jueves, 25 de julio de 2013

EDIFICIOS DESAPARECIDOS DE MADRID (PALACIO DE MONTELEÓN)


Continuando con nuestros recuerdos para los edificios  desaparecidos del viejo Madrid, queremos hacer un alto en el Palacio de Monteleón, pero inevitablemente cuando oímos o pronunciamos la palabra “Monteleón”,  nos vienen a la memoria los hechos acaecidos el 2 de Mayo de 1808 en la lucha desigual contra el ejército francés.
Antes de convertirse en Cuartel de Artillería, Monteleón era un palacio señorial construido en una finca de gran extensión.
Cuando nuestros antepasados entraban en Madrid por la Puerta de Fuencarral, lo primero que podían observar era el Palacio de Monteleón una de la primeras residencias de campo situada en el del Barrio de Maravillas.
Sobre el Plano de Texeira de 1656, señalado en naranja el primitivo Palacio, en color verde la Iglesia-Convento de las Maravillas y en rojo, los límites aproximados que llegó a tener Monteleón

Tal como podemos comprobar en el plano de Pedro Texeira de 1656, en la zona ya existía el Palacio aunque de dimensiones más reducidas y las crónicas de la época relataban la emboscada sufrida por Enrique IV que le ocasionó graves heridas, hechos que ocurrieron en las cercanías del convento de Maravillas y de Monteleón halla por el año 1639.
Pintura de la fachada del Palacio de Valentín Carderera, año 1850

Con el transcurrir de los años la finca de Monteleón va adquiriendo propiedades colindantes y ya en el año 1690 se anexiona terrenos públicos fuera de la cerca de Felipe IV construida en 1625. La finca había crecido tanto que sus propietarios deciden derribar el viejo Palacio para construir uno nuevo y utilizarlo ya no como finca de recreo, sino como residencia habitual.
Para que nos hagamos una idea aproximada de la extensión de los terrenos de Monteleón, sus límites los marcaban las actuales calles de San Bernardo, Carranza, San Andrés, Plaza del Dos de Mayo y Calle de Daoiz. Según datos aportados por Ramón Mesonero Romanos, la finca tenía no menos de 617.248 pies, equivalentes a unos  54.000 metros cuadrados.
Maqueta de León Gil de 1830. Señalizado en color azul la Finca de Monteleón, en color morado la Iglesia-Convento de las Maravillas, en color rojo la Iglesia de Moserrat, en color verde la Iglesia de las Comendadoras y en color amarillo la Puerta de Fuencarral.

¿Pero quiénes eran los propietarios de esta finca palaciega? Los primeros propietarios  del palacio fueron los Duques de Monteleón muy relacionados con el rey Carlos II. Los duques de Monteleón gozaban de otra serie de títulos nobiliarios adquiridos por matrimonio y herencias.
Nuestros personajes eran descendientes de Hernán Cortes, por cuyo motivo heredaron el título de marqueses del Valle de Oaxaca y duques de Terranova. Asimismo, como herederos de la familia de Gonzalo Fernández de Córdoba, adquirieron el título de marqueses de Montalbán.
Defensa de Monteleón de Joaquín Sorolla año 1884

A toda esta serie de títulos nobiliarios, tenemos que sumar que la duquesa de Monteleón fue camarera mayor de la reina María Luisa de Orleáns, primera esposa de Carlos II y de la reina Isabel de Farnesio esposa de Felipe V. La cercanía de esta familia a la corona propicia que en el Palacio residieran familias de la aristocracia de aquellos tiempos, la reina Isabel de Farnesio y sus hijos Luis y María Antonia, residieron en el Palacio a la muerte de Felipe V.
No se tiene constancia exacta del periodo en que fue construido el nuevo Palacio, calculándose al final del Siglo XVII, tampoco se dispone de documentos para poder conocer en detalle el esplendor que lo rodeaba. Todo lo que sabemos es por cronistas de la época como Mesonero Romanos que conoció el Palacio cuando este se había convertido en Parque de Artillería.
Año 1869, señalizado en rojo, la Iglesia y Convento de las Maravillas,  en azul las ruinas del Palacio, en amarillo el arco de entrada al Palacio, en naranja la cúpula de las Comendadoras y en verde la Iglesia de Monserrat

También la escritora y baronesa francesa, Marie-Catherine le Jumelle de Barneville nos relata en sus escritos aspectos del Palacio.
Pero quizás la baronesa  D’Aulnoy escritora francesa es la que mejor nos describe la suntuosidad del Palacio en el que se supone que estuvo hospedada. En sus narraciones recogidas en “Memorias de la Corte española”, describe el lujo en la decoración de las estancias con sus magníficos frescos pintados en los techos, los tapices, alfombras, bordados, braseros de plata, muebles y vitrinas y todo tipo de objetos realizados en ámbar, porcelana, cristal de roca, coral, nácar y un largo etc.
Año 1869, ruinas de Monteleón, a la derecha podemos contemplar la chimenea de la fundición

El  Palacio edificado en tres alturas, disponía de edificios auxiliares, una extensa huerta y un vello jardín al que no le faltaba la correspondiente decoración como: Una  fuente de mármol con tres nereidas, sobre las que aparecía una figura sosteniendo las armas de la casa de Monteleón, en el jardín también destacaba una  estatua de Neptuno, pero la joya del Palacio era la espléndida escalera que algunos la comparaban con la del Real Sitio del Escorial.
Plaza del Dos de Mayo con el Arco en primer término y la Iglesia de las Maravillas al fondo

Mesonero Romanos en su obra El Antiguo Madrid, nos describe aspectos del Palacio de Monteleón: “El Palacio quedó muy maltratado en un horroroso incendio ocurrido en 1723; debió ser, por los restos que aun hemos alcanzado, un edificio de la primera importancia. Distinguíase, a lo que parece, por su magnífica escalera, pintada al fresco por Bartolomé Pérez, famoso artista, yerno de Juan de Arellano en 1695 (que por cierto murió en esta operación, cayendo desde un elevado andamio), por sus extendidos y magníficos salones, decorados con el mayor gusto cuando le habitaba la famosa Duquesa de Terranova, camarera mayor de la reina doña María Luisa de Orleans”.
Vista general de la Plaza del Dos de Mayo

Los daños ocasionados por el incendio, se supone que poco tiempo  después serán restaurados, ya que al año siguiente 1724, estuvieron alojados durante  una temporada Felipe V y su mujer Isabel de Farnesio. Como ya hemos comentado en párrafos anteriores, en 1746, a la muerte de Felipe V, Isabel con sus hijos menores vivirán en el Palacio durante trece años.
El Palacio, continua siendo residencia de los duques de Monteleón, hasta que en 1803, por Real Decreto a petición de Manuel Godoy, se crea el Real Museo Militar, que se instala en los terrenos del Palacio, abriendo sus puertas en 1805.
Placas recordando los sucesos del Dos de Mayo

Los descendientes del Ducado de Monteleón, traspasaron la propiedad de la finca al Estado. Como quiera, que la finca tenía unas dimensiones muy considerables, se creó un Parque de Artillería y un almacén de armas y munición.
El Dos de Mayo de 1808 pasará a la historia el nombre de Monteleón por la lucha de los madrileños contra el ejército francés. Es en este Cuartel, donde los capitanes de artillería Daoiz y Velarde, a los que se suma el teniente Ruiz, arman al pueblo de Madrid para luchar contra el ejército invasor.
Inauguración de la Plaza del Dos de Mayo, año 1869

Todos conocemos como se sucedieron los acontecimientos que acabaron con la vida de muchos madrileños incluidos Daoiz y Velarde en la defensa del Parque de Artillería.
Muchos han sido los artistas que han querido reflejar en los lienzos los hechos ocurridos en el Parque el Dos de Mayo y que nos dan una idea del horror vivido en esas fechas.
El Parque de Monteleón quedo muy dañado a consecuencia de los proyectiles de los franceses, quedando en estado de semiabandono durante la ocupación francesa y siendo saqueados todos sus objetos de valor.
Plaza del Dos de Mayo año 1940

Con el fin de la guerra en 1814, se intenta recuperar el Real Museo a través de un Real Decreto de 14 de Septiembre.
A pesar de las buenas intenciones y los esfuerzos por conservar los restos del antiguo Palacio como sede museística, es tal el estado de deterioro, que después de una visita  de Fernando VII en mayo  de 1814, se confirma su estado ruinoso  y  por Real Orden de 8 de marzo de 1816, el Museo se traslada al Palacio de Buenavista.
Daoiz y Velarde en el Parque del Retiro desde 1946 hasta 1950

En el año 1844, toda la finca es adquirida por el empresario catalán, José Safont, para instalar una fábrica de maquinaria y fundición, en la que se comienza la fabricación de algunas de las primeras máquinas  de vapor que se hicieron en España.
Será a finales de la década de los 60, cuando la fábrica es vendida por sus propietarios, donando el arco de entrada al Ayuntamiento.
Daoiz y Velarde en el Museo del Prado años 1879-1901

La llegada a la capital de gentes para trabajar en la nueva industria, obliga al traslado de las industrias a lugares más apartados de la cuidad, para evitar los problemas propios de las nuevas industrias, dejando espacio para desarrollos urbanísticos.
Con la llegada del Sexenio Revolucionario entre los años (1868-1874) y la elección del nuevo regidor de la villa de Madrid, se inician una serie de reformas urbanísticas a cargo de Angel Fernández de los Ríos.
Algunos grupos vecinales, se preocupan por el inminente derribo de los restos de Monteleón,  y dirigen sus peticiones al consistorio municipal para que se respete en lo posible los restos del Cuartel de Artillería, símbolo y gloria de una época en la vida de los madrileños.
Daoiz y Velarde en la Moncloa entre los años 1902-1932

El Consistorio atiende la petición ciudadana y se realiza el estudio para conservar el arco de entrada, adquiriendo los terrenos anexos para conservar como Monumento histórico el Arco de entrada del antiguo Palacio de Monteleón.
Fernández de los Ríos realiza un estudio sobre el estado de Monteleón, destacando el montón de escombros en que se ha convertido el Palacio, un Arco de entrada vandalizado y aprisionado por el convento de las Maravillas que Fernando VII había mandado reconstruir. En sus conclusiones, Fernández de los Ríos, propone: Derribar el convento, restaurar el Arco, colocándolo en una nueva plaza ajardinada para recordar los hechos del Dos de Mayo.
En abril de 1869, se iniciaron las obras de demolición del Palacio y tapias de la finca. Finalizada la  remodelación de la zona, la misma quedo formada por  una plaza, a la que se denominó  del Dos de Mayo,  se prolongaron calles y  se abrieron otras como la de Monteleón, Teniente Ruiz, Manuela Malasaña o Galería de Robles.
Monumento del Dos de Mayo en la actualidad

Las obras se llevaron a cabo con gran celeridad, permitiendo que el Dos de Mayo de ese mismo año, se inaugurase el monumento en recuerdo de los madrileños que vivieron las tristes jornadas de la Guerra de la Independencia. El regidor de la Villa  Manuel Becerra en presencia de autoridades políticas y militares, colocó una corona de laurel en la parte central del Arco con el siguiente texto: “El Ayuntamiento Popular de Madrid a los Héroes del 2 de Mayo 1808”.
Detengámonos brevemente en las características del monumento compuesto por un solo vano formado por un arco carpanel enrejado y realizado en ladrillo sobre un zócalo de granito. Para protegerlo de las inclemencias meteorológicas, la estructura queda cubierta por un tejadillo de ladrillo a cuatro aguas.
Estampa de los héroes del Dos de Mayo de Paolo Guglielmi año 1830

Como el tiempo no perdona, fue necesario realizar operaciones de conservación a lo largo de los años, así en 1888, se realizaron obras de conservación,  en 1904, a punto de cumplirse los cien años de la Guerra de la Independencia, se realiza una profunda restauración consistente en:  La reparación de las llagas de los ladrillos, asentamiento con cemento del zócalo de piedra berroqueña, rasgado y limpieza de los enfoscados por encima del zócalo de piedra, reparación del tejadillos y reparación y pintura de las cornisas, modillones y cercos de hierro.
En el año 1943, se realizó una completa obra de restauración, existiendo dudas de si realmente se restauró o se construyó un nuevo arco debido al mal estado de conservación. En el año 1997 se llevó a cabo la última reforma de la Plaza y del Arco, quedando como las podemos contemplar en la actualidad.
Plaza del Dos de Mayo y la Iglesia de las Maravillas al fondo

Cuando visitamos la Plaza del Dos de Mayo, delante del Arco, podemos contemplar las estatuas (por cierto habitualmente vandalizadas) de los héroes del Dos de Mayo, los capitanes de artillería  Daoiz y Velarde.
A iniciativa del rey Fernando VII, se encarga al escultor Antonio Solá la realización del monumento. La escultura se modeló en yeso en 1820 para presentársela al monarca y a la corporación municipal, la escultura representa a los dos militares en pie, cogidos de  la mano rememorando con este gesto su juramento patriótico. En la presentación, Antonio Solá remitió una carta con los gastos que llevaría ejecutar la obra:  2.700 duros, para una escultura realizada con materiales modestos y 3.000 duros con materiales de mejor calidad. Como el Consistorio no tenía presupuesto, la ejecución de la obra se fue retrasando, hasta que un artillero compañero de Velarde, lleva a cabo un campaña entre el  Cuerpo de Artillería para sufragar los gastos de la escultura.
Placa del Circulo de Bellas Artes en la Plaza del Dos de Mayo

En 1827, Antonio Solá, recibe  autorización real para esculpir el grupo en mármol de carrara firmándose la finalización de la obra en el año 1830. La obra realizada en Roma, llega a puerto de Alicante en 1831 y posteriormente es instalada en el Real Museo de Pinturas, que en el futuro se transformará en el  Museo del Prado donde permanecerá provisionalmente durante algunos años.
En el año 1846 la reina Isabel II ordena el traslado de la escultura al Parterre del Real Sitio del Buen Retiro. Pocos años después, en 1850, la escultura regresa de nuevo al Real Museo de Pinturas.
Será ya en el año  1869 cuando a propuesta de Fernández de los Ríos, la escultura es trasladada al barrio donde lucharon y murieron los dos capitanes de artillería en su lucha contra los franceses. En concreto el monumento se instaló en la calle de Carranza en la confluencia con la calle Ruiz.
Estatua de Jacinto Ruiz en la Plaza del Rey

En el año 1875, y debido a los continuos actos vandálicos, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando solicita su traslado al Museo para protegerla de las inclemencias atmosféricas y del vandalismo.
A pesar del rechazo del traslado por parte de los vecinos de la zona, en 1879 la escultura es trasladada  al Museo situándose en el exterior junto a la puerta  principal donde permaneció hasta 1901.
Un año después la escultura viajera tiene un nuevo emplazamiento en los terrenos de la Moncloa.
Por fin el viaje llega a su fin y así el 2 de mayo de 1932, la escultura queda instalada  en la Plaza del Dos de Mayo junto al Arco de Monteleón y allí permanecera hasta nuestros días, pero por desgracia no se libra de los continuos actos vandálicos.
Más de uno de vosotros se habrá preguntado que paso con el Teniente Ruiz, ¿es que no merecía también un reconocimiento del pueblo de Madrid?
El Teniente Ruiz, falleció a consecuencia de las heridas recibidas un año después en la ciudad de Trujillo, y tiene su propio monumento en la Plaza del Rey. Si estáis interesados en conocer algún detalle más de su relación con los hechos del Dos de Mayo, os remitimos a nuestra entrada con el título de “La Casa de las Siete Chimeneas”.
Como final de nuestro recuerdo al primitivo Palacio y posterior Parque de Artillería, recomendamos realizar una visita a los museos del Romanticismo y de la Historia para poder contemplar cuadros y fotografías de la historia de Monteleón. Especial atención merece la maqueta de Madrid realizada por León Gil en 1830 y que se encuentra expuesta en el Museo de la Historia en el antiguo Hospicio de San Fernando. 

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