jueves, 13 de diciembre de 2012

CALLE DE TOLEDO


La calle de Toledo, la podemos considerar como una de las calles más castizas de Madrid, que desde el tiempo de los Austrias, ha visto salir y entrar en Madrid infinidad de personajes a través de su famosa Puerta. Entre la Plaza Mayor y la glorieta de Pirámides, se extiende la calle de Toledo. Ha tenido diversos nombres  a lo largo de su historia: Calle de la Mancebía, por una famosa casa de prostitución que existió en la zona halla por el Siglo XIV, posteriormente, se la denominó paseo de los Ocho Hilos, por los árboles plantados en ocho hileras  que tenía la calle. En nombre que ha perdurado y por el que se la conocía de inició, siempre ha sido calle de Toledo por ser el antiguo camino que conducía a la ciudad Imperial.
La calle de Toledo es una de esas calles que todo paseante debe conocer, en ella todavía en pleno Siglo XXI, podemos contemplar las típicas tiendas del Madrid antiguo con sus portadas de madera en colores verde y granate. En nuestro paseo, nos detendremos no solo en sus tiendas, observaremos la arquitectura actual y recordaremos los edificios más famosos que sucumbieron a la temida piqueta y como no, nos detendremos en alguna de sus múltiples tabernas para refrescarnos y paladear sus exquisitos productos.
El primer tramo de nuestra calle, comienza en el denominado Portal de Cofreros que da acceso a la Plaza Mayor, nos encontramos a ambos lados con soportales donde antiguamente se ubicaba el gremio de los Cofreros, sustituidos hoy en día por numerosas tiendas de numismática y locales de restauración.
Arco de Cofreros
Aunque ya Juan Gómez de Mora realizó la ordenación de dicha zona, los edificios actuales corresponden al proyecto que Juan de Villanueva hizo para la reconstrucción de la Plaza Mayor tras el incendio de 1790.
El resultado fue la construcción de dos edificios de viviendas de tres plantas con fachadas uniformes a la calle Toledo y que en su parte baja presentan soportales con pilares adintelados.

El primer gran edificio digno de admiración con el que nos vamos a encontrar en nuestro paseo por la calle de Toledo, se encuentra situado en el número 37 y se trata de la Real Colegiata de San Isidro.
El templo, ocupa el solar de la Casa de Los Vera, donde vivieron San Isidro y Santa María de la Cabeza y donde el santo excavó una cueva y un pozo, cuya agua era muy saludable y curaba enfermedades de personas y animales.
Recordaremos que Isidro, cuyo nombre era Isidro de Merlo y Quintana, nace y muere en Madrid (1082-1172). Estas fechas parecen ser las más fiables, según el historiador José Antonio Álvarez Baena.
El primer testimonio escrito del pozo se debe a Fray Domingo de Mendoza, introductor de la Causa de San Isidro, quien el 17 de abril de 1597 fue a las casas de los herederos de Francisco de Vera y en ellas comprobó la existencia del pozo que abrió el Santo, este, se encontraba en el zaguán de dicha casa.


Comienzo de la Calle de Toledo
       D. Francisco Robello y Vasconi escribe la vida de Isidro en poesía dedicada a D. Alfonso de Borbón y Borbón, príncipe de Asturias, futuro Alfonso XII. Sobre la calle de Toledo escribe: “La calle que ahora se nombra de Toledo, era entre tanto un páramo improductivo, un erial despoblado; mas Isidro portentoso, aguas potables llevando, fecundó aquel terreno, que pronto se vio poblado, no faltando aguas tan puras, y aun de sequía en los años”.


La Real Colegiata de san Isidro, fue la catedral de Madrid hasta 1993, año de la consagración de la catedral de la Almudena.
La colegiata fue construida en el siglo XVII como iglesia del antiguo Colegio Imperial de la Compañía de Jesús, en ella se custodian los restos mortales de san Isidro, y de su esposa, santa María de la Cabeza.

Calle de Toledo con la Colegiata al fondo
La Real Colegiata de San Isidro tiene su origen en la iglesia dedicada a los Santos Pedro y Pablo por la Compañía de Jesús que existía en el Siglo XVI  realizada con planos del jesuita Bartolomé Bustamante. Junto a la iglesia se construyó el Colegio de la Compañía, fundado en 1603 por la Emperatriz María de Austria, hermana de Felipe II, y que dio el apelativo de imperial al colegio. 
 María de Austria fallece en 1603, dejando toda su fortuna a la Compañía de Jesús con el propósito de que se construyeran nuevos edificios tanto para el colegio como para la iglesia.
El templo actual, parte de a un diseño de 1620 de Pedro Sánchez. Las obras, comenzaron dos años después, y fueron dirigidas por su diseñador hasta su muerte en 1633. Las obras continuaron bajo las órdenes de Francisco Bautista y Melchor de Bueras, quienes finalizaron la construcción en 1664.  
El templo fue consagrado por el Nuncio Julio Raspelisi bajo la advocación de San Francisco Javier el 23 de septiembre de 1651, trece años antes de su conclusión, quedando adscrito a la compañía de Jesús.

Colegiata de San Isidro, por desgracia un edificio construido en primer término nos impide contemplar su hermosura
La mayor dimensión de la nueva iglesia hace que el pozo y cueva de la Casa de los Vera queden dentro de la iglesia, exactamente bajo el altar de la  planta ovalada que fue construida 1671, y denominada “Capilla de San Isidro de Naturales de Madrid”. Al parecer, existe la idea de restaurar el pozo como recuerdo de San Isidro, en esta capilla están las imágenes procesionales y la sede social de la cofradía.
En el año 1767, Carlos III expulsó a los jesuitas y la iglesia  se transformó en colegiata. Dos años después, quedó bajo la advocación de san Isidro, coincidiendo con el traslado del cuerpo del santo desde la Iglesia de san Andrés, donde se custodiaba desde el siglo XVI en la Capilla del Obispo. También fueron trasladadas las reliquias de santa María de la Cabeza desde el Oratorio del Ayuntamiento.
En 1816, con la llegada de Fernando VII, la colegiata paso nuevamente a depender de los jesuitas. Con la creación de la Diócesis de Madrid Alcalá en marzo de 1885, la colegiata se convirtió en Catedral  de Madrid, hasta que en 1993 se acabaron las obras de Nuestra Señora de la Almudena, volviendo a recuperar el título de colegiata.


Imágenes de san Isidro y santa María de la Cabeza
La Colegiata de san Isidro es uno de los edificios más representativos de la arquitectura religiosa madrileña del siglo XVII. Fue proyectado en estilo barroco en planta de cruz latina de una sola nave, con capillas laterales, crucero y cúpula, tomando como modelo la iglesia del Gesú de Roma.
La fachada principal, que podemos admirar desde la  calle de Toledo, destaca por su monumentalidad. Está realizada en piedra de granito, formando un cuerpo central con cuatro columnas corintias. En ambos lados del cuerpo central, destacan dos pares de pilastras corintias, que configuran la vertical de las torres. Las torres son de planta cuadrada y disponen de balaustrada intermedia. Están rematadas por chapiteles octogonales, que terminan en aguja, añadidos durante la reforma del siglo XX y que sustituían a los primitivos tejados a dos aguas.
Iglesia de san Isidro año 1885
El pórtico que da acceso al templo se asienta sobre una escalinata y está dividido en tres grandes puertas, la central más alta que las laterales. Las rejas son del Siglo XVII, con el escudo imperial de María de Austria.
En el segundo cuerpo, en una hornacina se encuentran las esculturas de San Isidro y Santa María de la Cabeza, de Juan Pascual de Mena, aunque reconstruidas después de 1936.
El templo resultó seriamente dañado por un incendio declarado durante la guerra civil, destruyendo buena parte de sus capillas interiores, así como innumerables obras de arte de incalculable valor. El fuego también afectó a una parte de la cubierta. Finalizada la guerra civil, se procedió a la  reconstrucción del templo bajo las órdenes del arquitecto Javier Barroso, quien realizó algunas alteraciones respecto al edificio original, entre ellas, la culminación de las torres que habían quedado inacabadas.


Grabado de la Iglesia de san Isidro
El interior del templo es de una gran belleza y recomendamos visitarlo sin prisas, en este apartado de nuestro recorrido por la calle de Toledo, nos limitaremos a reseñar algunos elementos destacables del interior de la colegiata.
Nada más penetrar en el templo elevaremos nuestra vista para contemplar el crucero, las pechinas y la cúpula, continuaremos por el retablo mayor reformado en su día por Ventura Rodríguez para poder alojar los restos de san Isidro y su esposa. El incendio de 1936 acabo con el retablo, siendo restaurado por José Lapayesse Bruna, las nuevas esculturas son de Luis Vicent Llorente, la mesa del altar es obra de Félix Granda.
Por suerte, se salvaron del incendio las urnas y los restos mortales de san isidro y santa María de la cabeza que se encontraban ocultos, no así la estatua de san Isidro obra de Juan Pascual de Mena.
En el interior del templo destacan las numerosas capillas distribuidas en el perímetro del templo como las de Jesús de Gran Poder y Esperanza Macarena. La capilla de la Esperanza Macarena está presidida por una reproducción de la Esperanza de Sevilla, que junto al retablo son obra de Antonio Eslava Rubio.


Interior del templo
La capilla de Jesús del Gran Poder, esta considerada como una de las capillas más hermosas de Madrid. La capilla pertenecía al Cristo de la Buena Muerte, obra de Juan de Mesa del Siglo XVII y que en la actualidad, se encuentra en la Almudena. Las pinturas de la cúpula son de Claudio Coello, la talla de Jesús del Gran Poder es copia realizada por José Antonio Rodríguez Fernández Andés de la talla de Juan de Mesa que se encuentra en la catedral de Sevilla. En la capilla podemos contemplar magnificas pinturas de Francisco de Ricci del Siglo XVII.
En la capilla de san José, destacan el retablo del Siglo XVII y la estatua de san José de Luis Salvador Carmona del Siglo XVIII. También se pueden observar pinturas de Francisco Herrera el Mozo y los pintores madrileños Pablo Pernicharo y Juan Peña.
Continuaremos nuestro recorrido por la capilla de las dos Trinidades, destacando la decoración del Siglo XVII atribuida a Dionisio Mantuano. El retablo es obra de Sebastián Herrera Barnuevo que se dice que fue discípulo de Alonso Cano.
En la capilla de San Cosme y San Damián, podemos contemplar el retablo barroco y verja del Siglo XVIII y una talla del Santo Cristo de las Siete Palabras obra de Ramos Corona. En esta capilla, tiene su sede la Cofradía de la Hermandad del Gremio de Medicina.


Interior del templo
En la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo, se realizan los oficios religiosos, podemos admirar la planta de cruz latina y la cúpula diseño de Sebastián Herrera Barnuevo. En el altar la imagen de la virgen obra de Félix Granda realizada después de la guerra civil y las imágenes de San Joaquín y Santa Ana obra de Pablo González Velázquez del Siglo XVIII.
En la capilla de San Isidro de Naturales de Madrid, podemos contemplar la imagen de la Inmaculada Concepción, talla posiblemente del Siglo XVI. En ambos lados se encuentran las tallas de San Isidro y Santa María de la Cabeza. Estas imágenes salen en procesión en Semana Santa, las imágenes originales se encuentran en la Catedral.
Para finalizar nuestro recorrido por el interior del templo, podemos contemplar las capillas de la Dormición, San Francisco de Borja y Nuestra Señora del Carmen con imágenes y cuadros dignos de admiración.


Calle de Toledo año 1890, al fondo el arco de Cofreros
Antes de abandonar el templo, queremos recordar unos hechos lamentables ocurridos en el propio templo a lo largo se su historia.
El 17 de julio de 1834 las turbas deseosas de venganza matan a ochenta religiosos, sospechosos de haber envenenado las aguas del pozo de Isidro. Pérez Galdós en sus Episodios Nacionales “Un faccioso mas y algunos frailes menos”, se adentra en la Primera Guerra Carlista describiendo hechos de aquellos años. En 1835 se decretó la supresión de la Compañía de Jesús.
En 1886, sobre las gradas de acceso al templo, ocurrió un  trágico suceso durante el Domingo de Ramos, el cura Galeote, trastornado porque le habían quitado algunas misas, mató a tiros por la espalda al obispo de Madrid, Narciso Martínez-Vallejo Izquierdo. El cura falleció en 1922 internado en el manicomio de Leganés.
Por último recordar que el templo, fue asaltado e incendiado en el año 1936 destruyendo parte de su riqueza artística de las capillas, a excepción de las colindantes con el vecino Instituto de San Isidro.
En 1995, por Decreto del Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, la colegiata de San Isidro es declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento. 


A continuación de la Colegiata de San Isidro en el Nº-39 de la calle Toledo y con fachada a la calle Estudios, se encuentra el Instituto de Enseñanza Secundaria San Isidro.
En 1561, Felipe II traslada la Corte  a Madrid ciudad donde solo existía un colegio llamado Estudio de la Villa fundado en 1346. Debido a las carencias en materia de enseñanza, la Compañía de Jesús, decide fundar un nuevo colegio. Para este proyecto, los jesuitas son apoyados por el I duque de Feria, Lorenzo Suárez de Figueroa y en el año 1558 se inician los trámites.
En un principio, el colegio iba a estar situado en un terreno que se compró a don Bernardino de Mendoza junto a la puerta de Balnadú, en las proximidades de la actual Plaza de Isabel II, pero al estar estos terrenos insertos en el proyecto de la prolongación del Alcázar, Felipe II decidió paralizar su construcción.

Vieja estampa del Colegio San Isidro
A pesar de este contratiempo, se busca un nuevo solar y doña Leonor  Mascareñas, dama de la emperatriz Isabel y de doña María de Portugal, cede un espacio en la calle de Toledo. En 1564 se comenzaron las obras del colegio que empezó a funcionar en 1572 bajo el nombre de Colegio de San Pedro y San Pablo de la Compañía de Jesús, impartiendo estudios de gramática, retórica y teología.
Rápidamente el colegio alcanzo gran notoriedad en los círculos próximos a la Corte gracias a la Emperatriz doña María de Austria, hija de Carlos V y esposa del emperador Maximiliano y por lo tanto hermana de Felipe II, quien tras enviudar en 1581 regresó a Madrid para ingresar en el monasterio de las Descalzas Reales.

Claustro del Instituto de San Isidro
En el capitulo dedicado a la Colegiata ya indicamos la  gran predilección que la Emperatriz tenía por la Compañía de Jesús, a la que dejo casi toda su fortuna tras fallecer en el año 1603, con la condición de construir un nuevo colegio que llevará el nombre de Colegio Imperial, quedando doña María como patrona, dotadora y fundadora del mismo.
En nuevo edificio se construyó con el diseño del jesuita Pedro Sánchez el mismo arquitecto que comenzó la construcción de la iglesia de san Isidro. Cuando fallece en 1633, continúan su obra los arquitectos Francisco Bautista y Melchor de Bueras. El nuevo colegio durante el periodo de construcción no cesó la actividad docente. Las obras finalizaron en el año 1664.
En cuanto al edificio propiamente dicho, es una representación del barroco herreriano, destacando poderosamente el claustro formando un patio cuadrado con veinte arcos en la planta inferior y veinte balcones en la parte superior con molduras y cornisa en cada balcón.
En el año 1723, de hundió la bóveda de la capilla, reconstruyéndose posteriormente bajo la dirección de Francisco Camuñas.

Imagen actual del Instituto San Isidro
El Conde Duque de Olivares, quiso crear la universidad de Madrid en el Colegio Imperial, pero ante la oposición de las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares, Felipe IV acepta en 1625 la fundación dentro del Colegio Imperial, de los Reales Estudios, con carácter de superiores, pero no pudiendo otorgar títulos oficiales.
Se impartían estudios de Filosofía, Lenguas y Ciencias, Geografía y Teología. Calderón de la Barca, Quevedo y Lope de Vega, fueron algunos de los que cursaron sus estudios en el Colegio Imperial.
En 1767, Carlos III decreta la expulsión de los jesuitas. Para sus ambiciones políticas necesitaba que el clero estuviese sometido a la monarquía, así que aprovechando el llamado Motín de Esquilache, decreta la expulsión. El Colegio deja de funcionar como tal, dividiéndose el edificio en tres partes: Una parte para viviendas, en otra parte se restituyen los Reales Estudios y la iglesia que forma parte del edificio pasa a denominarse Real Colegiata de San Isidro en el momento que recibe los restos mortales de san Isidro.

En el año 1787, José Moñino Redondo I conde de Floridablanca ministro de los monarcas Carlos III y Carlos IV, otorga el reconocimiento académico a nivel universitario a los Reales Estudios de San Isidro.
A la vuelta de Fernando VII una vez concluida la Guerra de la Independencia, ya en el año 1816, regresan los jesuitas de su exilio y  vuelven a hacerse cargo del colegio, pero con el levantamiento de Riego y el triunfo de los liberales contra el rey Fernando VII en el año 1820, los jesuitas son nuevamente expulsados.
En 1823 con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis los jesuitas vuelven a retornar a su colegio, hasta que en 1834 una epidemia de cólera asola España y especialmente Madrid. Los frailes son acusados de envenenar el agua y se produce el asalto a iglesias y conventos, muriendo 16 jesuitas del colegio. En 1836, se produce la desamortización de Mendizábal y nuevamente los jesuitas son expulsados de España.
Con Isabel II reinando, se promulga en el año 1846 la primera ley sobre educación, se cierra la Universidad de Alcalá de Henares y se funda la Universidad Central de Madrid, que provisionalmente se instala en el edificio de los Reales Estudios.  

Arquitectura de la calle de Toledo en las proximidades del Colegio
 En 1876, se emprendió una reforma para ampliar del edificio que fue llevada a cabo por el arquitecto Francisco Jareño y Alarcón, quien además lo dotó de una entrada independiente.
En 1876, cuando la Universidad se traslada a la calle de San Bernardo, cede sus instalaciones de la calle de Toledo a  la Escuela de Arquitectura hasta 1944 y la Escuela de Artes y Oficios que aún se mantiene.
Durante la guerra civil se suspenden las actividades académicas y el Colegio se convierte en refugio antiaéreo, funcionando en el una pequeña escuela para hijos de milicianos.
En 1943, el Colegio que antes era mixto, pasa a ser masculino, realizándose obras de acondicionamiento suprimiendo las antiguas aulas quedando el edificio como lo podemos contemplar en la actualidad. En 1983 el Colegio vuelve a ser mixto.

Terminada la contemplación de la Colegiata y el Instituto de San Isidro, nos adentraremos en el pasado de la calle Toledo y para ello, que mejor que recordar algunos de los edificios ya desaparecidos y que en su día fueron símbolos de nuestra calle. En la manzana comprendida entre las calles de Toledo, Cava Alta y plaza de la Cebada, se asentaba el hospital y el convento de la Latina.

Hospital de la Latina pocos años antes de su derribo
Ambos fueron fundados entre 1499 y 1507 por Beatriz Galindo y su esposo, el general de artillería Francisco Ramírez que era secretario de los Reyes Católicos, para lo cual gozaron de una licencia  del papa Alejandro VI.
El verdadero nombre del hospital era el de la Concepción de Nuestra Señora, aunque pronto empezó a ser conocido por el apodo de doña Beatriz. La Latina.
Se trataba de un pequeño hospital con capacidad para doce enfermos seglares y seis sacerdotes acomodados en distintas salas. El hospital era atendido  por cinco beatas.
A partir de 1808, durante la Guerra de la Independencia, sirvió como hospital militar, y ya en 1860 se creó en su interior una consulta oftalmológica.
En cuanto al edificio, fue construido en estilo neomudejar por un arquitecto moro al que se le conocía como Maese Hazán.

Portada del hospital de la Latina año 1890
De pequeñas dimensiones, lo que más destacaba era su fachada realizada en piedra caliza. Estaba formada por una ojiva flanqueada por unos escudos de armas, y sobre la que se situaba un grupo escultórico que representaba a la Visitación.
La iglesia del hospital, era la capilla del vecino convento de la Concepción Francisca, en donde un rector administraba los sacramentos.  

Portada del hospital de la Latina en la Ciudad Universitaria
El convento situado junto al hospital, en un principio estaba destinado a una comunidad de religiosas jerónimas, pero el Guardián padre superior del convento de San Francisco el Grande, interpuso un pleito alegando que era ilegal construirlo a tan poca distancia de su edificio, y que además, Francisco Ramírez que falleció en 1501 había prometido a los franciscanos dichas casas.
En 1508, las religiosas jerónimas entraron en el convento, pero pronto llegó la sentencia de la Rota dando la razón a los franciscanos, por lo que las religiosas tuvieron que abandonar el convento.
Beatriz Galindo ante la presión de los franciscanos, encargó la construcción de un nuevo convento de la Concepción Jerónima en los terrenos de Santa Cruz, junto al palacio de su recientemente fallecido esposo. Beatriz Galindo, podía asistir a los oficios religiosos desde sus propias estancias con solo abrir sus balcones que daban al presbiterio de la iglesia.

Convento de la Latina en la actualidad, en amarillo la tienda de disfraces de Caramelos Paco 
De esta forma nace el conjunto del monasterio de la Concepción Jerónima y el palacio de los Ramírez, hoy llamado Palacio de Viana en la Plaza de las Provincias junto a la Plaza Mayor y sede del Ministerio de Asuntos Exteriores. El convento fue derribado en 1890, trasladándose a la calle Lista, donde estuvo durante el  periodo (1890-1967). Posteriormente de nuevo fue traslado al Goloso donde se encuentra en la actualidad. Los Cenotafios de Beatriz Galindo y su esposo, siempre han estado en los distintos conventos de la Congregación.  

Claustro del primitivo convento de la Concepción Jerónima
Volviendo a la Calle Toledo, recordaremos que el convento junto al hospital quedó deshabitado. En 1512, las beatas de San Pedro el Viejo, que habían profesado la regla de la Concepción, solicitaron a Beatriz Galindo la donación del edificio.
Beatriz Galindo dio su consentimiento, con la aprobación del Guardián de San Francisco, Beatriz Galindo, se reservó el patronato para sí y para sus sucesores.
Las religiosas tomaron posesión del convento en mayo de 1514 y desde ese momento el convento fue conocido por el nombre de la Concepción Francisca.
En el año 1904, ambos edificios fueron derribados con el fin de ensanchar la calle de Toledo, ya que ocupaban gran parte de la calzada, formando un tapón a la entrada de la plaza de la Cebada.
Aunque se habló de reconstruir de nuevo ambos edificios, en 1907 el arquitecto Juan Bautista Lázaro construyó un pequeño convento para las monjas, además de una casa de viviendas que hace esquina con la plaza de la Cebada, y el teatro de La Latina.
Del antiguo hospital se conservó la fachada, trasladada a la Ciudad Universitaria, junto a la Escuela de Arquitectura, y la magnífica balaustrada, colocada en la antigua Hemeroteca Municipal, en la plaza de la Villa.

Estatua de Beatriz Galindo junto a la Puerta del Angel
Beatriz Galindo, nace en Salamanca en 1465, algunos autores indican que nació en el año 1475,  fue elegida para ser monja, para lo que sus padres decidieron que tomase clases de Gramática en una de las instituciones dependientes de la Universidad de Salamanca.      Pronto destacó  en el dominio del latín, tanto en la traducción como en la lectura, siendo capaz a los quince años, de hablar perfectamente en latín. Su fama se extendió primero por Salamanca y después por todo el reino y empezó a ser conocida como “La Latina”
Cuando estaba preparada para ingresar en el convento, en 1486 fue llamada por la reina Isabel la Católica a la Corte para que se dedicase a la formación de sus hijos. Fue considerada una de las mujeres más cultas de su época. La reina Isabel la tenía en muy alta estima solicitándole consejos.
Se casa en diciembre de 1491 con el capitán de artillería y consejero de los Reyes Católicos Francisco Ramírez de Madrid, boda para la que los Reyes Católicos le dieron una dote de 500.000 maravedíes. Cuando enviudó en 1501, se retiró de la corte viviendo en el palacio de su esposo situado en la calle Concepción Jerónima, en el que hoy es el Palacio de Viana.  Posteriormente ingresa en el convento falleciendo en el año 1534.

         En nuestro recorrido por la calle de Toledo, hemos alcanzado la emblemática Plaza de la Cebada. En dicha plaza, concretamente en el comienzo de la calle de San Millán, se encontraba la iglesia del mismo nombre.
La Iglesia fue fundada en 1591 como dependiente  de la parroquia de San Justo, cuya parroquia  se había extendido hasta alcanzar el límite sur de la ciudad.
Al parecer, la iglesia se estableció sobre una antigua ermita dedicada a San Millán Abad, y que situada en la calle Toledo dependía del Hospital de la Latina.
El templo fue remodelado en 1612 con el dinero aportado por la Parroquia de San Justo, posteriormente se le agregó la Capilla Mayor, financiada por la Congregación del Santo cristo de las Injurias.

Iglesia de San Millán año 1860, el edificio de la izquierda pertenece al conjunto Hospital y Convento de la Latina
En 1676, la misma congregación mandó construir el retablo mayor, en donde se colocó la imagen del Santo Cristo de las Injurias, que contenía las cenizas de un crucifijo que se dice  fue quemado por unos judíos en 1630. Esta imagen, era la preferida por el Tribunal de la Inquisición para presidir los Autos de Fe en Madrid.
El 14 de marzo de 1720, todo el edificio fue reducido a cenizas por un  incendio, por lo que fue reconstruida con una nueva planta de acuerdo con el proyecto de Teodoro Ardemans, abriéndose nuevamente a los feligreses el 24 de septiembre de 1722.
Se convierte en parroquia independiente en 1805, y fue derribada en 1869 durante los años del sexenio revolucionario, periodo de la historia de España transcurrido desde el triunfo de la revolución de septiembre de 1868 hasta el pronunciamiento de diciembre de 1874, que supuso el inicio de la etapa conocida como Restauración borbónica. Al derribarse la Iglesia de San Millán, sus feligreses pasaron a depender de la iglesia del antiguo convento de San Cayetano en la calle de Embajadores, en la actualidad San Millán y San Cayetano.

         En la calle de Toledo, frente al mercado de la Cebada y haciendo esquina con la calle de la Pasión ( hoy Maldonadas), se encontraba el antiguo hospital de  la Pasión que fue ocupado en 1637 por los dominicos del convento de Santo Tomás cuando el hospital fue trasladado a la calle de Atocha. Los frailes utilizaban la Iglesia de San Millán para sus actos religiosos.
El convento fue derribado en 1809 por orden de José Bonaparte con el fin de ampliar la plaza de la Cebada.

En el solar del antiguo hospital y convento de la Latina derribados en 1904, se levantó un pequeño cine. Poco tiempo después el cine dio paso a un teatro puesto en marcha en la primera década del Siglo XX por el anticuario Juan Lafora Calatayud. En el teatro, bautizado bajo el nombre de Beatriz Galindo "La Latina", actuaron hasta los años treinta compañías como las de Emilio Sagi, Salvador Videgain o la del maestro Guerrero.
El Teatro que podemos contemplar en la actualidad ubicado en plena  Plaza de la Cebada, es obra del arquitecto Pedro Muguruza que llevó a cabo su construcción en 1919. Recordaremos que Pedro Muguruza fue el arquitecto de edificios y monumentos tan emblemáticos como el Valle de los Caídos  el Palacio de la Prensa. 

Teatro de La Latina
El Teatro de La Latina, ha sido uno de los escenarios más importantes para la representación de comedia y revista en la historia del teatro en Madrid a lo largo del Siglo XX. 
En el teatro de La Latina se han representado infinidad de obras, especialmente comedias. Desde 1921 se han representado más de 180 espectáculos principales con actores y actrices como: Raúl Sender, José Sazatornil, Concha Velasco, Nati Mistral, Paco Valladares, Celia Gámez, Juanita Reina, Carmen Sevilla, Lola Flores, Paco Martínez Soria, Jesús Puente, Amparo Rivelles Lina Morgan, Tony Leblanc y así hasta una lista interminables de actores y actrices de comedia de los siglos XX y XXI.
Antes de que Juan Lafora Calatayud construyese el Teatro, en el mismo lugar y a partir de 1906 estuvo instalado un cobertizo cerrado de 225 m2 que diseño el arquitecto Mauricio Calvo, para dedicarse a cinematógrafo y espectáculos análogos.
El barracón tenía fachada por un lado a la calle de Toledo y por otro a la plaza de la cebada. Constaba de tres ambientes:
Un vestíbulo de 2x9 metros que incluía una sala de espera y el despacho de billetes, un salón que acogía 150 localidades de general en bancos de madera y 70 sillas de preferente y un pequeño escenario de 3x5 metros.

Cinematógrafo de La Latina año 1907
Todos los tranvías que iban a la plaza de la Cebada tenían parada en la puerta, y se contrató el programa Ajuria, formado por películas de plena actualidad. En el nuevo salón era posible por precios económicos ver las mejores películas que se ofrecían en Madrid.
El cinematógrafo de la Latina tuvo un gran éxito. El numeroso público que llenaba, la sala elogiaba la comodidad, elegancia y buen gusto. Por su pantalla, durante el tiempo que permaneció como cinematógrafo, desfilaron los grandes artistas de la época, Charlot, la Bertini, etc.
Durante el periodo de la Guerra Civil el teatro fue utilizado nuevamente como cine.


  El Teatro o Coliseo Novedades era uno de los más antiguos del Madrid, situado en el corazón de los llamados barrios bajos de la capital en el distrito de la Inclusa.
  El teatro Novedades, se encontraba situado en la calle Toledo, frente al mercado de la Cebada y con vuelta a la calle de las Velas hoy López Silva, fue inaugurado en septiembre de 1857. Deslumbraba su construcción por el lujo que exteriormente se podía apreciar pero que no guardaba  relación con los materiales utilizados en su interior para levantar este teatro con capacidad para 1.500 personas. Los materiales, especialmente madera era recuperada de otras construcciones que revestidas con adornos y terciopelos lujosos ocultaban la pobreza de los materiales, pero que hacían de este teatro uno de los más bellos e interesantes de la época. Las  salidas al exterior eran poco accesibles, incluso carecía de puertas de emergencia.

Teatro Novedades después del incendio
Después de una larga andadura de cerca de 70 años, en la que no faltaron conocidos estrenos del género chico, el 23 de septiembre de 1928, mientras se representaba la zarzuela "La mejor del puerto", se produjo un espectacular incendio en el que murieron 80 personas y gran número de heridos. El teatro quedó totalmente destruido y no se volvió a reconstruir.
En su primera época tuvo gran importancia en la vida teatral madrileña y en todo tiempo fue el predilecto de las clases populares de todas las barriadas de Madrid.
En tiempos del Rey Fernando VII, en el solar que más tarde ocupó el teatro, se alzaba un cuartel de Caballería. El edificio amenazaba ruina y el regimiento fue trasladado a otro cuartel.
Antes de construirse el Teatro Novedades, en el solar dejado por el cuartel, se estableció allí un teatro de aficionados, en el que intervenía gente trabajadora del barrio.

La calle de Toledo sigue conservando todo el sabor popular del viejo Madrid. Un Madrid de Galdós y Baroja con historias de Fortunatas y Jacintas, con recuerdos del trajín de los aguadores repostados en la Fuentecilla, un Madrid entrañable que no deberíamos dejar que desapareciera.
En la calle Toledo junto al comienzo de la calle Arganzuela, se encuentra la Fuentecilla, construida en 1815.
La Fuentecilla se debe a una iniciativa del conde de Moctezuma, alcalde de Madrid en 1814, quien quiso erigir un monumento en honor del rey Fernando VII, tras su segunda llegada al trono.

La Fuentecilla año 1900
Las obras fueron realizadas por Alfonso Rodríguez, arquitecto de la Casa Real, y se utilizaron para la construcción los sillares y elementos de la desaparecida Fuente de la Abundancia del Siglo XVII, obra atribuida a Alonso Cano, que estaba ubicada en la Plaza de la Cebada. El conjunto fue inaugurado en 1815, según reza en una inscripción situada en el propio monumento.
La Fuentecilla presenta una fisonomía más parecida a la de un monumento urbano que al de una fuente. Está formada por una pilastra de planta cuadrangular, que en la cara principal la que da a la calle de Toledo, tiene anexado un zócalo donde descansa un primer grupo escultórico formado por un oso y un grifo, en alusión al antiguo escudo heráldico de Madrid.
La pilastra integra en cada cara cuatro frontones de forma triangular, bajo los cuales se sitúan diferentes ornamentos. Sus lados meridional y septentrional están presididos por blasones históricos, relacionados con la villa, mientras que en la cara occidental, que es la principal, se omite este motivo.
En esta cara aparece una placa de piedra, donde se recoge la siguiente inscripción: “A Fernando VII, el Deseado. El Ayuntamiento del heroico pueblo de Madrid. Corregidor, el conde de Moctezuma”. En la cara oriental, que da a la calle de Arganzuela, no hay instalado ningún adorno, solamente aparecen los caños y pilones del agua.


La Fuentecilla en la actualidad
La parte superior de la fuente y de menor anchura, está conformada por un cubo de piedra, cuyos lados están recorridos por las siete estrellas del escudo de Madrid también presentes en el de la Comunidad de Madrid.
Sobre el citado cubo se ubica un segundo grupo escultórico, donde se representa a un león simbolizando a la monarquía española, erguido sobre dos hemisferios terrestres en referencia a los antiguos dominios del Imperio español.
El pilón es el elemento menos destacado de la estructura, quedando encajado en la base, a través de tres de sus cuatro lados.


Junto a la antigua Puerta de Toledo, se encontraba el Albergue se San Lorenzo, situado en la calle de Toledo haciendo esquina con la calle de San Lorenzo, calle que en la actualidad ya no existe, ó mejor dicho la podemos encontrar en la zona de Tribunal.
El Albergue fue fundado en el año 1598 por Pedro de Cuenca, para dar cobijo a los pobres de la zona. La calle San Lorenzo fue llamada calle de los Cojos ya que en el Albergue se encontraban varias personas cojas, algunas procedentes de la batalla de Lepanto.

Plano de Texeira año 1656, con el número LXXII el Albergue de san Lorenzo y con el número 31 el antiguo matadero.
Junto al Albergue, separados por la calle matadero, se encontraba el primitivo matadero de Madrid destinado a vacas y carneros, funcionó durante los siglos XVI y XVII hasta que en 1855, se construyó un segundo matadero, que fue derribado en 1928 para construir el Mercado Central de Pescados, transformado posteriormente en el Mercado Puerta de Toledo.
En la actualidad en el espacio del Mercado, encontramos la Biblioteca Pablo Salinas y el Campus de la Universidad Carlos III.
Desaparecidas las calles san Lorenzo y Matadero, en su lugar se encuentra la calle Capitán Salazar Martínez.



Si hay algún elemento diferenciador que destaca por encima de todos en la calle Toledo, este sin lugar a dudas es la Puerta de Toledo.
La Puerta de Toledo era una de las puertas de acceso a la ciudad, pero no fue la única, ya que existieron con anterioridad otras puertas de acceso a la ciudad situadas en el entorno de la calle de Toledo.
Antiguamente en la cerca del Arrabal construida en el Siglo XV para controlar la epidemia de peste que asoló la Villa, existió una puerta de acceso denominada  Postigo de San Millán por la proximidad de la Iglesia del mismo nombre. Estaba situada junto a  la actual Plaza de Cascorro.
Puerta de Toledo año 1906
En la cerca del Arrabal también se encontraba la Puerta de La Latina, situada en la calle de Toledo, frente a la plaza de la Cebada. En un principio, se llamaba Puerta de San Francisco por llevar hasta el convento del mismo nombre, para luego tomar el nombre de La Latina, al tener al lado el hospital del mismo nombre.
En 1625, al construirse la cerca de Felipe IV, se levantó una nueva puerta situada cerca de la Casa-Matadero en el cerrillo denominado Rastro junto a la  calle de Toledo y por ella transitaban numerosas reses dedicadas al sacrificio y destinadas finalmente al abasto de carnes.
En los aledaños de la Puerta se instalaron industrias de curtido de pieles y marroquinería. El material de esta Puerta era de ladrillo, aparece representada en el plano de Texeira junto a dos fuentes.
Los primeros proyectos de construcción de la puerta actual se remontan a la época de ocupación napoleónica, durante el periodo de José Bonaparte, cuando se ordenó su diseño para adecentar la entrada a Madrid por el antiguo camino real de Andalucía.


Puerta de Toledo en la actualidad
Este primer proyecto no llegaría a ejecutarse puesto que, tras la expulsión de José Bonaparte, las autoridades municipales encargaron un nuevo diseño al arquitecto Antonio López Aguado. La actual puerta se construyó entre 1816 y 1827. En un principio fue erigida para recibir a los parlamentarios de las Cortes de Cádiz a su llegada a Madrid  a modo de arco triunfal, pero no se pudo conseguir y finalmente acabo convirtiéndose en un homenaje a Fernando VII como conmemoración de la independencia española tras la ocupación francesa.
Tras el derribo de la vieja Puerta, la nueva puerta fue trasladada a su emplazamiento actual. Debajo de ella se enterró, en forma de cápsula del tiempo, un cofre con diversas monedas de la época, guías de Madrid, calendarios y constituciones del gobierno de José Bonaparte.


Mercado Puerta de Toledo, actual Campus de la Carlos III
Años más tarde, el Ayuntamiento de Madrid desenterró la cápsula del tiempo y cambió alguno de los contenidos colocando la Constitución de 1812 y algunas medallas de Fernando VII.
Cuando este rey abolió la citada constitución mandó desenterrar el texto constitucional, remplazándola por el Diario de Madrid de la época, la Guía de Forasteros, y el Sarrabal de Millán, (almanaque y lunario con carácter anual muy popular en Madrid durante el periodo que va desde finales del Siglo XVIII a comienzos del Siglo XIX).
A finales del siglo XIX se trasladaron las celebraciones de las ejecuciones públicas desde la Plaza de la Cebada a las afueras de la ciudad, siendo el lugar elegido la Puerta de Toledo.
Ya en el siglo XIX, se prohibió el acceso de animales al recinto de la ciudad salvo por la Puerta de Toledo. Esta situación hizo que la calle de Toledo  fuese la de mayor tránsito de ganado de Madrid.


Biblioteca Pedro Salinas en la Puerta de Toledo.
Esta situación cambió por completo cuando a comienzos del siglo XX se creó el Matadero de Legazpi. La Puerta de Toledo quedaba ya inserta en la ciudad desapareciendo definitivamente su carácter de Puerta de acceso a la ciudad. Parte de las instalaciones de la antigua Casa-Matadero, al ser trasladadas al Matadero de Legazpi se convierten en Mercado Central del Pescado.
Estéticamente, la Puerta de Toledo guarda una cierta relación con la Puerta de Alcalá, aunque la Puerta de Toledo sólo tiene tres vanos, el central acabado en arco, y adintelados los dos laterales. Realizada en granito, lo más destacable en ella es su gran ático sobre el hueco central.  El grupo escultórico que la corona fue proyectado por José Ginés y realizado por Ramón Barba. Aparece una alegoría de España portando el escudo de Madrid, mientras a su lado se encuentra una personificación de las Artes y una matrona simbolizando las provincias. El león representando a la monarquía y distintos trofeos completan la composición.

Antes de completar nuestro recorrido por la calle de Toledo, queremos tener un recuerdo para esos establecimientos que han perdurado manteniendo su tipismo a lo largo de los años.
Algunos de estos locales por su casticismo y antigüedad, han sido reconocidos por el Ayuntamiento de Madrid instalándoles una placa conmemorativa dentro del programa que lleva a cabo el Área de Gobierno de Economía y Participación Ciudadana con el fin de apoyar la trayectoria y la labor de las tiendas más antiguas de Madrid.
La placa, ha sido diseñada y dibujada por Antonio Mingote.
Nada más comenzar nuestro recorrido nos encontramos con la alpargatería “Casa Hernanz”.



Fundada como una empresa de carácter familiar, ya van por la cuarta generación desde que abrieron la puerta en 1840 en el mismo lugar en el que hoy se encuentran calle Toledo número 18.
En su origen, la actividad estuvo orientada al sector de la cordelería fabricando todo tipo de hilos, cordones y maromas, tanto en fibra natural como sintética.
La alpargata, también denominada esparteña, por su suela de esparto, es un calzado de origen milenario que ha sido usado tradicionalmente a lo largo de la historia tanto por hombres como por mujeres especialmente en las actividades agrícolas por las múltiples ventajas que presentaba de comodidad y agarre. Posteriormente con la llegada de la era industrial su uso se extendió a los obreros y trabajadores de las fábricas.
Los materiales que se han empleado desde la aparición de este calzado  eran los que lógicamente estaban al alcance de sus primeros fabricantes, productos como cáñamo, yute, esparto, etc.


Plantas de esparto muy utilizada en el pasado
En el mundo moderno, la alpargata introdujo un componente de comodidad y frescura como calzado de verano, su uso se popularizó con el paso de los años y la moda iba marcando las distintas tendencias en cuanto al diseño de este calzado.
Actualmente en Casa Hernanz, podemos adquirir a parte del calzado, todo tipo de fibras tanto sintéticas como naturales para todo tipo de trabajos industriales ó manuales, disponiendo de una tienda online.

En el Nº-30 de la calle Toledo y haciendo esquina con la plaza de Segovia Nueva, junto a Puerta Cerrada, se encuentra Calzados Lobo, una de las tiendas más antiguas de Madrid fundada en 1897 y que siempre ha permanecido en manos de la familia Lobo.
Son especialistas en calzado de artesanía, alpargatas, botas de agua y campo, safaris, manoletinas, calzado regional y de época, cordones ballet, merceditas, ibicencas, etc.



Han mantenido la fachada original con pequeños escaparates con tejado de cinc propio de las tiendas del Siglo XIX. Se mantiene también la decoración interior incluyendo el mostrador.
Placa de Comercio Centenario
En 1981, la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, concedió a Calzados Lobo la mención de Establecimiento Tradicional Madrileño.
En el año 2009, el Ayuntamiento de Madrid, incluyó a Calzados Lobo en la Guía de Establecimientos Centenarios, otorgándoles la correspondiente placa que luce en su portal.

En el número 35 de nuestra calle junto a la Colegiata se halla uno de los establecimientos más antiguos de Madrid “Almacenes el Botijo” fundados por la familia Palencia y que todavía se mantienen al frente del negocio. Benito Pérez Galdós, menciona al establecimiento en algunos de sus Episodios Nacionales. La tienda se fundó como bazar donde se vendía todo tipo de productos de droguería, además de mimbres, sillas, bastones, botería, alpargatas, cordelerías, rafia, fuelles, almadreñas y un sinfín de productos. En la actualidad, vende productos de droguería y perfumería. En la parte superior de la puerta, podemos contemplar un botijo como único testigo del paso de los años. Al parecer el botijo, servía para apaciguar la sed de los viajeros que entraban en Madrid por la calle de Toledo.


Fachada de El Botijo
Si buscamos comodidad para nuestros pies, en el número 38 de la calle Toledo nos encontraremos con Calzados Carballo, sus zapatos, alpargatas, babuchas y zapatillas siguen siendo punteros en esta zona tan madrileña.
Especial mención merecen sus famosísimas botas pisamierdas, las espesas suelas que antiguamente denominábamos suelas de tocino pisan todo tipo de suelos, desde la sala más elegante de Madrid, hasta el famoso camino de Santiago.
Calzados Carballo, está incluido en la Guía de Establecimientos Centenarios disponiendo en su portal de la correspondiente placa.



En el número 46 de la calle de Toledo, nos encontramos con la “Farmacia de la Paloma”, establecimiento fundado en el año 1895. Llama la atención su bonita portada, pero no menos interesante es visitar su interior donde podremos contemplar variedad de objetos antiguos, como  jarras y frascos de la primitiva farmacia.



En el número 55 de la calle Toledo, se encuentra Caramelos Paco. En el siglo pasado, a comienzos de los años 30, D. Francisco Moreno Redondo, hombre de negocios bastante intrépido, con veinte años, decidió fundar su propio negocio. Para Paco, la calle de Toledo era la más pintoresca y bonita del mundo como afirmaba en su día D. Benito Pérez Galdós, caracterizada por el gran número de comercios con sus ricos escaparates.
En 1934 el negocio abrió sus puertas como tienda de ultramarinos, dedicándose a la comercialización de comestibles, hasta que en 1936 comenzó a especializarse en la venta de caramelos y bombones, iniciando oficialmente la dulce andadura de “Caramelos Paco”, siendo la primera tienda de la capital dedicada exclusivamente a la venta de caramelos y bombones.

El fundador de Caramelos Paco suplió con imaginación la falta de recursos de la posguerra convirtiéndose en un afamado comerciante de caramelos al que venían a comprar desde numerosos rincones de la capital y los visitantes foráneos y es que la fama de su establecimiento se extendía día a día.
D. Francisco Moreno Redondo fue un pionero de la publicidad y a falta de televisión y otros recursos publicitarios puso en marcha un sistema de publicidad que todos recordaremos. Acompañado de su hijo y con una lata llena de alquitrán y la brocha correspondiente, se iban a las afueras de Madrid a pintar en las rocas situadas al borde de la carretera el nombre de la tienda de caramelos. De esta forma tan elemental pero a la vez tan práctica, se empezó a conocer Caramelos Paco.
Actualmente Caramelos Paco, ha ampliado el negocio adquiriendo parte del convento de la Latina donde comercializa disfraces entre otros géneros.

Casa  Vega, situada en el Nº-57 de la calle de Toledo junto a Caramelos Paco y fundada en 1860, se dedicaba a la comercialización de enjalmas ó albardas, aparejos para las bestias de carga.
Placa de Local Centenario
La casa fue fundada por el abuelo del actual propietario y desde entonces viene comercializando productos como: cencerros, aperos de labranza y productos como alpargatas y cordelería.
La cordelería es un negocio antiguo. Hoy Casa Vega se distingue como lugar especializado en la venta de cuerdas y derivados. Cuerdas, cordeles, bramantes, sogas, maromas, guitas. Artes de cáñamo, rafia, pita, yute, lino, esparto. Todas ellas fibras naturales, cada vez menos utilizadas y difíciles de encontrar, sino es en las escasas cordelerías que aún sobreviven.
Casa Vega al igual que todos los establecimientos centenarios, dispone de la correspondiente Placa del Ayuntamiento de Madrid que luce en su Portal.

Sigamos con farmacias de época, junto a la Fuentecilla, se encuentra la Farmacia del mismo nombre, al igual que la Farmacia de la Paloma. Destaca por su portada, posiblemente una de las más hermosas de Madrid. No te quedes con ganas de entrar aunque solo sea por curiosidad, adelante aunque solo compres unas aspirinas, no te arrepentirás.


Farmacia la Fuentecilla
No nos hemos olvidado de reponer las fuerzas y para ello la calle de Toledo y sus aledaños nos ofrecen todo tipo de Tabernas y Restaurantes que nos deleitarán el paladar.
En el número 24, se encuentra la Taberna de san Isidro. Se trata de un establecimiento con sabor típico madrileño, decorado con cerámica de Talavera, representando al Santo Patrón de Madrid.
Aquí puedes degustar todos los miércoles, su famoso "cocido madrileño", y durante el resto de la semana el rabo de toro la paletilla de cordero asada, el entrecot, la lubina, la dorada y el solomillo y todo ello a unos precios muy asequibles. Por supuesto puedes tomarte una amplia gama de tapas.



Poco más adelante en el numero 28, con fachada también a la Plaza de Segovia Nueva, se encuentra la “Taberna los Nobles de Castilla”. Fue fundado por Teodoro Lobato en el año 1970.
En su decoración destacan las fotografías del antiguo Madrid y mientras las contemplamos podemos degustar los platos típicos de la gastronomía castellana, como lentejas y el cocido madrileño y si lo preferimos, nos podemos tomar unas tapas, raciones ó bocadillos. Champiñones a la plancha, patatas bravas y ali-oli, tortilla española, jamón ibérico, callos a la madrileña, etc.



Quien no ha escuchado la expresión “Si quieres comer bien y barato en San Millán número 4”. En este lugar, junto a la calle Toledo se encuentra el Restaurante Oliveros.
La Taberna Oliveros, se fundó en el año 1857 y se conserva tal y como se construyó. Posee una portada de azulejos del año 1922 obra del ceramista Fidel Blanco donde podemos leer el eslogan de la casa Oliveros: "Para comer bien y barato, San Millán 4".


Interior Restaurante Oliveros
Perteneciente a la familia Oliveros, continúan con la tradición y prácticamente la misma cocina de su fundador, destacaremos el famoso  cocido madrileño, los callos, el bacalao rebozado y los postres caseros. En cuanto a su decoración interior, sigue siendo la original con su barra de lebrillo, y azulejos en relieve de la Cartuja de Sevilla.

Hemos plasmado una pequeña muestra de la oferta gastronómica de la calle de Toledo, no obstante en sus inmediaciones, especialmente en Puerta Cerrada y la zona de la Cava de San Miguel y la Cava Baja, se pueden encontrar algunas de las tabernas,  bares y restaurantes más prestigiosos de Madrid como: Sobrino de Botín, Casa Lucio, Posada Real del Villa, Las Cuevas de Luis Candelas, Ricla, etc.


Tostador de café en la calle Toledo año 1920
Puerta de Toledo año 1934

Calle de Toledo comienzos del Siglo XX




Puerta de Toledo finales del Siglo XIX





  

7 comentarios:

  1. Fantástico el paseo por la calle Toledo y sus fotos antiguas. Tal vez se echa de menos la visita al claustro barroco del Instituto San Isidro y al museo que existe en él. Dejo un enlace por si resulta de interés: http://ies.sanisidro.madrid.educa.madrid.org//El%20edificio.htm

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  2. Mil perdones, ya he visto las fotos del claustro del Instituto San Isidro.

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  3. Es una revisión bastante completa y detallada. Invita a verlo en persona. Buen trabajo!!

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  4. Me gustan tus artículos pero aprende una cosa: se escribe "ALLÁ por el siglo..." Halla es del verbo hallar, no un adverbio.

    Ánimo, un abrazo

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  5. Hola Pepe: perdona que te moleste pero estoy muy interesado en la historia de la calle de Toledo y alrededores por lo que, si te apetece, me encantaría comentar algunas cosas contigo. Un Saludo.Antonio

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  6. a faltado la casa mas bonita en el nº 122 tiene tres torreones la del centro con reloj se la conoce por el portalon

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