lunes, 27 de agosto de 2012

CALLE MAYOR

 Hablar de la calle Mayor, es hablar de la historia del viejo Madrid, debemos  tener en cuenta que se trata de una de las primeras calles de la Villa como se puede comprobar en los distintos planos y dibujos de  épocas pasadas.
La calle Mayor, a lo largo de su historia ha recibido distintos nombres. En un principio, se llamó Almudena el tramo comprendido entre la calle de Bailen y la plaza de la Villa. Platerías se denominó el tramo entre la plaza de la Villa y Herradores. Puerta de Guadalajara el tramo entre Herradores y la calle del Bonetillo. Por último, se llamó Mayor el tramo entre Bonetillo y la Puerta del Sol.

La calle Mayor sigue conservando la importancia que ya tuvo durante la época medieval y que se agrandó al ser declarada Madrid capital de la Corte. Recorrerla, es ir reconociendo siglo a siglo, todas las edades de la ciudad.
En la calle Mayor, estaban agrupados desde antiguo los establecimientos corporativos por actividades: Los joyeros ocupaban el espacio entre Sol y Siete de Julio en la acera de la izquierda, los pañeros ocupaban la acera de la derecha  hasta Coloreros, los manguiteros se situaron entre Coloreros y Bordadores, los sederos entre Bordadores y la plaza del Comandante las Morenas, y los últimos, los roperos, frente a los bordadores. La mayoría de las calles, eran denominadas por el nombre del gremio que las ocupaba: Esparteros, Coloreros, Bordadores, Botoneras, Cuchilleros, etc.

A pesar del paso de los años, en la actual calle Mayor, todavía podemos observar algunos edificios que se salvaron de la temida piqueta y que son dignos de que les dediquemos algunos minutos de nuestro tiempo.

Sobre el plano de Texeira de 1656, podemos observar en rojo la iglesia de Santa María de la Almudena, en amarillo Palacio de Uceda  y en azul Palacio de Abrantes

La calle Mayor fue elegida por insignes hombres de nuestras letras y otros destacados personajes para tener sus casas en pleno centro de Madrid. La calle Mayor era la calle utilizada por los reyes tanto los Austrias como los Borbones, para desplazarse desde el antiguo Alcázar, posteriormente Palacio Real hasta la Basílica de Atocha, los Jerónimos ó el Palacio del Buen Retiro.
Comenzaremos nuestro recorrido al final de la calle Mayor, analizando brevemente sus edificios y locales con encanto para hacernos una ligera idea de la importancia de esta calle a lo largo de su historia.

Haciendo esquina entre la calle Mayor y la calle Bailen en la acera de los impares, se encuentra el actual edificio de la Capitanía General de Madrid y el Consejo de Estado. Al edificio se le conoce como Palacio de Uceda.

Palacio de Uceda visto desde Pretil de los Consejos

Antes de describir brevemente el edificio, es importante que conozcamos un poco la vida y avatares de esta familia.
Francisco Gómez de Sandoval-Rojas y Borja, I duque de Lerma entre otros títulos nobiliarios fue primer ministro y valido de Felipe III. Su abuelo materno fue Francisco de Borja (San Francisco de Borja).
Fue el hombre más poderoso del reinado de Felipe III. Se hizo inmensamente rico a costa de saber manejar el tráfico de influencias, la corrupción y la venta de cargos públicos. A través de la historia, podemos comprobar que la corrupción es innata en el ser humano ya sea en el Siglo XVII o en pleno Siglo XXI.
El duque de Lerma fue un auténtico mecenas en la ciudad de Lerma, donde empleó gran parte de su fortuna en engrandecerla y embellecerla contratando a los más sobresalientes arquitectos de la época y utilizando los mejores materiales.
Por su cargo de ministro del rey se convirtió en el hombre más poderoso de la corte consiguiendo que el Rey trasladase la Corte de Madrid a Valladolid. El duque fue un adelantado en las operaciones inmobiliarias, comprando propiedades e invirtiendo en su propio beneficio. Algunas de estas propiedades, como la llamada Huerta de la Ribera, se la vendió años después al rey, poco tiempo antes del regreso de la corte a Madrid.
La reina Margarita, esposa de Felipe III, que no era partidaria de los abusos e influencia del duque de Lerma, creó una comisión de investigación (vamos como en la actualidad) que fue descubriendo el entramado de corrupción e irregularidades y empezaron a caer culpables. En esta situación, el duque para salvar su vida, solicita de Roma el “capelo cardenalicio” que se le concede en 1618, al mismo tiempo que el rey le da permiso para retirarse a sus propiedades de la ciudad de Lerma. Murió en Valladolid en 1625, retirado de la vida pública.

 Cuando le fue concedido el cardenalato corrió por Madrid una coplilla que decía: "Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado".

Entrada principal al palacio de Uceda y placa conmemorativa

Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda, hijo del Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma, y de Catalina de la Cerda Camarera mayor de la reina Margarita de Austria, sucedió a su padre como válido de Felipe III.

Poco a poco se hizo un hueco en la corte donde logró la confianza de rey, con el objetivo de suplantar en el cargo a su propio padre. Para ello no tuvo escrúpulos en  unirse a los enemigos del duque de  Lerma, como Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares.
El Ducado de Uceda, es un título nobiliario creado el 16 de Mayo de 1610, por Felipe III, a favor de Cristóbal Gómez de Sandoval y de la Cerda.
Cristóbal, había comprado pocos años antes de ser nombrado duque, la villa alcarreña de Uceda, convirtiéndola en el centro de sus posesiones.
El duque de Uceda, al final consiguió los cargos de su padre con el favor de Felipe III. En 1621, con la subida al trono de Felipe IV, fue procesado a instancias de su anteriormente aliado el conde-duque de Olivares y fue desterrado de la corte. Permaneció incomunicado en el castillo de Torrejón de Velasco y se le impuso una  multa de 20.000 ducados por las apropiaciones indebidas.

Escudo del duque de Uceda

El palacio de Uceda, es uno de los pocos ejemplos que quedan en Madrid de la arquitectura residencial nobiliaria del siglo XVII. Todavía no se sabe con certeza quien realizó el proyecto, pues hay algunos estudiosos que se decantan por atribuir su autoría al celebre arquitecto madrileño Francisco de Mora y otros al capitán Alonso de Trujillo, constructor de la villa de Lerma en la provincia de Burgos.
En lo que sí coinciden los estudiosos, es que el arquitecto Juan Gómez de Mora, sobrino del citado Francisco, participó en su construcción desde el inicio de sus obras en 1611.
El palacio se realizó para residencia de los Duques de Uceda. Se concibió con una cierta similitud al Alcázar de los Austrias, pues tenía el aspecto de fortaleza, contaba con dos patios interiores, no le faltaban los chapiteles de estilo flamenco, y que desaparecieron en posteriores reformas.

Sus trazas y dimensiones venían a reflejar la generosidad y el poder del Duque de Uceda, una vez que había derrocado y sustituido a su padre en el ministerio privado de la monarquía de Felipe III. Sin embargo, los duques de Uceda no lo vieron concluido, por el proceso que se les abrió con la llegada de Felipe IV.

Interior palacio de Uceda

A partir de este momento el palacio estuvo regentado por la Real Hacienda y se empleó como residencia de personas reales, de cortesanos y de nobles principales vinculados al servicio del rey.
En 1679 se encarga su restauración y terminación al arquitecto Felipe Sánchez, en cuyas obras también trabajan Bartolomé Hurtado García y Francisco Herrera el Mozo.
Remozado el inmueble pasó a habitarlo la viuda de Felipe IV, la reina madre Mariana de Austria, hasta el día de su muerte en 1696.
Por falta de espacio en el Alcázar ya en 1717 Felipe V ordenó trasladar al palacio de Uceda los consejos de Castilla, Indias, Órdenes y Hacienda, con sus respectivos tribunales, oficinas, contadurías y tesorerías.
Desde este momento el edificio fue conocido y denominado Palacio de los Consejos, denominación que se mantuvo después de la muerte de Fernando VII y durante largo tiempo con los gobiernos liberales.
Todavía en 1854 era sede del Consejo Real, más tarde del Consejo de Estado, además de Tribunal Supremo de Justicia, Tribunal de las Órdenes Militares y de contar con gran variedad de dependencias, como las dedicadas a la Lotería
En 1901 y con motivo de la reordenación de la calle Bailen fue necesario reformar el edificio y de nuevo, en 1960 se realizó otra importante reforma en el inmueble con objeto de recuperar su aspecto original, devolviéndole la nitidez a los granitos en cornisas, impostas, vanos, portadas, columnas, y a los ladrillos en los lienzos de la fachada.

         Durante gran parte del siglo XX el palacio siguió siendo la sede del Consejo de Estado y con anterioridad a la Guerra Civil se estableció el Gobierno Militar y la Capitanía General de Madrid, institución militar que permanece en la actualidad.


Al final de la calle Mayor en la acera de los pares frente al Palacio de Uceda, se encuentra el palacio de Abrantes.
El Palacio de Abrantes es un edificio palaciego del Siglo XVII situado en el número 68 de la calle Mayor, esquina con Almudena y Factor.
Su origen nos traslada al año 1653, cuando un noble de la Corte con el cargo de "Espía Mayor del Consejo Secreto de Su Majestad", Don Juan de Valencia el Infante, compra cinco casas contiguas que se ubicaban en el lugar que ahora ocupa el palacio. Fue construido entre 1653 y 1655 por el arquitecto Juan Maza.
Disponía de una torrecilla con chapitel en una de las esquinas, y un torreón, también con chapitel, en la otra. En 1656, el edificio fue adquirido por Antonio de Valdés y Osorio, caballero de Alcántara y poco más tarde en 1669, el edificio pasó a manos de Juan Enríquez de Borja y Almansa, Marques de Alcañices.

Palacio de Abrantes
Desde entonces el palacio fue cambiando de propietarios con bastante frecuencia, y es que el dinero brillaba por su ausencia y los distintos propietarios no tenían más remedio que vender. Debido a estas circunstancias, ya en el Siglo XVIII  el interior del palacio fue reformado con el fin de alquilarlo a varios inquilinos a la vez.
En 1842 el edificio fue adquirido por Ángel María de Carvajal y Téllez Girón IX duque de Abrantes. El duque encargo una profunda reforma del edificio para darle más vistosidad, encargándose de la misma el arquitecto Aníbal Álvarez Bouquel.
Ángel María de Carvajal y Fernández de Córdoba X duque de Abrantes y marqués de Sandoal, que llego a ser alcalde de Madrid, participó en la Revolución de 1868, que acabó con el reinado de Isabel II, dando lugar a la llegada de la Primera República.

Detalle de la pintura y aleros del Palacio de Abrantes
Cuando en 1874 el General Martínez Campos restauró nuevamente la monarquía en la persona de Alfonso XII, el duque de Abrantes vendió el palacio por temor a que le fuera confiscado como represalia de los monárquicos.
El palacio fue adquirido por el senador Manuel María de Santa Ana para instalar allí la redacción del periódico La Correspondencia de España.
En 1888, Ignacio Escobar, nuevo propietario del  periódico, vende el palacio al Gobierno Italiano, que instala su embajada en el edificio. De este modo el embajador Conte Giuseppe Tornielli-Brusati y su sucesor en el cargo, el Barón Renzis di Montano, entre 1888 y 1896, de la mano de Luis Sanz Trompeta, reestructuran el interior del palacio y restauran y embellecen las fachadas con las pinturas que se pueden observar actualmente. En 1936 se suprimieron sus dos torreones angulares de la fachada principal, que amenazaban ruina y se reformaron los aleros dándoles más amplitud.
En el trascurso de la Guerra Civil Española fue usado por los contingentes italianos de las Brigadas Internacionales y fue dañado levemente como consecuencia de los combates en sus cercanías en los tramos finales de la contienda.
Desde 1939, al ser trasladada la embajada italiana al palacio de los marqueses de Amboage en la calle Velázquez el palacio de Abrantes, es la sede del Instituto Italiano de Cultura.


Junto al palacio de Abrantes, se encuentra la pequeña calle de la Almudena donde podemos observar los restos de la desaparecida iglesia de Santa María de la Almudena, que fue considerada el templo más antiguo de Madrid hasta su derribo en 1868.

Durante el Siglo XVIII diversos proyectos amenazaban con derribar la iglesia, siendo los dos más importantes el que pretendía unir la zona de Palacio con la de San Francisco y la reforma del tramo final de la calle Mayor, que estaba ocupado por la iglesia de Santa María de la Almudena.

Santa María de la Almudena año 1868
En 1846, Mesonero Romanos presenta al Ayuntamiento de Madrid el proyecto que incluía el derribo de la iglesia para corregir la desviación de la calle Mayor, favoreciendo su ensanche y unión con la calle Bailen. En 1855 la iglesia entra dentro del catálogo de la desamortización de Madoz.

Aprobada en 1861 la reforma de Bailén y Mayor, es necesario proceder al derribo de un buen número de edificaciones, entre ellas la iglesia de Santa María de la Almudena y el palacio de la princesa de Eboli. Finalmente la iglesia es derribada en el año 1868.


Actual calle de la Almudena, con los restos de la iglesia
La iglesia se asentaba en la esquina de los antiguos trazados de las calles Mayor, donde tenía la entrada y Bailen, siendo rodeada por el antiguo callejón, del Camarín de la Almudena, en la actualidad el callejón se denomina calle de la Almudena. Al parecer, se encontraba construida sobre el solar de la antigua mezquita musulmana. La mezquita original formaría parte del primer recinto amurallado en el conjunto de la alcazaba.
 
Maqueta en la calle de la Almudena
Historiadores como López de Hoyos y Jerónimo de Quintana, describen algunos aspectos de la Iglesia, así Jerónimo de Quintana en el Siglo XVII, realiza la primera descripción exhaustiva de la iglesia, citando algunos elementos antiguos como lápidas con inscripciones que él cree romanas, pero que probablemente fueran del Siglo XI ó Siglo XII

Las referencias más antiguas permiten adivinar una pequeña iglesia de planta latina con tres naves, seguramente con fuerte influencia mudéjar. Una nave más baja haría las veces de pórtico dotado de arcos de medio punto y escaleras. No obstante, las representaciones más fiables y prolijas en detalles son la existente en la maqueta de 1830 realizada por León Gil de Palacio.


Maqueta de Santa María de la Almudena de León Gil

A mediados del Siglo XIX la iglesia presentaba en la estructura principal una mezcla de mampostería y ladrillo típica del arte mudéjar. Tenía una torre de ladrillo y mampostería con un chapitel de estilo barroco colocado claramente con posterioridad en alguna de las reformas del Siglo XVI. La torre había sido construida probablemente a finales del Siglo XV o principios del Siglo XVI ocupando parte del claustro. En la fachada principal, frente al Palacio de Uceda, el antiguo pórtico había sido sustituido por un frente de estilo neoclásico incorporado por Ventura Rodríguez.

En el interior de la Iglesia, destacaba el altar mayor que  ocupaba todo el testero y era de madera recubierta de plata. En la cúpula había una Anunciación de Diego Polo, y otras sobre la cornisa y el coro representando la vida de la Virgen y la Huida a Egipto, de Eugenio Caxes. No obstante, en el momento de la restauración de Ventura de la Vega en 1777 estas pinturas ya no existían ni se tiene noticia de ellas.

Tres famosos cuadros colgaban de las paredes de esta iglesia: El popularísimo San Antonio el Guindero, que hoy está en la parroquia de Santa Cruz, El milagro del pozo, de Alonso Cano, con la representación de san Isidro sacando de las aguas a su hijo Illán, expuesto en la actualidad en el Museo del Prado, y La Virgen de la Flor de Lis, ahora en la cripta de la Catedral.
En 1578, Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria, fue muerto a espada por matones pagados por Antonio Pérez, secretario de Felipe II. Una placa nos recuerda los hechos.



Continuamos nuestro paseo por la calle Mayor para detenernos en Pretil de los Consejos, pequeña plazoleta situada delante de la iglesia de las Fuerzas Armadas.

En futuras entradas hablaremos de esta iglesia, pero hoy queremos observar un pequeño monumento que se encuentra situado en el centro de la plazoleta, se trata del monumento a las victimas del atentado del 31 de mayo de 1906, día de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battemberg. Fue construido en 1963 por el escultor Coullaut Valera, para sustituir uno anterior de 1910 y que fue derribado durante la Segunda República.


Monumento a las victimas en la actualidad
La bomba, que fue lanzada por el anarquista Mateo Morral desde el último piso del número 88 de la calle Mayor, que en la actualidad corresponde al número 84, causando  25 muertos y un centenar de heridos entre la comitiva de 19 carrozas reales y 22 de los grandes de España. En el balcón desde donde fue lanzada la bomba, se puede observar un lazo en recuerdo del atentado.

Primer monumento a las víctimas del atentado

El primer monumento, realizado a iniciativa de la duquesa de la Conquista por el escultor Algueró, siguiendo un proyecto del arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, estaba formado por tres columnas agrupadas que representaban al pueblo, el ejército y la aristocracia. En las aristas formadas por las intersecciones de las columnas, las tres clases ascendían simbolizadas por guirnaldas de flores hasta los pies de la imagen de la Virgen del Amor Hermoso, que representaba el día en que ocurrió el atentado.


Momento del atentado contra Alfonso XIII año 1906
El segundo monumento, realizado por el escultor Coullaut Valera, y mucho más modesto que el anterior; consta de un simple monolito en donde se ha situado un ángel que recuerda a las víctimas.
Algunos estudios, señalan a Pretil de los Consejos como el lugar donde estuvo emplazada la Puerta de Santa María del primer recinto amurallado.

Frente a Pretil de los Consejos, en el nº 84, se encuentra Casa Ciriaco. Es un típico local castellano que ofrece platos de gastronomía tradicional madrileña, destacando el cocido madrileño. La taberna comenzó siendo una botillería en 1887 hasta que Ciriaco Muñoz la compró en 1917 y la convirtió en restaurante.

Casa Ciriaco es famosa porque en 1906, desde el mismo edificio en el que se encuentra, se lanzó una bomba contra Alfonso XIII y su esposa. Por esta mítica taberna han pasado, desde hace casi un siglo, pintores, políticos, escritores, toreros y cupletistas.

Ya hemos repuesto fuerzas en Casa Ciriaco y podemos continuar con nuestro paseo, deteniéndonos en el edificio situado en el nº 69, se trata del denominado palacio del Marques de Camarasa. En el espacio delimitado por las calles Mayor, Traviesa, Sacramento y Duque de Nájera se construyó esta casa palacio entre los siglos XVI y XVII.
El Marquesado de Camarasa es un título nobiliario creado por el rey Carlos I el 18 de Febrero de 1543 a favor de Diego de los Cobos, como regalo por su matrimonio con Francisca Luisa Luna y Mendoza, Señora de Camarasa. El nombre, procede del municipio de Camarasa en la provincia de Lérida.
La fachada principal del palacio quedó orientada a la calle Mayor y en la parte trasera se construyo un jardín protegido por gruesos muros de ladrillo. El edificio fue construido en ladrillo sobre sillería de piedra, con pocos elementos decorativos y rematado por dos torreones laterales, de forma similar a las construcciones herrerianas.

Palacio del marques de Camarasa ó Palacio de Cañete
Presenta diferente altura entre la fachada de la calle Mayor y la de sus laterales debido a que el solar esta orientado en dirección Norte-Sur y se adapta al desnivel de terreno que va en sentido descendente hacia la calle del Sacramento. Esto es lo que explica que la fachada principal sólo tenga dos plantas mientras que el resto del edificio tiene tres por la prolongación ascendente del sótano.
Desde sus orígenes ha sido utilizado como residencia nobiliaria, pues sabemos que fue habitado por el Marqués de Falces y de Cañete en el siglo XVIII y posteriormente por los Marqueses de Camarasa. Es por esto, que el palacio es también denominado palacio del Marques de Cañete.

Jardines de Camarasa en la calle Sacramento
En 1817 se encargó al arquitecto Fermín Pilar Díaz la restauración de la fachada, de la que sigue conservando gran parte del proyecto original y en la que cabe destacar la sencillez de su portada, flanqueada por dos columnas dóricas y triglifos, y rematada por una balconada corrida del piso principal.
A mediados del siglo XIX el palacio se convirtió en la sede del Gobierno Civil o Político, creado en 1849 como la máxima autoridad en la provincia de todos los ramos de la administración civil
A los pies de la fachada sur, hacia la calle del Sacramento, se extiende un pequeño jardín de planta cuadrangular. Para poder ser observado desde la calle, se ha derribado la tapia de ladrillo que lo protegía, sustituyéndola por una moderna verja metálica, que permite su contemplación.
El jardín con las transformaciones sufridas a lo largo del Siglo XX, ha quedado reducido a un pequeño espacio arbolado, que se articula alrededor de una plaza central, adornada con una fuente. 
En 1985, el Ministerio del Interior, traspasó el edificio al Ayuntamiento de Madrid. Desde entonces ha estado vinculado a la vida política y hoy en día sus dependencias son utilizadas por la corporación municipal.
Con el traslado del Ayuntamiento de Madrid al Palacio de Comunicaciones, todas estas dependencias perderán la función administrativa que tenían hasta ahora para ser utilizadas con fines preferentemente culturales y museísticos.
Según ha anunciado el propio consistorio, el Palacio de Cañete contará con una biblioteca, una sala de exposiciones y un salón de conferencias, al tiempo que será la sede permanente de la Casa Sefarad Israel, institución a la que han sido cedidos aproximadamente 1.400 metros cuadrados.

Para los más estudiosos de la historia de Madrid, es visita obligada el nº 80 de nuestra calle. En 1986 nació La Librería, un espacio donde se podían encontrar los pocos libros que existían entonces sobre Madrid. En un principio se trataba de una sección pero con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en la única librería dedicada en exclusiva a libros sobre Madrid, contando actualmente con más de 1000 títulos.

En 1989, y teniendo como germen la experiencia librera, comenzaron a editar algunos títulos bajo el sello de Ediciones La Librería, editorial que también está  especializada en libros sobre Madrid, y desde entonces han publicado más de 400 títulos.
La Librería se encuentra en el corazón histórico de la ciudad, casi a la altura de la plaza de la Villa. Allí te puedes encontrar dos plantas llenas de libros, fotografías antiguas, planos y grabados que abarcan todos los temas imaginables sobre Madrid.

Nos encontramos en la Plaza de la Villa, uno de los lugares más emblemáticos de Madrid, pero dada la importancia que siempre ha tenido en la historia de la Villa, creemos que la citada plaza merece un estudio monográfico y con todos sus detalles, por cuyo motivo su análisis lo dejaremos para más adelante.

En rojo, iglesia de El Salvador, en verde el convento de Constantinopla, en azul el palacio de Camarasa y en naranja solar del futuro Ayuntamiento.
Con la ayuda del Plano de Madrid, realizado por Pedro Texeira, recordaremos tiempos pasados cuando en este lugar se encontraba la iglesia de El Salvador. Según el escritor y biógrafo del Siglo XVIII, Álvarez y Baena en sus orígenes fue una iglesia dedicada a Santa María Magdalena, el primer dato que se tiene de su existencia queda recogido en el Fuero de 1202, en donde ya aparece como parroquia de El Salvador. Situada en la calle Mayor (en la actualidad Nº-70) frente a la plazuela de la Villa, se trataba de un edificio pequeño al que se accedía por una discreta portada sobre la que había un nicho con la estatua de El Salvador realizada en piedra.

Edificio que en la actualidad ocupa el espacio de la iglesia de El Salvador
Curiosamente, la torre, las campanas y el reloj de la parroquia pertenecían al Ayuntamiento. La torre, de una gran altura, era conocida como la atalaya de la Villa, para diferenciarla de la torre de la parroquia de Santa Cruz, también propiedad de la Villa y conocida como la atalaya de la Corte. El Concejo de Madrid estuvo muy vinculado a esta parroquia. Así, durante los siglos XIV y XV el Concejo celebraba sus reuniones en una pequeña sala  situada encima del pórtico de la iglesia y durante todo el Antiguo Régimen, era aquí donde el Concejo celebraba sus ceremonias religiosas por ejemplo, todos los miércoles de cuaresma debían acudir a El Salvador a escuchar un sermón especialmente preparado para el Concejo.

Placa conmemorativa Iglesia de El Salvador
Debido a su cercanía, la parroquia del Salvador también estuvo muy vinculada al gremio de plateros, y una congregación de este gremio, la de San Eloy, se hizo cargo hacia 1640 del altar mayor, sacristía y bóveda, gastándose 14.000 ducados en su renovación. En el altar mayor, puso además la congregación una talla de madera que representaba a San Eloy Obispo, y que según Antonio Ponce fue realizada por don Juan Pascual de Mena.
Como en otras parroquias madrileñas era costumbre, en El Salvador estuvieron enterrados personajes ilustres como Pedro Calderón de la Barca, el conde de Campomanes, o Antonio Ponce de León, duque de Arcos.
La parroquia de El Salvador fue derribada en 1842 por eminente situación de ruina, construyéndose en su lugar el edificio de viviendas que hoy podemos contemplar.

La Casa de Calderón de la Barca, situada en la calle Mayor Nº-61, es una de las más estrechas de Madrid. En su origen solo tenía dos plantas, hasta que el siglo XIX se le añadieron otras dos. Gran parte de su conservación se debe a Ramón de Mesonero Romanos, quién luchó por su supervivencia. También, y gracias a su iniciativa, logró que se instalará una placa conmemorativa, el 28 de Octubre de 1859 donde se lee:“Aquí vivió y murió Don Pedro Calderón de la Barca”

Casa de Calderón de la Barca
Según comentarios de la época, Mesonero Romanos, logró evitar la demolición del inmueble, enfrentándose, bastón en mano, a los albañiles encargados del derribo. A pesar de sus esfuerzos, el insigne escritor madrileño no consiguió impedir las profundas transformaciones que finalmente se llevaron a cabo.
Calderón de la Barca, se instaló definitivamente en Madrid en 1663, coincidiendo con su designación como capellán de honor del rey Felipe IV.
Con este nombramiento, el monarca quiso reconocerle la enorme calidad de sus obras teatrales, muchas de ellas escenificadas bien en el Salón Dorado del Real Alcázar, bien en el Coliseo del Palacio del Buen Retiro, por encargo directo de la Casa Real.
Acorde con su rango y prestigio, Calderón se estableció en la Calle Mayor, la vía principal de la villa en por aquel entonces, el tramo donde si encontraba la casa, era conocida como calle de las Platerías, por el elevado número de establecimientos de este tipo existentes en la zona.

Placa colocada por iniciativa de Mesonero Romanos
Su vivienda era conocida como la casa estrecha, debido a sus reducidas dimensiones, con una fachada de apenas 4 metros y 36 centímetros de ancho, que solamente daban para albergar una única ventana en las plantas superiores.
Aunque estas medidas pueden resultar insólitas, eran muy frecuentes en el Madrid del Siglo de Oro. Tras su proclamación como capital de España en 1561, la ciudad incrementó considerablemente su población, lo que, unido a la existencia de diferentes cercas que impedían el crecimiento urbano, favoreció la especulación inmobiliaria ante la escasez del terreno.
Sin ir más lejos, en el número 57 de la propia Calle Mayor, a escasos pasos de la casa de Calderón de la Barca, existe otro inmueble de estas características, con una anchura de solamente 3,68 metros. Así era el modelo constructivo imperante en aquellos tiempos, caracterizado por el todo vale, más ó menos como en nuestros tiempos.

Antes de continuar nuestro paseo, hagamos un pequeño alto para destacar otros hombres ilustres que tuvieron contacto con la calle Mayor.
En el Nº- 46 de Mayor nació Lope de Vega y entre los números 68 y 70 actuales, se situaba como ya hemos comentado la iglesia del Salvador que como podemos observar en la placa, fue utilizada por Vélez de Guevara para el desarrollo de su novela “El Diablo Cojuelo” escrita en 1641.

Continuando con nuestro paseo, podemos seguir observando magníficos edificios pero nosotros nos vamos a detener en el nº 59.
Como podemos comprobar se trata de la Farmacia de la Reina Madre, una de las más antiguas de la capital, conocida popularmente con este nombre porque la Reina regente María Cristina encargaba en ella sus medicinas en el siglo XIX.


Farmacia de la Reina Madre
Pero la antigüedad de la Farmacia, se remonta años atrás, cuando la Farmacia suministraba los medicamentos a la Reina Isabel de Farnesio (esposa de Felipe V) en vez de hacerlo la Farmacia Real de Palacio, ya que temía que su hijastro Fernando VI, la envenenara. La decoración es de 1914, y en el interior se conservan más de 300 tarros de cerámica y cristal de los siglos XVI y XVII.
Se construyo en 1576 y su primera actividad estaba relacionada con la alquimia. Perteneció a la familia Fernández Ortiz hasta que en el año 1935 fue comprada por José Cid Guerrero. El edificio donde se encuentra actualmente fue construido en 1913.
Muchas han sido las ofertas recibidas por los propietarios para hacerse con la colección de la botica, posiblemente, la más llamativa fue realizada por el Museo de Historia de la Farmacia de Perú, pero la colección sigue en su sitio.

Interior de la Farmacia
La botica, es un autentico museo, se conservan objetos y utensilios empleados a lo largo de los siglos. Elementos como balanzas, pildoreras, moldes para óvulos, libros, recetarios, morteros y medicamentos históricos como sanguijuelas, asta de ciervo, cuerno de cangrejo, etc.
Dentro de las reliquias de la Farmacia, hay que destacar un gran colección de más de 400 libros antiguos, una Farmacopea, un Compendio de Ciencias Naturales, incluso recetas para el Infante Don Luís firmadas por Godoy.
Como en otros muchos lugares de la capital, en el sótano existen pasadizos. Y es que se cuenta que la botica fue lugar de reunión de varios personajes históricos. En 1830 el titular de la botica era Don Benito Moreno, hombre progresista y liberal, quien utilizaba la propia botica y su cueva para reunirse con partidarios de la causa, como Fermín Caballero o Modesto Lafuente.
Los pasadizos secretos eran utilizados salvar a personajes liberales de ser conducidos al patíbulo. Estos numerosos pasadizos se distribuyen por el subsuelo de esta zona de la capital y algunos de ellos comunicaban directamente con determinadas dependencias de Palacio y con los campos cercanos de la vega de Madrid.


En nuestro paseo por la calle Mayor, hemos llegado a la emblemática plaza de San Miguel, conocida especialmente por su singular Mercado.

Como podemos observar en el plano de Pedro Teixeira de 1656 ha cambiado su fisonomía con el paso de los años. El edificio más destacado de la época medieval, era la iglesia de San Miguel de los Octoes. La iglesia y las casas situadas entre esta y la plaza Mayor se quemaron en el incendio 1790, dejando un espacio abierto, ocupado en la actualidad por la travesía de Bringas y la actual plaza de San Miguel.


Plano de Texeira año 1656

En sus orígenes la iglesia, pudo ser un oratorio dedicado a San Marcos. El primer dato que tenemos sobre su existencia se recoge en el Fuero de 1202, en donde ya aparece como una de las parroquias de la ciudad con el nombre de San Miguel de los Octoes.

Se dice que la denominación “de los Octoes”, obedece a un homenaje que se le hizo a un rico hacendado benefactor de la parroquia que tenía ocho hijos, y que junto a su esposa fueron enterrados en una capilla de la parroquia. También puede deber su nombre por ser este el templo donde se juraban los cargos del Concejo. El templo fue objeto de modificaciones y ampliaciones destacando la que se produjo hacia 1430, cuando Ruy Sánchez Zapata, copero del rey Juan II, y su mujer, doña Constanza de Aponte, edificaron aneja a la iglesia la llamada capilla de Nuestra Señora de la Estrella, que pasado el tiempo acabó por incorporarse como una de las naves del templo.

En esta capilla, fue bautizado el 6 de diciembre de 1562 el insigne escritor Félix Lope de Vega y Carpio.

Durante el reinado de Felipe III la iglesia es reformada casi por completo por Juan Gómez de Mora al ser dañada por el incendio de la plaza Mayor. En 1613

Los trabajos de reconstrucción se fueron haciendo muy lentamente y todavía no se había terminado la reconstrucción cuando nuevamente se ve afectada por el nuevo incendio de la plaza Mayor de 1690. Terminada su reconstrucción fue consagrada el 3 de mayo de 1728 por el obispo de Larén y auxiliar de Toledo, Dionisio Mellado de Eguiluz.

En 1803, el templo fue demolido debido a los daños causados por el nuevo incendio de la Plaza Mayor de 1790, que la dejó muy dañada.

La Iglesia de San Miguel de los Octoes estaba pegada a la muralla junto a la puerta de Guadalajara de la cerca cristiana.

Mercado de San Miguel año 1910
El solar se transformó en una plaza pública en la que se celebraba un mercado de productos perecederos, para lo cual se disponían hileras de cajones de madera y tenderetes. El economista y en su día gobernador de Madrid, D. Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España aseguraba en 1847 que el mercado callejero acogía ciento veintiocho cajones y ochenta y ocho tenderetes.
Avanzado el Siglo XIX, las autoridades comenzaron a concienciarse del problema de la falta de higiene en los mercados callejeros.
El periodista y escritor madrileño Ramón Mesonero Romanos, maestro de los artículos de costumbres, reflejó en numerosos escritos la penosa situación de las plazas de entonces. Además, provocaban otro grave inconveniente en el movimiento peatonal y rodado de la zona, ya que los mercados atraían a nuevos vendedores y compradores que se desparramaban por las calles contiguas.
Sin embargo, no será hasta la década de 1870 cuando el ayuntamiento comienza a construir mercados cubiertos, de los que a finales de siglo ya existían cuatro, todos con estructura de hierro. Se trataba de los mercados de los Mostenses construido en 1875, la Cebada en 1875, Chamberí en 1876 y la Paz 1882. A pesar de la construcción de estos nuevos mercados, seguía sin haber suficientes para atender la demanda de una ciudad en crecimiento, por lo que siguieron existiendo mercados al aire libre en las plazas públicas.
El Mercado de San Miguel fue inaugurado el 13 de Mayo de 1916. Había sido construido en dos fases, la primera finalizada en 1914 para no interrumpir el funcionamiento comercial del mercado. Sus elementos más característicos son los soportes de hierro de fundición de la estructura, la composición de las cubiertas, el sistema de desagües y la crestería cerámica que corona la cubierta.
El coste de las obras fue de trescientas mil pesetas de la época. El acristalamiento exterior es posterior. El Mercado de San Miguel es la única muestra de este tipo de arquitectura de hierro, ya que todos los mercados cubiertos construidos en el último tercio del siglo XIX fueron demolidos.

Vieja estampa del Mercado de San Miguel
En el año 1999, la Comunidad de Madrid abordó con fondos europeos y de los propios comerciantes una remodelación que ascendió a 150 millones de pesetas de la época y que devolvió al mercado su aspecto original. Sin embargo, su actividad comercial fue decayendo poco a poco ya que sus instalaciones no podían competir frente a los modernos supermercados y centros comerciales.


Para evitar su defunción, un grupo de particulares con intereses arquitectónicos, gastronómicos y pertenecientes a diferentes ámbitos culturales y sociales han formado la sociedad: El Gastrónomo de San Miguel, actual dueña mayoritaria del mercado. Su objetivo es resucitar y mejorar su actividad tradicional creando un mercado que tiene como referencia el de La Boquería de Barcelona. Es toda una apuesta: Resucitar el mercado tradicional, el de la compra diaria, con las ventajas del siglo XXI. El 13 de Mayo de 2009 reabrió sus puertas.


Mercado de San Miguel en la actualidad
Cuando era un mercado tradicional, los puestos de su interior se organizaban a lo largo de nueve calles de la zona superior. En la actualidad los puestos de venta se han convertido la mayoría en bares y en zonas de estancia con mesas altas.
Frente a la Plaza de San Miguel al otro lado de la calle Mayor, podemos observarse la plaza del Comandante de las Morenas, donde se situaba exactamente la puerta de Guadalajara. El comandante de Enrique de las Morenas y Fossi fue gobernador civil y militar del Distrito el Príncipe en las islas Filipinas y allí murió en 1899 en la guerra de Filipinas, siendo uno de los militares conocidos como los últimos de Filipinas.

Seguimos nuestro caminar hacia Sol admirando los edificios que se levantan ante nuestra mirada, como el antiguo edificio de la Compañía Colonial, conocido también como Conrado Martín S.A, se encuentra situado en los números 16 y 18 de la calle Mayor. Fue diseñado en 1909 sobre un antiguo edificio de viviendas, que previamente había sido reformado por los arquitectos J. Pedro y Miguel Mathet.

En el centro de la imágen el Edificio de la Compañia Colonial
Esta reforma, de gustos modernistas tuvo tan buena acogida por la crítica que llegó a solicitarse para sus artífices el premio del Ayuntamiento de Madrid a la mejor fachada construida en la ciudad en el año 1909.
Casi un siglo después el edificio conserva su aspecto original y sigue acogiendo una ferviente actividad en sus tiendas y oficinas.

En nuestro paseo no todo es admirar edificios, en el número 10 de la calle Mayor destaca por su solera la Pastelería El Riojano. La pastelería fue fundada en 1855 por el pastelero personal de la Reina María Cristina de Habsburgo, Dámaso Maza, oriundo de La Rioja, de ahí el apodo con el que se le conocía y que da nombre al establecimiento.
Desde entonces, han sido varios los propietarios del negocio, pero poco ha cambiado con el paso de los años, se mantiene la estética del local y sus tradicionales pasteles artesanos. El local presenta la típica fachada de los comercios del siglo XIX, donde se combinan la madera, el mármol, los escaparates de cristal y el elegante rótulo que da nombre al local.

A lo largo de sus más de ciento cincuenta años de existencia, sus cuatro paredes han visto desfilar ante sí numerosas figuras ilustres, desde la propia Reina María Cristina, que gustaba de visitar y degustar sus dulces, hasta grandes literatos como Jacinto Benavente.

Interior de la pastelería El Riojano
La pastelería ha sido reconocida con numerosos galardones, como el de la Exposición Aragonesa en 1868, la del Fomento de las Artes de 1871, o algunas actuales concedidas por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento. En la entrada, situada en la acera, se encuentra la placa conmemorativa de establecimientos centenarios cuyo diseño es del prestigioso dibujante Mingote.

Placa como reconocimiento de local centenario de Madrid
En el interior se mantiene gran parte de la decoración original, formada por molduras labradas en madera, viguetas de hierro fundido, elegantes estanterías y dos mostradores de bella factura realizados en madera y mármol de carrara.
De entre todos sus productos son muy conocidas unas pastas en forma de C y sabor a limón que fueron llamadas de los consejos porque se elaboraban para servirlas cuando se celebraba el Consejo de Estado
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En el nº 6 localizamos un pequeño teatro en los bajos de un bello edificio con una larga historia iniciada en 1923, año en que se construyó el inmueble por encargo del Marqués de Villamejor.
La minúscula sala fue llamada Rex en primer lugar y, más tarde Ciro’s Español. En las últimas décadas del siglo XX fue conocido como cine, con el nombre de Sala Pleyel. Fue cerrado en 1993.

Con la fachada en blanco el edificio del Marques de Villamejor
En los años siguientes se intentó recuperar el espacio por iniciativa del empresario Mariano Torralba y su esposa, la actriz Luisa María Payán. No fue una aventura fácil, hubo que buscar soluciones para cumplir las normas municipales de seguridad y financiación para una costosa reconstrucción, firmada por el arquitecto Manuel Padilla.
Finalmente el 19 de junio de 2003, con la comedia La Faroles, volvió a levantar el telón con el nombre de Teatro Mayor, pero esta aventura no tuvo el éxito esperado, manteniéndose abierto apenas tres años. Pero el 29 de mayo de 2007 inició otra etapa con otro nombre, Teatro Arenal. El Ballet Flamenco de Madrid ha sido el encargado de intentar conseguir el favor del público con una programación a base de folklore español.
En la actualidad bajo la dirección del Grupo Marquina, se ha convertido en el Café Teatro Arenal
El Teatro Arenal dispone de dos salas y un café teatro, y promueve el alquiler de las salas.

Estamos terminando nuestro recorrido por Mayor pero todavía nos quedan dos edificios que merece la pena su observación. En el Nº-5, se ubica la casa de Ruiz de Velasco, edificio construido bajo la línea modernista que imperaba en aquellos años y diseñado en 1906 por el arquitecto José López Sallaberry.

En el centro de la imagen el edificio Ruiz de Velasco
Típico edificio del siglo XIX con cuatro plantas y cinco huecos en cada una, Salaverry va a combinar el estilo renacentista español con las suaves curvas del modernismo catalán.
La familia Ruiz de Velasco, de origen burgalés, eran comerciantes de tejidos, su vivienda habitual eran las plantas superiores del edificio, destinando las dos inferiores al comercio. El símbolo situado sobre el portal representa al dios Mercurio.

Detalles de la fachada del edificio Ruiz de Velasco
En el edificio llaman la tención los motivos naturalistas a base de flores y tallos entrelazados que adornan todos los huecos: Cornisas, balaustradas, ménsulas, pináculos y en especial los miradores.

En el nº 4 de Mayor, ya en la Puerta del Sol, se encuentra el denominado Centro Comercial Palazuelo. Este inmueble es obra del arquitecto don Antonio Palacios Ramilo, fue construido en 1919 por encargo del promotor privado Demetrio Palazuelo quien pretendía realizar un edificio de carácter exclusivamente comercial que acogiese tiendas, escaparates, oficinas y despachos, en este sentido se trata de una iniciativa pionera en cuanto a la introducción en Madrid de una construcción proyectada exclusivamente para estos fines. Para ello, el arquitecto se inspiró en la arquitectura comercial que se realizaba en Norteamérica por aquellas fechas.

Edificio Comercial Palazuelo
  El inmueble se levanta en parte del solar que había estado ocupado por el Palacio de los condes de Oñate, antes de la reforma de la Puerta del Sol. El solar con fachada a la calle Mayor y a la calle Arenal, permite a Palacios diseñar dos fachadas diferentes, dándole más importancia a la de la calle Mayor. En ellas utiliza un orden monumental de diseño clásico en el que se alternan grandes franjas acristaladas que recorren verticalmente la superficie. En el interior se presenta una planta cuadrangular de lados desiguales, en el eje se sitúa la escalera de doble tiro y un patio central en torno al que se distribuyen las cuatro alturas. La cubierta original estaba formada por una magnífica vidriera, hoy desaparecida. En el interior dominan las formas curvas y ovaladas de un claro sentido barroco.

Interior del edificio Palazuelo
Antonio Palacios participo en otras muchas obras de la Capital como: El Palacio de Comunicaciones, el Antiguo Hospital de Jornaleros, el Edificio del Circulo de Bellas Artes, el edificio del Banco Español del Rio de la Plata y las entradas a las estaciones del Metro.


Finalizaremos nuestro recorrido en la confluencia de la calle Mayor y la Puerta del Sol, donde se encuentra otra pastelería que con solo mirar sus escaparates, sientes la obligación de realizar una visita a su interior, se trata de La Mallorquina

Fundada en 1894, esta cafetería-pastelería con estética de los años 50 es una de las que muestran más solera en la capital, eso sin olvidar que se encuentra en su mismo centro. Con dos puertas, una hacia Sol y otra hacia Mayor, es una de las esquinas más famosas y populares de Madrid, siempre repleta de clientes deseosos de paladear sus productos.



La Mallorquina

Tomarse un café con uno de sus exquisitos dulces, es un placer recomendado a cualquier visitante de la Puerta del Sol.

A mediados del siglo XIX, justo antes de la gran reforma de la Puerta del Sol ya existía en el local que ocupa hoy la pastelería un café y salón de té. La Mallorquina originalmente se encontraba en el nº 4 de la calle de Jacometrezo.

La empresa estaba formada inicialmente por los empresarios Balaguer, Coll y Ripoll y tras la gran reforma de la Puerta del Sol la tienda se traslada de Jacometrezo a la Calle Mayor.



Arco de Triunfo erigido en 1875 en la calle Mayor frente a la Casa del Ayuntamiento en la plaza de la Villa. Engalanado con trofeos militares, banderas, gallardetes, escudos de España y de Madrid y la inscripción "A S.M. el Rey Constitucional Don Alfonso XII y al Ejército y Armada, la Villa de Madrid".




Instantáneas de la calle Mayor año 1955

Calle Mayor año 1963 al fondo  a la Izquierda el Ayuntamiento 
La calle Mayor casi 50 años después

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