sábado, 27 de abril de 2013

EL MADRID DE PEDRO DE RIBERA



Ermita de la Virgen del Puerto, Cuartel del Conde-Duque o de Guardias de Corps, Puente de Toledo, Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, Real Hospicio del Ave María y San Fernando, Palacio de Santoña, Palacio del Marqués de Perales, Iglesia de San Cayetano y un largo número de edificaciones, todas tienen un denominador común, Pedro de Ribera.
Pretendemos conocer un poco más la historia de este gran arquitecto y como no, su obra más emblemática, realizada casi toda ella en la ciudad de Madrid.
Antes de realizar un recorrido por las obras de Pedro de Ribera, creemos oportuno conocer algunos aspectos de la vida de este insigne arquitecto.
Nuestro personaje, nace en Madrid el 4 de agosto de 1681, falleciendo en la misma ciudad  en el año 1742.
Ribera, nació en pleno Madrid castizo, en la calle del Oso en el Barrio de Lavapiés, donde vivían sus padres  Juan de Ribera y Josefa Pérez.


El barrio de Pedro de Ribera según el plano de Pedro Texeira de 1656, señalado en rojo el antiguo Convento de Nuestra Señora del Favor futuro San Cayetano
El padre procedía de Aragón y se vino a Madrid a ejercer su profesión de carpintero. A pesar del ambiente humilde de su familia, Pedro de Ribera rápidamente aprendió el oficio al relacionarse con maestros de obras y arquitectos.
A la edad de 21 años, se casa con Juana Verdugo de familia acomodada y comienzan a vivir en la calle de San Cayetano. Poco tiempo después se alistó  en el ejército de Felipe V como jornalero en las Obras Reales. El oficio de su padre le sirvió para trabajar como carpintero encargado  de levantar las tiendas de madera en la campaña contra Portugal, obteniendo el cargo de “Maestro de Tiendas de Madera de Campaña de la Real Caballeriza”.
Trabajó junto a Teodoro Ardemans y José Benito de Churriguera de los que se considera discípulo, formando los tres  el grupo de arquitectos representantes del llamado Barroco Castizo.

El primer rey Borbón Felipe V y su mujer Isabel de Farnesio no eran partidarios de la arquitectura hispana de aquel momento, relegando en cierta medida a los arquitectos españoles de las obras reales, decantándose por el estilo clasicista que comenzaba a imperar en Italia y Francia. En las obras reales como el Palacio de la Granja o el Palacio Real de Madrid intervienen diferentes arquitectos italianos, como Sacchetti  y Felipe Juvara, los jardines de la Granja, fueron diseñados por el francés René Carlier.
En el año 1711 con  treinta años cumplidos, Ribera se casa por segunda vez, con Juana Úrsula Voiturier que aporto una buena dote al matrimonio. Los nuevos esposos se fueron a vivir a la calle Mesón de Paredes  junto a la Fuente de Cabestreros.
En el éxito de Pedro de Ribera en el campo de la arquitectura, mucho tuvo que ver Francisco de Salcedo y Aguirre, más conocido en nuestros días como Marqués de Vadillo. En el año 1715, el rey Felipe V nombra al Marques Corregidor de Madrid, y este hecho añadido  a que Ribera había conseguido el  título de Alarife de la Villa permiten a nuestro arquitecto llevar a cabo sus obras más importantes gracias al apoyo del Corregidor. El Marqués de Vadillo y Pedro de Ribera, entablaron una buena amistad, asignándole obras arquitectónicas para la ciudad. La  colaboración de ambos se mantuvo hasta la muerte del Marqués en 1729, siendo enterrado en la ermita de la Virgen del Puerto, en un sepulcro obra de su gran amigo Ribera.
Calle del Oso y San Cayetano

Ribera, es nombrado halla por 1718 ayudante de Teodoro Ardemans, que por aquella época era el Maestro Mayor de las Obras y fuentes de Madrid, sucediéndole en el cargo a la muerte de Ardemans. La posición de Ribera en estos años  le permitió entrar en las obras de la Corte, y todo a pesar como ya hemos indicado de la preferencia del rey Felipe V por el estilo de los arquitectos extranjeros que trabajaban en Madrid en estas mismas fechas.
El  cargo municipal de Maestro Mayor de Obras y Fuentes de la Villa y sus Viajes de Agua  lo alcanzó Ribera en el año 1726 con el fallecimiento de Teodoro Ardemans. Con 45 años falleció su esposa y nuevamente se volvió a casar en el año 1734 con Francisca Vallejo.
Los cronistas de la época, fueron muy críticos con Ribera. Fernández de los Ríos, refiriéndose a la Fuente de la Fama utilizó la siguiente expresión:  “parecía dibujar los monumentos apretando un borrón de tinta entre dos papeles”
La relación de Ribera con San Cayetano siempre fue muy estrecha, tanto él como sus padres pertenecían a la Congregación de Nuestra Señora de la  Pureza  y el Santo Cristo de la Divina Providencia. Esta Congregación tuvo un importante papel en la construcción del nuevo templo. El propio Ribera  participó en la construcción del templo, como arquitecto y aportando su propio dinero. En San Cayetano tomaron el hábito religioso tres de sus hijos, fueron enterrados sus padres, sus dos últimas esposas y su hermana Matea.
Casa de Ribera en el número 26 de la calle Embajadores

Como hemos indicado, Ribera siempre vivió en el barrio, llegando a ser  dueño de varios edificios en Madrid, su casa principal la construyó en la calle Embajadores nº 26, frente a San Cayetano.
A Pedro de Ribera, se le considera  un arquitecto autodidacta, que consiguió crear un estilo propio y cuyas obras podemos admirar en nuestros paseos por Madrid. Pedro de Ribera, falleció en Madrid el 19 de octubre de 1742. Fue enterrado en su barrio de toda la vida, en la iglesia de San Cayetano.
Ahora que conocemos una serie de datos de la vida de Pedro de Ribera, es el momento de pasear por Madrid buscando algunas de sus obras. Comenzaremos nuestra andadura en el Puente de Toledo,  una  de las obras de Pedro de Ribera.
De estilo barroco con detalles churriguerescos fue construido entre los años 1718 y 1732 para unir las dos orillas del Manzanares enlazando las glorietas de Pirámides y Marqués de Vadillo.
Puente de Toledo en la mitad del Siglo XIX


En el Siglo XVII, el rey Felipe IV ordena la construcción de un puente para enlazar Madrid con el camino de Toledo, salvando de esta forma el río Manzanares. El  proyecto corrió a cargo de Juan Gómez de Mora siendo construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660. Aunque parezca mentira, las aguas del Manzanares derribaron el puente unos años más tarde.
Puente de Toledo año 2013

En el año 1671, se proyecta un nuevo puente que se termina de construir en el año 1680. Pero de nuevo las crecidas del río volvieron a derribar el puente. Por tercera vez, se procede a levantar un nuevo puente cuyas obras corren a cargo de José del Olmo y José de Arroyo. En el año 1684, el Maestro Mayor de las Obras y Fuentes de Madrid Teodoro Ardemans, se hizo cargo de las obras respetando los proyectos originales.
Con Felipe V reinando en España y siendo corregidor de la Villa, Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, se encarga a Pedro de Ribera la construcción de un nuevo puente en el año 1715. El proyecto quedo paralizado hasta el año 1719 fecha en que se reanudaron las obras y que finalizaron en el año 1732.
Año 1860, vieja estampa del puente de Toledo

El puente, está construido con sillares de granito, con una  parte central compuesta por nueve arcos de medio punto  sostenidos por gruesos pilares con contrafuertes y tajamares.
En cada extremo del puente se extienden sendas rampas que enlazan con cada una de las orillas. En la orilla correspondiente a la glorieta de Pirámides existen otras dos rampas que antiguamente daban acceso a los lavaderos y huertas situados en la orilla del río. Ribera, diseño dos fuentes en la zona correspondiente a la Glorieta de Pirámides y en el Siglo XIX, el arquitecto Francisco Javier de Mariategui levantó dos obeliscos.
Puente de Toledo año 2013

En la parte central del puente se sitúan dos hornacinas o templetes adornados con elementos en estilo churrigueresco y que contienen las estatuas realizadas en piedra caliza de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, realizadas en 1723 por el escultor Juan Alonso Villabrille y Ron con la ayuda de Luis Salvador Carmona.
La decoración barroca empleada por Ribera se concentra especialmente en los templetes centrales. Podemos observar la ornamentación compuesta por: Querubines, vasos y jarrones, volutas de diversos tamaños revestidas de hojas de acanto, guirnaldas florales y otros adornos.
Año 1864, fuente junto al Puente de Toledo

Con el paso de los años y el tráfico soportado ya en el Siglo XX, el puente pese a la calidad de su construcción comenzó a sufrir deterioros, lo que obligó a las autoridades municipales a tomar medidas de protección. Ya en el año 1952 el ingeniero de caminos Carlos Fernández Casado, gran conocedor de los puentes, elaboró un proyecto para la construcción de dos puentes alternativos con el fin de eliminar el paso rodado por el puente de Toledo, pero el proyecto no se llegó a ejecutar.
Puente de Toledo año 1906

En 1956 el puente es declarado Monumento Histórico Artístico. En el año 1972 con la construcción de la vía de circunvalación M-30, se retomó la vieja idea de la construcción de los dos puentes alternativos. La canalización del Manzanares mejoró sustancialmente el aspecto del puente, no obstante la M-30 continuaba pasando bajo los arcos del puente con el consiguiente deterioro del mismo.
En el año 1992, el puente de Toledo es declarado Bien de Interés Cultural. Con José María Álvarez del Manzano como Alcalde de Madrid, el puente es sometido a obras de restauración financiadas por la Fundación Caja Madrid.
Puente de Toledo y Glorieta de Pirámides al fondo

En el año 2007, se dieron por finalizadas las obras para el soterramiento de la M-30, recuperándose las orillas del río para usos lúdicos de todos los madrileños. Las zonas ajardinadas en el entorno del Puente de Toledo, constituyen una de los espacios  más representativos del espacio Madrid Río formando parte del denominado Salón de Pinos.
El paseo ajardinado Salón de Pinos es la solución adoptada por el Ayuntamiento en las zonas del río donde la distancia de separación entre los edificios y el borde del río era inferior a 40 metros. En el Salón de Pinos podemos disfrutar de paseos peatonales y vías para ciclistas.
Hornacinas de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza en el Puente de Toledo



El Salón de Pinos  es una franja ajardinada a modo de  paseo arbolado que supera los seis kilómetros desde el Puente del Rey  hasta las proximidades  del  Nudo Sur.
Aprovechando el nuevo espacio Madrid Río, nos daremos un breve paseo hasta alcanzar en las inmediaciones del Puente de Segovia  la Ermita de la Virgen del Puerto.
La Ermita, diseñada por Pedro de Ribera, fue construida entre los años 1716 y 1718, pero desgraciadamente la Guerra Civil acabó con ella. La Ermita actual es una reconstrucción llevada a cabo con la declaración de Monumento Nacional en el año 1945. Las obras de reconstrucción terminan en 1951.
Ermita Virgen del Puerto año 1860

Felipe V, encomendó a Ribera la remodelación de los alrededores del Alcázar. Ribera reordeno el espacio existente entre el río y el Campo del Moro, abriendo el paseo de la Virgen del Puerto. En principio existían dos paseos: Paseo Bajo y Paseo Alto, el Paseo Bajo, también se llamó Paseo Nuevo de la Corte que con la edificación de la Ermita se refundieron con su nombre.
Ermita Virgen del Puerto en el nuevo espacio Madrid Río

La Ermita de la Virgen del Puerto se puede considerar la primera obra de importancia de Ribera en Madrid, la Ermita fue construida siendo Corregidor de la Villa Antonio de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo quien aporto de su propio capital los dineros para su construcción. La primera función de la Ermita era facilitar los deberes religiosos a las lavanderas del Manzanares.
Fachada Virgen del Puerto

El nombre procede del Puerto de Lisboa, que fue el primer lugar donde estuvo la imagen de la Virgen y que posteriormente fue trasladada a Plasencia para recalar en Madrid en el Colegio Imperial de la calle de Toledo. Seguro que os preguntareis como llegó la imagen a Madrid, la explicación es sencilla, el Marqués de Vadillo, era natural de la ciudad de Plasencia. La imagen que llego a Madrid realmente es una reproducción de la de Plasencia.
En época de Carlos III el Paseo  es elevado, siendo necesario construir una escalinata para salvar el desnivel y poder acceder a la Ermita. En 1780 se inicia la urbanización de la zona con la construcción de diversas casas. Ya en el año 1789, el arquitecto Juan Durán realizo algunas ampliaciones en el edificio original y retirando las cubiertas de pizarra de los chapiteles para recubrirlas con cinc.
Ermita Virgen del Puerto

En la contienda de 1936, la ermita quedó muy dañada como consecuencia del asalto de los grupos antirreligiosos y al hecho de que la ermita se encontraba en pleno frente de la batalla. Solo quedaron en pie algunos muros y la cúpula de ocho lados. La talla de la Virgen quedó destrozada y se encargó una nueva al escultor Víctor González Díaz. Finalmente fue declarada Monumento Nacional en 1945.
La reconstrucción fue llevada a cabo por Carlos Mendoza. Pasados unos años el edificio fue restaurado de nuevo, se eliminó el revoco de las fachadas  dejando al aire los ladrillos y la sillería de sus paramentos, asimismo se volvieron a colocar las pizarras en la cubierta.
La Ermita de la Virgen del Puerto, es uno de los primeros edificios de arquitectura barroca en España. La fachada se encuentra flanqueada  por dos torres con sus correspondientes campanas y chapiteles. El portal es adintelado, la cúpula con su chapitel ochavado destaca poderosamente en el conjunto arquitectónico. En el perímetro del edificio podemos observar una serie de balcones que eran utilizados por los patrones de la época para disfrutar de las romerías.
Ermita de la Virgen del Puerto bastante cambiada con respecto a la actual 

Si el exterior de la Ermita tiene aires de la arquitectura del Madrid de los Austrias, el interior  todo nos recuerda al periodo borbónico. En la Capilla de planta ochavada, se puede contemplar el sepulcro del Marqués de Vadillo, realizado por Pedro de Ribera. Merece la pena contemplar las decoraciones y las distintas imágenes que embellecen el interior del edificio, destacando la imagen de la Melonera, nombre por el que es conocida la Virgen del Puerto. El nombre de la Melonera le viene dado  por los puestos de melones que se solían instalar en las cercanías de la ermita con motivo de las romerías celebradas principalmente por inmigrantes asturianos y gallegos. La festividad se celebra el 8 de septiembre.


Antes de abandonar nuestro paseo por la ribera del río Manzanares, queremos detenernos unos breves momentos en la Puerta de San Vicente.
La primitiva Puerta de San Vicente de la que se tienen datos fue construida en el año 1726, cuando el Marqués de Vadillo, Corregidor de la Villa, encargó al arquitecto Pedro de Ribera la realización de una monumental puerta que sustituiría a la existente, conocida con el nombre de Puerta del Parque o Puerta de la Florida, que se encontraba en estado ruinoso.
Dibujo de la puerta de Pedro de Ribera

La Puerta proyectada por Pedro de Ribera, constaba de tres arcos y  estaba adornada con una estatua de San Vicente, por lo que recibió dicho nombre. También era conocida como Puerta de la Florida por su cercanía al Paseo del mismo nombre. La puerta formaba parte de la antigua cerca de Felipe IV, y su emplazamiento estaba más próximo a la actual Plaza de España y Palacio Real. Debido a las obras de la remodelación de la Cuesta de San Vicente, para mejorar los accesos al Palacio Real a través del Camino de El Pardo, la puerta fue derribada en el año 1770.




Continuaremos nuestro caminar por la Cuesta de San Vicente, hasta alcanzar la Plaza de España y posteriormente acercarnos a la vecina calle del Conde Duque. En el número 9, delimitando con la calle Santa Cruz de Marcenado y la Travesía del Conde Duque, se encuentra en antiguo Cuartel del Conde Duque, en la actualidad el edificio está destinado a Centro Cultural.
Halla por el año 1700, Felipe V llega a España y rápidamente se ve envuelto en la llamada Guerra de Sucesión contra el archiduque Carlos de Austria. Finalizada la guerra, se comienzan a edificar cuarteles en diversas zonas de Madrid. Uno de ellos, el Cuartel del Conde Duque.

Fachada principal del Cuartel

En noviembre de 1717  Felipe V ordena al entonces corregidor de Madrid Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, la construcción de un  cuartel para sus Reales Guardias de Corps con el fin de albergar 600 guardias y no menos de 400 caballos.

Como en otras ocasiones, el Marqués de Vadillo recurrió a Pedro de Ribera, el Maestro Mayor de las Obras y Fuentes de Madrid. El Concejo, dispuso 2000 escudos de vellón para contribuir al levantamiento del edificio.

Portada del Cuartel de Conde Duque 

Ribera, diseño el edificio considerado el más grande de Madrid, en estilo barroco madrileño, de planta rectangular de 224 metros de largo y 82 metros de ancho formando tres patios interiores, el central de mayor tamaño para permitir la realización de prácticas a caballo. En las cuatro esquinas del cuartel había unos torreones en forma de L que se utilizaban como residencia de los oficiales. Las fachadas con dos filas de ventanas sin adornos pero con gran armonía, destacando la fachada principal del patio central coronada por un torreón donde se instaló un Observatorio Astronómico y posteriormente el telégrafo.
El Observatorio Astronómico  formó parte del sistema de comunicaciones mediante telégrafo óptico, ideado en España en el siglo XIX. La torre de telegrafía era la número uno de la Línea de Castilla, que comunicaba Madrid con Irún.
Cuartel del Conde Duque a principios del Siglo XX

Lo más llamativo del Cuartel es su portada, realizada en estilo churrigueresco, formada por dos pilastras sobre las que se encuentra el Escudo Real con la siguiente inscripción: “Reinando Felipe V año de 1720”. No obstante el edificio no se concluyó hasta el año 1730.
La Guardia de Corps, era una guardia de élite creada para la protección personal del rey y estaba formada por militares de diversas nacionalidades. En el cuartel se albergaban tres compañías: La española, la flamenca y la italiana. En tiempos de Godoy, se crea una nueva compañía, la americana, hasta que en 1807, quedan suprimidas las compañías extranjeras. Con el reinado de Isabel II, se reformó el cuerpo de Guardias de Corps, quedando solamente el Cuerpo de Alabarderos y el Escuadrón de Guardias de la Reina. La unión de los dos cuerpos, dio paso a la actual Guardia Real.
Patio central del Conde Duque

En el cuartel del Conde Duque, estuvo el Colegio General Militar, hasta su traslado a Toledo con el nombre actual de Academia Militar.
En el año 1869 un  incendio destruyó los pisos superiores excepto la fachada principal  y casi hizo desaparecer la torre del Observatorio. Las reformas efectuadas como consecuencia del incendio, cambiaron la fisonomía del edificio.
Ya en el año 1969, el edificio deja de tener usos militares y es adquirido por el Ayuntamiento, que ante el estado de deterioro que presentaba, en el año 1981 comienzan las obras de restauración tratando de devolver al edificio su aspecto original. El proyecto corrió a cargo del arquitecto Julio Cano Lasso. Las obras se están desarrollando por fases continuando los trabajos a fechas actuales.
Google Maps. Vista aérea del Conde Duque

El antiguo Cuartel se ha convertido en Centro Cultural donde se  guardan verdaderos tesoros de la historia de Madrid desde el siglo XI hasta nuestros días. Se calcula que en sus más de 100 kilómetros de estanterías, junto a los múltiples pasillos, bóvedas, escalinatas y salas, acumulan, numerosos incunables, manuscritos, joyas de la música y la literatura. Aquí se encuentra el Archivo de la Villa, considerado como punto de partida de la Biblioteca Histórica, la Hemeroteca Municipal, la Biblioteca Musical y el Museo Municipal de Arte Contemporáneo. Todos estos organismos se encuentran en la actualidad concentrados en el Cuartel del Conde Duque. Entre los múltiples documentos que atesora este espacio cultural, se encuentra el Fuero de la Villa de 1202. 
El Cuartel del Conde Duque año 1860, a su izquierda el Palacio de Liria.

Muy cerca del Cuartel del Conde Duque, en concreto en la calle San Bernardo número 79, se encuentra la Iglesia de Monserrat, uno de los edificios en los que participo nuestro genial arquitecto Pedro de Ribera.
La Iglesia y Monasterio de Santa María la Real de Monserrat como se la conoció en un principio, fue mandada construir por Felipe IV con el fin de dar acogida a los monjes benedictinos expulsados de Cataluña durante el levantamiento catalán contra la corona.
El monasterio de Montserrat era el principal centro benedictino de Cataluña pero bajo la jurisdicción de Valladolid. El abad era nombrado entre los monjes castellanos, por cuyo motivo, los monjes catalanes molestos por esta situación, expulsaron a los castellanos aprovechando la insurrección catalana.
Con el número XXIX en el plano de Pedro Texeira de 1656, aparece el primitivo convento de los benedictinos, en la calle Santo Domingo, actual calle de Quiñones.

Los monjes expulsados ocuparon un convento situado en la llamada quinta del Condestable de Castilla situada en las inmediaciones del arroyo Abroñigal, pero dada la insalubridad de la zona, Felipe IV encargo a Pedro Valle de la Cerda la compra de unas casas en la calle Alcalá para la construcción de un nuevo convento, pero el proyecto se vino abajo por la intransigencia de los Padres Agustinos Recoletos.
Había que buscar otra alternativa, así que se compraron unas casas en la calle Ancha de San Bernardo y para evitar problemas se dijo que eran para construir una hospedería.  En el año 1704 los religiosos se trasladaron al nuevo edificio aunque todavía se encontraba en fase de ejecución.
Proyecto de remodelación de la iglesia de Monserrat de principios del Siglo XX 

Felipe IV, falleció en 1665 y las obras de la Iglesia no comenzarían hasta el año 1668 bajo el reinado de Carlos II. Las obras fueron encomendadas al arquitecto Sebastián Herrera Barnuevo. Herrera nació en Madrid en 1619, falleciendo en 1671, siendo considerado un gran arquitecto, escultor y pintor del barroco español. Curiosamente su primer maestro fue su propio padre el escultor  Antonio de Herrera.
Como muestra de la importancia de este artista indicaremos algunas de sus obras más conocidas: El retablo de la capilla del Cristo de la iglesia de San Ginés, colaboró en la construcción de la capilla de San Isidro en la iglesia de San Andrés, diseño barroco de los jardines y fuentes del Real Sitio de Aranjuez, realizó la ochava o chaflán de la capilla del convento de Nuestra Señora de Atocha y su retablo mayor, el túmulo funerario para honrar la muerte de Felipe IV y como no, la iglesia y convento de Santa María la Real de Montserrat.
Poco antes de su fallecimiento, fue designado supervisor de los proyectos para la construcción del nuevo Puente de Toledo.
Iglesia de Monserrat en la actualidad

Al fallecimiento de Herrera en 1671, las obras las continuará Gaspar de la Peña y otros arquitectos como Juan de Torija y Pedro de la Torre. Las obras quedaron abandonadas durante unos años hasta que en el año 1716, Pedro de Ribera se hace responsable de las mismas. Ribera respetó la fachada inicial aunque modificó la decoración de la puerta y los ventanales. La diferencia de estilos se puede apreciar comparando el ventanal clásico del ático central obra de Herrera, con las decoraciones de Ribera a base de copetes, veneras y otros elementos del estilo de Ribera. Las obras se dieron por finalizadas en el año 1720, aunque no se habían construido las dos torres proyectadas.
Año 1982, Monserrat antes de la remodelación.

Será en el año 1729 cuando comience su construcción se desconoce si las dos torres se debían al diseño de Herrera. Se levantó primero la torre correspondiente al lado sur, y en 1731 se comenzó con la segunda torre, pero quedó  inacabada, desconociéndose los motivos de la suspensión de las obras.
La desamortización de Mendizábal de 1836, suprimía todas las casas religiosas con menos de doce religiosos. La Iglesia y Convento de Montserrat fue cerrada, y se convirtió desde el año 1837 en prisión para mujeres con el nombre de La Casa Galera. En 1851 una parte del convento y la iglesia, fueron cedidas a Sor Patrocinio y sus monjas concepcionistas hasta 1868 año de su expulsión.
Portada de Monserrat

Sor Patrocinio fue conocida como la Monja de las Llagas, nacida en San Clemente provincia de Cuenca en el año 1811, fue una religiosa  de la Orden de la Inmaculada Concepción. Ejerció una gran influencia en la vida social y política durante la segunda mitad del siglo XIX, debido fundamentalmente a la influencia que ejercía sobre la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asís.
Ya en el año 1918 la iglesia fue cedida a los monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos, que la ocuparon en el año 1922. Pero llegó la Guerra Civil y los monjes abandonaron el edificio. Durante la República, el Frente Popular convirtió la iglesia en salón de baile. En 1939, la iglesia es ocupada nuevamente por los monjes de Silos, pero  hasta el año 1953 no se realizaría la entrega del resto del conjunto que había sido ocupado por la cárcel de mujeres.
En 1892 la Real Academia de San Fernando realizo un informe debido a que la Junta de Prisiones había conseguido el permiso para derribar el chapitel por su estado ruinoso. El encargado de realizar el informe fue Pedro de Madrazo. Por fortuna, el conjunto fue declarado Monumento Nacional el 19 de Agosto de 1914, evitándose de esta forma su demolición.
La restauración del templo se finalizó en el año 1923, habiendo dirigido las obras el arquitecto Carlos Gato Soldevila.
Torre de Monserrat y el convento al fondo

En la década de los años 80 del pasado siglo la Dirección General de Bellas Artes, realiza un estudio para analizar el estado de deterioro del Convento e Iglesia, llevando a efecto una completa restauración a cargo de los arquitectos:  Consuelo Martorell, Antón Capitel y Antonio Riviere.
Los pilares de piedra del primitivo proyecto destinados para la cúpula, permitieron construir la capilla mayor, junto con el cerramiento definitivo obras que se realizaron  en 1986.
En cuanto a la construcción de la Iglesia, no hay la suficiente documentación como para poder conocer el proyecto original de Herrera, pero de los estudios realizados, se deduce que el proyecto original contemplaba una gran nave central flanqueada por otras dos de menor tamaño donde se ubicarían las capillas, las naves quedarían separadas por pilastras y arcos de medio punto. Sobre el crucero se levantaría una gran cúpula. El templo fue diseñado con aire italiano, pero al descartarse la cúpula por las dos torres, Ribera le dio un aire más castizo.
Para salvar el gran desnivel de la calle, Herrera coloca sobre un basamento de granito, grupos de pilastras pareadas también de granito con basas áticas y capiteles dóricos. Pedro de Ribera al levantar las torres se vio obligado a eliminar un orden de pilastras en cada extremo de la fachada para no ensanchar excesivamente la fachada.
En la construcción, se utilizan como materiales el granito, en los zócalos, las pilastras, cornisas, jambas, los huecos de la planta baja, la ornamentación, la cornisa y el frontón, el resto es de ladillo.
Interior de Monserrat

Ribera utiliza alternativamente la piedra y el ladrillo, la parte superior de la torre, dispone de cuatro ventanas con arco de medio punto destacando sobremanera el chapitel de forma bulbosa como una cebolla muy decorada, la cubierta del chapitel es de pizarra y se encuentra coronado por una bola del mundo y una cruz.
La puerta de entrada con arco de medio punto se encuentra profusamente decorada con evolutas, flameros y cabezas de ángeles. Sobre la puerta destaca la hornacina donde se ubica la figura de San Benito, fundador de la orden y un escudo realizado por Jacobo Vázquez.
En el interior del templo, solo podemos contemplar la nave central que se quedó inacabada en el crucero, ya que este nunca llegó a construirse, así como la cabecera o girola, el transepto o nave trasversal y por supuesto la gran cúpula y las naves laterales. Con el fin de facilitar el culto, Ribera cerró de forma provisional la cabecera del templo.
Observando el templo con los ojos del Google, podemos apreciar el cerramiento que se efectuó para situar la cabecera de la iglesia en el lugar que debía de ir el crucero y el jardín que en principio correspondería a la cabecera del  propio templo.
Vista aérea de Monserrat.

Pese a que se trate de un templo inacabado, es aconsejable una visita a su interior donde se encuentran algunas obras de arte destacables como: La imagen de la Virgen de Montserrat de Manuel Pereira situada en el altar, la sillería del coro es del Siglo XVII procedente de San Salvador del Moral en la provincia de Palencia. Un  lienzo del Siglo XVIII de San Benito, entregando la regla de los benedictinos a la Virgen y en presencia de los santos Mauro y Plácido, el cuadro se encuentra flanqueado por dos rejillas que dan al convento. En una de sus capillas se puede contemplar una talla que es copia del Cristo de Burgos con unos huevos de avestruz bajo los pies, el pelo de la imagen es natural. En la Capilla de Santo Domingo de Silos, se encuentra la tumba de Don Luis de Salazar, Comendador de la Orden de Calatrava. Las pinturas de la bóveda, del Siglo XVII, pertenecen a la escuela madrileña.
Maqueta de León Gil de 1830, en azul la Iglesia de Monserrat, en naranja el convento de las Comendadoras y en rojo el Cuartel del Conde Duque

Hemos reseñado alguno de los motivos por lo que se aconseja la visita al interior del templo, pero como decía el profesor  Antonio Bonet Correa gran  historiador de las ciudades y su urbanismo en su libro,  Iglesias Madrileñas del Siglo XVII, “Monserrat no es arquitectura para ser descrita ni fotografiada, sino para ser vista”.


Dejamos atrás la iglesia de Monserrat y caminando por el barrio de Universidad, nos encontraremos con algunas de las calles y plazas más castizas de Madrid, como calle de Manuela  Malasaña o la plaza del Dos de Mayo, en poco más de diez minutos caminando, nos encontraremos en la calle de Fuencarral y junto al Metro de Tribunal, nos llamará poderosamente la atención  un majestuoso edificio que como no podía ser de otra forma es obra de Pedro  de Ribera.
Se trata del Real Hospicio del Ave María y San Fernando  construcción del siglo XVIII, obra de Pedro de Ribera, que destaca por su fachada barroca en estilo churrigueresco, está considerada como una joya del barroco madrileño.
Antiguo Hospicio en el año 1909

Antes de entrar en detalles sobre el edificio, creemos oportuno conocer un poco la historia del Hospicio. Todo comienza con el sacerdote trinitario Simón de Rojas, nacido en Valladolid el 28 de Octubre de 1552. Con doce años ingresó en el convento trinitario de Valladolid, y posteriormente se trasladó  a Salamanca donde cursó los estudios universitarios entre los años 1573 y 1579. Fue profesor de filosofía y teología en Toledo ejerció el oficio de superior en varios conventos de Toledo y Salamanca. El 12 de mayo de 1621 fue elegido como confesor de la Reina Isabel de Borbón a instancias de Felipe III. Falleció en Madrid el 29 de septiembre de 1624.
Hospicio de la calle de Fuencarral año 1920

En Madrid desarrollo una gran labor a favor de los pobres creando la Congregación de los Esclavos del Dulcísimo nombre de María. Recogía mendigos de las calles dándoles acogida en la casa de Pedro Fernández Navarrete, dando origen al futuro Hospicio general de pobres del Ave María.
A la muerte de Simón de Rojas, la congregación siguió trabajando con los pobres y ya en el año 1668, funda  el Hospicio en  un local de la calle de Santa Isabel, donado por Juan Carvajal y Vargas,  Caballero de Calatrava.
Antiguo Hospicio, en la actualidad Museo de la Historia

Las condiciones del Hospicio no eran las adecuadas, teniendo solo capacidad para 24 pobres, por este motivo, la Congregación  se trasladó en el año  1674  a la denominada por entonces  calle Alta de Fuencarral, en concreto a unas propiedades de Carlos Goveo mientras se construía el nuevo edificio. El Hospicio se diseñó para  albergar hasta 400 necesitados. En esta época, el Hospicio era tutelado por la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV. A pesar de las aportaciones de la reina y del Consistorio, para la construcción y mantenimiento del Hospicio fue necesario poner un impuesto de cuatro maravedíes de vellón a las personas asistentes a los corrales de comedias, también se establecieron impuestos a mercancías como el vino.
Portada de Pedro de Ribera

El primer arquitecto del nuevo Hospicio fue José de Arroyo que construyo los cimientos de la iglesia y del edificio principal, pero a su muerte en 1695, el arquitecto Felipe Sánchez modificó sustancialmente las trazas originales, finalizando las obras en el año 1703.
El Hospicio continuo su andadura y llegó el momento de ampliarlo, así que en el año 1721 con Felipe V en el poder y siendo responsable de la Villa el Marqués de Vadillo, se  derribó el viejo edificio y comenzó la construcción del edificio definitivo bajo la dirección de Pedro de Ribera. De la construcción primitiva solo se conserva la Capilla  que  acoge un lienzo de Luca Giordano, en concreto San Fernando ante la Virgen.
Fachada principal del Museo de la Historia

Pedro de Ribera construyó el nuevo edificio entre los años 1721 y 1726. El edificio de planta irregular se encuentra organizado alrededor de grandes patios, siendo el patio principal rectangular y el resto asimétricos. En su construcción, el edificio incorpora zócalo de granito, muros de ladrillo y dos alturas, en la segunda altura las ventanas incorporan balcones y escudos de las distintas regiones de España. Del edificio destaca poderosamente la fachada de la calle Fuencarral, construida como un gran retablo dividido en dos cuerpos: Estípites, óculos y rocallas te envuelven en sentido ascensional hasta que la vista alcanza la hornacina donde se encuentra la escultura de San Fernando, escultura realizada por Juan Alonso Villabrille y Ron.
Maqueta de León Gil año 1830, que se puede contemplar en el interior

El marco escultural representa la aspiración de la monarquía como  protectora y benefactora. Ribera se inclina por la representación teatral donde triunfan sus dotes de maestro de la perspectiva. En la obra, podemos adivinar un  mensaje que nos indica la función del edificio. En la decoración barroca queda reflejado el mensaje político de la monarquía.
Ya en el año 1751, comienza la ampliación del Hospicio bajo la supervisión de José Pérez, las obras no finalizan hasta el año 1799.
En el año 1919 fue declarado Monumento Histórico Artístico, dejando de realizar las funciones de Hospicio en el año 1922. El edificio se encontraba en ruinas, pero gracias a la intervención de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y la  Sociedad Española de Amigos del Arte, se evitó la entrada de la temible piqueta. Estos dos organismos, organizaron en el año 1926 la “Exposición del Antiguo Madrid”.
"Alegoría de la Villa de Madrid" de Francisco de Goya año 1809

El Ayuntamiento que había adquirido el edificio,  ordena una profunda restauración al arquitecto Luis Bellido, con el objeto de albergar la exposición. La exposición fue un éxito por cuyo motivo el Ayuntamiento decidió crear en el año 1929 el  Museo Municipal.
Desde el año 2002, el edificio se encuentra sometido a una nueva rehabilitación, tanto del exterior como del interior para acondicionar nuevos espacios dentro del edificio. La reforma dirigida por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, se está ejecutando en varias fases. En la primera se restauraron todos los forjados, en la segunda fase se adecuaron las instalaciones interiores y la tercera fase iniciada en el año 2007 contempla la rehabilitación de todo el perímetro en especial la fachada de la calle Fuencarral. A fecha actual las obras se encuentran finalizadas casi en su totalidad, aunque parte del edificio todavía se encuentra cerrado al público.
Fuente de la Fama, en los jardines del Museo de la Historia

Desde el año 2007, se conoce al edificio como Museo de la Historia. El Museo está concebido como un  recorrido por la historia de Madrid desde que fue declarada capital del reino en el año 1561. En el Museo, se albergan distintas temáticas como: Pintura, escultura, muebles, planos, maquetas, porcelana y platería.
Entre los tesoros que se pueden contemplar en el actual Museo, se encuentra la Maqueta de Madrid de León Gil del Siglo XIX, porcelana de la Fábrica del Buen Retiro, la Virgen con el Niño de Pedro Berruguete y especialmente la Virgen con San Fernando de Luca Giordano.
Google Maps, vista del Museo de la Historia

En el Museo, también podemos contemplar el cuadro “Alegoría de la villa de Madrid” obra de Francisco de Goya. Fue pintado en 1809, en plena dominación francesa.
El cuadro tiene tras de sí una curiosa historia. En el cuadro se puede observar un óvalo que en su día tenía pintado un retrato de José I,  pero tras la batalla de Arapiles y la salida de los franceses de Madrid, el Consistorio decide borrar el retrato de José I, pintando en su lugar la palabra “Constitución”. Al regreso a Madrid de José I, nuevamente Goya vuelve a pintar el retrato del francés. Con el fin de la Guerra de la Independencia, el Consistorio encarga a Goya cambiar la imagen de José I por el de Fernando VII. El retrato realizado por Goya no favorecía en nada a Fernando VII, así que en el año 1826, se encargó a un nuevo pintor rehacer el retrato del rey. Y así llegamos a 1843, año en que de nuevo es borrado el retrato sustituyéndolo  por un dibujo de la Constitución de Cádiz. Con el fin del reinado de Isabel II el Regidor de la Villa el Marqués de Sardoal, ordenó que se eliminase del óvalo el dibujo de la Constitución para colocar en su lugar un texto alusivo al Dos de Mayo.

Antes de abandonar el antiguo Hospicio, es obligatorio, visitar la Fuente de la Fama, situada en los jardines del actual Museo de la Historia en la fachada de la calle Barceló.
La Fuente se trata de un encargo del rey Felipe V para  embellecer la ciudad y suministrar agua al pueblo de Madrid. El proyecto fue encargado a Pedro de Ribera, quien dirigió la obra entre los años  1731 y  1732. La estatua de La Fama que corona la fuente es obra del  escultor Juan Bautista.
Fuente de la Fama en Antón Martín hasta el año 1879

La financiación como casi siempre corrió a cargo del pueblo, así que el día de la inauguración y abajo la iniciativa popular, se colocó un cartel que decía:  “Dios lo quiso, el rey lo mandó y el pueblo lo pagó”.
En un principio, la fuente quedo situada en la plaza de Antón Martín, siendo conocida por el nombre de la plaza. Posteriormente en el año 1879 fue a parar a los almacenes de la Villa y ya en 1909 el escultor Ángel García y el arquitecto José Loute reconstruyen la fuente para instalarla en el Parque del Oeste. El Ayuntamiento, encarga en el año 1926 un proyecto al  arquitecto municipal Luis Bellido para que instale la fuente  en los jardines de Pedro de Ribera del antiguo Hospicio. Durante la  Guerra Civil la fuente se desmonta para evitar su destrucción, volviendo a instalarse definitivamente en el año 1941.
Fuente de la Fama en el Parque del Oeste, principios del Siglo XX

La fuente está construida con piedra berroqueña y caliza de Colmenar de Oreja, el conjunto se apoya sobre un pilón con  forma de trébol de cuatro hojas, sobre el que descansa la base, custodiada por cuatro delfines mitológicos arrojando agua. El estilo de los adornos empleados por Ribera es inequívocamente  churrigueresco.
Entre los muchos motivos  ornamentales de la fuente, destacaremos las hornacinas con floreros y cuatro estatuas de niños, cada uno de ellos sosteniendo una concha invertida.
La pilastra en su parte superior, soporta la figura  alada de La Fama donde se sitúa, a modo de remate, una victoria alada, con una trompeta en la mano. Las dimensiones del conjunto son bastantes considerables, con una altura de 10 metros, un fondo de 4 metros y una anchura de 4 metros.
Antiguo Hospicio año 1932

La Fama es una figura de la mitología con varios significados: Mensajera de Júpiter para unos y la “Voz Pública” para los romanos. La Fama como Voz Pública aparece en el Libro IV de La Eneida y según Virgilio fue engendra por la Tierra.
La Fama es una figura femenina alada muy utilizada en espacios públicos como:  El Museo Metropolitano del Arte de Nueva York, Museos Reales de las Bellas Artes en Bruselas, Parque Campo Grande de Valladolid, Fábrica de Tabacos de Sevilla, actual  Universidad y un largo etc.


En nuestro caminar por las calles de Madrid recordando a Ribera, nos acercaremos a la calle Alcalá para detenernos en la Iglesia de San José, situada en el número 43 de esta calle tan castiza. La actual iglesia, se construyó  anexa al convento de San Hermenegildo.
El antiguo convento de religiosos Carmelitas, comenzó su andadura en el año 1586 gracias a fray Nicolás de Jesús y María, concluyéndose las obras en el año 1605.
En el año 1730 con Felipe V en el poder y siendo Corregidor de la Villa el Marqués de Vadillo, se encargó a Pedro de Ribera la construcción de una  iglesia para celebrar los oficios religiosos del convento de carmelitas de San Hermenegildo.
Calle Alcalá e iglesia de San José año 1900.

Como era costumbre en la época, Pedro de Ribera diseñó la iglesia en estilo barroco, se trata de un templo de considerables dimensiones, con gran ornamentación en la fachada, las tres puertas de acceso tienen verjas forjadas por Juan Gil. En  la entrada principal se puede contemplar la cruz de los carmelitas y  una hornacina con la imagen de la Virgen del Carmen realizada por Robert Michel en 1750. El interior está formado por una nave de cañón y su correspondiente cúpula, en el interior destacan por su gran belleza obras de arte, como  la capilla de Santa Teresa, el Cristo crucificado de Alonso de Mena y el San José de  Luis Salvador Carmona. La construcción del templo finalizo en el año 1748, encontrándose al frente de las obras José de Arredondo y Fausto Manso.
En el circulo, se encuentra una placa que nos recuerda la primera misa de Lope de Vega
Placa  recordando a Lope de Vega en San José

La iglesia del antiguo convento, paso a ser la parroquia de San José tras el abandono de los carmelitas por la desamortización de Mendizábal en el año 1836. El edificio del convento fue demolido en 1870 construyéndose en su lugar el Teatro Moratín que posteriormente se llamó  Apolo.
Finales del Siglo XIX, a la izquierda de San José, se aprecia perfectamente la casa del cura

El teatro fue inaugurado el 23 de marzo de 1873, y se mantuvo activo hasta su cierre el 30 de junio de 1929 cuando fue adquirido por el Banco de Vizcaya, para construir su sede en Madrid. Actualmente, en el edificio se encuentra el Área de Gobierno de Hacienda y Administración Pública del Ayuntamiento de Madrid.
Año 1910, Teatro Apolo a la derecha de San José

Pero retrocedamos a 1910, año del comienzo de la construcción de la Gran Vía. El proyecto de esta calle tan emblemática de Madrid, se llevó por delante algunas calles y muchos edificios colindantes, entre los edificios desaparecidos  estaba la casa del cura de la parroquia de San José, edificio colindante a la iglesia. Posteriormente en 1912 el arquitecto Juan Moya e Idígoras, amplió los laterales de la iglesia tanto en anchura como en altura para adaptarlos a los nuevos edificios, cambiando de un plumazo la fachada original.

La antigua Casa del Cura, se puede considerar como el punto de partida del primer tramo de la Gran Vía.

Vista actual de San José

Por un error histórico se comentó que en la iglesia de San José contrajo matrimonio Simón Bolívar con María Teresa del Toro y Alayza en el año 1802. El error fue debido a que en las proximidades había otra iglesia con el mismo nombre, en concreto en la calle Gravina y como recordatorio existe una placa informativa en la calle Gravina.
En la Iglesia de San José, en el año 1614, celebró su primera misa el dramaturgo Lope de Vega. 
Para terminar nuestra visita a San José, recomendamos una visita a su interior para admirar sus obras de arte.




Estampa para el recuerdo, Teatro Apolo junto a San José

Manifestación junto a San José a finales del Siglo XIX


Próximo a la iglesia de San José, en la calle Alcalá número 3, se encuentran los restos del palacio del marqués de Torrecilla.
Félix de Salabert y Aguerri,  marqués de Torrecilla y de Valdeolmos encargo una casa palacio a Pedro de Ribera que fue construido entre los años 1716 y 1731. El edificio, del estilo de los construidos por Ribera, estaba compuesto por un bajo y tres plantas, destacando sobremanera la portada principal de estilo barroco muy del estilo de Ribera.


En el Siglo XIX, el edificio comienza a ser ocupado por distintas entidades como: El Hotel de la Compañía de Diligencias Peninsulares,  Círculo de Bellas Artes, Centro Asturiano, el Café de Madrid y hasta una sala de billar.
Año 1880, Palacio del Marqués de Torrecilla en primer término de la fotografía, a continuación del Palacio la Real Casa de Aduanas, también  se pueden contemplar las Diligencias Peninsulares

Junto al palacio, se encontraba la Real Casa de la Aduana ocupada por la Junta de Defensa de Madrid durante la Guerra Civil. Los bombardeos destruyeron varios edificios de la zona entre ellos el palacio del que se salvó solamente la fachada.



Al finalizar la contienda, el Estado  adquiere el solar del palacio para la ampliación del Ministerio de Hacienda. Las obras son llevadas a cabo por los arquitectos Luis Cervera Vera y Miguel Durán Salgado, quienes conservaron la portada del antiguo palacio colocándola en la Real Casa de la Aduana.

En nuestro caminar siguiendo las huellas de Ribera, cruzaremos la Puerta del Sol y continuando por la calle Arenal, en pocos pasos alcanzaremos la  Plaza de las Descalzas, donde nos detendremos a contemplar la portada del edificio de Caja Madrid.
En el año 1702 don Francisco Piquer, más conocido como Padre Piquer  y siendo Capellán del Convento de las Descalzas Reales  funda el Monte de Piedad de Madrid considerado el más antiguo de los montes de piedad en España.
Pontejos y Piquer en la Plaza de las Descalzas

La finalidad del Monte de Piedad de Madrid era ayudar a las clases sociales más necesitadas concediendo préstamos gratuitos, depositando como avales alhajas y ropas.
Bajo el reinado de Felipe V, se le conceden al Monte de Piedad  unas casas en la plaza de las Descalzas para que instalaran las oficinas y una capilla. Para el acceso a la capilla, Pedro de Ribera realizó una portada barroca en el año 1733.
Año 1875, a la izquierda, portada de Ribera en la fachada del Monte de Piedad 

Con el fin de cubrir parte de los gastos del Monte de Piedad, en 1836 se establece  por primera vez el cobro de un pequeño interés por los préstamos concedidos.
El Marqués viudo de Pontejos, fundó el 25 de octubre de 1838 por Real Orden, la Caja de Ahorros de Madrid, que retribuía los ahorros depositados.
En la década de 1960, la Caja de Ahorros y Monte de Piedad derriba el  edificio de la plaza de las descalzas para construir uno nuevo, en cuya fachada trasera se colocó la antigua portada de Ribera, como recuerdo del primer edificio.
Portada de Ribera en el edificio actual

En los grabados y fotografías de la época, se puede contemplar dos portadas casi juntas, la portada de Ribera es la situada en la parte de la izquierda.
Debido a los acontecimientos ocurridos con Caja Madrid, actual Bankia, creemos interesante traer a estas páginas los comentarios de Mesonero Romanos hablando del Monte de Piedad.
“Real monte de Piedad. Tuvo principio en 1702 por don Francisco Piquer, capellán de S. M. en el convento de las Descalzas Reales, quien puso en una caja un sólo real de plata, pero creciendo las limosnas pensó en formar un santo monte, y en 1713 fue aprobado por S. M. Está al cuidado de una real Junta, y tiene por objeto socorrer a las personas necesitadas, dándoles dinero sobre alhajas que se conservan un año, y más cuando se pide prórroga, durante cuyo tiempo pueden desempeñar las alhajas por la misma cantidad que las empeñaron sin el menor interés. Después de este tiempo, y no habiendo sido sacadas, se venden las alhajas, y el exceso de su valor queda a disposición del dueño; cuya institución es la más generosa en su clase. Los días destinados a dar dinero a los necesitados son lunes y jueves, y los demás para desempeñar. Se hallan situadas estas oficinas en la plazuela de las Descalzas y a su inmediación tiene su capilla pública, en la que se venera la imagen de nuestra Señora de la Piedad. El adorno churrigueresco de la portada de esta capilla contrasta con la sencillez del de la casa, que es de buen gusto. El monte de Piedad ha socorrido en el año de 1831 a 11.930 personas con la cantidad de 1.843.690 rs. y desde su fundación 1.085.285 personas con una cantidad de 180.090.781 rs. Por este resultado se puede medir la importancia de tan filantrópica institución”. Como ha cambiado la situación en los últimos años, pero como dice el refrán “no hay mal que cien años dure”.

Sin abandonar la Plaza de las Descalzas, queremos realizar un pequeño recordatorio a una de las fuentes más emblemáticas de Madrid y que por desgracia ya desapareció aunque en la actualidad podemos contemplar en la Puerta del Sol la estatua que la coronaba, se trata de La Mariblanca.
Fuente con la Mariblanca en las Descalzas año 1864

La primitiva Fuente de la Fe, era una obra de carácter  monumental diseñada por el escultor italiano Rutilio Gaci, e instalada en el año 1616 en la antigua Puerta del Sol junto a la iglesia del Buen Suceso. Posteriormente, en el año 1625, se colocó sobre la Fuente una estatua comprada por el mercader florentino Ludovico Turchi.
Monte de Piedad con la puerta de Ribera a la izquierda y la Fuente de la Mariblanca

No hay consenso entre los investigadores sobre si se trata de Diana   o de una alegoría de la diosa Venus. En cualquier caso, el nombre que finalmente se ha impuesto es el de La Mariblanca,  posiblemente en alusión al color blanco del mármol.  Se cuenta que la estatua fue transportada hasta Madrid por Domingo Núñez, un carretero de Alicante, al que le fueron descontados 100 reales en el pago de sus servicios, tras comprobarse que la escultura había llegado decapitada.
La Mariblanca en la Puerta del Sol, a la izquierda San Felipe el Real

En los comienzos del Siglo XVIII,  la primitiva Fuente de la Fe fue demolida y en su lugar se colocó otra fuente realizada por Pedro de Ribera. El encargo fue llevado a cabo en 1727, Ribera utilizó un gran número de ornamentos, siguiendo la tendencia churrigueresca vigente en aquel periodo.
La fuente era conocida como “de las Arpías”, debido a que estaba rodeada de cuatro figuras que las representaban y que vertían agua por sus pechos. El cambio de la fuente, no significó la desaparición de la Mariblanca, era tal su popularidad, que se optó por conservarla e instalarla en lo alto de la fuente de Ribera.
En 1838 Juan Pedro Ayegui arquitecto y capitán comandante de zapadores bomberos de la Milicia Nacional, propuso trasladar el servicio de abastecimiento de agua que se venía realizando en la Puerta del Sol a la  Plaza de las Descalzas Reales. Esta nueva situación  supuso la demolición de la Fuente de la Fe o de las Arpías construyéndose una nueva fuente mucho más modesta, conservando la estatua de La Mariblanca.
La Mariblanca en su emplazamiento actual junto a la calle Arenal

La estatua permaneció en este lugar hasta 1892, año en el que se desmontó conjuntamente con la fuente, levantándose  en su lugar una escultura de Francisco Piquer, fundador del Monte de Piedad de Madrid. La figura de La Mariblanca fue depositada en los almacenes de la Villa, donde estuvo hasta 1912, año en que se colocó en los Jardines del Retiro.
En 1969 volvió a cambiar de emplazamiento y fue ubicada en el Paseo de Recoletos, dentro de un pequeño templete de aire clasicista. Aquí permaneció hasta 1984, cuando fue víctima de un acto vandálico, que la seccionó en varios trozos.
Restaurada por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, el Ayuntamiento de Madrid decidió guardar la estatua en el Museo de Historia de Madrid, situado en el número 78 de la calle de Fuencarral, y con ello proteger la figura. En la actualidad existen dos copias, la de la Puerta del Sol y la de la Casa de la Villa.


En nuestro recorrido siguiendo los pasos de Pedro de Ribera, nos hemos acercado al Barrio de las Letras, concretamente a la calle de la Cruz esquina con Espoz y Mina, aquí una placa colocada en la fachada, nos recuerda que en este lugar estuvo el Teatro de la Cruz.
El teatro de la Cruz, fue un corral de comedias de los más antiguos de Madrid. En el Siglo XVII existía en el lugar un corral de comedias propiedad de la Hermandad de la Soledad.
Interior del Teatro de la Cruz

En el Siglo XVIII el estado de deterioro en que se encontraba obligó al Consistorio a proceder a su reforma siendo transformado en un gran teatro con capacidad para 1500 espectadores. Las obras del nuevo teatro fueron encomendadas al arquitecto Pedro de Ribera, y se desarrollaron alrededor del año 1743.
Ya en el Siglo  XIX surgió una corriente crítica con la arquitectura de Ribera, y mas en concreto contra el Teatro de la Cruz, lo que llevó a que en el año 1849 por una Real Orden fuera declarado  “oprobio del arte”, ordenándose su demolición. La demolición no fue ejecutada y el teatro reabrió sus puertas en el año 1850, siendo nuevamente clausurado entre 1852 y 1857. En el año 1859, el teatro fue definitivamente demolido.

Muy cerca del tristemente desaparecido Teatro de la Cruz, haciendo esquina con las calles Huertas y Príncipe, se encuentra el Palacio de Santoña, denominado antiguamente Palacio de Goyeneche. En la actualidad el edificio es propiedad de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, siendo el gran desconocido del público en general a pesar de la belleza de sus portadas y de los tesoros artísticos que guarda en su interior.
Plano de Pedro Texeira año 1656, reseñado el espacio que hoy ocupa el Palacio de Santoña

 En el Siglo XVI, la zona de Huertas hoy Barrio de las Letras  se encontraba en la periferia de Madrid pero relativamente cerca con buena comunicación con el viejo Alcázar, residencia de Felipe II al establecer su corte en Madrid en el año 1561. Por este motivo era habitual que personas adineradas o relacionadas con la Corte establecieran su residencia en esta zona de la Villa en constante expansión.
Vista del Palacio de Santoña desde la calle Huertas

En el año 1576 la propiedad donde en la actualidad se encuentra el Palacio pertenecía al médico Antonio de Villena donde tenía edificadas tres casas. Las casas las compro Juan Durán de Figueroa en el año 1593. Ese mismo año las casas sirvieron de residencia  al príncipe de Marruecos Muley Xeque, conocido como el Príncipe Negro y que después de bautizado se llamó Felipe de África.
Fachada de la calle del Príncipe

Aproximadamente por el año 1630, se encarga a Juan Gómez Mora que por entonces era el Alarife Mayor de la Villa la construcción de un palacio señorial como era costumbre en el Madrid de los Austrias. El edificio disponía de una torre en la esquina de Huertas con Príncipe, rematada por un chapitel
Ya en 1731 el edificio es adquirido en pública subasta por el político y banquero Juan Francisco de Goyeneche, Marqués de Ugena por la cantidad de 325.000 reales de vellón. Goyeneche tenía predilección por el arquitecto José Churriguera, pero debido a su fallecimiento en 1725, encarga la reforma del palacio  a Pedro de Ribera el gran arquitecto del barroco.
Portada original de Pedro de Ribera, en la actualidad condenado el acceso y en estado de semi-abandono

El estilo de Ribera queda perfectamente plasmado en la magnífica portada de la calle del Príncipe.
En el año 1744 fallece Goyeneche permaneciendo en el palacio su viuda hasta su muerte. En 1783, el edificio sufre una nueva reforma a cargo del arquitecto Ignacio Thomas, retirando la torre esquinera por su estado de deterioro. En 1800 el edifico es ocupado por la Contaduría del Pósito Real. Finalizada la guerra de la Independencia el palacio volvió a ser habitado por los condes de Saceda, de la saga de los Goyeneche.
Placa informativa y detalles de la portada de la calle del Principe

En el año 1874, el palacio es adquirido por Juan Manuel Manzanedo, Marqués de Manzanedo y Duque de Santoña. Manzanedo, reforma el edificio incorporando una gran decoración interior bajo la supervisión del arquitecto Domingo de Inza, con la participación del escultor Cánova y el pintor Olavide.
Con los Duques de Santoña, el palacio es considerado de los más representativos del siglo XIX. En la reforma de 1874, los Duques encargan al arquitecto Antonio Ruiz de Salces, que monte una nueva portada en la calle de las Huertas copia de la de Pedro de Ribera situada en la calle del Príncipe.
Fachada del Palacio por la calle Huertas

A  la muerte en 1882 de Juan Manuel de Manzanedo, se entabla un litigio por la heredad del edificio entre la viuda y la hija de Manzanedo. Tras un largo proceso, la viuda traicionada se ve obligada al abandono del palacio completamente arruinada.
En 1982, la propiedad pasó a manos de José Canalejas, político del partido Liberal. A la muerte de Canalejas el 12 de Noviembre de 1912, el edificio continuó ocupado por su viuda y posteriormente por un sobrino, hasta que en el año 1933, Casimiro Mahou adquiere la propiedad para sede de la Cámara de Industria, que posteriormente se la conocerá como Cámara de Comercio e Industria de Madrid. En 1955, el edificio vuelve a reformarse por el arquitecto Fernando Chueca Goitia y por último en 1988 por Fernando Caballero.
Portada de la calle Huertas

Si observamos el edificio actual, su exterior sigue las trazas de los edificios de Madrid del Siglo XVIII. Combinaciones del ladrillo con granito, destacando especialmente las portadas tanto en los elementos decorativos realizados en granito como la decoración de las puertas de madera que Ribera supo plasmar en la mayoría de sus obras. Analizando detenidamente las dos puertas, cualquier neófito puede comprobar que la puerta de la calle del Príncipe construida por Ribera se conserva bastante mejor que la copia de la calle de las Huertas.
Es aconsejable su visita interior donde podemos contemplar una magnifica decoración llevada a cabo por los duques de Santoña, se puede apreciar una gran influencia del arte oriental. Las paredes de las distintas salas, están decoradas con pinturas con motivos que nos recuerdan al comercio y a la industria, mezcladas con otras pinturas de temas relacionados con las Bellas Artes. Podemos admirar pinturas de Francisco Sans, Manuel Domínguez y Madrazo entre otros.
Hemos comentado las pinturas, pero no nos podemos olvidar de la escalera principal realizada en mármol de Carrara proyectada por Domingo Inza en colaboración con el escultor Cánova que esculpió los leones situados en el arranque de la escalera y Carlo Nicoli que diseño el pasamanos.
Palacio de Goyeneche en la calle Alcalá, en la actualidad Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Antes de abandonar el palacio, queremos tener un breve recuerdo para los dos artífices de tan magnífico edificio.
La familia  Goyeneche representa como nadie el éxito social y económico con el reinados de los  últimos Austria y la llegada de los primeros Borbones. Juan Francisco de Goyeneche comienza ocupando puestos en la administración central en Madrid, para posteriormente dedicarse a las lucrativas actividades financieras. Goyeneche natural de Navarra había acumulado una gran fortuna en su puesto de banquero de Felipe V e Isabel de Farnesio.
Palacio de la duquesa de Santoña en la calle Montalbán, actualmente Museo Nacional de Artes Decorativas



Goyeneche, consiguió el Monopolio del Tabaco y fundó la Gaceta de Madrid, que con el paso del tiempo de convertiría en el Boletín Oficial del Estado. A Goyeneche se debe la creación de la población de  Nuevo Baztán en la provincia de Madrid para la fabricación de pieles y artículos de vidrio. El arquitecto de Nuevo Baztán fue Churriguera, el mismo arquitecto construyó en 1710 el palacio de Goyeneche en la calle de Alcalá, hoy sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Al comprar el palacio de la calle del Príncipe, Goyeneche alquiló al Estado su palacio de la calle de Alcalá para situar el Estanco de Tabaco.
El Ducado de Santoña, es un título nobiliario concedido en 1875, por el rey Alfonso XII, para Don Juan Manuel Manzanedo  y González, nacido en  Santoña, que ya disponía desde 1864 del título de  I Marques de Manzanedo.
Vista aérea del Palacio de Santoña con la ayuda de Google

Don Juan Manuel Manzanedo y González, fue un indiano que consiguió una gran fortuna en Cuba, aproximadamente unos 50 millones de reales. En el año 1873, con la edad de 70 años, Juan Manuel Manzanedo, se casa con María del Carmen Hernández y Espinosa de los Monteros, regresando a España, primero residen en Cádiz y posteriormente se trasladan a Madrid, adquiriendo el palacio de la calle del Príncipe, como regalo de bodas a su esposa. Pese a su edad, el duque de Santoña siguió participando en varias empresas financieras, como la banca y los inicios del ferrocarril, negocios con los que consiguió  multiplicar por cuatro su patrimonio. El duque de Santoña todavía tuvo tiempo para participar en  política, siendo nombrado diputado en Cortes y Senador, falleciendo en Madrid en 1882.
En la calle Montalbán número 12, se encuentra la Casa-palacio de la duquesa de Santoña, que desde 1932 es el Museo Nacional de Artes Decorativas, declarado patrimonio histórico-artístico en 1962.


A pocos pasos de la calle de las Huertas, en concreto en la calle Magdalena número 10, con fachada también por la calle de la Cabeza, se encuentra el Palacio del Marqués de Perales, en la actualidad sede de la Filmoteca Nacional.
El edificio que podemos contemplar a pocos metros de la Plaza de Tirso de Molina es uno de los pocos edificios barrocos que conservan su diseño original pese a las reformas efectuadas.
Google nos permite observar el palacio desde las alturas

Ventura de Pinedo Rodríguez, conde de Villanueva de Perales de Milla, se casa con  Antonia de Velasco y Moreda, marquesa de Perales del Río.
Los marqueses encargan un palacio hacia el año 1732  en un solar en una zona de Madrid en plena expansión.
El palacio es de planta cuadrada y se encuentra configurado en torno a tres patios interiores, como era costumbre en las residencias de la aristocracia de la época, las fachadas de formas sencillas son acabadas en estuco de color imitando al ladrillo. El edificio en su parte inferior lleva un zócalo de granito donde se encuentran los huecos de las ventanas del semisótano por la fachada de la calle de la Magdalena, el edificio dispone de tres alturas con las cubiertas abuhardilladas.
Fachada del Palacio del Marques de Perales

Sin duda lo que más destaca del edificio  es la decoración de la portada barroca con balcón superpuesto que realizó el arquitecto Pedro de Ribera, la decoración se compone de elementos florales y orejetas típicas del barroco madrileño.
Algunos investigadores ponen en duda que Ribera participase en la construcción del palacio atribuyéndoselo a los maestros Agustín de Castro y José López de Sojo. En donde no existe ninguna duda es en que Ribera realizó la portada.
El palacio fue ampliado en la década de 1780 al comprar los propietarios unas casas contiguas, el encargado de esta reforma fue Manuel Serrano.
Escudo de los marqueses de Perales, sobre la portada de Pedro de Ribera.

En plena Guerra de la Independencia en 1808,  José Miguel Fernández de Pinedo, III Marqués de Perales que por entonces tenía los cargos de Regidor y Capitán  General de Madrid era responsable de la fábrica de cartuchos preparándose para resistir a las tropas francesas. La munición escaseaba y comienza el rumor entre los combatientes de que los cartuchos llevan arena en lugar de pólvora. El pueblo se amotina en la Casa de Correos y se dirigen por la calle de Carretas hacia el palacio del Marqués al grito de “muerte al traidor”, de esta forma murió el Marques a manos de las turbas enloquecidas.
El palacio continuaría habitado por los sucesivos marqueses de Perales hasta que en el año 1924, Buenaventura Fernández-Durán y Caballero VII marqués de Perales, vende el edificio al Estado, utilizándose como Jugado de Primera Instancia y como Estafeta de Correos.
Entre 1979 y 1983 los arquitectos Manuel Sainz de Vicuña y García Prieto, y Manuel Sainz de Vicuña y Melgarejo padre e hijo, rehabilitaron el palacio para convertirlo en la sede de la Hemeroteca Nacional.
El ayer y el hoy del Palacio del Marques de Perales

En 1995 el edificio es declarado Bien de Interés Cultural y tres años después el arquitecto Javier Feduchi Benlliure se encargó de adaptar el interior para su uso como Filmoteca Nacional.
Las distintas obras realizadas en los últimos años del Siglo XX respetaron la fachada de la calle de la Magdalena, pero no ocurrió lo mismo con la fachada de la calle de la Cabeza, que debido a su estado ruinosos fue necesario rehabilitarla por completo. Las dependencias interiores que habían sufrido demasiadas reformas recuperaron en parte su disposición original, especialmente las de la facha de la calle de la Magdalena
También conviene destacar la recuperación de los sótanos, pasadizos y vestíbulos abovedados.

En nuestro caminar por las calles de Madrid, nos acercaremos a la Carrera de San Jerónimo y más concretamente al número 15, donde se encuentra el palacio del Marqués de Miraflores que tiene también fachada por la calle Arlabán.
Antonio Pando Brigas Arnaiz y Peña, Conde de Villapaterna encargo la construcción del palacio al arquitecto Pedro de Ribera para su residencia personal, la construcción se llevó a cabo entre los años 1731 y 1732. Mucho ha cambiado la zona desde la época de la construcción hasta nuestros días. Por entonces existía la calle Peligros, ya desaparecida y la calle Arlaban se denominaba calle de los Gitanos.
Plano de Pedro Texeira antes de edificarse el Palacio de Miraflores

La denominación de Palacio del marqués de Miraflores se debe a la concesión en 1817 de este título por el rey Fernando VII a Carlos Francisco de Pando y Álava Dávila, III conde de Villapaterna.
Sobre un solar rectangular, Ribera levanta un edificio con zócalo de granito en la fachada de San Jerónimo y ladrillo en las fachadas, con una composición de tres plantas y semisótano, la primera planta incorpora rejas en las ventanas y las otras dos llevan balcones. Todas las ventanas van recercadas con granito. La distribución interior como era costumbre en la época, se estructura alrededor de un patio central para permitir la entrada de luz natural y la ventilación al conjunto. A destacar la puerta principal de estilo barroco,  profusamente  decorada y en la parte superior soporta un balcón, que se encuentra coronado por el escudo del marqués, pero que le falta la corona, desconociéndose los motivos.
El edificio ha cambiado mucho su fisonomía debido a la reforma llevada a cabo en el año 1920 por el arquitecto Eduardo Gambra y Sanz que añadió una nueva planta al edificio y  lo prolongó por su parte posterior, en el interior realizo una nueva distribución. Del palacio original sólo se conserva el diseño de la fachada de la Carrera de San Jerónimo, con el añadido de la cuarta planta.
Palacio del Marques de Miraflores en la Carrera de San Jerónimo

Los marqueses de Miraflores continuaron viviendo en el edificio hasta que en el año 1942, es vendido a la Compañía Hispano Americana de Seguros. Se reforma la fachada de Arlabán para adecuarla al resto de edificios de la calle.
En 1976 el edificio es declarado monumento nacional ante la sospecha de que los propietarios lo quieren derribar. Años después  el edificio fue adquirido por la empresa ATHENA y nuevamente sufre una nueva reforma entre los años  1991 y 1995, llevada a cabo por los arquitectos Julián Colmenares y Jorge Alberto Tersse Giani. Ya en el año 1999 el edificio fue adquirido por MUTUA MADRILEÑA. 
Portada del Palacio del Marques de Miraflores

Desde el 2007 en el edificio se encuentra la sede de Casa Asia en Madrid. Casa Asia es un consorcio público fruto de un convenio entre el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Generalidad de Cataluña, el Ayuntamiento de Barcelona y el Ayuntamiento de Madrid. Esta institución fue constituida en Barcelona el 9 de noviembre de 2001 y se enmarca dentro de los objetivos establecidos en el Plan Marco Asia-Pacífico 2000-2002, que sentaba las bases de una política de Estado para reforzar la presencia española en la región.


Comenzamos nuestra andadura por el Madrid de Pedro de Ribera en la calle del Oso y finalizaremos en el mismo lugar recreándonos con uno de los  edificios más queridos de Ribera, la iglesia de San Cayetano y San Millán.
La iglesia tiene su entrada por la calle Embajadores número 15. En sus orígenes, fue la antigua iglesia del convento de Nuestra Señora del Favor, pero debido a que los clérigos del convento eran de la orden de los teatinos, la iglesia-convento fue más conocida por el nombre del fundador de la orden, San Cayetano de Thiene.
Iglesia de San Millán y San Cayetano en la calle de Embajadores

En origen, en el lugar había un oratorio dedicado a San Marcos y a Nuestra Señora del Favor, que fue fundado en el año 1612 por Diego de Vera y Ordóñez de Villaquirán. Diego de Vera, fue un escritor nacido en Valladolid el 1 de enero de 1584 y fallecido en Petenecté Tabasco, México en 1648. Se le puede considerar vecino de Madrid, además de escritor, era capitán de infantería y caballero del hábito de Santiago y de Calatrava. Ocupó el cargo de Alcalde Principal de Chiapas.
Portada de San Millán y San Cayetano

Las obras del actual edificio, comenzaron en 1669 dirigidas por el arquitecto Marcos López, y continuándolas los arquitectos José de Churriguera y Pedro de Ribera. La Iglesia fue concluida en el año 1761 siendo responsable de las obras Francisco de Moradillo.
En cuanto a su diseño, la planta de la iglesia es de cruz griega y esta coronada con una gran cúpula de tambor sobre pechinas de estilo bizantino; el interior consta de tres naves y cuatro capillas cerradas con sus correspondientes cúpulas. La fachada fue construida en granito y su diseño se atribuye a Churriguera, aunque la construcción corresponde a Francisco Moradillo. Se compone de ocho grandes pilastras rematadas con capiteles de orden compuesto. Las dos pilastras de cada extremo encuadran las dos torres y entre las cuatro del centro se disponen tres arcos de acceso de medio punto. Sobre los arcos de la fachada se colocaron en hornacinas ricamente decoradas las estatuas de san Cayetano, de Nuestra Señora del Favor, y de san Andrés Avelino, realizadas en piedra por Pedro Alonso de los Ríos.
Hornacinas en la fachada de San Millán y San Cayetano

En el interior de San Cayetano se encontraban una hermosa colección de obras de arte que por desgracia se perdieron durante la Guerra Civil. El retablo del altar mayor  que hoy podemos contemplar se basa en modelos barrocos, y copias de cuadros del Museo del Prado. En el templo podemos contemplar la lápida de la sepultura de Pedro de Ribera.
Recordando un poco la historia de la iglesia, en 1822, durante el trienio liberal, los teatinos fueron trasladados al convento de Zaragoza, quedando clausurado el convento. Con la llegada de Fernando VII, el edificio fue ocupado por los frailes de San Gil, conocidos como los “gilitos” hasta su expulsión con la desamortización de Mendizábal de 1836. El convento se reservó para viviendas particulares, pero la iglesia de San Cayetano permaneció abierta al culto.

Con el derribo de la iglesia de San Millán en el año  1869 que se encontraba en la actual Plaza de la Cebada, la parroquia es trasladada a San Cayetano. Es a partir de este momento cuando la iglesia recibe el nombre de  San Millán y San Cayetano.
El incendio provocado en 1936, causó enormes destrozos pero el templo se salvó gracias a la restauración de urgencia llevada a cabo por Fernando Chueca Goitia.
Finalizada la Guerra Civil, se rehízo la cúpula central y se recuperó en su totalidad la fachada.
Tumba de Pedro de Ribera en San Cayetano

Será en el año  1960, cuando una comisión de religiosos y  laicos, aprueba la remodelación total del templo, quedando finalizadas las obras en el año 1962. Entre las personas que componían la comisión, se encontraba la Duquesa de Alba.
En el año 1980 el templo es declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento Histórico-Artístico Nacional.
El proyecto de Pedro de Ribera para la iglesia de su barrio, no llegó a ejecutar tal como él lo habría concebido, por documentación encontrada, se sabe que la cúpula principal y la fachada quedaron muy reducidas en cuanto a la ornamentación que Ribera habría deseado.
Lamentablemente, no es posible admirar la grandiosidad exterior de la Iglesia por encontrarse encajonada entre calles estrechas y rodeada de edificios de viviendas, pero bien vale una visita para admirar su extraordinaria fachada y el retablo mayor.






2 comentarios:

  1. genial página, pero no es Ribera con B?

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  2. Me ha encantado el artículo detallado y sus fotografías, porque estoy estudiando el barroco en la Universidad.

    Muy buen artículo.

    Un saludo.

    Victoria

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