Antonio del Prado, con el convento de Santa Catalina.
El pasadizo de construyó en el año 1615 de acuerdo con el diseño del Maestro de Obras Gómez de Mora. El pasadizo en forma de arco unía la tribuna que el Duque tenía en el Convento de los Capuchinos, hasta la tribuna que el propio duque poseía en el Convento de Santa Catalina de Sena. Con esta construcción, el Duque podía acceder desde su Palacio a los dos conventos sin necesidad de salir a la calle.
El convento fue desalojado con la desamortización de Mendizábal en 1836, no obstante, la iglesia continuó funcionando hasta su derribo en 1890.
Plano de Texeira 1656. En rojo, convento de Santa Catalina, en amarillo, Convento de San Antonio del Prado, en azul, Palacio de Medinaceli, en verde, Convento de los Trinitarios.

Como ya hemos indicado en párrafos anteriores, el Duque de Lerma construyo su Palacio en la esquina del Prado con la Carrera de San Jerónimo, palacio que podemos considerar “La Joya del Barrio”.
El Palacio del Duque de Lerma posterior de Medinaceli conjuntamente con sus jardines, huertas y dependencias ocupaba una enorme manzana comprendida entre la Carrera de San Jerónimo, el Paseo del Prado y las calles Huertas, Jesús, Cervantes y San Agustín.
Fue mandado construir por el Duque de Lerma en la primera década del Siglo XVII y heredado posteriormente por los Medinaceli, sus descendientes. Las dependencias eran tan numerosas que el Duque de Lerma no necesitaba abastecerse de nada fuera de sus tapias, incluso el pan se elaboraba en las dependencias del mismo Palacio.
Los terrenos sobre los que se levantó el Palacio de Medinaceli, eran conocidos por “Quinta del Prior” y “Huerta del Duque”.
El Prior Don Hernando de Toledo, hijo del Duque de Alba, construyo una residencia en el paseo del Prado que por aquel entonces solo discurría un arroyo que regaba las huertas del lugar.
Palacio de Medinaceli en el Paseo del Prado esquina Carrera de San Jerónimo
La propiedad, conocida como la “Quinta del Prior” fue comprada por Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja, reformando la primitiva residencia y adquiriendo otras propiedades contiguas. A partir de entonces, la propiedad es conocida como la “Huerta del Duque”.
En la finca de los duques, se disponía de un espacio para lidiar toros y en sus amplios jardines se representaban obras de teatro, y como no, en los salones se celebraban bailes a los que solía asistir la realeza. Con el establecimiento de forma permanente de la corona en Madrid, los duques de Lerma fundaron en sus terrenos una comunidad de religiosos jesuitas  en el espacio comprendido por las calles Carrera de San Jerónimo y Prado. La congregación quedó bajo la advocación de San Antonio de Padua, así mismo los duques fundaron otra congregación de religiosos  trinitarios en la calle de Jesús, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Encarnación.
La congregación de los jesuitas tuvo en custodia el cuerpo del abuelo del duque de Lerma, Francisco de Borja, y los religiosos trinitarios custodiaban la imagen del Cristo de Medinaceli. Frente al convento de los jesuitas, el duque de Lerma tuvo tiempo de fundar un tercer convento, el de Santa Catalina de Sena, quedando unidos  ambos conventos por medio de un pasadizo elevado.
Durante la Guerra de la Independencia, el Palacio de Medinaceli, fue incautado por las tropas francesas causando graves destrozos. En el año 1857 la finca de Medinaceli quedo cortada con la  prolongación de la calle Lope de Vega hasta el  Paseo del Prado.
A la muerte del quincuagésimo Duque de Medinaceli en 1873, su viuda se traslada a su nueva residencia del Paseo de Recoletos esquina a la Plaza de Colon. Este palacete, había sido construido en 1870 para el Duque de Uceda, posteriormente fue habitado por el marqués de Salamanca y finalmente pasó e a la duquesa viuda del duque de Medinaceli. El magnífico Palacio de Recoletos, constaba de dos plantas y una superior abuhardillada, las  cubiertas protegidas por pizarra, al estilo francés. Fue construido por el arquitecto puertorriqueño Mariano Andrés Avenoza. Se derribó en los años sesenta del siglo XX y en su solar se construyó en 1970 el denominado Centro Colon.
El Palacio del Paseo del Prado se fue deteriorando siendo vendido a finales del Siglo XIX. Con la desaparición del Palacio, se fue también el convento de San Antonio, transformándose toda la zona con la prolongación de la calle Cervantes hasta el paseo del Prado y la calle de Jesús, hasta la actual Plaza de las Cortes con el nombre de Duque de Medinaceli.
El Prado y  San Jerónimo según Mancelli año 1620

Llegados a este punto, volvemos a recordar a Mesonero Romanos en su libro “El Antiguo Madrid” describiendo el Palacio de Medinaceli.

El Palacio de los duques de Medinaceli, inmenso edificio, que, con sus jardines y dependencias, ocupa una superficie de 244.782 pies. Creemos que fue mandado construir por el opulento duque de Lerma D. Francisco Gómez de Sandoval, siendo marqués de Denia y favorito ya de Felipe III; era además suya, según ya queda expresado, toda la manzana que desde el paseo del Prado llegaba a la calle de San Agustín, y desde la Carrera de San Jerónimo a la calle de las Huertas, en una extensión prodigiosa, que bastó, no sólo a dotar a su palacio de amplias huertas y jardines, picadero y otras oficinas, sino a las dos fundaciones religiosas que ya dijimos hizo antes y después de ser electo cardenal de la S. I. R.; una de la casa profesa de Jesuitas (después convento de San Antonio), donde colocó el cuerpo de su glorioso antecesor San Francisco de Borja, duque de Gandía, y la otra, la de Trinitarios de Jesús; y no satisfecha aún su piedad opulenta con estas fundaciones, de que rodeó su palacio ducal, adquirió el edificio que ocupaba el Hospital General para colocar en él a las monjas de Santa Catalina, estableciendo por medio de un arco sobre la calle del Prado la comunicación de su palacio con la tribuna de esta iglesia.
Este palacio pasó después, por entronque de la familia de los Sandovales con los La Cerdas, a ser propiedad de los duques de Medinaceli, y acaba de ser espléndidamente decorado interior y exteriormente por su ilustre poseedor actual (1860); conserva además gran parte del rico tesoro de su armería, biblioteca y galería de pinturas, con infinidad de objetos preciosos de interés artístico y de utilidad histórica. Con decir que en esta casi regia mansión vivió el poderoso ministro de Felipe III, su fundador, durante su inmenso valimiento, y después, siendo cardenal, queda manifiesta la importancia histórica de este palacio. No fue menor el interés literario de que le revistió después el ilustre duque de Medinaceli D. Antonio de la Cerda, gran protector de los célebres ingenios de aquel brillante siglo XVII, haciéndole servir de teatro, donde en suntuosas fiestas palacianas ostentaban las claras dotes de su ingenio los Lopes y Calderones, Guevaras y Moretos y demás que formaban la pléyade luminosa de nuestra república literaria. Habitando en esta casa el insigne Quevedo fue preso, por una sátira que se le atribuyó, en la noche del 7 de Diciembre de 1639.
A este palacio, en fin, se retiró Felipe V, a la muerte de su primera esposa D.ª María Gabriela de Saboya, en Febrero de 1714, por consejo y disposición de la intrigante y poderosa Princesa de los Ursinos.

      El Palacio de Medinaceli y los conventos desaparecieron y en su lugar hoy podemos contemplar el cambio efectuado en la zona, con edificios grandiosos y la Plaza de las Cortes, con la estatua de Cervantes en el centro de la misma.
En el espacio del desaparecido Convento de Santa Catalina, hoy podemos contemplar el Hotel Villa Real edificado en el siglo XIX, el Hotel, ha sufrido varias transformaciones y actualmente cuenta con 96 habitaciones dobles con balcones y 19 suites dúplex de gran lujo.
Estatua de Cervantes con el Hotel Villa Real al fondo


En el Hotel se puede contemplar una colección de arte y arqueología repartida entre los dormitorios y distintas estancias del hotel. Se exhiben mosaicos de la época romana, cristianos y otros de origen sirio, esculturas romanas de los siglos I y II D.C.  y pintura contemporánea.
En el Hotel Villa Real destaca el Restaurante bar East 47, de estilo pop art neoyorquino,  conocido por su cocina de autor de inspiración mediterránea. El restaurante se encuentra decorado con litografías de Andy Warhol.


En la Plaza de las Cortes, esquina con la calle Duque de Medinaceli, el segundo marqués de Amboage mando construir un edificio de viviendas en el año 1913. El edificio fue proyectado por el arquitecto Joaquín Roji López – Calvo. El edificio, pasó a ser propiedad de la Aseguradora Plus Ultra desde los años 40 del pasado siglo. En la actualidad, el edificio es propiedad de Groupama Seguros.
Edificio Plus Ultra


Del edificio, destacaremos el reloj con carrillón que fue inaugurado el 20 de diciembre de 1993 por la infanta Pilar de Borbón. Está compuesto por  18 campanas de diferentes tamaños instaladas a ambos lados de la esfera del reloj y 5 figuras móviles de la época Goyesca con personajes muy conocidos: Francisco de Goya, El Rey Carlos III, La Duquesa de Alba, el diestro Pedro Romero y la madrileña Manola. Las figuras,  fueron diseñadas por  Antonio Mingote.

Al final de la Carrera de San Jerónimo, se encuentra el que podemos considerar el edificio estrella de la zona, “El Hotel Palace”.
 Hotel se construyó en el solar que dejo el Palacio de Medinaceli, en la esquina entre el Paseo del Prado y la Carrera de San Jerónimo.
En el año 1910, y fruto de los deseos del rey Alfonso XIII para que Madrid pudiera disfrutar de un hotel que estuviera al nivel de la ciudad, se inauguró el Ritz proyectado por el arquitecto francés Charles Mewés.
Las ciento ochenta habitaciones que poseía este nuevo Hotel de lujo junto con las del Gran Hotel de París ubicado en la Puerta del Sol, no eran suficientes para atender la creciente demanda de visitantes que afluía a la capital. La carestía de habitaciones de lujo en Madrid quedó patente años antes, tanto en 1902 durante las celebraciones para la coronación de Alfonso XIII como la de sus esponsales con Elena de Battemberg en 1906. En ambos eventos el esfuerzo por acomodar los visitantes fue una labor bastante complicada.
Hotel Palace

Alfonso XIII aficionado a las carreras de caballos, tiene una entrevista con el empresario hostelero de origen belga, George Marquet, dueño de cadenas de hoteles en la Costa Azul, en este encuentro George es animado por el monarca a construir un Hotel en Madrid.
La obra se llevó a cabo en el solar de forma trapezoidal y de seis mil metros cuadrados. La inversión inicial prevista era de quince millones de pesetas. Eduardo Ferrés es un arquitecto experimentado que posee numerosas obras en España y Portugal, contó para su diseño con los ingenieros de la empresa de Marquet: Leopold Ghende y Max Linder. Una de las primeras actuaciones fue la realización de un basamento que soportara el desnivel existente entre la calle Medinaceli y la Plaza de Cánovas del Castillo.
El 9 de Marzo de 1911 dieron comienzo las obras de vaciado, el 9 de julio de 1911 se colocó la primera piedra culminando el proceso de edificación el 12 de Septiembre de 1912, fecha en la que se inauguró.
La edificación contaba desde sus inicios de una gran complejidad debido a la necesidad de instalar ascensores, servicios sanitarios para los numerosos cuartos de baño, conducciones de agua caliente, etc.
Construcción del Hotel Palace

Otra de las innovaciones que incorporaba el nuevo hotel era disponer de servicio de inodoros en cada habitación.
Esta innovación superaba en calidad al Ritz que desde sus inicios compartía este servicio entre varias habitaciones
El edificio con sus cuatrocientas habitaciones empleó el novedoso material constructivo denominado, "hormigón armado", siendo erigido en un periodo de dieciocho meses, abriendo sus puertas al público el 12 de septiembre de 1912.

Este hotel tenía como innovación la presencia de teléfono e interfono con la administración del Hotel en cada una de sus habitaciones.

En la Plaza de las Cortes, podemos contemplar una estatua de Miguel de Cervantes, colocada en 1835 y costeada por el comisario de Cruzada Manuel Fernández Varela.
En el jardín central de la plaza existían dos grandes eucaliptos que fueron derribados por un ciclón de 1886.
En 2005 siendo alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón, se solicita al equipo de arquitectos Siza Hernández de León y Riaño Rueda y Terán que trabajen en el proyecto de remodelación de la Plaza de las Cortes.
Estatua de Cervantes en su primitivo emplazamiento

Las obras duran varios años y finalizan  en 2011. Durante las obras, fue necesario mover la estatua de Cervantes. El 5 de diciembre de 2009 unos operarios en la operación de desmontaje de la estatua encontraron una cápsula del tiempo, consistente en una caja de plomo con distintas piezas de la vida de Cervantes.
Tras la remodelación de la plaza, la ubicación de la estatua se modifica y se coloca en el centro de la plaza, anteriormente se encontraba más cercana al edificio del Hotel Villa Real.
En Diciembre de 2009, se abrió la caja del tiempo, dentro de la caja se encontraban depositados: Cuatro tomos de El Quijote del año 1819, monedas y retratos de Isabel II entre otras personalidades de la época, un libro de la vida de Cervantes y otras publicaciones, textos legislativos, manuscritos, y varios paquetes con objetos aún sin identificar.

Los hallazgos restaurados se custodian actualmente en el Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares.
La primitiva idea de levantar una estatua a Miguel de Cervantes  se debe a José Bonaparte que ordenó su construcción mediante  decreto en 1810.
La realización de la obra fue ganada en concurso público por el escultor Antonio Solá, nacido en Barcelona en 1780 y fallecido en Roma en 1861.
El pedestal original de Solá sobre el que descansaba la estatua, fue rechazado y en su lugar  el arquitecto Isidro González Velázquez, diseño un nuevo pedestal. Los relieves laterales fueron obra de Francisco Piquer con temas relativos a Don Quijote y Sancho.
La estatua fue inaugurada en el año 1833 en la Plaza del Conde de Barajas, en recuerdo al Comisario general de Cruzada, Manuel Fernández Varela que tenía allí su palacio. Será en 1835, cuando la estatua se traslade a la Plaza de las Cortes.

Hemos llegado al final de nuestro recorrido, pero os animamos a conocer un poco más  la historia de la zona visitando nuestras entradas con los títulos de Plaza de Neptuno y edificios desaparecidos (Palacio de Medinaceli). 





4 comentarios:

  1. En la entrada del Viernes 4 de enero de 2013 titulada PLAZAS CASTIZAS DE MADRID presentó una foto del mercado de la Cebada que en el pie de foto fecha en 1914, en la que se ve mucha gente corriendo hacia el interior.
    Esta foto me ha causado gran curiosidad ¿Sabe cual es el motivo por el que corren? o tal vez sea de otra fecha por ejemplo de la Guerra Civil y existiera un refugio.
    Gracias por la información que ofrece y si tiene a bien sacarme de dudas se lo agradecería doblemente.
    jgarc16@yahoo.es

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  2. Este Blog es un tesoro. No sé quién es el autor, pero hace un trabajo extraordinario. Lo seguiré muy de cerca. La información es interesantísima. ¡Gracias por el trabajo que hace!

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  3. Muy de acuerdo; esto no es un blog, es una tesis doctoral!! Gracias por el impresionante (y exhaustivo) trabajo.

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  4. Felicidades Pepe por el blog. Información veraz, completa y buenas fotografías. Me gusta y lo veo muy útil, así que acabo de enlazar tu blog en el mío: Madrid con Encanto. Espero que te guste. Un saludo:
    Maribel

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