sábado, 2 de marzo de 2013

PLAZA MAYOR DE MADRID


        Fuera de la muralla cristiana construida halla por el Siglo XII, comenzaron a establecerse núcleos de población especialmente hacia el Este debido a las características topográficas del terreno, estos núcleos de población se denominaron arrabales y en ellos se desarrollaban actividades laborales especialmente en el campo. Los arrabales más destacables fueron los de San Martín, San Ginés y Santa Cruz.
       Junto al arrabal de Santa Cruz, existía una laguna que recogía aguas de diferentes arroyos y cursos de aguas subterráneas que existían en la zona.
Algunas de estas corrientes subterráneas, alimentaban las desaparecidas fuentes de los Caños del Peral en la actual Plaza de Isabel II. Todo el entorno de la laguna y de las míseras casas que se habían construido se conocía como la laguna de Lujan por situarse en tierras de Francisco Lujan, también conocido por el del Arrabal.
Plano del Madrid Medieval

En la Edad Media, todas las mercancías que entraban por las puertas de la ciudad, tenían que pagar unos aranceles, y esto llevó a que algunos comerciantes prefiriesen establecer sus negocios fuera de las murallas, en las inmediaciones de la Puerta de Guadalajara.
Durante los siglos XIII y XIV, la laguna de Luján ya se encuentra desecada y el espacio es aprovechado para desarrollar los negocios ambulantes. Durante el reinado de Juan II ya en el Siglo XV, se construye una plaza en la antigua laguna de forma irregular con una fuerte pendiente hacia la actual calle de Toledo. La plaza comenzó a denominarse Plaza del Arrabal por estar situada en la salida  de la ciudad por la Puerta de Guadalajara.
A principios del Siglo XV se edifica una primera casa porticada, o lonja, para regular el comercio en la plaza, a partir de 1480 el Concejo construye portales alrededor de la Plaza para proteger a los vendedores de frutas y verduras.
La venta en la Plaza comienza a regularizarse en el año 1494 siguiendo las disposiciones promulgadas por los Reyes Católicos para la distribución de las tiendas. Ya en 1530, el Concejo adquiere algunas de las casas que se habían construido junto a la plaza para edificar una casa para la venta de pan y otra de carne, pero el proyecto se quedó paralizado. Será en el año 1532 cuando aparece por primera vez la denominación de Plaza Mayor y en el mismo año, según las crónicas se celebró la primera corrida de toros.
En 1580, con la Corte de Felipe II establecida en Madrid, el monarca encarga el proyecto de remodelación de la plaza al arquitecto Juan de Herrera, comenzando por  el derribo de las viejas casas anexas a la Plaza. Los derribos comenzaron en el año 1583 pero debido a la falta de medios económicos, serán las aportaciones de los vecinos quienes financien los derribos. Los vecinos ya sin casas tendrán que irse a unas viviendas provisionales establecidas en  la vecina Plaza de Santa Cruz.
En 1583, Felipe II emite en junio un real decreto que permite al Concejo financiar las obras y al mismo tiempo se concede una suma compensatoria a los vecinos de las casas derribadas.
En los trabajos de la remodelación de la Plaza Mayor intervinieron el arquitecto Juan de Herrera ayudado por Juan de Valencia en el diseño inicial y en los detalles de la reforma arquitectónica. Posteriormente se incorporó el  alarife Antonio Sillero, que había trabajado anteriormente en algunas casas de la Plaza del Arrabal. Antonio Sillero trabajaba  con su sobrino Diego Sillero.
En sus inicios, en el año 1591, en la Plaza de construyó en el ala Sur, la Casa de la Carnicería a modo de depósito general de carnes desde el que se abastecía a los mercados de la villa, de ahí el nombre del edificio.
En la actualidad, su fachada es homogénea con el resto de los edificios de la Plaza. Se distingue por las dos torres con sus correspondientes chapiteles en la cubierta y la planta del ático levantada entre ambos.
En el ala Norte de la Plaza, se construyó la denominada Casa de la Panadería para el abastecimiento de pan en Madrid especialmente en épocas de malas cosechas de cereales y para evitar la falta del alimento de primera necesidad en aquellos tiempos.
Para la financiación de la Casa de la Panadería se utilizaron fondos de los impuestos sobre los alquileres y propiedades de la Villa. Las obras fueron encargadas al alarife Diego Sillero. Los primeros diseños de la Casa de la Panadería se comunicaron a Felipe II en 1590, para que el monarca siguiese la marcha de las obras. Felipe II recomendó  que el diseño incorporase unos soportales, inspirados en los situados a la entrada de la Basílica del Monasterio de El Escorial. Sillero comenzó las obras en el año 1592. Fue necesario derribar algunas casas para la construcción de la Casa de la Panadería. Sillero se dedicó durante varios años a la edificación de la mencionada Casa, compaginando sus trabajos con otras obras en el entorno cercano de la Plaza. La parte baja del edificio se destinó a Panadería reservándose las salas y balcones del piso principal para que los Reyes asistiesen desde ellos a las fiestas de toros y actos de fe.
Pintura de la  Plaza Mayor año 1623 de Juan de la Corte

En esta época las ordenanzas municipales obligaban a los propietarios de las casas situadas en la Plaza a retirar los pilares de madera y colocar en su lugar pilares de piedra imitando los de la Casa de la Panadería. En 1617, con Felipe III en el poder, se encarga la finalización de las obras de la Plaza a Juan Gómez Mora, siendo concluidas en el año 1619.
La nueva Plaza tenía unas dimensiones de 120 por 94 metros, disponía de ocho entradas y 466 ventanas, las casas todas de cinco pisos, pueden considerarse como la primera ciudad dormitorio de Madrid, ya que llegaron a vivir en la Plaza cerca de  3700 vecinos.
Sus cuatro fachadas son continuas, interrumpidas solamente para dejar paso a las ocho calles que llegaban a la Plaza. Los cuatro lados de la Plaza, se denominaron con el nombre de  Panadería, Mercaderes, Paños y Carnicería. Toda la planta baja lleva soportales sobre  pilares de granito, en solución adintelada excepto el frente que corresponde a la Casa de la Panadería que lleva arcos. La fachada de la Casa de la Panadería disponía de una altura menos que el resto de edificios, pero su mayor jerarquía quedaba resaltada por las dos torres con sus chapiteles que la flanqueaban.
La nueva Plaza fue inaugurada el 15 de Mayo de 1620 para celebrar la canonización de San Isidro Labrador.
La Plaza Mayor ha sufrido tres grandes incendios en su historia, el primero de ellos se inició en la noche del 6 al 7 de Julio de 1631, al parecer en un horno en los bajos de la Casa de la Carnicería, la madera utilizada en la construcción, favoreció la propagación de las llamas. El propio rey Felipe IV se personó en el lugar y ante la imposibilidad de atajar las llamas, se recurrió a la ayuda divina. Se trajeron las imágenes de las vírgenes de Atocha y de la Almudena y asimismo el cuerpo incorrupto de San Isidro.
El fuego se mantuvo durante tres días  falleciendo 13 personas. De un total de 68 casas construidas, se quemaron 60, con unas pérdidas económicas superiores al millón de ducados. La restauración fue encomendada a  Juan Gómez Mora. A partir de este momento se prohibió poner tejados de plomo que dificultaron las labores de extinción por el goteo continuo del plomo fundido.
Plaza Mayor según Texeira año 1656

El segundo de los incendios ocurrió el 10 de Agosto de 1672, iniciándose en la Casa de la Panadería, falleciendo 25 personas. Fue reconstruida posteriormente por el arquitecto Tomás Román, en colaboración con  Marcos López, Pedro Lázaro Goiti, Juan de León y Lucas Román. En 1674, tras diecisiete meses de obras la Casa de la Panadería queda reformada. La financiación provenía de las sisas reales y municipales aprobadas por Mariana de Austria madre del Carlos II. Destacaremos que Claudio Coello participo en las obras finales de restauración de acuerdo con los diseños de José Donoso.
La Casa de la Panadería, se reedificó desde los cimientos con importante mejora en los materiales y las trazas. En esta reconstrucción general se incluyó una mejora de la escalera de acceso  a los balcones reales. Los balcones de dicho edificio se convirtieron en tribuna habitual en las celebraciones, y en esta reconstrucción se tuvo en cuenta el  uso por parte de la realeza borbónica. Se abrió además, una calle para mejorar el acceso real mediante  carruajes a la Plaza.
Incendio de la Plaza Mayor en el año 1790

En la noche del 16 de agosto de 1790 se produce el tercer incendio de la Plaza siendo el más devastador de los tres, quedando destruido completamente un tercio del perímetro, afectando especialmente el lado occidental de la Plaza. En la reconstrucción de la Plaza después del incendio de 1672 se empleó mucha madera y esta circunstancia fue decisiva para avivar el fuego. Los medios disponibles para sofocar el incendio eran muy escasos y  aunque asistieron más de mil hombres, con los medios disponibles, resultó imposible evitar que desapareciera gran parte de las viviendas, fue necesario derribar algunos edificios colindantes para realizar cortafuegos. En los Archivos del Palacio Real se conservan las notas manuscritas de Francisco Sabatini informando  a Carlos IV del avance de las labores de extinción. El fuego se había iniciado entre el Arco de Cuchilleros y el Arco de Toledo.
Durante los nueve días que duró el incendio se gastó más de medio millón de reales y se repartieron más de 46.000 raciones de pan y queso para los que trabajaban en las labores de extinción.
El rey Carlos IV puso a disposición de los 1302 madrileños afectados un millón de reales de los fondos de la realeza.
El incendio, no solo afecto a la Plaza Mayor, el fuego alcanzó la iglesia de San Miguel de los Octoes situada en el actual Mercado de San Miguel, quedando destruida por completo.
A modo de curiosidad, transcribimos literalmente las noticias sobre el incendio que fueron publicadas unos días más tarde. 

D I A R IO DE  M A D R I D, DEL  V I E R N ES 20 DE AGOSTO DE I790.
“En la noche del día 16 del presente mes de Agosto, se advirtió a cosa de las 11 en el portal de Paños de la Plaza Mayor un fuego, que propagándose pasó el portal de Paños, y sus subterráneos por todo el lienzo hasta el Arco de la calle de Toledo y fué ascendiendo hasta las guardillas, y se extendió en las inmediaciones hasta la Parroquia de S. Miguel, con gran voracidad, por la calidad de los edificios. Consistiendo estos en un enrejado de madera con muy poco material, sin paredes divisorias de ladrillo ó piedra que pudiese detener su progreso  solo se detuvo en la casa propia de Madrid , situada sobre el referido Arco de Toledo, cuyas paredes como mas consistentes, han contribuido eficazmente á que no se extendiese al resto del lienzo de las Carnicerías.
Fue recomendable la diligencia de Manuel de Silva , en apagar con tierra el fuego que se prendió en las guardillas de esta casa. Luego que por la señal de las campanas se tuvo noticia del parage en que se había prendido el fuego, se acudió por todos los que deben cuidar de impedir tales incendios con sus disposiciones y auxilios, á socorrer esta necesidad, y favorecer á los vecinos, á quienes comprehendió esta desgracia, dando todas las providencias conducentes á minorarla en quanto dependía de sus facultades y actividad.
Con la misma se continúa hasta ahora para atajar la comunicación  haciéndose los cortes oportunos baxo la dirección del Teniente General D. Francisco Sabatini, sin omitirse prevención ni disposición que pueda contribuir á minorar este daño. El piadoso corazón de S. M. ha dispensado en favor de los habitantes de las casas incendiadas, de su Real Erario un millón de reales  para que se distribuya con justificacion entre estas familias , confiando este encargo al Excmo Sr. Conde de Campomanes, Gobernador del Consejo, atendiendo á la magnitud, número, y demás calidades de estos vecinos, sin perjuicio de la demanda general acordada por el Consejo, con Real noticia y aprobación é iguales objetos, habiéndosele comunicado este generoso socorro de S. M. por el Excmo. Sr. D. Pedro López de Lerena, con fecha de 18 del corriente”.

La nueva remodelación de la Plaza Mayor fue encomendada  al Arquitecto Mayor de la Villa Juan de Villanueva. Para evitar en lo posible nuevos incendios, Villanueva reformó la Plaza sin emplear apenas madera y construyendo principalmente con piedra y ladrillo. Se mantuvo el diseño inicial de Juan Gómez de Mora, pero se eliminó el quinto piso adaptando las viviendas al diseño de la casa de la Panadería. Juan de Villanueva redactó una orden municipal para la prevención de incendios, las anteriores se remontaban a Teodoro Ardemans durante el reinado de Felipe V.
La remodelación contempló el cerramiento completo de la Plaza, incluyendo arcos en las calles abiertas que desembocaban en la misma. Las labores de reconstrucción terminaron en el año 1854. Villanueva falleció en 1811 y las obras continuaron bajo la responsabilidad del arquitecto municipal, Juan José Sánchez Pescador, con la colaboración de Antonio López Aguado y Custodio Moreno.
La nueva Plaza de estilo neoclásico, tiene unas dimensiones de 120 por 90 metros, dispone de 114 arcos incluidos los ocho de acceso, dispone de 377 balcones, cuatro torres y un total de 76 buhardillas.
A partir de 1822, se instala en Madrid la “Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid” con el fin asegurar los daños ocasionados en las casas dentro de la cerca de Felipe IV debidos al fuego.
El  proyecto se formuló el 27 de abril de 1822, siendo impreso y publicado su reglamento el 30 de noviembre del mismo año por valor de 69.501.128 reales y sancionado por el Consejo de Castilla, por Real Cédula, el 31 de marzo de 1824.
En el capítulo 5º, artículo 41, según su reglamento dice: Que se cuidará de que se coloquen en las casas aseguradas en paraje visible una tarjeta o azulejo que diga “Asegurada de Incendios”.
Después del último incendio, la plaza dejo de realizar las funciones de mercado, desplazándose este a la vecina plaza de la Cebada.
Plaza Mayor año 1880

En 1848 bajo el reinado de Isabel II, la Plaza perdió la función de lugar de espectáculos con que fue concebida, y se remodeló el espacio central  convirtiendolo en un jardín a la francesa presidido por la estatua ecuestre de Felipe III. La estatua formaba parte de los jardines privados del rey en la Real Casa de Campo.
En 1880, se restauró la Casa de la Panadería, encargándose del proyecto Joaquín María de la Vega.
En 1921 se acometieron labores de reforma en las viviendas. En 1935 se realizó otra reforma, llevada a cabo por Fernando García Mercadal. En el año 1956, se prohíbe el paso de los tranvías por la plaza y ya en 1961 se acometió una restauración general, que la cerró al tráfico rodado y habilitó un aparcamiento subterráneo bajo la Plaza, cuyas obras se efectuaron durante los años 1967 y 1969  y que obligó a subir el nivel del pavimento, realizándose el adoquinado actual, al mismo tiempo que desaparecían las zonas ajardinadas.
La última de las actuaciones en la Plaza Mayor, llevada a cabo en 1992, consistió en la decoración mural, de la Casa de la Panadería, obra de Carlos Franco, que representa personajes mitológicos como la diosa Cibeles, Cupido, Baco, Tritón y otros muchos.
Por su orientación y condiciones climatológicas, es necesario recuperar los frescos de la Casa de la Panadería cada 40 o 50 años
Plaza Mayor año 1906

El nombre de la Plaza ha variado a lo largo de la historia, del primitivo nombre de Plaza del Arrabal pasó a llamarse Plaza Mayor.
Se llamó Plaza del Arrabal cuando, de estar fuera del recinto amurallado medieval, pasó a constituir el centro de los nuevos barrios conformados por el ensanchamiento de la villa hacia el este durante el reinado de Juan II de Castilla.
En 1812, cumpliendo el decreto que disponía que todas las plazas mayores de España pasasen a llamarse Plaza de la Constitución, cambió de nombre, pero solo duraría hasta 1814, año en que pasó a llamarse Plaza Real.
Recuperó el nombre de Plaza de la Constitución en los períodos de 1820 a 1823, de 1833 a 1835 y de 1840 a 1843.
En 1873, cambió su nombre por el de Plaza de la República, y otra vez a Plaza de la Constitución desde la Restauración de Alfonso XII en 1876 hasta la Dictadura de Primo de Rivera en 1923. Tras la proclamación de la II República se volvió a cambiar al nombre de Plaza de la República Federal  hasta el final de la Guerra Civil cuando se recupera el popular nombre de Plaza Mayor, nombre que perdura hasta la actualidad.
Vista de la Plaza Mayor año 1928

La Plaza tuvo desde sus comienzos importantes cometidos. Era un espacio dedicado al comercio cotidiano como ya hemos indicado con anterioridad, en la Plaza se celebraban festejos taurinos, destinados a la realeza o a las clases populares, la  Plaza fue el lugar elegido para los Autos de Fe de la Santa Inquisición, en la misma Plaza se realizaban ejecuciones públicas y actos más lúdicos como juegos populares.
Ya en el Siglo XV se celebraban diversas corridas de toros y de rejoneo, aumentando su popularidad con el transcurrir de los años. Se distinguían dos tipos de corridas: Para la gente del pueblo y las destinadas a la realeza y todos los personajes de la Corte. Las primeras eran organizadas por el Concejo de la Villa y las segundas por los encargados del protocolo y fiestas de la Corte, denominados Mayordomía Real.
Auto de Fe en la Plaza Mayor, cuadro de Francisco Ricci año 1683

Las corridas, se solían celebrar en determinadas épocas siempre en torno  a  fechas como  San Juan en Junio, Santa Ana en Agosto y San Isidro en Mayo. Para las corridas, se acondicionaba la plaza cerrándola con tendidos de madera, el espacio del ruedo era rectangular. Los personajes más Nobles se colocaban en la Real Casa de la Panadería, y la Guardia Real en torno a ella.
Los propietarios de las casas de la Plaza solían alquilar sus balcones para contemplar las corridas y otros eventos.
En la Plaza también se celebraban los llamados Autos de Fe y consistían en largas ceremonias que, por regla general, duraban todo el día en las cuales se juzgaba a los procesados por el Santo Tribunal de la Inquisición. Se daba  lectura a los alegatos y defensas, a la descripción del proceso y la proclamación de la sentencia. Los reos vestían el sambenito. El sambenito es una prenda utilizada originalmente por los penitentes católicos para mostrar público arrepentimiento por sus pecados, y más adelante por la Inquisición para humillar a los condenados por delitos religiosos. En origen se trataba un saco de lana en forma de poncho bendecido por el cura, de donde viene el nombre de saco bendito que da lugar a sambenito por asimilación fonética con San Benito.  
Espectáculo taurino en la Plaza Mayor

Para los Autos de Fe, la Plaza se decoraba como un teatro. En 1624 se celebra el primer Auto de Fe en la Plaza. Después del incendio de 1632, sólo se celebraron dos Autos de Fe en la Plaza Mayor. Los Autos de Fe eran muy concurridos y como si se tratase de un concierto musical de nuestros tiempos, en algunas ocasiones los asistentes se encontraban presentes en la plaza días antes con el objeto de poder situarse en los mejores lugares para presenciar el espectáculo.
La Plaza Mayor se utilizó en el siglo XVII como escenario de ejecuciones públicas dictadas por la justicia. Para ejecutar las condenas había diferencias en función de las sentencias. Los nobles eran degollados delante  de la Real Casa de la Panadería, mientras que el garrote vil se hacía delante del Portal de Paños, a los sentenciados a la horca se les ajusticiaba delante de la Casa de la Carnicería. Las ejecuciones públicas se realizaron en la Plaza Mayor hasta el 27 de marzo de 1805, fecha en la que se trasladan las ejecuciones públicas a la Plaza de la Cebada. Durante la ocupación francesa las ejecuciones públicas regresaron a la plaza Mayor.
Estafermo utilizado en los juegos a caballo en la Plaza Mayor

Entre el apartado de celebraciones cabe destacar aquellos que consistían en juegos públicos como los estafermos medievales. El estafermo era un maniquí con figura de hombre que se utilizaba  para entretenimiento de los caballeros.
El muñeco iba montado sobre un mástil horizontal giratorio asentado sobre una base. Iba armado con un escudo en la mano izquierda  en la derecha una correa de la que pendían unas bolas. El muñeco se colocaba al final de una pista de carreras sobre la que los corredores a lomos de sus caballos simulaban combates contra el muñeco.
En el Siglo XVII eran muy populares, los juegos de cañas,  las  fiestas de equitación, las mascaradas en los periodos de carnaval, las luminarias y los fuegos  que fueron aumentando su popularidad con el paso de los años. Las representaciones teatrales también tenían cabida en la Plaza Mayor.
Por último, resaltar las celebraciones religiosas, normalmente procesiones y es que la Plaza Mayor era lugar de paso y de encuentro de las distintas procesiones en especial Semana Santa.
Año 1928, la Plaza Mayor recordando sus orígenes como mercado.


Hemos realizado un recorrido por la historia de esta emblemática Plaza y ahora nos toca detenernos en cada uno de sus rincones, para conocer en detalle la actual Plaza.
La Plaza Mayor, dispone de los siguientes accesos:
El Arco de Cuchilleros es el más famoso de los ocho arcos de acceso a la Plaza Mayor y está situado en la esquina suroeste. Situados en Cuchilleros podemos comprobar el gran desnivel que existe entre la Plaza y la Cava de San Miguel. Recordemos que en origen la Plaza del Arrabal era una gran laguna que fue desecada y nivelada y las cavas eran fosos defensivos situados junto a la muralla.
Acceso a la Plaza por el Arco de Cuchilleros

El arco de Cuchilleros es obra de Juan de Villanueva, quién tras el incendio de 1790, cerró completamente la plaza habilitando una serie de arcadas para su acceso.
El origen de su nombre se debe a que en la calle de Cuchilleros  antiguamente se ubicaban los talleres del gremio de cuchilleros, que ofrecían sus servicios  al gremio de carniceros ubicados en la Plaza.
En las escalinatas de acceso, hay un pequeño saliente protegió por una barandilla, que da paso a unos de los establecimientos de la zona. A este saliente se le conoció como el “pulpitillo” por el hecho de que el 2 de Mayo de 1808, un  fraile del cercano convento de San Gil, incitó a las masas a rebelarse contra la invasión francesa.

Calle Arco del Triunfo, el primer nombre de esta calle fue el callejón del Infierno, al parecer por las grandes llamaradas producidas en los incendios de la plaza. También se la llamo calle del Peso Real, porque la oficina de este organismo estuvo en el primer piso de la Casa de la Panadería teniendo  su entrada por esta calle. En 1634, se derribó el callejón para que pudieran transitar los carruajes, denominándose la calle Arco del Triunfo por  los mismos motivos que la calle 7 de Julio. El famoso cura Martín Merino Gómez, que intentó asesinar a Isabel II, vivió en el Nº 2 de esta calle. La calle se encuentra en el ala norte junto a la calle 7 de Julio.


Acceso por el Arco del Triunfo

Calle del 7 de Julio, antiguamente llamada de la amargura, debe su  actual nombre al recuerdo de la fecha del 7 de Julio de 1822, cuando unos milicianos se defendieron en la Plaza Mayor del ataque de las tropas de la Guardia Real que trataban de imponer el absolutismo. La calle se encuentra en el ala norte de la Plaza frente al Arco de Cuchilleros.



Acceso a la  Plaza por 7 de Julio


Calle de Felipe III, situada a continuación de la calle Arco del Triunfo, se trata de la antigua calle de Boteros, nombre que tomó del gremio que estuvo establecido en esta calle. Cuando la estatua de Felipe III fue trasladada en el año 1847 al centro de la plaza la calle a iniciativa de Mesonero Romanos, paso a denominarse a partir del año 1851, Felipe III.

Acceso por Felipe III

Calle de la Sal, anteriormente se llamó calle Real de la Sal, porque aquí estaba el depósito de venta de la sal en el Siglo XVII. Desde 1835, se denomina calle de la Sal. Como todas las calles que confluyen en la Plaza, es de pequeñas dimensiones, se encuentra en la esquina del ala este de la Plaza dirección a la calle Postas y Puerta del Sol. Es obligado realizar una pequeña parada en esta calle, porque en ella se encuentra la Antigua Relojería de la Calle de la Sal.

Acceso a la Plaza por la calle de la Sal

La relojería se estableció en el lugar en el año 1880 y de ella destacaremos una anécdota. En cierta ocasión un cliente entregó un reloj para su reparación, y habiendo extraviado el resguardo (en él se especificaba la caducidad a los tres meses), se presentó a recogerlo cuarenta años después, no habiendo ningún problema para que fuese localizado y entregado en perfecto funcionamiento. En esta calle y en la fachada del edificio que hace esquina con postas y frente a la Antigua Relojería, podemos admirar varios dibujos del humorista madrileño Mingote recordando los revocos a la madrileña que a principios del Siglo XX se realizaba en las fachadas consistentes en la colocación de elementos decorativos pintados al fresco.

Antigua Posada del Peine

Frente a la calle de la Sal, se encuentra uno de los establecimientos más castizos de Madrid, se trata de la antigua Posada del Peine. El nombre se debe a que en un  principio y por cortesía del establecimiento, todas las habitaciones contaban con un peine que estaba atado al lavabo para no ser robado. En 1970 la posada cerró sus puertas hasta el año 2005, momento en que fue reformado totalmente su interior y restaurado su exterior para dar lugar al actual hotel de cuatro estrellas, Hotel Petit Palace Posada del Peine.
Juan Posada adquiere en 1610 una casa en la antigua calle del Vicario Viejo, hoy llamada del Marqués Viudo de Pontejos para dar alojamiento a los huéspedes y forasteros que llegaban a la Villa. Casi dos siglos después en 1796, el negocio continuaba y sus nuevos dueños, los hermanos Espinos, lo ampliaron en el año 1891 con la adquisición de una casa contigua que daba a la calle de Postas. La posada, contaría a partir de entonces con unas 150 habitaciones, distribuidas en  varias plantas del inmueble y clasificadas por el poder adquisitivo de los inquilinos. Así, las habitaciones que daban a la calle eran más espaciosas, cómodas y ventiladas que las del interior, de dimensiones notablemente más pequeñas, carentes de luz natural y ventilación, y normalmente ocupadas por más de un inquilino.
Viñetas de Mingote en la calle de la Sal

Se comenta que algunas habitaciones, como por ejemplo la número 126, tenían un pasadizo secreto tras el armario, que comunicaba con otras habitaciones, y alguna conducía a una sala secreta. Esto parece que tenía como  finalidad de ocultar fugitivos o mercancías de contrabando. El éxito de este establecimiento era el competitivo precio de sus habitaciones, al costar el alojamiento entre 1 y 1,5 pesetas la noche en el año 1909.
En 1892 se construyó un templete sobre el antiguo edificio y se instaló un reloj, hoy desaparecido. El edificio fue cedido a una comunidad religiosa y posteriormente vendido a la relojería Girod.
De la antigua posada sólo se conserva la fachada, en la que todavía se encuentra el nombre del establecimiento.  En la esquina del edificio, podemos contemplar una réplica del reloj que en su día fue colocado con motivo del IV Centenario del descubrimiento de América.
Calle de Zaragoza, fue conocida como calle de las Viñas, por la gran cantidad de viñas que había en la zona, posteriormente se denominó San Jacinto y Portal de las Zapaterías de Viejo. Fue a partir de 1835 cuando recibe el nombre de Zaragoza en memoria del heroísmo de los zaragozanos durante la guerra de la Independencia. Se encuentra en el ala este de la Plaza.
Acceso a la Plaza por la calle Zaragoza

Calle de Gerona, antiguamente recibió los nombres de las Vidrieras, Santa Cruz, Portales de Santa Cruz y Portales de la Seda. Desde 1835, se denomina Gerona en recuerdo al heroísmo con el que se defendió  esta ciudad durante la guerra de la Independencia. Es paralela a la calle de Zaragoza y termina en la confluencia de la Plaza de Santa Cruz con la Plaza de la Provincia.

Acceso a la Plaza por la calle Gerona

Calle de Botoneras, primero se denominó Arco Imperial y en 1835, recibe en nombre de Arco de Botoneras porque antiguamente estuvieron aquí las vendedoras de quincalla cuyo producto principal eran los botones. En 1854 cambio su nombre por el de 17 de Julio en recuerdo de los revolucionarios del 17, 18 y 19 de Julio del mismo año, pero pronto recuperó el nombre actual. Se encuentra en el ala sur haciendo esquina con la Calle Gerona.

Acceso a la Plaza por Botoneras

Calle de Ciudad Rodrigo, esta calle se ha llamado Calle Nueva y calle Nueva que va de la Puerta de Guadalajara a la Plaza Mayor. Fue abierta para que el cortejo real pudiera ir a la iglesia de Atocha sin tener que dar un rodeo por Sol y calle Carretas. Después de incendio de 1790, permaneció unos años sin edificarse y es en 1835, cuando una vez ya reconstruida se la denomina Ciudad Rodrigo en recuerdo de la ciudad salmantina que fue recuperada por el general Wellinton en 1812 tras un asedio de seis meses. Se sitúa en el ala oeste esquina a la calle Mayor.

Acceso a la Plaza por la calle de Ciudad Rodrigo
Placas de las calles de acceso a la Plaza

Calle de Toledo, realmente es la única calle que merece llevar el nombre de calle, ya que el resto son muy pequeñas. En un principio se llamó calle de la Mancebía por una famosa casa de alterne que había en la zona en el Siglo XIV. Posteriormente se denominó de los Ocho Hilos, por las ocho hileras de árboles que había plantados en el paseo. Pero realmente siempre se la ha conocido por la calle de Toledo por ser el antiguo camino que conducía a la Ciudad Imperial.

Acceso a la Plaza por la calle Toledo




Hemos realizado un recorrido por todo el perímetro de la Plaza Mayor y ahora nos toca detenernos en el contenido de la Plaza.

Geométricamente situadas en el pavimento de la Plaza, podemos contemplar cuatro farolas cuyos pedestales contienen una serie de grabados con estampas del viejo Madrid: Los tratantes, los carnavales, ajusticiamiento a garrote, el pregón del Alcalde, Juan de Villanueva, los toros y danzas regionales.


Farola y terrazas al fondo



Situada en el centro de la plaza, se encuentra la estatua ecuestre de Felipe III. Se trata de un regalo al rey español del gran duque de Florencia, Cosme de Médicis, el monumento representa al rey Felipe III a caballo, la obra está basada en un retrato del pintor Pantoja de la Cruz. La estatua fue realizada en Florencia por los escultores Juan de Bolonia y Pedro Tacca. La estatua realizada en bronce, tiene un  peso superior a las cinco toneladas y media, y fue traída desde Florencia a Madrid por Antonio Guidi, cuñado de Tacca. La estatua fue colocada en  la Casa de Campo, delante  del antiguo palacete real. Sería en el año 1848, cuando Ramón de Mesonero Romanos, que por aquel entonces era concejal de la villa, solicita el traslado a la reina Isabel II a su emplazamiento actual, colocándola sobre sobre un alto pedestal de piedra con la siguiente inscripción: “La reina doña Isabel II, a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mandó colocar en este sitio la estatua del señor rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituyó a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. Año de 1848”.
Estatua ecuestre de Felipe III

Desde entonces, la estatua de Felipe III ha presidido la Plaza Mayor,  tan sólo en dos periodos fue retirada. La primera en 1873, cuando quedó proclamada la República Federal y se mantuvo oculta hasta la restauración de Alfonso XII a finales del año 1874. La segunda  en el año 1931, cuando fue proclamada la II República. Si en la primera ocasión que fue retirada no sufrió desperfectos, con la llegada de la Segunda República, la estatua fue destrozada. Restaurada poco tiempo después por Juan Cristóbal, volvió a lucir orgullosa en la Plaza, pero las autoridades republicanas, se vieron obligadas a protegerla para que los bombardeos durante la guerra no le ocasionasen más daños.
Como hemos indicado en 1931, la estatua fue destrozada por una bomba que los antimonárquicos habían colocado. Y fue entonces cuando se descubrió el misterio que la estatua guardaba en su interior, aparecieron cientos de esqueletos de pequeños pajarillos que al parecer habían entrado por la boca del caballo y ya no encontraron la salida. Si somos curiosos y observamos la boca del caballo, esta se encuentra cerrada, pero no siempre fue así, ya que cuando fue construida, el caballo mantenía su boca abierta.
Para evitar la trampa no deseada para los pajarillos y que durante tantos años estuvo presente sin que nadie se percatase, en la restauración llevada a cabo durante la Segunda República la boca del caballo fue cerrada.
Detalle de los arcos de acceso a la Plaza Mayor

La Plaza Mayor es actualmente un importante punto turístico, para madrileños y foráneos. En los locales comerciales ubicados bajo los soportales, abundan los comercios de hostelería, tiendas de regalo, numismática y filatelia. En la Plaza se organizan festivales y conciertos.
Es tradicional desde 1860, que todos los meses de diciembre, se celebre el tradicional mercado navideño de figuritas y otros adornos.
Todos los domingos y fiestas se celebra el mercado de filatelia y numismática, últimamente se ha incorporado el mercado de chapas.
Feria de sellos y monedas un domingo cualquiera en los soportales de la Plaza

La Casa de la Panadería situada en el número 27, a lo largo de su historia albergó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando entre los años 1745 y 1774, fue sede de la Real Academia de la Historia entre los años 1774 y 1871, posteriormente fue ocupada por la Biblioteca Municipal, el Centro Cultural Mesonero Romanos y el Archivo de la Villa, en la actualidad en sus dependencias se encuentra el Patronato de Turismo de Madrid, desde este lugar se organizan a diario diversas visitas culturales por todo Madrid.

Casa de la Panadería

La Casa de la Carnicería situada en el número 3, albergó a finales del Siglo XIX la Tenencia de Alcaldía y la Casa de Socorro del distrito de Audiencia, en el año 1916, la Casa es sometida a una reforma interior dirigida por el arquitecto Luis Bellido González y se convierte en Hemeroteca Municipal. Posteriormente vuelve a ser remodelada en los años 1987 y 1993 para adaptarla para su nuevo cometido, la Junta Municipal del Distrito Centro. Últimamente, el Ayuntamiento está considerando la posibilidad de transformar la Casa de la Carnicería en un hotel de lujo.

La Casa de la Carnicería flanqueada por las torres

Como lugar turístico de primer orden, para finalizar nuestro recorrido por la historia de la Plaza Mayor, nos detendremos en los comercios más emblemáticos de su entorno.
En el Nº-25 de la Plaza Mayor, se encuentra “La Favorita”, fundada en 1894, está dedicada a tienda de artículos de regalo especialmente tocados para hombre y mujer, se la considera en su género como la más antigua de Madrid.
Los propietarios actuales son ya la cuarta generación. Para todos los amantes de los tocados, en La Favorita se puede encontrar todo tipo de sombreros de gran calidad, gorras para protegerse del frío y como no del calor en verano, y todo tipo de gorras que nos podamos imaginar, boinas de caballero y de señora de la marca ELÓSEGUI, considerada la mejor boina del mundo, txapelas y  complementos como: Bufandas, guantes y abanicos.
Y como tienda de regalos que se precie, no podían faltar las botas de vino de las “Tres ZZZ”.
Pasado y  presente de la Favorita

En el número 30, nos encontramos con Casa Yustas, fundada en 1894 y que lleva vendiendo desde entonces sombreros, gorras y efectos militares, y a partir de 1997 tras su modernización incluye productos de artesanía, artículos de regalo y de decoración, especialmente con destino a los turistas.
Casa Yustas es un negocio familiar y que  fabrican parte de sus propios artículos con la misma dedicación que en el pasado.
Casa Yustas, debido al lugar donde se ubica es uno de esos comercios centenarios que atesora una larga historia, así podemos adquirir diversos productos en unas cuevas recuperadas de siglo XIX. En el apartado de efectos militares, se puede encontrar: Insignias, llaveros, pins, condecoraciones y una amplia gama de banderas y artículos de coleccionista como soldados, armas, etc. Como cualquier establecimiento centenario de Madrid Casa Yustas, tiene situada en su entrada la placa acreditativa del Ayuntamiento de Madrid.
Casa Yustas

En el capítulo dedicado a las calles que tienen acceso a la Plaza Mayor ya comentamos la existencia de la Antigua Relojería de la calle de la Sal, vamos a detenernos un poco delante de la relojería para contemplar y escuchar el sorprendente  carillón situado sobre la puerta del establecimiento y realizado sobre bocetos de Mingote.
La figura, del paisano situado junto a los relojes se mueve observando todos los puntos de la calle, especialmente las pinturas de Mingote cuando el carillón se pone en marcha. La sonería interpreta, a las horas, el chotis Madrid y a los cuartos, un fragmento de La Gran Vía. El reloj principal marca la hora de España y los otros cuatro la de Nueva York, Sídney, Pekín y El Cairo.
Antigua Relojería con el carillón en la parte superior

Para no molestar a los vecinos, la sonería funciona entre las  nueve y media de la mañana y  las nueve de la noche. Las melodías pueden adaptarse en función de las fiestas locales u otros acontecimientos.
La Antigua Relojería fue fundada en 1880 por Inocencio López Salcedo y en el año 1939, es comprada por D. Genaro García Morales cuyos descendientes la siguen regentando. En la reforma efectuada, se recuperan las trazas originales, con el interior de madera y cristal y en el exterior se recupera la primitiva fachada en la que destaca la madera, resultando una fachada de gran belleza. Se venden todo tipo de relojes, especialmente alemanes y suizos, disponiendo de taller propio.
La Antigua Relojería como establecimiento centenario tiene ganada su placa de establecimiento centenario del Ayuntamiento de Madrid que luce orgullosa en la entrada.

En el número 2 de la calle de la Sal, nos encontramos con  la carnicería Casa Bartolomé, fundada en el año 1837. El abuelo de los actuales dueños comenzó como aprendiz en la carnicería y posteriormente se quedó con el negocio. Han pasado los años y tres generaciones después, siguen despachando las carnes de cochinillo, fiambres, quesos y jamones entre otras delicatesen, sin olvidarnos  del auténtico queso manchego,  azafrán  los aceites de oliva virgen extra y  vinos de la Rioja, de la ribera del Duero, etc.
Placa conmemorativa de comercio centenario en Casa Bartolomé

  Continuando nuestro paseo, nos acercaremos a la calle Botoneras donde se encuentra  uno de los establecimientos con más encanto de Madrid, se trata del Restaurante los Galayos.
Este céntrico restaurante de Madrid, tiene una larga historia tras de sí desde que la familia Rojo halla por el año 1894 funda la taberna Casa Rojo, donde servían únicamente tapas y aperitivos para acompañar el vino y la cerveza. Con el transcurrir del tiempo, el local pasó a manos de Miguel Grande, adaptándose a la demanda y necesidades del nuevo público terminando por convertirse en un gran restaurante. Los Galayos fue punto de encuentro de grandes tertulianos, destacando sobre todos la Generación del 27.
Homenaje a Luis Cernuda

A destacar la Cocina Castellana con  una gran variedad de platos y de tapas acompañados con vinos de la Rioja, Ribera del Duero y Madrid.
En los Galayos, se celebró el homenaje a Luis Cernuda, con motivo de la publicación de su obra "La realidad y el deseo" el día 29 de abril de 1936. La instantánea fotográfica de aquel momento tiene una gran importancia ya que fue la última instantánea en la que se pueden observar a los miembros de la Generación del 27.
En la fotografía colocada en las paredes del restaurante, podemos observar a Luis Cernuda rodeado por Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Miguel Hernández, José Bergamín, Manuel Altolaguirre, María Teresa León y Concha Méndez entre otros. El encargado del discurso del evento corrió a cargo de  Federico García Lorca: "Yo vengo para saludar con reverencia y entusiasmo a mi capillita de poetas, quizás la mejor capilla poética de Europa, y lanzar un vítor de fe en honor del gran poeta del misterio, delicadísimo poeta Luis Cernuda, para quien hay que hacer otra vez, desde el siglo XVII, la palabra divino".
En el restaurante Los Galayos, se han inspirado algunos escritores como Arturo Pérez Reverte antes de escribir “El Capitán Alatriste".
Entrada a los Galayos por la Plaza Mayor

En la decoración destacan los frisos de madera de la barra de la entrada principal por la calle Botoneras, tallada a mano y de gran valor, proveniente de otro local de la familia actual llamado el Púlpito y situado en el arco de Cuchilleros. Galayos era parada obligada del Rey Alfonso XIII, donde se tomaba las tapas y platos típicos de la época acompañados de grandes vinos.
Al fondo,  los Galayos en la calle Botoneras

El restaurante dispone de terrazas y tres salones decorados de manera distinta para que todo el mundo pueda comer en el ambiente que más les seduzca.
Salón "Avila" donde se puede degustar la cocina castellana con una decoración de ambiente castellano, vigas de madera, cuadros y  cerámicas con motivos de "El Quijote".
Salón "Duque" con maderas rústicas y  techos labrados y de gran belleza que acompañan a los comensales en todo momento.
Salón "Bodeguilla" imitación de una auténtica bodega castellana, en la que la decoración nos traslada a tiempos de Alfonso XIII.
Los Galayos han incorporado dos nuevos salones "El Refugio" y "El Altillo" destinados para celebraciones privadas.

En el Nº- 5, de la calle de Cuidad Rodrigo,se encuentra una de las tiendas de ultramarinos más antigua de Madrid "Los Ferreros", fue fundada a finales del Siglo XIX por el bisabuelo del dueño actual en pleno centro del Madrid  y la mejor zona  comercial de aquella época. Posteriormente, la tienda incorporó una carnicería.


Con el paso del tiempo, la tienda  ha continuado incorporando productos como: Fiambres, quesos,  vinos, azafrán y otros productos típicos de España, todo ello en base a la gran influencia turística de la zona.
El local mantiene el espíritu de antaño, reflejado en la decoración del techo de finales del Siglo XIX.
En el año 2009, le fue concedida la Placa de Establecimiento Centenario por parte del Ayuntamiento.


Hemos traído a estas páginas, unos pocos ejemplos de la gran variedad de comercios en el entorno de la Plaza Mayor, pero mejor que cada uno los descubra por si mismo. La Plaza Mayor, nos ofrece una variada oferta gastronómica, destacando los celebres bocadillos de calamares. En los alrededores de la Plaza podemos visitar el remozado Mercado de San Miguel, donde podremos degustar infinidad de esquísiteces, o un poco más abajo en Puerta Cerrada y las Cavas, donde se encuentran algunos de los establecimientos más típicos de Madrid como: Las Cuevas de Luis Candelas, Sobrino de Botín, Casa Lucio, etc, etc.


Como dato curioso, desde la Cava de San Miguel, junto al arco de Cuchilleros, podemos contemplar la fachada de los edificios en forma cóncava para soportar el empuje de fuerzas debido a la diferencia de alturas entre la Plaza Mayor y la Cava de San Miguel.

Terrazas en la Plaza Mayor
Plaza Mayor
Bocadillo de calamares en la Plaza Mayor
Soportales en la entrada por Ciudad Rodrigo
Fachada de los edificios de la Plaza Mayor en la Cava de San Miguel

Detalle de las pinturas de la Casa de la Panadería



Jardines de la Plaza Mayor año 1895
Plaza Mayor año 1920
Plaza Mayor año 1932
Plaza Mayor año 1956

Plaza Mayor año 1968, construcción del aparcamiento







1 comentario: